Jordi Tur: el fútbol también consiste en saber volver a acercarse
Hace unos meses hablábamos con Jordi Tur desde Khabarovsk. Desde allí nos contaba cómo había aprendido a convivir con el frío, la distancia y la soledad a 12.000 kilómetros de casa. Hoy vuelve a abrirnos la puerta de su vida. Ya no habla desde Rusia, sino que ahora lo hace desde Lausana en Suiza, a donde acaba de llegar para enfundarse la camiseta del Stade Lausanne-Ouchy de la Challenge League helvética. Y, curiosamente, el cambio más importante en este tiempo no está en el escudo que defenderá esta temporada, sino en aquello en lo que ha decidido no volver a dejar tan lejos.
Si volvemos la vista atrás, hasta el verano pasado veríamos a un Jordi Tur convencido de que perseguir su sueño de seguir siendo futbolista significaba alejarse de casa. Daba igual la distancia. Encontró la continuidad de su sueño en Khabarovsk, una ciudad que parece situada más allá de los mapas, a doce mil kilómetros de Ibiza, donde los viajes duran más que algunas vacaciones y abrazar a la persona que quieres exige casi tanta planificación como un robo en La Casa de Papel. Allí, el extremo más oriental de Rusia, a orillas del Pacífico, descubrió otra forma de entender el fútbol, aprendió a convivir con el silencio, con el ruso, con la nieve y con esa soledad que nunca aparece reseñada en la biografía de los futbolistas ni se mide en sus estadísticas a final de temporada.
Hace unos meses nos contaba que el invierno ruso también podía ser un lugar donde encontrarse a uno mismo. Hoy su historia vital y profesional ha vuelto a cambiar de paisaje. No porque haya dejado de perseguir el fútbol sino porque ha aprendido y decidido que perseguirlo no implica, por mandato del egoísta mundo del fútbol y sus intereses, renunciar tanto a la cercanía de los suyos.
Su nuevo destino es el Stade Lausanne-Ouchy, en la Segunda División suiza. Sobre el papel puede parecer un simple cambio de club. Escuchándole, uno entiende que es bastante más.
"A Suiza me lleva el hecho de estar tan lejos de mi familia y de mi pareja que era una situación que no era fácil de sobrellevar para ninguna de las partes."
No hay dramatismo en la respuesta de Jordi, como tampoco hay arrepentimiento. Lo que sí deja entrever es la serenidad de quien ha comprobado que crecer también implica saber ordenar las prioridades. Hace un año necesitaba descubrir por sí mismo hasta dónde podía llegar lejos de España. Hoy sigue queriendo hacerlo, no renuncia a ese aprendizaje ni a la experiencia, pero considera más acertado probar de otra manera.
"Me apetecía seguir jugando fuera de España, pero en un destino más próximo para que todo el mundo, tanto mi pareja como mi familia, estuviese un poco mejor y que las distancias y los tiempos de viaje fueran más cortos y pudiéramos vernos con más frecuencia durante más tiempo."
Más allá de cualquier análisis deportivo, la filosofía que le guía queda resumida en una frase: “Que todo el mundo estuviese un poco mejor”. Una reflexión que rompe con el estereotipo del aficionado que juzga al futbolista únicamente movido por su interés económico o por su ego.
Una frase que es todo un síntoma de madurez y conocimiento de uno mismo. Un aficionado debe ser capaz de comprender que una carrera no solo la recorre quien salta al campo. La trayectoria profesional de un futbolista también la recorren con él aquellos que esperan al otro lado de una pantalla conocer de primera mano qué tal le fue el último entrenamiento u ofrecer su escucha acerca de sus quejas sobre un mal partido, personas que tiene que estar calculando diferencias horarias para mostrar su afecto o que deben de hacer de cada visita, de cada reencuentro, una pequeña expedición. Porque ver a Jordi en Khabarovsk, abrazarle, decirle un “te echo de menos pero debes seguir persiguiendo tu sueño” suponía atravesar medio mundo.
Verle en Lausana será, simplemente, coger un avión. Un vuelo directo puede llegar a valer mucho más que un contrato mejor. Eso no significa que el fútbol haya dejado de ocupar el centro de la decisión. Todo lo contrario, porque Suiza representa precisamente aquello que ahora buscaba.
"En cuanto apareció la opción de Suiza no me lo pensé. Entrar en el centro de Europa me da mucha visibilidad y llego a un club que viene haciendo bien las cosas. Además, Lausana tiene conexión directa con España y eso me ofrece muchos pluses que otras propuestas no podían darme."
Las propuestas para continuar más lejos existieron a través de varios equipos de Primera División del este de Europa que preguntaron por él. Incluso llamaron a su puerta ofreciéndole alguna posibilidad de regresar a España. Pero Jordi volvió a elegir salir no porque quiera escapar sino porque aún siente que su historia fuera de casa no ha terminado. El fútbol suizo, además, le ofrece un escenario distinto al que encontró en Rusia con una competición corta, exigente, donde diez equipos forman una liga que obliga a competir cada fin de semana al máximo nivel y ese nivel de exigencia le ha terminado por seducir.
"Sin duda es una competición de mayor nivel comparado con lo que viví en Rusia. Me ofrece desarrollarme en un contexto diferente, perfeccionar el francés, conocer otra forma de vivir y otra cultura futbolística. Como soy una persona inquieta, todo eso me enriquece."
La palabra aparece otra vez como en su experiencia anterior en Khabarovsk: enriquecerse. Jordi no habla de contratos, ni de cifras ni de duración, sino que habla de idiomas, de conocer personas, de descubrir nuevas ciudades. Como si el fútbol fuese la excusa para aprender y estudiar el mundo. Quizá por eso tampoco define su futuro desde la ambición individual sino desde el sentimiento de formar parte de un colectivo.
"Si el entrenador es ambicioso y espera estar lo más arriba posible, yo también lo seré. Ojalá podamos conseguir un ascenso que nos cambie la vida."
Dalibor Stevanovic, que conoce bien el fútbol español después de su paso por la Real Sociedad, encontró en Jordi el perfil que buscaba. Un centrocampista capaz de unir dos facetas clave para aquellos que se mueven en el centro del campo y que, con mucha frecuencia, entran en colisión.
"El míster me explicó que su interés en incorporarme al proyecto venía justificado porque tenía un mediocentro muy fuerte defensivamente y otro muy bueno con balón. Apostó por mí porque cree que puedo combinar ambas cosas."
Jordi, sin embargo, prefiere resumirse de una manera carente de adjetivos y lejos de los artificios. Con una frase que explica probablemente toda su carrera. “Soy un obrero del fútbol”. Y quizá ahí resida el verdadero hilo conductor entre Rusia y Suiza de este último año. Con su nueva elección firmando por el Stade Lausanne-Ouchy cambia el idioma, el paisaje y el escudo. Pero lo que permanece inalterable es la forma de entender el oficio de futbolista, en su caso, ser capaz de encontrar el lugar en el que el fútbol y la vida no caminen en direcciones opuestas.
Rusia fue el comienzo de una historia que en Superviviente Blanquinegro hemos querido contar sin prisas. Si quieres conocer cómo empezó esta aventura y cómo vivió sus primeros meses en Khabarovsk, puedes leer también:
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