Los que volvieron a ponerse las botas para levantar el fútbol de Ourense

Jugadores y aficionados de la UD Ourense celebran su primer ascenso
La UD Ourense comenzó su historia en 2014 después de la desaparición del CD Ourense. Algunos de sus antiguos futbolistas volvieron entonces a ponerse las botas.

Llegado el momento los futbolistas deciden abandonar el fútbol porque llega un momento en el que las piernas dejan de acompañar. El deporte pasa a ocupar un lugar secundario en sus vidas. El lugar que ocupaba el fútbol empieza a ser reemplazado por un trabajo, una familia o simplemente porque la vida empieza a pedir otras cosas.

Y luego está el misterio de los que vuelven. Más aún cuando esa vuelta no es la de un solo futbolista, sino la de varios que encuentran una misma razón para volver a ponerse las botas aunque el escenario donde hacerlo ya no tenga nada que ver con el que conocieron. En Ourense hubo unos cuantos que lo hicieron en 2014. No regresaron para intentar alargar una carrera que ya parecía terminada. Tampoco para perseguir un último contrato. Volvieron porque el club que había formado parte de sus vidas había desaparecido y alguien tenía que empezar otra vez.

Algunos habían jugado en Segunda División. Otros habían pasado media vida en O Couto. Uno de ellos había vestido la camiseta del Club Deportivo Ourense durante más de 300 partidos. Otro llegó a acumular 246. Otro había defendido aquella camiseta en 90 encuentros.Ahora tenían que volver a volver al origen, a jugar en Tercera Autonómica.

Las botas que todavía tenían las pilas cargadas

José Viso Touza, Chechu, tenía 42 años cuando recibió la llamada. Había conocido O Couto mucho antes de que la Unión Deportiva Ourense existiera ya que, desde que era un chaval, había pasado por las categorías inferiores del Club Deportivo Ourense, compartido vestuario con futbolistas que después llegarían al primer equipo y había celebrado uno de los momentos más importantes, tres décadas atrás, de la historia de la entidad: el ascenso a Segunda División A de 1996.

Después su carrera le llevó por otros equipo gallegos como Burela, Arosa, Lemos y el resto de una carrera que, como casi todas, terminó encontrando otro camino. Hasta que desapareció el CD Ourense y, por ideas locas que se ocurren a quienes buscan una solución desesperada,alguien pensó que todavía quedaban algunas pilas cargadas.

“Como había que arrancar como se pudiera, los que todavía tuviéramos las pilas cargadas teníamos que salir al campo. Me llamaron y decidí echar una mano.”

Chechu volvió a jugar. Tenía cuarenta años largos y por delante le esperaba una categoría que probablemente jamás había imaginado recorrer en su carrera. Campos pequeños para medirse a rivales desconocidos. La vida y el fútbol a otra velocidad, otras prioridades, pero un amor a una misma camiseta. Detrás de aquella camiseta, una ciudad que todavía no estaba dispuesta a renunciar a su fútbol.

“Mi juego siempre se basó en la fuerza, en el pundonor y en la entrega. Me daba igual tener 40 años. Hasta que el cuerpo aguante será mi filosofía.”

No parece la declaración de alguien que está jugando sus últimos partidos sino la de alguien que acaba de empezar y debuta con el equipo de su infancia.

Los que conocían el camino de vuelta

Chechu no estaba solo en la causa perdida de su vuelta los terrenos de juego. También estaba Ramón Dacosta, nacido en 1974 en Ourense y futbolista del CD Ourense durante siete temporadas. 246 partidos con aquella camiseta. Una vida futbolística suficientemente larga como para que el nuevo club pudiera haber sido, simplemente, una página a la que no prestar atención. Él que había llegado a jugar en Primera División con el Celta de Vigo, un partido nada más pero que permanece en la memoria de la afición celeste ya que fue aquel en el que el zar, Alexander Mostovoi decidió, por su cuenta y riesgo, abandonar el campo del El Molinón cuando aún quedaban diez minutos por jugar.

Ramón Dacosta no quiso que la desaparición del CD Ourense fuese un libro cerrado, la creación de la UD Ourense le llevó a implicarse en el proyecto para evitar que se repitiese esa última página. Ramón se implicó en el nacimiento de la UD Ourense y acabaría convirtiéndose en presidente de la entidad, tomando el relevo de Modesto García. El camino de vuelta no consistía únicamente en jugar sino que también había que construir.

También Adolfo volvió a ponerse al servicio del nuevo proyecto. Había había vestido la camiseta del CD Ourense durante más de 300 partidos, siendo el tercer jugador con más partidos disputados con el equipo ourensano. Cuando la UD Ourense empezó a caminar, aquel pasado no era una fotografía guardada en un cajón. Era gente que todavía podía ayudar. Todavía había otro jugador, Víctor Arias, que con más de 50 años, después de haber disputado 90 partidos con el CD Ourense durante los años noventa, también volvió.

Quizá visto desde hoy resulte difícil imaginarlo. Un futbolista de aquella generación regresando para jugar en la categoría más baja después de haber defendido al club en el fútbol profesional. Eso fue precisamente lo que ocurrió sin grandes ceremonias, ni anuncios multitudinarios. Solo había que arrancar como se pudiera, y empezaron.

El club que desapareció y la gente que no

La historia de la UD Ourense no empieza realmente con un ascenso sino que empieza mucho antes. En 2014 desapareció el Club Deportivo Ourense después de años de problemas económicos y una deuda acumulada durante distintas etapas de gestión. Antes de que aquello sucediera definitivamente, aficionados del club ya habían creado una plataforma para intentar salvarlo: SOS Club Deportivo Ourense. No consiguió su objetivo y el club terminó desapareciendo. Pero la plataforma no desapareció sino que de aquella movilización nació la Unión Deportiva Ourense. Era un club nuevo pero una historia vieja.

Manuel Cabaleiro llevaba 35 años trabajando como médico en el CD Ourense. Había visto pasar jugadores, entrenadores, directivas y generaciones enteras de aficionados. Cuando nació la UD Ourense decidió seguir arrimando el hombro. En diciembre de 2014 explicaba lo que estaba ocurriendo con una claridad que quizá hoy resulte todavía más fácil de entender:

“Lo más importante es ver cómo se ha producido el apoyo masivo de la afición.”

Por entonces la UD Ourense acababa de empezar jugando en Tercera Autonómica. Había conseguido más de 1.300 carnés entre socios y abonados. El fútbol había cambiado de categoría pero la gente continuaba.

De O Couto a los campos de tierra

Martín López lo contaba años después en una conversación con El Pelotero del Antifaz. Había que imaginar lo que significaba para aquella gente pasar de seguir al CD Ourense a acompañar a un equipo que empezaba desde abajo. De jugar contra equipos importantes a visitar campos donde podían entrar 150 personas y sin embargo la gente continuó. Fueron tantos que aquel nuevo club consiguió cuatro ascensos consecutivos hasta alcanzar la antigua Tercera División. En el camino hubo algo más difícil de medir que los goles o los puntos. La pertenencia,un sentimiento que hace que alguien se levante un domingo para conducir cientos de kilómetros hacia un campo perdido, que vuelva a casa de madrugada y que la semana siguiente vuelva a hacerlo.

Años después, Martín habla de “los 2.000 de siempre”. Los que no suelen fallar bajo ninguna circunstancia. Los que estuvieron cuando todavía había que explicar qué era la UD Ourense y el equipo jugaba en categorías exentas de glamour.Los que llenaron O Couto cuando el club consiguió volver, los que terminaron viendo aquello que en 2014 parecía casi una quimera. Ver a su equipo en la tercera categoría del fútbol español. la Primera Federación.

Cuando se cuenta una historia como esta uno puede dejarse llevar por la nostalgia. Hablar del antiguo CD Ourense, recordar los años buenos y presentar a la UD Ourense como un monumento al pasado cuando se trata de lo contrario.Los que volvieron a jugar no lo hicieron para quedarse mirando hacia atrás sino porque querían mirar hacia delante. No se trataba únicamente de conservar el recuerdo de un escudo desaparecido, sino de utilizar ese vínculo como punto de partida para construir algo nuevo, aunque para ello hubiera que comenzar desde categorías que quedaban muy lejos de aquellas en las que había competido el antiguo CD Ourense. 

Chechu hablaba entonces de la cantera afirmando que la gente de casa debía ser la base de los grandes equipos de Ourense. Recordaba aquellos años en los que los jugadores formados en la ciudad habían sido fundamentales para alcanzar las mayores cotas del club. Cabaleiro, por su parte, hablaba de legado y los aficionados hablaban de futuro. Todo mientras los futbolistas jugaban aportando, cada uno, su granito de arena: una bufanda, un ordenador viejo, experiencia, un despacho cerrado, un coche compartido para seguir al equipo el domingo… Así se empieza un club, en Salamanca lo sabemos bien.

Doce años después

El sábado la UD Ourense visitará a Unionistas de Salamanca. Dos clubes nacidos de historias diferentes, pero con una cicatriz parecida. Dos proyectos que saben lo que significa que el fútbol de una ciudad desaparezca y que, después, sean sus aficionados quienes tengan que volver a levantarlo, pero el partido del sábado no necesita convertirse en una reivindicación ni que nadie salga de nuevo a explicar lo que es el fútbol popular.

Bastará con mirar hacia atrás y recordar a aquellos jugadores que volvieron a ponerse las botas: Chechu, Dacosta, Víctor Arias o Adolfo. Recordar a esas personas que, con idea disparatada en incio, decidieron que, aunque el club hubiera desaparecido, ellos todavía tenían un lugar al que ir el domingo. Quizá eso sea, al final, el fútbol popular, la obstinación de una comunidad que, cuando le quitan su club, decide empezar otra vez.

Incluso aunque para ello haya que volver a ponerse las botas.

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