Javi Medina en Unionistas: la identidad que se amasa en el Reina Sofía

Javi Medina dirigirá su primer partido con Unionistas de Salamanca en el Reina Sofía

Lo primero que sugiere Javi Medina tras sus primeras declaraciones y sus dos semanas al frente de Unionistas de Salamanca es una paradoja. En un fútbol cada vez más obsesionado con los datos, con correr y la velocidad de los jugadores convertidos en atletas, él habla de pasar el balón. En una categoría donde muchos equipos sobreviven simplificando el juego, él pretende complicarlo. No para recrearse en el adorno, sino para entenderlo. Curioso, en vez de simplificar para comprender, Javi Medina habla de complicar. Y ahí, precisamente, reside el interés de este Unionistas que hoy comienza a asomar la cabeza por primera vez sobre el césped del Reina Sofía.

El entrenador sevillano no llega con la idea de implantar un sistema, repleto de flechas, números y ecuaciones, sino que lo hace con la pretensión de construir un lenguaje. Durante sus tres comparecencias públicas hay una palabra que aparece una y otra vez, casi con la insistencia de quien necesita convencerse antes de convencer a los demás: identidad. No habla de presión alta, ni de salida de tres ni de triángulos, rombos o cuadrados. Habla de identidad. Porque para Medina el dibujo no es el principio del fútbol. Es la consecuencia de una manera de entenderlo. «Un equipo tiene que parecerse al carácter de su entrenador», repite convencido.

El fútbol de la paciencia en una grada asomada al vértigo

Unionistas, que va a por su sexta temporada en Primera Federación, se ha construido en su poco más de década de vida desde la resistencia,el esfuerzo y la solidaridad. Desde la capacidad para sobrevivir en una categoría donde cada error, no solo resta puntos a final de temporada, sino que cuesta semanas de trabajo.

En el camino ha desarrollado una identidad competitiva muy reconocible. Equipos intensos, verticales, capaces de transitar con pocos toques, de convertir cada robo en una carrera y cada saque de banda en una pequeña batalla. Equipos incómodos. No era una cuestión estética lo que ha primado en el fútbol visto sobre el césped del Reina Sofía, era supervivencia. Javi Medina no pretende destruir esa herencia. De hecho, insiste varias veces en que no viene a cambiar nada, sino a sumar sobre lo que ya existe. Pero sí quiere modificar el modo de llegar al mismo sitio. Donde antes había velocidad, quiere añadir pausa para acelerar en el momento adecuado. Donde antes predominaba la transición, su pretensión es introducir la asociación.

Donde antes el balón era una herramienta para avanzar rápido, ahora quiere que sea un compañero de viaje. No es una diferencia menor con lo que se vio´con entrenadores como Dani Ponz, Mori, Dani Llácer y, con emnos diferencias, en lo visto el pasado año por momentos con Mario Simón. Lo que Javi Medina pretende llevar a cabo es casi un cambio cultural. Porque el entrenador sevillano cree profundamente en una idea que hoy resulta casi contracultural en Primera Federación: que el balón sirve también para descansar, para ordenar al equipo y para dominar emocionalmente los partidos. No quiere que Unionistas corra detrás del balón como ha podido hacer en pasadas temporadas. El nuevo técnico quiere que el balón corra para Unionistas.

Aprender madrugar antes que a entrenar

Antes de convertirse en uno de los entrenadores jóvenes más prometedores de la categoría, Javi Medina hacía pan. Mientras otros acumulaban minutos en categorías inferiores o iniciaban una carrera como futbolistas, él comenzaba la jornada cuando la mayoría todavía dormía. Amasaba durante la madrugada antes de dirigir entrenamientos. No tuvo una carrera profesional como jugador ni, a partir de ella, heredó contactos. No llegó al fútbol por apellido ni por currículum. Llegó por insistencia, por estudio y  por trabajo duro. Él mismo reivindica ese recorrido como una de las razones por las que se siente identificado con Unionistas y con su origen humilde.

Hay algo muy simbólico en esa historia que encarna Javi Medina. Los panaderos trabajan mientras los demás descansan y preparan algo que otros disfrutarán horas después. Su oficio consiste en repetir cada madrugada, cada día del año, los mismos gestos hasta convertirlos en costumbre. Si nos páramos a pensarlo, entrenar tampoco es muy diferente. La identidad de un equipo no aparece un domingo cualquiera sino que se hornea. Lentamente. Entrenamiento tras entrenamiento, sesión tras sesión, ejercicio tras ejercicio, con cada corrección, con cada repetición.

Quizá por eso Medina habla mucho menos de resultados que de procesos que, no se cansa en remarcar, concluyen en mayo. No porque desprecie ganar, sino porque entiende que ganar es una consecuencia. «Tener una identidad antes que unos resultados», explicó el día de su presentación. No es una frase bonita sino el resumen de su metodología.

El fútbol como argumento para fichar jugadores

Hay otra faceta menos visible que probablemente explique buena parte del mercado realizado por Unionistas hasta el momento. Antonio Paz se ve en la tesitura de tener que construir una plantilla con menos recursos económicos que buena parte de sus rivales. Eso no es nuevo. Lo novedoso es el argumento utilizado para atraer futbolistas como Pau Ferrer, Alejandro Marcelo o Luis Alcalde.

Medina reconoce abiertamente que ha hablado personalmente con numerosos jugadores antes incluso de que firmaran. No para prometerles dinero ni minutos garantizados el fin de semana. Les llamó para hablar de fútbol y explicarles cómo imaginaba el equipo y su papel dentro de él. Dónde recibirán el balón y cómo podían crecer dentro de esa propuesta. Es especialmente reveladora la conversación que mantuvo con Álvaro Gómez. No le prometió cifras. sino que le prometió la aparición de contextos. Le explicó que el balón llegaría limpio al último tercio, que recibiría más veces al pie, que disfrutaría más jugando en esa estructura ofensiva. Es una manera muy distinta de seducir. No vender un contrato con muchos ceros sino vender una idea. Y quizá ahí Unionistas haya encontrado una nueva ventaja competitiva para moverse en el mercado este verano que no aparece en ningún presupuesto.

El club ya ofrecía un escaparate extraordinario para futbolistas con hambre. Lo analizamos hace unas semanas en El método Unionistas: un ecosistema capaz de revalorizar carreras desde la estabilidad institucional y la confianza en el desarrollo del jugador. Ahora le ha añadido un segundo argumento. Un entrenador cuya propuesta puede convertir ese escaparate en un lugar todavía más atractivo para quienes entienden el fútbol como una forma de crecer antes que de sobrevivir. Un futbolista, además de la cuenta corriente, siempre mira dos cosas cuando decide cambiar de equipo: dónde jugará y cómo jugará.

Ganarse el respeto desde el riesgo

En una categoría donde estamos habituados a escuchar a los entrenadores acerca de la importancia de minimizar errores, Javi Medina, va por otro lado y habla de personalidad no como un matiz sino como un todo. Quiere centrales capaces de asumir responsabilidades, porteros que participen en la construcción del juego,interiores que pidan el balón incluso en el instante posterior de haber perdido uno y extremos abiertos que estiren al rival para crear espacios interiores. En definitiva, futbolistas que acepten convivir con el error que provoca tener el balón. Porque quien quiere tener el balón debe aceptar también que tendrá que perderlo. Y eso exigirá paciencia y comprensión, del entrenador, de los jugadores consigo mismos y con sus compañeros y, sobre todo, del entorno.

El propio Javi Medina quien ya ha empezado a preparar el terreno. Insiste en hablar de naturalidad, de estabilidad emocional y de la necesidad de atravesar juntos los momentos difíciles que llegarán durante el proceso. No es un mensaje que parezca casual. Sabe perfectamente que las ideas necesitan tiempo y que lo difícil es empezar a construir. Y que, movidos por la urgencia, aparezca la tentación más peligrosa: juzgarlas antes de que terminen de consolidarse.

El comienzo de la era Javi Medina en Unionistas

En el primer enfrentamiento ante el Burgos CF veremos un borrador. Diez días de entrenamiento no generan la naturaleza de un equipo. Habrá automatismos ausentes, quizá tan siquiera podamos hablar de un automatismo ya que cada acción requerirá ser pensada antes de ejecutarla. Habrá pérdidas de balón. Muchas. Pero también aparecerán pequeñas pistas. 

Quizá veamos a Ramiro renunciando, como tantas veces le hemos visto, a golpear el balón en largo buscando la banda contraria para saltar líneas y reciclándose en un central que decide no rifar el balón. Veremos a los mediocentros que volverán a pedir la pelota después de perderla. Esperamos ver a los extremos, jugando a pierna natural, pegados a la línea de cal. Es problable que veamos tres pases más antes de comenzar a buscar la portería rival. Problamente, hoy, eso sea más que suficiente. Porque las identidades no nacen completas sino que empiezan a reconocerse primero en pequeños detalles que, con los meses, terminarán por dar la forma del todo. Luego llegarán las costumbres y, con el tiempo, cuando vuelva la primavera empezaremos a hablar de jugar de memoria.

Javi Medina llega a Salamanca con apenas treinta y dos años, sin la mochila del futbolista famoso ni la atención de los medios de comunicación, carente de grandes titulares que lo precedan y con una convicción poco habitual en una categoría donde el miedo suele dictar muchas decisiones: que la valentía también puede entrenarse. Hoy dirige su primer partido en el Reina Sofía como entrenador de Unionistas de Salamanca, con el reto de intentar convencer a una afición acostumbrada a sobrevivir de que también se puede competir intentando jugar bien. Si algo ha demostrado la historia de Unionistas es que los desafíos imposibles no le asustan demasiado.

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Javi Medina dirigirá su primer partido con Unionistas de Salamanca en el Reina Sofía

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El estreno de Javi Medina en el banquillo de Unionistas supone mucho más que el primer amistoso del verano. Es el comienzo de una idea de fútbol basada en la personalidad, la asociación y la valentía de un entrenador que quiere construir una identidad reconocible desde el trabajo diario.

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