El oficio de durar

Natalio, capitán del Real Avilés, durante un partido de Primera Federación
Natalio, el capitán del Real Avilés que ha convertido la resistencia en un oficio.

Natalio a sus 42 años, es un futbolista que no sabe vivir sin ejercer su oficio de futbolista. El capitán del Real Avilés Industrial sigue poniéndose el mono de trabajo cada mañana para cumplir consigo mismo y con una profesión a la que ama. No es una metáfora. El fútbol, para él, tiene algo de oficio industrial: fichar, entrenar, correr, esperar, competir, volver a entrenar. Un día detrás de otro, de lunes a domingo, una temporada detrás de otra, mientras ve cómo los entrenadores y los compañeros cambian pero él, sigue.

Antes de convertirse en una institución del Real Avilés, Natalio ya era un hombre de fútbol que había vestido la camiseta de varios equipos ilustres del fútbol español como Castellón, Murcia, Córdoba, Almería y Numancia. Los nombres de estos equipos pueden ayudar a explicar la carrera profesional de un jugador, pero no dirían nada del futbolista que hay detrás, que ha construido su oficio fuera de los focos. La carrera de Natalio es la de esos jugadores que no entienden del terreno de juego como un escenario, sino como un obrero del fútbol, el taller de quien se entrega a una profesión. En su caso, el de delantero centro que ha pasado por numerosos vestuarios, cogido centenares de autobuses, pernoctado años fuera de su casa en hoteles, miles de horas de entrenamiento y una sucesión continuada de domingos trabajando para conseguir el gol.

Acto seguido, volverá a ser lunes y Natalio volverá a ponerse en pie y calzarse las botas para afrontar una semana más. El fútbol profesional suele resumirse y contarse a partir de los grandes momentos como un ascenso, un debut, un gran contrato, un gol decisivo o una fotografía en la que el protagonista aparece levantando un trofeo. Pero hay otra manera, la más común entre los futbolistas, de hacer carrera que consiste en estar, tanto cuando juegas como cuando ves el partido desde el banquillo. Estar con un entrenador o con otro, estar cuando viene otros jugadores a hacer lo mismo que tú y ocupar tu espacio, estar cuando incluso el cuerpo no responde y te pide explicaciones de por qué sigues haciendo, día tras día, lo mismo. Estar cuando ya no tienes nada que demostrar. Natalio lleva ocho temporadas haciéndolo en Avilés, un tiempo en el que tanto el Real Avilés como él han cambiado. Y en esas ocho temporadas el Real Avilés ha cambiado casi tanto como él.

Cuando llegó, el club estaba en Tercera División mientras ahora pelea por asentarse en Primera Federación. En estos ocho años ha habido ascensos, cambios de entrenador, proyectos, decepciones, temporadas mejores y peores y un club que intenta mirar hacia arriba después de años de caminar con la cabeza gacha. En todo este tiempo Natalio estaba allí, no como espectador, sino como trabajador. Más de 200 partidos después, 76 goles después, a día de hoy es una de las personas que mejor puede explicar la transformación del club a través de su brazalete de capitán y el barro de sus botas.

El veterano que aprendió a esperar

El fútbol tiene una costumbre bastante cruel con los futbolistas que alcanzar una cierta edad, ya que empieza a hablar de ellos en pasado, como si ya no estuviesen aunque sigan jugando. Como si un delantero, con 42 años, tuviese que pedir perdón por seguir bregando en el área y la veteranía fuera una enfermedad. Natalio conoce perfectamente ese mecanismo. La temporada pasada jugó muy poco, apenas noventa minutos en toda una temporada en doce partidos saliendo desde el banquillo, tanto Dani Vidal como Lolo Escobar lo relegaron a un papel secundario. Y él lo cuenta ahora con una frase que contiene bastante más de lo que parece:

"Pienso que los dos entrenadores que tuvimos la pasada temporada me subestimaron"

Podría haber hecho ruido, pedido explicaciones o convertir el vestuario en un juzgado de guardia. Sin embargo, optó por callar. 

"Preferí callar en lugar de montar un circo"

Vista la situación optó por asumir otro rol, invisible pero fundamental, ayudando a los compañeros que jugaban menos. Se convirtió en uno de esos futbolistas cuya importancia no siempre aparece en la alineación. Y esperó. Esperar en el fútbol, estando preparado, también es trabajo. Con tan pocos minutos en el campo le dió tiempo para hacer su primer gol en Primera Federación, fue en Tenerife, lo que le convirtió en el goleador más veterano de la categoría. Marca que, el pasado fin de semana, volvió a batir con su doblete a Unionistas de Salamanca dejando el que, a buen seguro, será el mejor gol de la temporada al batir al guardameta Álex Daza con un lanzamiento desde el centro del campo.

Natalio y el Real Avilés sorprendieron a propios y extraños optando por seguir un año más. Cuando muchos ya estaban preguntándose cuánto le quedaba Natalio decidió seguir calzándose las botas cada día. Hubo ruido ya que renovar a un jugador de 41 años que viene de jugar apenas 90 minutos ya que muchos opinaban que no se puede luchar contra el calendario. Natalio sí, porque él es quien entrena, quien compite, quien corre. No su fecha de nacimiento. Este año se le ha presentado una nueva oportunidad con Yago Iglesias con el que, en tres partidos, ya acumula los mismos minutos que en toda la anterior. La confianza se la ha devuelto con dos goles para conseguir la primera victoria de la temporada.

El oficio de durar

Hay algo especialmente hermoso en los futbolistas que estando en activo son parte de la memoria viva de un club. Algo que convierte en único al fútbol modesto. Natalio ha vivido el crecimiento de un club que hace unos años apenas reunía a unos cientos de socios y que hoy ha recuperado una parte de aquella multitud que alguna vez soñó con volver a llenar el Suárez Puerta. En la reciente charla que mantuvo con el periodista Santi Menor apareció un dato que explica bien esa transformación: el Avilés pasó de unos 200 socios a rondar los 3.500, mientras que el partido del ascenso a Primera Federación reunió cerca de 10.000 personas en el estadio.

Natalio ha vivido ese viaje desde dentro. Un viaje sin cámaras de televisión para un fútbol en el que los éxitos se alcanzan levantándose temprano, aguantando, haciendo el trabajo sucio y sobreviviendo a base de cumplir, día tras día, con su oficio.Natalio se ha ganado un lugar especial entre los aficionados al fútbol de barro. No importa demasiado la camiseta.

Los  futbolistas pueden pertenecer a un club mientras pero hay casos en los estos van un poco más allá y forman parte de aquellos que son parte de una forma de entender el fútbol. Futbolistas que son los primeros en llegar cada día a su trabajo, que entrenan, que ayudan, que esperan, que trabajan mucho y protestan poco, que cuando no tiene minutos persevera, que hacen de cada día una fuente de aprendizaje, que siguen buscando la forma de marcar otro gol. En el fútbol moderno hay muchas palabras que intentan explicar a un futbolista: valor de mercado, kilómetros recorridos, edad, goles esperados, datos, datos y datos.

Natalio se define por otra palabra: trabajo. Trabajo para levantarse el lunes después de haber marcado el domingo y volver a empezar. Nadie sabe cuál será el último gol de Natalio. Ni él mismo. Y esa incertidumbre es lo más hermoso que le queda a un futbolista. Mientras siga llegando primero al entrenamiento, todavía hay partido, y si hay partido el domingo Natalio va llegar el primero con el mono de trabajo puesto.

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