Íñigo Muñoz, futbolista del Real Avilés

Íñigo Muñoz: "Cuando la gente viene de cara no hay lugar al reproche"

Íñigo Muñoz lleva una década sumando miles de kilómetros por el fútbol modesto en España. Bilbao, Gernika, Lezama, Castellón, Salamanca, León, Soria, Irún, Amorebieta, Barakaldo y ahora Avilés. Ha pasado por el filial del Athletic, ha debutado con el primer equipo, ha ascendido a Segunda División y ha conocido también la otra cara del oficio: lesiones, banquillos, descensos, mercados de invierno, contratos que se acaban y llamadas que no llegan. Un recorrido que le ha permitido conocer buena parte de las diferentes formas de entender el fútbol en España.

Ahora, mientras continúa jugando, estudia un máster en Gestión Deportiva a través de la Asociación de Futbolistas Españoles y el Johan Cruyff Institue. Cuando hablamos con él lo hicimos a expensas de robarle tiempo para seguir avanzando en su Trabajo de Fin de Máster en el que analiza nuevas vías de ingresos para clubes de Primera Federación, una categoría que conoce desde dentro y que considera especialmente difícil de gestionar. Este verano decidió cambiar de equipo y firmar por el Real Avilés para continuar su carrera sin dejar de recibir la brisa del Cantábrico. Pese a manejar ofertas económicas más jugosas de proyectos de Segunda Federación, prefirió continuar en una categoría que conoce desde su creación porque quiere seguir acercándose al fútbol profesional y porque Yago Iglesias conoce bien qué puede ofrecerle.

Antes de empezar una nueva temporada, Íñigo Muñoz repasa su carrera sin demasiada nostalgia y con bastante perspectiva. Habla de entrenadores, de compañeros, de clubes y de decisiones. También de lo que ocurre cuando las cosas no salen bien. Y hay una idea que aparece varias veces durante la conversación: la importancia de hablar claro. En un fútbol donde casi todo parece negociarse entre silencios, llamadas pendientes y mensajes a medias, él prefiere otra cosa. «Cuando tú has ido de cara, creo que no hay nada que reprochar».

"Siempre he estado pegado a un balón"

¿Dónde empieza tu historia con el fútbol?

Soy de Bilbao y recuerdo pasar el día con el balón en las calles de Indautxu, un barrio céntrico de la ciudad. Las primeras patadas no sé cuándo fueron porque no lo recuerdo, pero siempre que me hablan de cuando era pequeño me dicen que he estado siempre pegado a un balón. Ese es también el recuerdo que tengo yo. Empecé a jugar al fútbol primero en Escolapios, que es mi colegio de toda la vida, jugando con los amigos. Después pasé al Danok BAT, que es un club que hace un trabajo muy bueno de formación y que es una de las referencias del fútbol vizcaíno.

Después llegué a edad sénior y me fui al Somorrostro. Y con 19 años tuve la oportunidad de dar el salto a Segunda B con el Gernika. Jabi Luaces me había visto jugar en Somorrostro y me llamó. Ahí empieza realmente mi carrera.

¿Qué significó Gernika para un futbolista de 19 años?

Fue muy importante. Sobre todo porque era un fútbol muy diferente al que había conocido hasta entonces. La Segunda B tenía mucho de fútbol callejero y Jabi Luaces me enseñó muchísimo de ese fútbol. Para un jugador joven como yo era una categoría nueva, con jugadores con mucha experiencia, y tener un entrenador que conocía perfectamente ese entorno fue fundamental.

Yo todavía estaba estudiando INEF en la universidad. Gernika era un club semiprofesional y no era una situación en la que pudieras vivir exclusivamente del fútbol. Compaginaba las dos cosas. Pero aquella temporada me permitió dar el siguiente paso y tener la oportunidad de firmar por el Athletic.

¿En qué momento empiezas a pensar que el fútbol puede convertirse en tu profesión?

Cuando llego al Bilbao Athletic. Hasta entonces había sido algo que me encantaba, pero no tenía esa sensación de que iba a poder vivir de ello. En el Gernika todavía estaba estudiando y el fútbol y los estudios convivían. Además, con el salario que cobraba tenía para mis cosas pero no para plantearme hacer un proyecto de vida.

En el Bilbao Athletic empiezas a entrenar por la mañana, la exigencia es diferente y tienes al primer equipo ahí. Estás en una estructura profesional, ves a los jugadores del Athletic, tienes la posibilidad de subir y todo eso cambia tu mentalidad. Ahí empiezo a pensar de verdad que puedo vivir del fútbol. El cambio de mentalidad es ese.

Porque hay una cosa que sí he hecho siempre: cuidarme. Siempre he sido muy profesional con mis hábitos. Descansar, no salir, cuidarme, comer bien… Siempre me he dedicado al fútbol porque me gustaba. Nunca he tenido la sensación de estar perdiéndome algo por hacerlo así, tanto como cuando era más joven como después cuando ya adquirí un enfoque más profesional.

Iñigo Muñoz en su partido de debur cone l primer equipo del Athletic en Copa ante la SD Formentera

"Cuando sales de Lezama te das cuenta de que allí se está muy bien"

¿Qué descubriste cuando llegaste en tus primeros días en Lezama?

Una estructura enorme. Yo creo que, quitando Barcelona, Real Madrid y Atlético, el Athletic tiene una de las estructuras más potentes de España. Y además tiene una filosofía que hace que la cantera tenga un peso todavía mayor que en cualquier otro equipo. El Athletic necesita cuidar mucho a sus jugadores de abajo porque son los que tienen que llegar al primer equipo. No pueden ir al mercado a buscar un jugador extranjero para solucionar una posición. Eso hace que el jugador de cantera tenga mucha importancia.

También, esa misma filosofía, provoca que haya mucha presión. Estás en un club enorme, sabes que hay mucha gente mirando y que el objetivo de todos los que están allí es llegar al primer equipo. Pero al mismo tiempo estás muy protegido, muy cuidado. Tienes recursos, entrenadores, médicos, fisios, nutricionistas… Todo. Cuando sales de Lezama te das cuenta de que allí se está muy bien.

Nada más llegar rindes muy bien con el Bilbao Athletic lo que te da la oportunidad de entrar en la dinámica del primer equipoL. ¿Cómo es ese vestuario desde dentro?

La verdad es que el vestuario del primer equipo del Athletic te acoge como si fueras uno más. Yo, cuando nos cambiábamos para entrenar, me sentaba entre Raúl García y Aduriz.

Yo soy bastante introvertido de primeras. Recuerdo que estaba allí y ni me atrevía a levantar la cabeza. Miraba para abajo y me pasaba ese rato en lo que te preparabas mirando al suelo. Pero recuerdo a Raúl García con muchísimo cariño. El veía que trataba de interactuar conmigo, de mostrarse cercano. Como él, prácticamente todos.

Tengo esa etapa muy grabada en la cabeza porque fue un momento muy bueno y muy positivo.

¿Qué descubriste cuando empezaste a entrenar con el primer equipo?

Que los jugadores están allí por algo. Siempre pongo el ejemplo de Mikel San José. En mi cuadrilla, viendo los partidos por televisión, podíamos decir: «Joder, qué flojo, qué malo». Y recuerdo llegar al primer equipo, entrenar con él y pensar: «¿Cómo podemos llegar a decir que este jugador es malo?». Era buenísimo.

Ahí te das cuenta de que cuestionar desde fuera cómo un jugador puede estar en Primera no tiene demasiado sentido. Si alguien llega a Primera División es porque hace las cosas muy bien. Nadie regala nada a esos niveles.

Y acabas debutando con el primer equipo apenas tres meses después de llegar en octubre de 2017.

Sí, con Cuco Ziganda, en un partido Copa contra el Formentera. Te peudes imaginar lo que eso supone. Para alguien nacido en Bilbao y que había soñado desde pequeño con jugar allí, es algo muy importante. Es algo que muy pocos pueden decir y que yo he tenido la gran suerte de poder vivir. Aunque haya sido solo un partido.

Evidentemente te queda la sensación de que te habría gustado tener más continuidad, pero también hay que valorar lo que significa haber podido debutar con el Athletic. Muy pocos jugadores pueden decirlo.

¿Qué recuerdas de aquella primera temporada con el Bilbao Athletic? Estás en dinámica de primer equipo, juegas habitualmente y además conseguís entrar en la fase de ascenso para Segunda División entrenados por Gaizka Garitano con jugadores como Unai Simón, Guruzeta e Íñigo Vicente.

Fue muy buena. Llegamos a disputar la promoción a Segunda División contra el Villarreal B. Recuerdo especialmente de ese eliminatoria a Samu Chukwueze en el partido de ida en San Mamés. Aquel día hizo cosas que no se las he visto hacer a nadie. Fue increíble. Es el jugador contra el que me he enfrentado que mayor nivel tenía en relación con el resto.

La segunda temporada en el Bilbao Athletic es más complicada.

Sí. Enlazo muchas lesiones, sobre todo problemas de isquios y molestias musculares. Ahora, viéndolo con perspectiva, creo que en gran parte esas lesiones vinieron por la presión añadida que yo mismo me ponía. Había empezado muy bien mi experiencia con el Athletic, había llegado al primer equipo y quizá después, cuando estaba otra vez en el filial, me costaba mucho relativizar las cosas. Era joven y daba demasiada importancia a las opiniones de unos y otros.

Con el tiempo aprendes que hay compañeros que son más «sinvergüenzas», en el sentido de que les dan menos importancia a las cosas y eso en el fútbol es bueno. Yo siempre digo que esa gente llega más arriba porque le afecta menos lo que le dicen. Yo le daba demasiadas vueltas a las opiniones y creo que eso me afectó. También es verdad que la gente que venía por detrás seguía apretando como era el caso de Íñigo Vicente, que es un talento increíble y al que tengo muchas ganas de ve rel nivel que pude dar este año con el Racing de Santander en Primera División, porque, te lo dirá cualquiera que haya jugado con él, tiene un talento descomunal. Además asomaban por allí también Larrazábal, Oihan Sancet, Morcillo… En el Athletic siempre hay muchos jugadores que vienen por detrás deseando coger su sitio. 

En la segunda temporada aunque empecé siendo titular las primeras jornadas, me lesioné y estuve casi tres meses fuera. Al volver, aún seguía con molestias y ya no tuve tantas opciones porque, en ese tiempo parado, los que habían entrado por mi lo estaban haciendo bien. Por eso, al acabar esos dos años, tenía muchas ganas de salir del Athletic, dejar atrás la dinámica de filial y probar cosas nuevas.

 

"Óscar Cano es el mejor entrenador que he tenido"

Tu siguiente destino es Castellón que estaba en ese momento en Segunda División B. Allí te encuentras con Óscar Cano como entrenador.

Muy buena experiencia la que viví allí en Castellón y con el Óscar Cano. Y eso que no acabamos del todo bien porque en la segunda temporada, ya en Segunda División, no tuve muchas opciones de jugar. Pero siempre hablo maravillas de él. Para mí es el mejor entrenador que he tenido. Me encantaba ir a entrenar con él. Nos proponía entrenamientos muy dinámicos y tenía una visión del fútbol que iba bastante en consonancia con la mía.

Además, te plantea un reto al que no te habías tenido que enfrentar porque cambia tu posición en el terreno de juego.

Sí. Él es el primer entrenador que me pone de interior. Yo siempre había jugado pegado a la banda y su propuesta era disponer de más jugadores por dentro y menos extremos. Me coloca en esa zona en espacios más interiores para dejarle más carril al lateral y fue un cambio que me gustó mucho. Siempre me he encontrado muy cómodo jugando como interior. Óscar entendió que por mis condiciones podía darle más al equipo desde ahí.

En aquella primera temporada el equipo tenía jugadores muy adecuados para desarrollar la idea de juego del míster. Rubén Díez, César Díaz… gente con mucha calidad que rayó a un gran nivel esa temporada. Óscar Cano nos convenció mucho de su propuesta a través de su manera de comunicar la idea de ser más asociativas, de que fuéramos atrevidos a la hora de buscarnos entre nosotros, te lo hacía llegar de tal manera que hacía que creyeras al máximo en que esa propuesta de juego era la más acertada.

Y aquel Castellón acaba ascendiendo a Segunda.

Hasta hoy es mi mayor logro deportivo. La temporada fue muy buena y además tuve un papel destacado, participé mucho y fui un jugador importante dentro del equipo.

Recuerdo especialmente la fase final que jugamos en Málaga. Fue una semana en la que primero pasamos por penaltis contra la UD Logroñés, y en semifinales en la prórroga ante la Peña Deportiva. Todo esto en pleno mes de julio, concentrado en una semana. Luego la final fue contra el Cornellà. Tengo un recuerdo muy nítido de aquel partido. Quizá en ese momento no era consciente de la dimensión de lo que nos estábamos jugando. Ahora, con perspectiva, me doy cuenta de que lo afronté con mucha motivación y con una mentalidad muy buena. Es el partido con el que me quedo de mi carrera por lo que fue, por cómo jugué, por cómo estuve y porque apenas tuve nervios.

El contexto, sin embargo, le quitó algo al ascenso.

Sí. El gran sinsabor es no poder vivirlo con toda la afición. Era la época del COVID, se jugó en La Rosaleda sin público y nos perdimos esa parte tan bonita de vivir un partido así con la gente detrás y poder celebrarlo en el césped.

Con el ascenso te llega la oportunidad de dar el salto al fútbol profesional en Segunda División, ¿fue tan grande como se esperaba?

Se nota, claro. Pero yo entrenaba todos los días y no me veía inferior a ningún jugador de la plantilla. Había futbolistas muy buenos: Álvaro Fidalgo, Marc Mateu, Jordi Sánchez…

Desde el principio Óscar me dijo que iba a tener pocas opciones de jugar. No tengo nada que reprocharle porque fue de cara conmigo. Cuando la gente viene de cara no hay lugar al reproche.

Después me fui en enero y, dos días después, destituyeron a Óscar Cano. Llegó Juan Carlos Garrido.

 

"Bendito el momento en que fui a Unionistas"

Y en enero de 2021 aparece Unionistas de Salamanca.

En pleno temporal de Filomena. Me acuerdo perfectamente. Salí de Castellón en pantalón corto y llegué a Salamanca con el abrigo más gordo que tenía. Recuerdo pasar el túnel de Guadarrama con sol y salir al otro lado, ya en Segovia, con todo nevado. Tengo esa imagen grabada.

Los primeros días estuve en el Hotel Lorenzo, cerca del Reina Sofía. Allí conocí a Miguel Ángel Sandoval. Recuerdo pensar: «¿De verdad este es el presidente de Unionistas?». Con el tiempo te das cuenta de que es, sin ninguna duda, el mejor presidente que he tenido.

¿Qué sabías de Unionistas antes de llegar?

Muy poco. Sabía lo del partido contra el Real Madrid en Copa que marcó Álvaro Romero y sabía que Jabi Luaces había estado allí. Me habían contactado cuando él era entrenador, pero no conocía demasiado el club. Hernán Pérez me llamó porque me conocía de otros equipos y ya se había interesado por mi cuando entrenaba en Barakaldo. Yo sabía que en Castellón no iba a jugar y necesitaba minutos. Apareció la opción de venir a Salamanca y la cogí. Y bendito el momento en que fui a Unionistas.

Llegas además junto a Cris Montes.

Sí, llegamos el mismo día. Éramos dos jugadores de banda, pequeños, con características parecidas, y tuvimos una relación muy especial. También nos marchamos el mismo día y ahora hemos vuelto a coincidir en el Real Avilés. Es curioso cómo te lleva el fútbol.

Aquella primera temporada termina con una sensación extraña.

Sí. Teníamos una plantilla muy buena y conseguimos pasar el primer corte para asegurar la Primera Federación. Después, en la siguiente fase, nos jugábamos el playoff y llegamos al último partido contra el Valladolid Promesas, allí en Valladolid, dependiendo de nosotros mismos pero no supimos manejar la situación.

Recuerdo que ese día hubo mensajes contradictorios sobre si había que informar a los jugadores de lo que estaba pasando en otros campos o si era mejor no hacerlo. Yo creo que no lo gestionamos bien o que no lo hablamos bien antes del partido. Lo que deberíamos haber hecho era decir: «Nos da igual lo que haga el resto. Nosotros tenemos que sacar nuestro partido adelante». Y ya está.

Fue algo extraño y te queda una sensación amarga, por el resultado final y por cómo vivimos aquel partido. Todo muy extraño después de haber hecho una temporada excepcional.

¿Qué recuerdas de aquel equipo al que llegas con Hernán Pérez como entrenador?

Que era muy bueno. Tanto aquella temporada como la siguiente. Y creo que es algo muy propio de Unionistas: al principio parece que el equipo no va a ir a ningún sitio y luego acaba teniendo tres o cuatro jugadores que poco después están jugando fútbol profesional. Es una realidad.

"No había ningún problema con Dani Mori en el vestuario"

En la temporada siguiente llega Dani Mori  tras la salida de Hernán Pérez a las categorías inferiores del Real Madrid, y mantenéis el nivel con una primera vuelta muy buena.

Sí. Mi contrato era por media temporada y una más, así que sigo. Fue el verano más tranquilo que he tenido desde que soy futbolista, algo que se agradece al no tener que estar preocupado por tomar la decisión de en qué equipo poder jugar.

Empezamos con Dani Mori y tengo muy buen recuerdo de él. Hicimos una gran primera vuelta llegando a estar líderes y sin perder apenas partidos, aunque empatamos muchos. Teníamos una plantilla muy buena: José Salinas, Manu Sánchez, Jorge Mier, De Miguel… Quizá la mejor plantilla que ha tenido Unionistas. Muchos de aquellos jugadores han acabado alcanzando el fútbol profesional.

Y pese al buen rendimiento del equipo, por sorpresa, llega la destitución de Dani Mori en el mes de marzo tras encadenar cuatro derrotas. ¿Qué pasó dentro del vestuario?

No había ningún problema con él en el vestuario. Era un tío de lo más normal. Yo además coincidía mucho con él porque vivíamos los dos en Carbajosa de la Sagrada. Siempre que nos veíamos se acercaba a saludarte. Te podía gustar más o menos su idea de juego, pero nunca hubo fricción con ningún jugador.

No sé si el problema vino de algún desencuentro con el director deportivo Toni García, pero con los jugadores no había ningún problema. Incluso recuerdo que Salva de la Cruz intentó hablar con el club para que reconsiderase la decisión. En esas decisiones los jugadores poco tenemos que decir. Son decisiones de la dirección deportiva o de más arriba y estamos al margen. Desde mi punto de vista me habría gustado que siguiese porque estábamos jugando bien y estábamos en buena posición. Pero los futbolistas no tenemos mando alguno sobre eso.

Después llega Luis Ayllón y el equipo reacciona.

Sí. Tuvimos una buena fase final de temporada y acabamos ganando en Riazor pero no dio. Fue una pena porque aquel equipo era muy bueno y estuvimos cerca del playoff. Además, entonces Unionistas todavía era un club muy diferente al actual.

¿En qué sentido?

Cuando yo estaba allí, los salarios eran muy modestos y las instalaciones eran prácticamente de un equipo regional. Yo había estado en Lezama y venía de Castellón y el cambio era enorme. Por eso creo que tiene mucho mérito que aquellas dos temporadas estuviéramos cerca del playoff con los recursos que teníamos.

Ahora Unionistas ha cambiado. Tiene otro reconocimiento a nivel nacional y ya no es aquel club tan humilde que me encontré a mi llegada en enero de 2021.

"En el Numancia de Soria descendimos cuando parecía imposible"

Después de Unionistas llega la opción de ir a la Cultural Leonesa y no te lo piensas.

Sí. Era un proyecto más ambicioso y además tenía familia en León. El entrenador era Eduardo Docampo, pero no tuve continuidad. Jugaban Diego Percan y Roberto Alarcón por delante de mí. Yo no sentía que hubiera una diferencia de nivel tan grande y pensaba que podía haber tenido más oportunidades, pero las decisiones de un entrenador son las que son.

Y, de nuevo, en enero acabas saliendo esta vez al Numancia después de un mercado bastante particular.

Muy rápido. Yo quería quedarme en León y José Manzanera, el director deportivo, me había dicho que no quería que me marchase. Pero un lunes por la tarde me llamó Iñaki Bea, del Numancia, porque quería que fuese. No estaba buscando equipo. La propuesta llegó y el mercado terminaba al día siguiente.

Me puse a hacer la mudanza a las ocho de la tarde y terminé a medianoche. El martes por la mañana me fui a Soria. Ese mismo martes acababa el mercado.

Durante ese mercado se especuló con que pudieras regresar a Unionistas. ¿Hubo opciones reales?

Te decía que ese mercado fue un poco turbulento porque desde el inicio de ese mercado invernal, Toni García, me estuvo ofreciendo la posibilidad de regresar a Unionistas. En ningún momento le dije que iba a volver , ni mucho menos. Creo que a posteriori malinterpretó que no le dijera que no y, cuando firmé por el Numancia no le sentó bien la decisión que entendió como una traición o una deslealtad. La realidad era, sin embargo, que en ese momento no me pasaba por la cabeza volver a Unionistas. Acababa de salir una meses atrás, creo que no era el momento de volver.

El final de aquella temporada con el descenso en la última jornada en Los Pajaritos es uno de los más dolorosos de tu carrera.

Sí. Llegamos a la parte final con una situación que parecía bastante controlada. Ganamos al Bilbao Athletic en Lezama y nos quedaban seis partidos. Necesitábamos tres puntos para asegurar la permanencia y no fuimos capaces de conseguirlos. Perdimos el último partido en casa contra el Cornellà y descendimos.

Yo tenía una cláusula de renovación por partidos. Había hablado incluso con el casero para renovar y parecía que todo estaba encaminado. El descenso rompió el contrato. Fue muy amargo porque durante mucho tiempo parecía que estábamos salvados. Entiendo perfectamente el enfado de la gente al final.

¿Es diferente de un descenso que ves venir?

Sí. Cuando sabes durante meses que estás en una situación complicada, lo vas asumiendo. Aquello fue diferente porque durante mucho tiempo parecía que estaba hecho. Después viví la situación del Amorebieta y allí era más evidente que había un problema. En Numancia el golpe fue mayor porque parecía que no podía pasar.

"Si yo fuera entrenador siempre cambiaría al extremo"

Dejas el Numancia tras el descenso para elegir como siguiente destino el Real Unión de Irún ya con la propiedad de los Emery.

Tengo muy buen recuerdo de los Emery. Recuerdo que Unai Emery volaba siempre que podía para vernos. Se le veía muy involucrado en el club. Le veíamos mucho, dentro de lo que lo que le permitía su horario de la Premier, viniendo muchas veces a los partidos. Se veía que tenía que estaba muy involucrado y su hermano, Igor, es el que estaba día a día en la reunión.

El Real Unión es un club que hace muy bien las cosas. En lo persona no tuve un año muy bueno ya que tuve una lesión muy grave del tendón, del isquio y pasé muy desapercibido. Cuando estuve sano jugué pero recaía continuamente lo que no me dejaba tener continuidad. Fue un año movido por los cambios de entrenadores que acabó dando lugar a las rarezas que se dan en el fútbol. Empezamos con Fran Justo, le cesaron el día de Navidad al acabar la primera vuelta y llegó Íñigo Idiákez que estuvo diez partidos y terminó volviendo Fran Justo para las últimas ocho jornadas.

Viendo los números de tu carrera hay una constante que es el hecho de que siempre aparece un cartel con tu número para ser sustituido ¿Cómo llevas esa constante?

Sí, sí que es verdad es algo que se repite pero que considero que es una cuestión que va relacionado con la posición de extremo. Hay muy pocos extremos que jueguen todos los partidos, todos los minutos, muy pocos. Yo creo que la posición es una de las posiciones que más desgaste tiene en un partido y que requiere contar siempre con las piernas más frescas posible para quieres tener al tío que está ahí, 

En ese sentido, pues bueno, sí que es verdad me lo han dicho mucho, pero es algo normal y lógico. Si fuese entrenador también cambiaría al extremo, porque a no ser que esté jugando muy bien, un partidazo, lo normal es que necesites esa frescura en esa parte del campo. 

Ahora con los cinco cambios es lo habitual. Que sean siempre jugadores de ataque los primeros que salen.

Sí, es verdad que me lo han dicho mucho.  Si te pones a mirar, es verdad que hay pocos partidos que los he terminado y yo considero que físicamente soy un buen jugador. Aguanto bien el ritmo de los partidos, pero sí que es verdad que curiosamente no los termino en muchas ocasiones.  Es algo curioso, solo eso, tampoco le doy muchas vueltas.

"Julen Guerrero es una leyenda, pero Amorebieta necesitaba otra cosa"

En Amorebieta te encuentras con Jabi Luaces y Julen Guerrero.

Sí. Jabi estaba en la dirección deportiva y Julen era el entrenador. Julen es una leyenda del Athletic. Allá donde íbamos la gente le pedía fotos, es algo que no había vivido nunca estar junto a una persona con esa capacidad de atracción con la gente. Pero una cosa es lo que representa Julen como jugador y otra su trabajo como entrenador. Creo que no encontró la manera de adaptarse a la categoría y a lo que necesitaba el Amorebieta. Desde el primer día no salió y la dinámica con él era que todo iba cada semana a peor.

¿Qué es lo que no funcionó con Julen Guerrero en el banquillo de Amorebieta? 

No estuvo acertado con nosotros, la verdad, o sea, no estuvo acertado. Él venía de ser seleccionador español en categorías interiores, pasó de tener a Lamine Yamal como extremo a tenerme a mi. El  ser entrenador de club y más en una categoría como Primera Federación es un entorno muy diferente. Creo que un seleccionador, pues vas allí y los jugadores que te llegan están elegidos al dedillo.  Te vienen del Madrid, el del Barça, el del Valencia y todos son por los mejores en su puesto a edad

Y luego está la realidad del Amorebieta que es un club humilde, aunque haya jugado en segunda división. Es un club humilde que hay que hacer las cosas pues normales, no hay que ni volverse loco ni nada,  Entonces, creo que Julen no sé, se vio que no estaba capacitado para esa Amorebieta, que igual en otro lado, en un club con más recorrido como yo que sé, el Racing de Ferrol por ejemplo, igual hubiese tenido más éxito por su manera de trabajar. La verdad es que en Amorebieta  no cuajó, y no lo hizo desde el primer día. 

Julen sale en la décima jornada y es sustituido por Nacho González, un técnico con mucha experiencia en situaciones similares.

Era un equipo que necesitaba un trabajo más normal, más específico de la categoría y de la situación que estábamos viviendo. Después llegó Nacho González, que conocía perfectamente la categoría y lo que necesitaba el equipo para revertir la situación en la que estábamos, y mejoramos mucho.

Hicimos una primera vuelta muy mala, con quince puntos, y una segunda vuelta bastante mejor. Terminamos con cuarenta y un puntos y, aunque descendimos, ya no fue una situación de estar descolgados. Si Nacho hubiese estado desde el principio creo que nos habríamos salvado sin mucho problema porque teníamos una buena plantilla.

"En Lasesarre no había quien nos ganara"

La temporada pasada la haces en Barakaldo.

Fue un año muy bueno. Es un club muy familiar y además tiene a Imanol de la Sota, que lleva muchos años y conoce muy bien la casa y el fútbol vasco. Ha trabajado en la cantera del Eibar y en el Bilbao Athletic y creo que es un perfil de entrenador que le viene muy bien al Barakaldo. Ha conseguido ascensos desde Tercera hasta Primera Federación y los equipos que ha construido en esta categoría han sido muy competitivos. El año pasado estuvimos a un punto de meternos en el playoff, que es algo muy meritorio para un club como el Barakaldo.

En casa fuisteis especialmente fuertes.

En Lasesarre no había quien nos ganara. Era una pasada nuestro rendimiento en casa. Y además a Unionistas le teníamos cogida la medida. Tanto en la ida como en la vuelta. Son partidos que a priori son muy complicados y, sin embargo, fuimos a Reina Sofía y sacamos un 0-3 con la sensación de que había sido sencillo. Teníamos una buena plantilla y muchos jugadores ya habían compartido vestuario anteriormente. Esa base se notaba mucho.

¿Cómo valoras tu temporada individual?

Como un buen año. Teníamos cuatro extremos muy competitivos y rotábamos mucho. Imanol de la Sota es un entrenador que hace muchas rotaciones. No te da tres partidos seguidos de titular casi bajo ningún concepto. Creo que ninguno de los cuatro extremos estuvimos a un nivel altísimo, pero sí estuvimos a buen nivel los cuatro y había mucha competencia. No lo jugué todo, pero participé en muchas jornadas y estoy contento con el año. Fue una muy buena experiencia.

"Si hay un interés real, lo sabes"

Y después llega el momento de decidir si continúas en Barakaldo.

Pasó algo curioso. Cuando terminamos el año quedamos en hablar con la dirección deportiva y desde el club me trasladaban que estaban encantados conmigo. Pero iban pasando los días y creo que el entrenador tuvo la última palabra y no quería renovarme. Me llegó la opción del Avilés antes de que me dijeran nada. Yago Iglesias es un entrenador que conozco de haberme enfrentado a sus equipos muchas veces y ya me había llamado anteriormente. Vi que el club estaba haciendo las cosas bien y decidí cambiar.

Cuando tomé la decisión se la trasladé al Barakaldo. Fue entonces cuando me dijeron que no me habían ofrecido nada porque estaban esperando firmar a otro extremo. Y no tengo ningún problema con eso. Son cosas del fútbol. Lo que creo es que se pueden hacer mejor.

¿Qué habría cambiado?

Ser directo. Si tú vienes y me dices: «Eres la segunda opción, la tercera. Si se nos caen otros, te llamamos», perfecto. Pero si no eres directo y no me dices las cosas, puede haber cierta molestia. En el fútbol, cuando te quieren firmar de verdad, normalmente todo es rápido. Cuando ya no te quieren tanto, las cosas no son tan fáciles.

Van pasando los días, te dicen que la semana siguiente os reuniréis, esperas… Y yo era el primer interesado en continuar porque había estado muy a gusto. Pero no me decían nada. Ni a mí ni a Sabin Merino, que estaba en una situación parecida. Nadie nos llamaba, nadie nos decía nada. Quedaban dos semanas para empezar las pretemporadas, empezaba julio y, como no me llegaba nada, decidí firmar por el Real Avilés. No veía claro que hubiera un interés real por parte del Barakaldo porque, si hay interés, lo sabes. Y si no te hablan, no hay ese interés. Es la realidad.

¿Te habría gustado que te lo dijeran directamente?

Sí. Me habría gustado que Imanol me hubiese llamado y me hubiese dicho: «No te veo para seguir el año que viene». Y no pasa nada. Son cosas del fútbol. Al igual que yo en diciembre fui a hablar con él y a decirle que no había estado bien o lo que fuese, me habría gustado que hubiese hecho lo mismo conmigo. Imanol me parece un tío normal, una persona con la que puedes hablar de cualquier cosa. Por eso estas situaciones molestan más. Si tú me dices que no me ves en el equipo, pues ya está. No pasa nada. Pero si no me lo dices y lo intentas esconder, no gusta.

Íñigo Muñoz, futbolista del Real Avilés durante su presentación

"Esto va de personas"

Ahora estás estudiando precisamente Gestión Deportiva. ¿Crees que este tipo de situaciones se pueden protocolizar en un club?

No sé si protocolizar. Creo que eso va de personas. Al igual que cuando las cosas van muy bien y todo es muy bonito, cuando no te quieren o creen que no vas a dar el rendimiento que necesitan, se dice y ya está. No entiendo por qué no te lo dicen claro. Cuando tú has ido de cara, creo que no hay nada que reprochar.

En ese sentido me quedo con esa sensación. Yo me he portado bien con vosotros y he tratado de ir siempre de cara. Me habría gustado que ellos hubiesen hecho lo mismo. Y creo que hace flaco favor al club porque aquí nos conocemos todos. Los jugadores, antes de firmar en un club, nos preguntamos entre nosotros: «¿Qué tal es? ¿Cómo se está?». Igual que los entrenadores preguntan cómo se comporta un jugador en el día a día. A mí me escriben jugadores preguntándome por Barakaldo: «¿Qué tal?». Y yo no me caso con nadie. Digo las cosas buenas y las cosas malas.Al final esas cosas afectan a los jugadores y yo las digo sin ningún problema.

"Mi objetivo siempre es llegar al fútbol profesional"

Ahora llegas al Real Avilés. ¿Qué otras opciones tenías?

Tenía alguna propuesta de Segunda Federación bastante interesante económicamente. También alguna de Primera Federación, pero no había nada demasiado concreto. El dinero nunca ha sido el factor por el que he tomado una decisión. Por suerte no es algo que necesite. Mi interés siempre es llegar al fútbol profesional y creo que la mejor manera de hacerlo es jugar en las categorías superiores.

La propuesta del Avilés fue la que se presentó de forma más seria. Además, no me gusta esperar hasta el final del mercado. No es una situación cómoda y no me gusta esa incertidumbre. Yago Iglesias me conoce bien, sabe lo que puedo aportar y lo que no, así que vine a Avilés y estoy muy contento de haber tomado la decisión.

¿Qué te ofrece Yago que te convence?

Es un entrenador con una idea de juego muy definida. Puede gustarte o no, pero va con ella hasta el final. Es parecido a Óscar Cano en ese sentido. Son entrenadores con personalidad y ese tipo de técnicos me gustan. Yago sabe perfectamente lo que puedo darle en banda porque me conoce de todas las veces que nos hemos enfrentado. También sabe el tipo de jugador en el que me he convertido porque, evidentemente, ya no soy el mismo de hace seis años.

Creo que puedo aportar mucho con los desmarques, el uno contra uno y los centros al área. Eso es lo que intentaré poner en liza esta temporada.

¿Qué objetivo os marcáis?

¿Qué te voy a decir? Creo que, salvo Cultural Leonesa y Mirandés, que tienen unos recursos y un objetivo claro de estar arriba, el objetivo de los demás es salvarse cuanto antes. Esta categoría es muy complicada. Hay varios equipos con recursos para estar arriba y el resto tiene como primer objetivo no llegar al último mes de competición pasando apuros.

Si llegas salvado a ese último mes, entonces ya puedes pelear por lo que tengas al alcance: playoff, Copa o lo que sea. Aquí no hay que tener la exigencia de entrar en playoff. Después de haber estado a punto de descender la temporada pasada, lo mejor es tener los pies en el suelo y saber la categoría en la que estamos.

"El fútbol es también una excusa para juntarme con mis amigos"

Y cuando termina el entrenamiento sigues teniendo ganas de fútbol?

Sí, pero sobre todo como excusa para juntarme con mis amigos. Somos muy futboleros y mi cuadrilla, siendo de Bilbao, está llena de gente que vive mucho el fútbol. Cuando hay una cita importante de Champions o un Mundial es una excusa perfecta para reunirnos y pasar tiempo juntos. Esa es una parte del fútbol que también me gusta mucho.

Después de tantos equipos, tantos vestuarios y tantos años, ¿qué has aprendido del fútbol?

Que nadie regala nada. Que los jugadores que llegan arriba están ahí porque hacen muchas cosas bien. Y también que somos personas normales. Al final, muchas de las cosas que pasan en el fútbol tienen que ver con las relaciones entre personas. Por eso creo que es tan importante ir de cara.

¿Volverías a elegir el fútbol si pudieras empezar otra vez?

Sí. No tengo ninguna duda. Volvería a ser un apasionado del deporte. No hay nada más bonito que poder ser profesional de algo que te apasiona.  Yo no he hecho otra cosa que disfrutar de esa sensación de, siendo adulto, seguir jugando a lo que me apasionaba de niño. Soy un auténtico privilegiado.

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ordi Tur vuelve a abrir las puertas de su vida para contar por qué ha cambiado Rusia por Suiza. El excentrocampista de Unionistas explica cómo la distancia con su familia y su pareja ha marcado una decisión que trasciende el fútbol. Una conversación sobre prioridades, crecimiento personal y la búsqueda del lugar donde la vida y el deporte puedan caminar en la misma dirección.

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Superviviente Blanquinegro. Crónicas del fútbol que resiste.

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