Jordi Pérez Hernández: "Óscar Cano no quiere controlar cada movimiento de sus jugadores, quiere que sepan interpretar el juego"
Ocho libretas, cerca de novecientas diapositivas y años siguiendo los pasos de un entrenador que le despertó una curiosidad casi obsesiva. Jordi Pérez Hernández acaba de publicar ‘Sentir el juego con Óscar Cano‘, un libro que se adentra en la metodología del técnico granadino a través de sus equipos, sus futbolistas y una manera de entender el fútbol que pone al jugador por delante del sistema. Una conversación sobre pedagogía, vestuarios, fútbol modesto y entrenadores que también merecen ser contados.
La primera vez que Jordi Pérez Hernández vio a Óscar Cano fue en una rueda de prensa. El técnico granadino acababa de firmar por el Alcoyano y Jordi acudió a su presentación acompañado de un amigo y de su padre. Los dos primeros salieron de allí con la excitación de quien acaba de descubrir algo extraordinario. Su padre, bastante menos impresionado, les dejó una sentencia que acabaría cumpliéndose: «Este tipo en tres meses está fuera».
No tardó demasiado en suceder. Cano fue destituido en enero, pero para entonces ya había conseguido algo más duradero que permanecer en un banquillo. Había despertado la curiosidad de un joven entrenador que comenzó a seguir sus intervenciones, estudiar sus equipos y tratar de comprender qué había detrás de aquella manera tan poco habitual de hablar de fútbol.
Ocho libretas de apuntes, entre 800 y 900 diapositivas y muchas horas de observación después, Jordi ha convertido aquella fascinación inicial en Sentir el juego con Óscar Cano. Un libro que no pretende reconstruir una carrera a través de sus resultados, sino acercarse a una forma de entender el entrenamiento en la que el futbolista no es una pieza que deba obedecer, sino una persona que necesita aprender a interpretar el juego.
Jordi Pérez Hernández fue entrenador en Alcoy, Madrid, Murcia y Alicante. Trabajó en la estructura de cantera del Atlético de Madrid y ha pasado por diferentes categorías del fútbol modesto. Ahora, alejado de los banquillos, continúa colaborando con otros técnicos y analizando equipos. Su conversación con nosotros sirve para conocer mejor a Óscar Cano, pero también para detenerse en algunas de las cuestiones que hacen del fútbol un deporte bastante más complejo que colocar once nombres sobre una pizarra.
Una rueda de prensa en Alcoy y ocho libretas después
¿De dónde nace esa fascinación por Óscar Cano? ¿Qué viste en aquel entrenador del Alcoyano que te llevó a seguir sus pasos durante tantos años?
Todo empieza en una rueda de prensa cuando Óscar Cano firma por el Alcoyano en el verano de 2014. Acudí con un amigo y con mi padre. Mi amigo y yo salimos de allí como si hubiéramos visto a Freddie Mercury, a Maradona o a quien te puedas imaginar. Mi padre, en cambio, nos dijo: «Este tipo en tres meses está fuera».
Me pareció muy interesante porque no era un entrenador que recurriera a los tópicos. A partir de ahí empecé a estar muy pendiente de sus intervenciones en las ruedas de prensa. Siempre me transmitía la sensación de que no quería limitarse a enseñar, sino que quería explicar lo que iba a hacer. No se conformaba con contar qué había intentado su equipo en cada partido, sino que exponía los motivos por los que había tratado de llevarlo a cabo.
A mí aquello me estallaba la cabeza. Te presentaba ideas que quizá tenías idealizadas y que asociabas a entrenadores del máximo nivel competitivo, como Guardiola o Mourinho. Te hablo de 2014. No esperabas encontrarte ese discurso en Segunda B y mucho menos en Alcoy. Una persona que no era famosa, entre comillas, a la que no habías visto nunca por televisión, aparecía hablando así de fútbol. Me entró una curiosidad enorme por conocer su trayectoria, su propuesta de juego y su método. Siempre he sido una persona muy curiosa.
¿Recuerdas algo concreto que dijera en aquella presentación o fue más bien una sensación general?
Fue una sensación de descubrimiento. Cuando empecé a entrenar, con diecinueve años, veía mucho cómo jugaba el Barcelona de Guardiola. Supongo que era algo que hacíamos muchos entrenadores en aquella época. Cuando conocí a Óscar Cano me sorprendió sentir, escuchándole hablar, una emoción parecida a la que experimentaba viendo jugar a aquel Barcelona.
Después he tenido la suerte de conocerle y comprobar lo grande que es también a nivel humano. Pero recuerdo perfectamente aquella primera rueda de prensa. Al terminar me hice una fotografía con él. Fue como cuando conoces a alguien y piensas: quiero aprender mucho de esta persona, quiero estar muy cerca de él.
La conexión con Guardiola no es casual. Óscar Cano había publicado trabajos sobre el Barcelona de Guardiola y también sobre el Real Madrid de Mourinho.
Exactamente. Óscar tiene dos libros publicados sobre el Barcelona: El modelo de juego del FC Barcelona y El juego de posición del Barcelona: concepto y entrenamiento. También escribió uno sobre el Real Madrid de Mourinho, El modelo de juego del Real Madrid con Mourinho. A partir de esas publicaciones y de conocer cómo planteaba los entrenamientos, me fui prendando cada vez más de su figura como técnico. Sentía tanta atracción por su trabajo que le pedía a un amigo que me pasara vídeos de las sesiones de entrenamiento. Yo no podía acudir a ellas, así que le pedía que las grabara para ver cómo trabajaba cada concepto. Son cosas de auténtico friki.
Después veía los partidos de aquel Alcoyano y alucinaba con lo que encontraba. Recuerdo especialmente un encuentro de Copa del Rey contra el Athletic de Bilbao, en El Collao, que terminó 1-1. Los bilbaínos sufrieron mucho para conseguir el empate, que llegó casi al final. Nosotros habíamos conseguido plantarle cara en Copa al Athletic aquí, en El Collao. Después nos ganaron 1-0 en el nuevo San Mamés.
Tu padre no andaba demasiado desencaminado con su pronóstico. El paso de Cano por Alcoy fue breve y terminó en enero.
Al final, Robert, mi amigo, y yo tuvimos que darle la razón a mi padre. Después de su etapa en Alcoy fui a una conferencia suya en Madrid y continué siguiéndole. Desde entonces he completado ocho libretas con apuntes, ideas, esbozos y esquemas sobre lo que he ido viendo en sus equipos. A veces me pilla fuera de casa y, en cualquier papel que tengo a mano, dejo alguna anotación que después guardo para desarrollar algo más extenso. A todo eso hay que sumar una colección de entre 800 y 900 diapositivas con capturas de pantalla.
¿Qué buscabas en todo ese material?
Siempre había una pregunta detrás: ¿cómo conseguir que un jugador haga una determinada acción? Analizando la propuesta de Óscar y conversando con él, te das cuenta de que no se trata simplemente de conseguir que el jugador haga algo. Se trata de que sepa hacerlo. Es muy difícil darse cuenta de la diferencia.
El libro también trata sobre esa idea a través de un concepto que utilizo que el de jugadorología que es la capacidad del jugador de entenderse a sí mismo sobre el terreno de juego. De hecho, para una próxima presentación tengo en mente plantear, alrededor de la figura de Óscar Cano, una pregunta: ¿es necesario el entrenador en un equipo de fútbol?
Desde mi perspectiva, sí, porque el entrenador toma la decisión más importante y de mayor impacto en el equipo: elegir a los once jugadores que empiezan el partido. Pero, a partir de ese instante, una vez tomada esa decisión, los entrenadores dejamos de ser tan importantes. Es algo que defiende el propio Óscar. Cuando te paras a pensarlo, te surgen dudas. ¿Para qué he estudiado durante tres años los niveles de entrenador? ¿Para qué me sirve la titulación o la experiencia si después no soy tan importante? Es una de las reflexiones que quiero transmitir con el libro.
El entrenador que no juega a la PlayStation
En categorías como la antigua Segunda B, y ahora Primera Federación, el entrenador ha sido tradicionalmente una figura de autoridad, exigencia y mucho peso sobre el desarrollo del juego. ¿Cómo encaja ahí una propuesta como la de Óscar Cano?
Creo que el papel del entrenador queda más relacionado con plantear diferentes planes de acción para preparar el partido del fin de semana. Tienes un plan A, un plan B, un plan C… Para construirlos sí tienes capacidad de intervención durante la semana, a través de las sesiones de entrenamiento.
Eso no significa que el trabajo de un entrenador como Óscar consista en dejar hacer a los futbolistas y permitir que se autogestionen. Ni mucho menos. Si tiene que llamar la atención a un jugador, lo hará. Cuando entra en el vestuario, marca con claridad las líneas de actuación que hay que seguir. Lo que no hace es asumir el papel de quien quiere controlarlo absolutamente todo. No dirige al equipo como si estuviera jugando a la PlayStation, intentando decidir cada movimiento, cada momento y cada decisión de sus futbolistas: pasa aquí, gira, cuidado, conduce, dala de cara, cambia la orientación… No lo veo ni le he visto nunca actuar de esa manera en el banquillo.
Para el libro has hablado con varios jugadores que han trabajado a sus órdenes. ¿Qué te cuentan sobre su influencia y sobre lo que les ha aportado como futbolistas?
He entrevistado a cinco jugadores que han estado con él en contextos muy diferentes: Ian Mackay, en el Deportivo de La Coruña; Eneko Satrústegui y David Cubillas, en Castellón; Carlos Salvador, en Alcoy, Castellón y Sabadell; y Mario Losada, ahora en Zamora.
El caso de David Cubillas es especialmente interesante. Cuenta en el libro que Óscar Cano le descubre otra forma de jugar. Estamos hablando de un delantero muy reconocido en Segunda B, con más de doscientos partidos en el fútbol de bronce antes de ser entrenado por Cano. Sorprende que un jugador con ese bagaje te diga que es con él cuando descubre realmente el juego. Le muestra otra manera de jugar. Carlos Salvador representa, para mí, al futbolista que entiende a la perfección el juego. Ha pasado muchas horas entrenando con Óscar, ha estado a sus órdenes en varios equipos y actualmente es un entrenador muy influenciado por aquella experiencia.
Pero hay algo en lo que coinciden todos: Óscar es un técnico muy cercano al futbolista. Todos destacan que los trata como si fueran sus hijos, algo que él mismo suele decir en las ruedas de prensa. Y, por encima de todo, valoran que les haya permitido descubrir aspectos del juego y facetas que podían desarrollar en posiciones que llevaban ocupando toda la vida y que ningún entrenador anterior les había enseñado.
En Zamora tenemos un ejemplo cercano con Mario Losada. Su función ha cambiado respecto a lo que venía haciendo en Unionistas o en el Alcoyano.
Mario, tanto en Unionistas, donde jugaba con Slavy, como en el Alcoyano, con Cristian Herrera o Ferni, había sido un delantero acostumbrado a jugar acompañado. Ahora, en Zamora, muchas veces es la única referencia ofensiva y se convierte en un recurso para oxigenar al equipo a través de un balón directo hacia él.
Ya no necesita jugar con otro delantero que le acompañe y tiene que utilizar con frecuencia registros que antes aparecían de manera puntual y que no formaban parte habitual de su juego. En la propuesta del Zamora debe aprender a desenvolverse en esos nuevos contextos, interpretarlos con mayor frecuencia y hacerlo sin perder las demás características que han convertido a Mario Losada en un delantero muy contrastado en Primera Federación.
Es decir, no se trata de convertirlo en otro futbolista, sino de ampliar sus posibilidades.
Exactamente. Se trata de descubrir otras cosas que puede hacer el jugador sin perder aquello que ya le define. Y eso es algo que se observa muy bien en los equipos de Óscar. Por ejemplo, en el Castellón de la temporada 2018-2019, que él recoge en el libro, el equipo estaba colista y había ganado solamente un partido de los primeros diecisiete. Consiguió salvarse en una última jornada agónica contra el Barça B, ganando 2-1 en el minuto noventa con un gol de César Díaz.
De aquella temporada, Óscar recuerda que tuvo que trabajar mucho los centros laterales para explotar la capacidad de remate de David Cubillas y el papel de Muguruza por fuera, a la hora de poner balones en el área. Sin embargo, en la segunda temporada llegaron Jorge Fernández y Rubén Díez, dos mediapuntas que colocó como extremos. Pero no los utilizaba ahí para que desbordasen y recurrieran al mismo recurso de la campaña anterior. Su propuesta era que partiesen desde fuera, jugaran por zonas interiores y dejaran libre la banda. Así descubres otro tipo de futbolista. Desde una posición exterior conviertes a dos extremos en jugadores intervencionistas por dentro, respetando sus propias características. Y lo haces sin perder la capacidad de generar centros laterales que tan buenos resultados te había dado la temporada anterior, porque tienes a Víctor García y a Muguruza ocupando esos espacios exteriores.
Gracias a propuestas de este tipo descubres una riqueza futbolística que muchas veces no aparece en otros equipos o con otros entrenadores de Segunda B o Primera Federación, donde prima el discurso de ganar y punto.
En aquel Castellón también estaba Íñigo Muñoz, con quien hemos hablado en esta sección. Él nos contaba que llegó acostumbrado a jugar como extremo y que Cano le abrió otro mundo llevándole hacia los carriles interiores para liberar el espacio al lateral.
Creo que eso es una parte fundamental del trabajo de Óscar: ser muy pedagógico y didáctico con sus jugadores. Fomenta mucho el autodescubrimiento. No recurre tanto a una directriz del tipo «esto es lo que tienes que hacer», sino que presenta una propuesta y, a partir de ahí, trata de que el jugador descubra qué puede aprender y cómo desenvolverse.
Íñigo, en concreto, no era titular en aquel Castellón que terminó ascendiendo a Segunda División. Sin embargo, era un futbolista que salía veinte minutos y te hacía pensar: lo raro es que no haya entrado antes. Normalmente, cuando un jugador lleva mucho tiempo sin participar y tiene que salir con el ritmo del partido ya establecido, piensas que le va a costar entrar, que no se va a enterar demasiado. Con Íñigo tenías una sensación diferente. Parecía que los jugadores que menos participaban mantenían una relación especialmente buena con el entrenador y estaban preparados para aprovechar su oportunidad.
¿Tiene que ver con la manera de hacerles sentir parte del equipo?
Sí. Creo que la cercanía de Óscar con el futbolista es muy positiva. Hace que el jugador que sabe que va a tener veinte minutos se sienta igual de importante que quien sale de inicio. Porque esos veinte minutos que le está dando no se los está dando a otro compañero.
Realiza un trabajo importante para poner en valor la aportación de quienes entran desde el banquillo. También para que comprendan el proceso de trabajo que se desarrolla durante toda la semana. Explica cuál es el plan de partido previsto, aunque después haya muchos partidos dentro de cada encuentro y las circunstancias puedan cambiar, y qué papel puede desempeñar cada jugador en los diferentes escenarios. El caso de David Cubillas es un buen ejemplo. Seguramente su función consistía en entrar cuando el partido se complicaba y el equipo necesitaba sacar puntos. Si, por el contrario, el encuentro iba plácido, probablemente no jugaría. Se trata de ir de cara, y eso es algo que Óscar hace.
El Collao, el murmullo de la grada y las distintas maneras de entender el fútbol
La trayectoria de Cano tiene equipos en los que ha dejado una huella importante y otros de los que ha salido bastante cuestionado. ¿Es un entrenador válido para cualquier contexto o hay clubes en los que su propuesta tiene difícil encaje?
Hay clubes en los que no tendría cabida. Creo que depende de la propia idiosincrasia del club, de su identidad, de lo que espera la gente y de la manera tradicional de entender el fútbol en ese lugar.
Te pongo el ejemplo de Alcoy, donde estuvo en la campaña 2014- 2015. Allí se valora mucho que el lateral derecho o el extremo llegue a línea de fondo, vaya a por un balón que sabe que probablemente no alcanzará, se deje la piel y termine pegando una patada a la barandilla. Aunque no llegue, la gente de El Collao estará enchufadísima con ese jugador por el esfuerzo. En cambio, si haces un pase hacia atrás para no perder el balón, enseguida escuchas el murmullo. Eso es idiosincrasia pura y dura.
¿Está cambiando también la manera en que las aficiones entienden el fútbol?
Creo que sí. Estamos cambiando el tipo de juego que deseamos ver, incluso en categorías más humildes como Primera Federación. Si nos vamos a la élite, hace unos años no habríamos pensado que el Atlético de Madrid del Cholo Simeone pudiera plantear como forma de salida y de inicio de jugada una secuencia de cinco, seis o siete pases para llegar al campo contrario y generar ventajas a través del pase. Pero el fútbol evoluciona. Y creo que todos los entrenadores pueden encontrar su sitio en distintos contextos. Si consigues despertar características diferentes en los jugadores, los resultados te acompañan y quienes toman las decisiones confían en ti, cualquier equipo puede ser válido para desarrollar una propuesta.
¿Qué te lleva a seguir estudiando a Óscar Cano después de aquella etapa en Alcoy? ¿Qué encuentras en sus equipos que te hace continuar pendiente de su evolución?
El juego. El fútbol que propone es el que a mí me gusta: tener el balón y ser protagonista.
Recuerdo un Castellón-Málaga en el que sabías que el equipo albinegro tenía muchas posibilidades de perder. Era un recién ascendido frente a un recién descendido, con todo en contra. Sin embargo, su propuesta consistía en no arrugarse ni cambiar un ápice lo que había estado haciendo. Salir desde atrás, querer ser protagonista y tratar de robar el balón. También recuerdo el partido contra el Espanyol en Cornellà-El Prat. Óscar llegaba ya muy cuestionado, perdió 2-0 y fue destituido. Pero, incluso en esas circunstancias, no cambió su idea.
Creo que eso es lo que me transmite Óscar. No que le dé igual el resultado, ni mucho menos, sino que en su idea pesa más el deseo de que el equipo juegue bien que el simple hecho de ser capaz de ganar.
¿Dónde crees que ha desarrollado mejor su propuesta de juego?
Como propuesta futbolística, creo que en la segunda temporada al frente del Castellón, que terminó con el ascenso a Segunda División. Pero también quiero destacar su etapa en el Deportivo de La Coruña. A pesar de cómo terminó, cuando apenas quedaban dos jornadas para acabar la liga y el equipo estaba clasificado para disputar el playoff de ascenso, consiguió alcanzar un nivel de juego muy alto. Los nombres que tenía aquella plantilla eran brutales: Roberto Olabe, Quiles, Mario Soriano, Lucas Pérez… Con ellos consiguió alcanzar picos de juego muy elevados.
Su trayectoria en el fútbol profesional, sin embargo, ha sido relativamente corta. Apenas ha dirigido cincuenta partidos en Segunda División, con aquella primera experiencia en la Unión Deportiva Salamanca y los posteriores pasos por Castellón y Tenerife.
Su paso por Tenerife fue algo extraño. Llegó después de descender con el Sabadell a Segunda Federación. No tenía, por tanto, ningún aura de entrenador de renombre y venía de un descenso en una categoría inferior. Había bastante runrún en la grada porque su elección no terminaba de convencer.
Empezó la temporada perdiendo contra el Eldense de Dani Ponz y en los siguientes partidos solamente consiguió un empate. Los resultados no encajaban con las exigencias del club y fue cesado en la quinta jornada. Sinceramente, ningún entrenador puede demostrar lo que sabe, lo que quiere o lo que puede hacer en apenas un mes de competición.
Zamora, un proyecto donde desarrollar la idea
Después de aquella experiencia en Tenerife y de su etapa en Sabadell, en noviembre de 2025 llega la oportunidad de firmar por el Zamora CF. ¿Ha encontrado allí el escenario que necesitaba?
Creo que sí. A mi modo de ver, en Zamora ha encontrado un lugar donde puede trabajar su propuesta con confianza y acompañarla de resultados. La temporada pasada se quedó a un paso de subir a Segunda División, aunque curiosamente fue el Sabadell quien le dejó fuera en la última ronda.
¿Cómo estás viendo al Zamora de esta temporada?
Creo que el año pasado tenía mejor plantilla que esta temporada 2026-2027. Contaba con Kike Márquez y Miki Codina, que ahora está en Segunda División. Para mí, Mario García también hizo una temporada muy buena, igual que Markel Lozano, que ahora está en el Mirandés.
Este año tienes un equipo más joven, que resulta más divertido de ver porque cuenta con jugadores muy polifuncionales, con mucho movimiento interior. Fabi Urzain, Mauro e Izan pueden intercambiar sus ubicaciones muchas veces. Sin embargo, no están encontrando esas conexiones entre los jugadores que terminan dando fruto y, por tanto, puntos.
También se han producido diferentes modificaciones en las estructuras del equipo desde la temporada pasada.
Sí. Viene de la temporada anterior, cuando el equipo tuvo una racha ascendente y después otra descendente. A partir de ahí fue cambiando las estructuras: empezó jugando con tres centrales, después pasó a un 4-2-3-1 y más tarde utilizó un 4-3-3. Más allá de los números, vas viendo cómo el año pasado Miki Codina ocupaba diferentes ubicaciones y cómo apareció Mario García junto a Mario Losada. Son movimientos que responden a la búsqueda de soluciones y de nuevas conexiones entre los futbolistas. Este año, contando con jugadores muy polivalentes aún no parece haber encontrado la fórmula para que las conexiones entre los jugadores sean igual de fuertes que en la pasada temporada.
Una de las salidas que más te ha sorprendido es la de Abde Damar.
Sí. Me parece una salida difícil de comprender desde el punto de vista futbolístico, más allá de que pudiera existir un incentivo económico muy importante. Es un jugador que perfectamente puede estar en Segunda División si no tiene problemas de lesiones. Además, era un futbolista que había pedido Óscar Cano, porque ya lo conocía de su etapa en Sabadell. Era importante para él porque sabía perfectamente lo que el entrenador le pedía y ambos se entendían. Es un jugador que le ha dado muchos puntos a los equipos de Óscar. Primero en Sabadell, adonde llegó después de salir del Ibiza, y también la pasada temporada en Zamora. Partiendo desde fuera tiene un uno contra uno extraordinario, un golpeo muy bueno y, además, ayuda defensivamente.
De Cruyff a los campos de fútbol modesto
Hemos hablado de cómo empieza tu relación con la figura de Óscar Cano, de sus equipos y de su metodología. Pero ¿de dónde nace esa propuesta? ¿Qué influencias hay detrás de su manera de entender el fútbol?
Él no quería ser entrenador. Es algo que nos ha contado muchas veces. Norberto Alonso, que es quien presenta a Óscar Cano en el primer capítulo del libro, también lo explica. Le dan un equipo y descubre que tiene influencia sobre los chavales. Esa capacidad de influir en los demás para conseguir que realicen determinadas acciones en el terreno de juego despierta su curiosidad.
Óscar dice que el foco de su metodología está en lo que observa de Johan Cruyff y del Fútbol Club Barcelona. Empieza a fijarse mucho en los jugadores. El otro día, sin ir más lejos, me envió un audio en el que me decía: «Prefiero diez minutos de highlights de Pedri que una conversación con los mejores entrenadores del mundo». Eso ya te está transmitiendo algo diferente. Creo que la influencia en su concepción del juego está muy relacionada con la entidad blaugrana: primero Cruyff y después Guardiola. A partir de ahí empieza a visualizar a los jugadores desde el propio juego. Creo que ese es el inicio del Óscar Cano entrenador.
Aunque su recorrido también ha estado muy ligado al fútbol más modesto.
Por supuesto. Fuera de ese fútbol de salón hay que reconocer que Óscar ha sabido estar en el barro y disfrutar de momentos muy buenos en diferentes equipos y etapas del fútbol más humilde. Fue precisamente ese recorrido el que le permitió llegar al fútbol profesional cuando asumió las riendas de la Unión Deportiva Salamanca en Segunda División.
En Salamanca llegó procedente del Poli Ejido. Inicialmente iba a entrenar al Real Jaén, pero recibió la oferta de la Unión Deportiva. Se encontró un equipo que la temporada anterior se había salvado en la última jornada y consiguió cambiar la dinámica con un inicio de competición muy bueno. Hasta que llegó el episodio del infarto de Miguel García durante el encuentro ante el Betis. ¿Te ha contado Óscar cómo vivió aquello?
No, no he hablado con él de ese episodio ni con nadie. Sí recuerdo alguna entrevista en la que decía que, a partir de aquel momento, no sabían cómo reaccionar. Es una situación muy complicada para la que no estás preparado. No solamente por los días siguientes, sino también por los meses posteriores, porque dejas de tener a esa persona cerca.
Entiendo que el impacto tuvo que ser especialmente grande para un entrenador que busca tanto la conexión entre los jugadores y trabaja mucho sobre esa red de relaciones que se establece dentro del grupo. Que suceda algo así te cortocircuita todo. Es un impacto emocional muy fuerte para el que necesitas ayuda externa, primero para afrontar lo vivido y después para asimilar lo que ha sucedido. Por suerte, no pasó de aquel susto, pero el impacto permanece.
La gestión emocional parece una parte fundamental de su trabajo.
Sí, es un aspecto muy importante. Con motivo del ascenso del Castellón a Segunda División sacaron un vídeo en el que mostraban cómo se habían vivido aquellos momentos dentro del vestuario. Creo que era la previa del segundo partido. Se ve a Óscar haciendo una especie de terapia de grupo con los jugadores y todos terminan emocionados.
Es que un vestuario de fútbol está cargado de emociones y también de lágrimas. A mí aquel vídeo me remueve.
Entrenadores que no salen en la televisión
Volvamos al libro. ¿Qué pretendes conseguir con Sentir el juego con Óscar Cano? ¿Qué te gustaría que descubriera el lector sobre su figura?
Quiero hacer ver que no hace falta haber sido futbolista profesional para tener influencia en el juego como entrenador. Es una de las razones por las que me animé a reunir todas aquellas libretas, diapositivas y hojas que tenía recopiladas. Cuando voy a una librería, encuentro libros de Luis de la Fuente, Luis Enrique, Guardiola o Mourinho. Pero hay muchos más entrenadores. No solamente están los de la élite. Hay magníficos técnicos que trabajan a diario, consiguen cosas excelentes con propuestas muy atractivas o han tenido que lidiar con contextos muy complicados. Creo que también merecen ser conocidos.
¿Hay una voluntad de reivindicar a esos entrenadores que trabajan lejos de los grandes focos?
Sí. Yo no me gano la vida escribiendo libros. Tengo mi trabajo y escribir es una afición. Como soy entrenador, aunque ahora no ejerza, me quito el gusanillo escribiendo.
Me gusta poder hacerlo sobre un técnico que no sale en televisión todos los días. Hay entrenadores que no tienen esa visibilidad y que son igualmente muy buenos. Pienso en Raúl Llona, Dani Ponz o Javi Medina, que hacen un trabajo extraordinario y merecen que se conozca. No solamente están Xabi Alonso o Xavi Hernández, que también hacen un trabajo excelente y entiendo que tienen mucho más mercado. Hay otros que se bregan en categorías más modestas y que también tienen cosas interesantes que contar.
Tú mismo has recorrido buena parte de ese fútbol desde los banquillos. ¿Cómo ha sido tu trayectoria?
Llevo tres años sin entrenar. Tuve una mala experiencia en mi última etapa, en el Intercity, y desde entonces no he vuelto a dirigir ningún equipo. Empecé en un equipo de colegio en Alcoy y, a través de un conocido, surgió la oportunidad de irme a Madrid para formar parte del cuerpo técnico de un equipo infantil del Atlético de Madrid. Allí estuve dos años.
Después regresé a Alcoy, cogí un equipo de cadetes y al año siguiente me incorporé como segundo entrenador y analista a un equipo sénior de Tercera División. Más tarde estuve un tiempo en el Racing Murcia, aquel equipo que en su día fichó a Royston Drenthe, también en Tercera División, hasta que llegó David Vidal como entrenador. De allí pasé al Intercity para llevar el juvenil. Primero el B y después el A, en Liga Nacional. Las cosas no estaban saliendo como esperaba y decidí hacerme a un lado. Entonces el director deportivo me incorporó al equipo femenino, donde estuve temporada y media. Finalmente llegó una nueva estructura deportiva con la que no terminaba de encajar y decidí salir.
¿Y ahora cómo mantienes el contacto con el fútbol?
Ayudo a muchos entrenadores con cosas que me van pidiendo. Analizo algunos partidos o equipos porque quieren tener una opinión adicional. Es lo que hago actualmente relacionado de forma directa con el fútbol. Al final, sigo disfrutando de lo mismo que me llevó a empezar con aquellas libretas. Observar, estudiar, intentar comprender por qué suceden las cosas y qué posibilidades tiene un jugador dentro del juego.
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