Hugo de Bustos: el Lazarillo de Unionistas

Hugo de Bustos ha aprendido a moverse entre lesiones, categorías y defensas. Después de una primera temporada interrumpida, el extremo salmantino afronta su segundo curso en Primera Federación con Unionistas con una misión que él mismo se puso como deber: dar un paso adelante y convertirse en un jugador importante.

Hugo de Bustos, extremo de Unionistas, durante un partido de Primera Federación
Hugo de Bustos centra un balón durante un partido con Unionistas.

En el nuevo Unionistas de Salamanca hay futbolistas que reciben la pelota y miran, pero en la banda izquierda está Hugo de Bustos que, a contracorriente, recibe la pelota, acelera para intentar, una y otra vez, desbordar al rival. Puede que la primera vez el lateral le gane la carrera, la segunda le cierre la salida y a la tercera termine con el balón fuera del campo mientras el extremo salmantino se levanta con la camiseta llena de hierba. Da igual. Cuando vuelve a encontrar la pelota, Hugo volverá a intentarlo.

Quizá por eso se parece un poco al Lazarillo de Tormes. No porque tenga hambre -aunque en el fútbol conviene tenerla-, ni por su aspecto enclenque, sino porque tiene el desparpajo propio de quienes saben buscarse la vida. El metro del que no dispone es capaz de fabricarlo con un regate, el espacio que no existe lo crea con una carrera, Si la defensa se cierra sobre él,  intenta abrirla por otro lado y, si aun así, no puede. No hay problema, volverá a empezar.

En el último encuentro de Unionistas contra la UD Ourense lo estuvo intentando durante más de una hora. Pegado a la línea, encarando, corriendo, apareciendo por fuera y buscando esa rendija que los extremos llevan toda la vida persiguiendo. De una de ellas salió el centro que Pau Ferrer convirtió en el 2-1. Unionistas había encontrado el camino, guiado por Hugo, hacia una victoria que necesitaba casi tanto como el propio Hugo necesitaba sentirse importante.

El partido fue importante no fue solamente por sumar una asistencia y volver a jugar de inicio en el Reina Sofía sino la sensación de que vuelve a hacer lo que durante demasiados meses no pudo: jugar con continuidad. La temporada pasada terminó antes de tiempo para él. Las lesiones fueron poniendo piedras en un camino que había comenzado cuesta arriba y que, sin embargo, había recorrido a toda velocidad. Venía de jugar en Tercera Federación y se encontró, casi sin tiempo para darse cuenta, defendiendo la camiseta del primer equipo de Unionistas en Primera Federación. El salto era enorme y él mismo lo sabía.

De Preferente a Primera Federación

Hace apenas dos años jugaba en el filial de Unionistas en Preferente. Después llegó la cesión al Palencia Cristo Atlético, siete goles y una temporada que sirvió para descubrir que aquel extremo que había ido creciendo en la cantera podía competir fuera de Salamanca. Y entonces apareció el primer equipo que le citó para su pretemporada, en principio con la idea de buscarle una nueva cesión, esta vez, en Segunda Federación.

Oriol Riera, sin embargo, le dio la oportunidad de asomarse a una categoría en la que cada metro cuesta más caro y cada error se castiga con mayor rapidez. Hugo no necesitó demasiado tiempo para demostrar que el salto no le quedaba grande.

“Hace dos años estaba en el filial de Unionistas jugando en Preferente y ahora estoy en el primer equipo”.

Lo contaba él mismo al terminar la pasada temporada en una entrevista con Jaime García en La Gaceta de Salamanca.. La frase parece sencilla, pero si se mira desde el campo, no lo es tanto. Entre una cosa y otra hay kilómetros, entrenamientos, dudas, mudanzas, partidos en campos de Tercera y una temporada en la que tuvo que aprender a competir contra futbolistas acostumbrados desde hacía años a aquello que él acababa de conocer y que también le mostró otra fuente de aprendizaje: las lesiones. Muchas.

Una temporada empezando una y otra vez

El fútbol suele ser cruel y a Hugo se lo mostró pronto. En la pasada temporada, cuando parecía que una lesión quedaba atrás, aparecía otra. Cuando empezaba a ver el regreso, tocaba volver a parar, cuando pensaba que podía estar disponible para la parte decisiva del campeonato, el cuerpo volvió a decir que no.

“Pasaban las semanas y parecía que podía volver, pero nada”.

Hugo de Bustos explicaba a la perfección lo que supone una lesión, no es solo el hecho de estar fuera, es tener que volver a empezar cuando todo se daba por terminado. Su último partido oficial de la pasada temporada llegó en marzo, frente al Barakaldo. Como titular había aparecido por última vez en diciembre, ante el Racing de Ferrol en A Malata. El calendario siguió pasando mientras Hugo miraba desde fuera. Y eso también forma parte de su historia.

No hay épica alguna en pasar meses lesionado, lo que hay es mucho aburrimiento, frustración, compañeros a los que ves entrenar mientras tú haces otro tipo de ejercicios y esa pregunta que aparece de vez en cuando aunque uno intente apartarla: “¿Cuándo voy a volver?”. Hugo contó que hubo un momento en el que le comunicaron que prácticamente se había acabado la temporada para él.

"Fueron momentos muy duros".

Toco aceptarlo y esperar.

El siguiente Hugo de Bustos

Quizá por eso esta temporada no sea simplemente la segunda de Hugo de Bustos en Primera Federación. Es la temporada en la que tiene que demostrar qué futbolista puede llegar a ser. Él mismo se puso el objetivo en verano.

“Ahora que ya la conozco, esta temporada sí que tengo que dar un paso más y ser más importante”.

No decía que quería jugar más, ni marcar más goles, sino en ganar peso en el juego. Unionistas ya sabe que Hugo puede jugar en Primera Federación. Lo demostró durante el inicio de la pasada temporada. Lo que falta por descubrir es si puede hacerlo con continuidad, asumir responsabilidad y convertirse en uno de esos futbolistas alrededor de los que se construyen los partidos y no solo como un recurso para los últimos 30 minutos cómo fue su rol, cuando estuvo disponible, para Mario Simón.

Javi Medina parece tener claro dónde pueden encontrarlo sus compañeros. Pegado a la línea de cal, Hugo tiene espacio para correr y tiempo para decidir. Tiene velocidad para atacar al defensor y desborde para obligarlo a retroceder. Tiene, además, una virtud que no siempre aparece en los extremos: no necesita acertar el primer intento para seguir buscando el segundo. Contra la UD Ourense volvió a demostrar todo lo que puede ofrecer en cada partido. Intentarlo, una y otra vez, hasta conseguir que algo ocurra.

Esa insistencia puede resultar desesperante algunas veces. El extremo puede equivocarse en el uno contra uno, tomar una mala decisión o perder una pelota intentando algo que quizá no tenía demasiado sentido. Pero hay algo que la grada del Reina Sofía entiende y quiere ver, sin reproches ni queja alguna. Quiere ver a Hugo de Bustos volviéndolo a intentar. Esa es una de las razones por las que cada carrera de Hugo termina provocando una reacción en la grada, el apoyo de una afición que siempre estará al lado de los que insisten.

Hugo pertenece a la vieja escuela de los extremos que reciben y encaran. La de los jugadores de antaño que prefieren equivocarse intentando algo antes que pasar desapercibido. La de un futbolista que todavía conserva una cierta picardía de barrio, esa capacidad de buscar la trampa pequeña, el rebote, la espalda del defensor, el segundo balón. Un Lazarillo que no necesita tener el camino despejado, sino al que le basta intuir que hay una escapatoria.

El chico de la cantera

Hugo de Bustos ocupa un lugar destacado dentro de la corta historia de Unionistas de Salamanca. Es el primer canterano que ha conseguido establecerse en el primer equipo Su historia empezó mucho antes de aquel debut con el primer equipo y, por eso, su presencia en el Reina Sofía tiene algo que va más allá de los minutos que juegue o los goles que marque. Hugo es la demostración de que el camino existe. Él mismo quiso que su llegada sirviera para abrirlo a otros.

“Que sirva como una puerta abierta”.

Lo decía pensando en todos los jugadores de la cantera que vienen detrás que lleva implícita una responsabilidad que no figura en ningún contrato. Los niños que juegan en los campos de entrenamiento de Unionistas pueden mirar ahora hacia arriba y encontrar una cara conocida. Uno de los suyos, alguien que, como ellos, estuvo allí. Un compañero que un día dejó de ser el chico de la cantera para convertirse en futbolista del primer equipo. En un club como Unionistas, donde la identidad no se construye únicamente con resultados, eso tiene un valor muy difícil de cuantificar.

Entre la afición de Unionistas cuando se anuncia el número de siete y se nombra a de Hugo de Bustos por la megafonía, se abre la expectación para verle, no marcando goles ni repartiendo asistencias, sino para verle correr, encarar, enfadarse cuando algo no le sale bien porque Hugo de Bustos tiene una relación particular con el Reina Sofía. La grada le reconoce como a uno de los suyos y él sabe que forma parte de ese pequeño grupo de futbolistas que conectan el césped con la tribuna. Esa conexión puede convertirse en una de las armas de Unionistas esta temporada.

Javi Medina ha construido una idea de equipo que necesita jugadores capaces de asumir riesgos en el último tercio del terreno de juego. Futbolistas que quieran la pelota, que quieran avanzar y hacer que pasen cosas. Hugo tiene varias de esas cualidades y es el momento de ponerlas juntas durante muchos domingos.

Los primeros cuatro partidos del campeonato han dejado una fotografía diferente a la de hace un año. Hugo ha participado en todos los encuentros, los dos últimos de inicio -cuatro acumuló en total la pasada temporada- consiguiendo marcar contra el Real Avilés y dar una asistencia ante la UD Ourense. Lo más importante es que está jugando porque apenas ha habido tiempo para sacar conclusiones definitivas. Primero es necesario tener continuidad, luego rendimiento y, por último, responsabilidad. Ahí empezará de verdad la temporada para Hugo, algo que está deseando que suceda ya que es algo que él mismo se exigió para esta temporada. Ser uno de los jugadores importantes de Unionistas.

Hugo tiene 22 años. Todavía le queda mucho fútbol por aprender y mucho camino por recorrer. No necesita convertirse de golpe en el salvador de nada. Tampoco cargar con una responsabilidad que no le corresponde. Ya sabe que puede jugar en Primera Federación. Ahora como el Lazarillo de Tormes le toca aprender a encontrar, desde la línea de cal, el camino cuando parece que no hay salida.

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