Stadium Gal: un siglo entre el fútbol y la memoria
Inaugurado en 1926, el Stadium Gal ha sido casa del Real Unión, escenario de grandes noches de fútbol y parte del complejo concentracionario de Irun durante la Guerra Civil y la posguerra.
Los campos de fútbol, los estadios, son un recipiente de emociones compartidas. De recuerdos de goles, ascensos o derrotas de quienes estuvieron allí presenciándolas. Sin embargo, también hay campos que se conservan en la memoria de quienes estuvieron allí sin haber acudido a ver un partido.
El Stadium Gal de Irún cumple este fin de semana cien años. Un siglo desde aquel 19 de septiembre de 1926 en el que el Real Unión inauguró su nueva casa frente al FC Barcelona. El campo nació en uno el momento en el que el Real Unión vivía entonces una de las épocas de mayor esplendor de su historia. Había ganado la Copa de España en 1913, 1918, 1924 y volvería a hacerlo en 1927. Ostentaba, en ese momento, tres títulos de campeón de Copa y, desde entonces, ha visto pasar generaciones de futbolistas, equipos históricos, finales, ascensos, descensos y alguna de esas noches que terminan formando parte para siempre de la memoria de un club.
Pero hubo un tiempo en el que aquel espacio dejó de ser, por un tiempo, un campo de fútbol. Durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista, el Stadium Gal formó parte del complejo concentracionario de Irún, utilizado para retener y clasificar a republicanos españoles que regresaban desde Francia. No fue un recinto aislado: junto al estadio se utilizaron otros espacios de la ciudad, entre ellos la fábrica Hilaturas Ferroviarias, los almacenes de Chocolates Elgorriaga y diferentes instalaciones ferroviarias. Un campo construido para que la gente acudiera a ver jugar al Real Unión terminó formando parte de una maquinaria de guerra y represión.
1926: el Real Unión estrena casa
Antes del Stadium Gal hubo otros campos. El fútbol había llegado muy pronto a Irún. En 1902 ya existía un terreno de juego en Kostorbe donde disputaba sus primeros encuentros el Irun Football Club. Después llegarían el Irún Sporting Club, el Racing Club de Irún y, en 1915, la unión de ambos, promovida por el mismísimo rey de España Alfonso XIII, para dar forma al Real Unión. Hasta 1926, el club disputó sus partidos en el campo de Amute hasta la construcción del Stadium Gal.
El 19 de septiembre de 1926, el Real Unión inauguró su nueva casa frente al FC Barcelona. El empresario irundarra Salvador Echeandía Gal había contribuido decisivamente a levantar el estadio, con una aportación de 313.171,23 pesetas. De su apellido tomó el campo el nombre que todavía conserva un siglo después. El partido terminó 2-2. Samitier marcó el primer gol en la historia del nuevo estadio y Ramón Errazquin anotó los dos tantos del Real Unión antes de que Tonijuan estableciera el empate definitivo. En aquella alineación local ya aparecía un nombre que volvería a ser protagonista pocos años después: Antonio Emery, primer portero en recibir un gol en la Liga Española, y miembro de una saga que, los Emery, que cien años después continúa ligada al Real Unión de Irún con su nieto Unai Emery como propietario y su bisnieto Lander Emery como guardián de la portería.
Hace unos días contamos esa historia.
Un estadio junto a una frontera
El Stadium Gal nació a pocos cientos de metros de la frontera francesa. La ubicación no hacía de Irún un lugar estratégico. La ciudad era una puerta de entrada y salida entre España y Francia. Durante la Guerra Civil, miles de personas cruzaron esa frontera huyendo del conflicto. Después de la victoria franquista, el movimiento continuó en sentido contrario: españoles exiliados en Francia comenzaron a regresar a España, algunos voluntariamente y otros como consecuencia de las políticas de repatriación.
Para el nuevo régimen, la frontera no era solamente un lugar de paso. Era también un lugar de control. El complejo concentracionario de Irun tuvo precisamente esa función: recibir, retener, investigar y realizar una primera clasificación de muchos de los españoles que regresaban desde Francia. Carlos Hernández de Miguel lo recoge en Los campos de concentración de Franco, donde identifica Irun y Hondarribia como un complejo de larga duración en el que se utilizaron distintos edificios y recintos. Entre ellos estaba el Stadium Gal.
Un estadio junto a una frontera
El estadio que había acogido al Barcelona, al Real Unión de Antonio Emery y a miles de aficionados pasó a formar parte de otra realidad. No era el único espacio que cambió de uso en aquellos años. El complejo concentracionario de Irun estaba compuesto por diferentes instalaciones. Hilaturas Ferroviarias fue uno de sus principales recintos. También se utilizaron los almacenes de Chocolates Elgorriaga, una vieja fábrica de bicicletas y otros lugares de la ciudad. El Pabellón Ferroviario de Pequeña Velocidad, junto a la estación, tuvo además un papel importante en el traslado de prisioneros hacia otros destinos.
La Asociación Republicana Irunesa Nicolás Guerendiain conserva documentación específica sobre el campo de concentración de prisioneros de Irún y sitúa su actividad documentada entre 1939 y 1942, aunque otras investigaciones sitúan el complejo en funcionamiento desde 1937. La documentación administrativa conservada registra, al menos, 4.251 prisioneros entre agosto de 1939 y diciembre de 1942, una cifra parcial porque no se conservan todas las revistas administrativas del periodo. Por eso conviene hablar del complejo concentracionario de Irún y no imaginar un único campo cerrado dentro de las cuatro paredes del Stadium Gal.
El estadio era una pieza más de aquella estructura inicial de redistribución de los exiliados que provocó la Guerra Civil. Y allí estuvieron miles de personas que regresaban desde Francia una vez que el conflicto en España se daba por finalizado.
Volver a casa no siempre significaba ser libre
Muchos de los republicanos que cruzaron la frontera después de la guerra pensaban que el viaje de regreso podría ser el final de su exilio, cuando realmente para muchos de ellos, fue solamente el principio de otro recorrido. Las autoridades franquistas habían establecido procedimientos para controlar y clasificar a quienes regresaban. En función de sus antecedentes, podían ser puestos en libertad, enviados a sus lugares de origen, sometidos a procedimientos judiciales o trasladados a otros centros de reclusión y batallones de trabajadores.
Uno de esos hombres fue Luis Ortiz Alfau.Su historia quedó recogida décadas después por Ander Izagirre en su libro El siglo de Luis Ortiz Alfau y por la investigación sobre los espacios de reclusión de Irún. Ortiz Alfau regresó desde Francia con una maleta en la que llevaba documentos de su pasado como miembro del Ejército republicano. Al cruzar la frontera fue detenido y trasladado a los almacenes de Chocolates Elgorriaga, utilizados entonces como cárcel provisional. Esperó allí sin saber cuál sería su destino. El fútbol estaba a pocos cientos de metros pero ya no importaba. En aquellos días, el Stadium Gal no era un domingo, ni un partido, ni una grada llena. Era parte de otra historia y la suya, la de Luis, le llevó por otros campos de trabajo franquista en Deusto y Miranda de Ebro, o en los Pirineos construyendo una red de fortificaciones, conocida como la Línea P, por toda la cordillera pirenaica con el propósito de defenderse de una posible invasión extranjera y de la resistencia antifranquista.
La historia de los Emery vuelve a Irún
Y aquí la historia del Stadium Gal vuelve a encontrarse con la de los Emery. Pero no de la manera más sencilla. Hace unos días contábamos cómo cuatro generaciones de una familia habían quedado ligadas al Real Unión: Antonio, Juan María, Unai y Lander Emery. Antonio fue el portero que recibió el primer gol de la historia de la Liga. Lander, casi un siglo después, sigue defendiendo la portería del Real Unión. Entre ambos aparece también Francisco Emery.
Francisco había jugado en el Irún Sporting y posteriormente en el Real Unión entre 1917 y 1921. Después trabajó como ferroviario y fue miembro del Sindicato Nacional Ferroviario de UGT. Se afilió al PSOE en 1929 y, terminada la Guerra Civil, se exilió en Francia. Allí estuvo internado en el campo de concentración de Septfonds. Regresó posteriormente a España y participó en la organización socialista clandestina de Irún hasta que fue detenido en 1952.
Francisco Emery también tuvo que cruzar aquella frontera. Pero hay algo que debemos dejar claro. No tenemos constancia documental de que Francisco Emery pasara por el Stadium Gal. Y no hace falta inventar esa conexión. Su historia ya demuestra hasta qué punto fútbol, frontera, exilio y represión podían formar parte de una misma vida. El mismo club que había vestido a Francisco Emery antes de la guerra tenía a su hermano Antonio bajo los palos cuando nació la Liga. Y ese mismo club sigue teniendo hoy a un Emery en su portería.
La historia de una familia y la historia de un estadio no son la misma historia pero durante aquellos años ambas transcurrieron en la misma ciudad.
Cien años después
En algún momento, el fútbol volvió. Las porterías recuperaron su significado y el Stadium GAL volvió a recibir al Real Unión y a sus aficionados. Volvieron los domingos, los árbitros, los desplazamientos, los goles, las derrotas y las celebraciones.
El país había cambiado. Irún también y el Real Unión tendría que aprender a convivir con un fútbol que cada vez se parecía menos al que había conocido durante sus años de esplendor en las primeras décadas del siglo XX, El Stadium GAL, sin embargo, permaneció. Había sido inaugurado con el Real Unión jugando en Primera, después lo vería en Segunda División y verle proclamarse campeón del Campeonato de España de Aficionados en 1934, tiempos de la Segunda República. Más tarde continuaría el periplo del conjunto irundarra por las categorías del fútbol modesto como la Segunda B y Tercera. Un club que había sido uno de los grandes protagonistas del fútbol español terminaba peleando por algo mucho más sencillo: seguir existiendo.
El Stadium GAL que conocemos hoy tampoco es exactamente aquel que inauguró el Real Unión en 1926. El estadio fue remodelado durante la temporada 1997-98, conservando su emplazamiento histórico junto al Bidasoa. El hormigón cambió, las gradas cambiaron para ofrecer un entorno más cómodo y funcional. Las instalaciones cambiaron como ha cambiado el fútbol. Pero el lugar permaneció y este fin de semana cumple cien años.
El Real Unión está celebrando la efeméride con diferentes actividades que comenzaron esta semana y que incluyen una conferencia sobre la historia del estadio, actos conmemorativos y la presencia de la familia de Salvador Echeandía Gal. El centenario se enmarca además en un año especialmente significativo para el fútbol irundarra, que también conmemora los 125 años de la llegada del fútbol a la ciudad. Un campo de fútbol es, en apariencia, algo sencillo: dos porterías, césped, unas gradas alrededor, un marcador, unas líneas delimitando un espacio de juego donde juegan once contra once y alguien termina celebrando o lamentándose. Algunos campos terminan acumulando mucho más. Cien años después, el Stadium Gal sigue siendo un campo de fútbol pero también un lugar de memoria. La de un lugar que no sólo albergó fútbol, sino parte de la historia de un país.
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