A oscuras y con la puerta abierta
Lunes de Calamares | Jornada 10
La eliminación copera ante el Ávila y la derrota por 3-0 frente al Extremadura han terminado de torcer el gesto del unionismo. Entre las dudas sobre el equipo, el futuro de Javi Medina y una frustración que empieza a desbordarlo todo, quizá convenga detenerse un momento. Porque llevamos tantos golpes seguidos que ya no sabemos si estamos enfadados con el fútbol o con la pata de la cama.
Vamos con una nueva entrega de Lunes de Calamares.
Primera Federación | Jornada 10
Extremadura 3-0 Unionistas de Salamanca
Estadio Francisco de la Hera | Almendralejo (Badajoz)
1 de noviembre de 2026
Jornada 10 · Extremadura 3-0 Unionistas · A oscuras y con la puerta abierta
Hay lunes en los que no hay ganas de salir de la cama. No por pereza, que también, sino por evitar una sucesión de desgracias que parecen ponerse de acuerdo para arruinarte la jornada. Te levantas de madrugada, todavía medio dormido, y te golpeas el dedo pequeño del pie contra la pata de la cama. Maldices en varios idiomas, das dos pasos para recuperar la dignidad y te estampas la frente contra la puerta del armario, que alguien dejó abierta. Cuando parece que lo peor ya ha pasado, vas a cerrar la puerta de la habitación y te pillas los dedos.
Algo así le está ocurriendo al unionismo. La eliminación de Copa ante el Ávila fue el primer golpe. La derrota en Almendralejo, el siguiente. Y entre medias hemos descubierto una versión de nosotros mismos que quizá no conocíamos, o que preferíamos mantener guardada en el cajón junto a los recibos de la luz y las instrucciones de los electrodomésticos.
La derrota en Ávila sacó lo peor de la afición. No tanto por perder, que en el fútbol perder es una posibilidad bastante habitual y conviene ir asumiéndolo, sino por la sensación de que se había escapado algo a lo que agarrarse. La Copa era el último clavo al que parecía aferrarse una parte del unionismo para mantener cierta ilusión en una temporada que, después de dos meses de competición, no termina de encontrar su sitio. El equipo ha sacado algunos resultados que han servido para evitar que la desesperación se instale definitivamente, pero no ha conseguido generar confianza. Y cuando desapareció la Copa, se acabó también buena parte de la paciencia.
Por lo que cuentan quienes estuvieron en Ávila, lo más doloroso no fue tanto el resultado como las formas. La sensación de falta de ambición de un equipo que no parecía entender lo que había en juego. Después llegó Javi Medina y, en la rueda de prensa, dejó una frase que no ayudó precisamente a apagar el incendio: «La Copa no es nuestra guerra». Seis palabras para que algunos encontraran el titular con el que acudir a la barra para dictar, a golpe de periódico contra la barra, con el café ya frío y el veredicto de culpable para Javi Medina del que no le salva ni la dupla Perry Mason y Saul Goodman como abogados.
Las ruedas de prensa se han convertido en uno de los peores rivales de este Unionistas. Cada declaración se examina con lupa, se recorta, se interpreta y, si hace falta, se utiliza como prueba definitiva de que todo estaba mal desde el principio. Hemos vuelto a oriolizarnos: una frase puede terminar teniendo más recorrido que noventa minutos de fútbol. Y eso que últimamente los noventa minutos tampoco es que nos estén dejando demasiado material para el optimismo.
Decía José Saramago que «la crueldad es gozar con el sufrir del otro y es condición humana». No sé si la frase necesita demasiada explicación. Basta con coger un teléfono móvil, abrir una red social y observar lo que sucede cuando algo nos contraría. La frustración encuentra entonces un lugar donde expresarse sin tener que mirar a nadie a los ojos. En Unionistas, el malestar ha empezado a convertirse en una especie de competición por ver quién encuentra la manera más contundente de repartir responsabilidades. Contra Javi Medina, contra Antonio Paz y contra cualquiera que haya tenido algo que ver con una decisión tomada esta temporada.
Hay críticas razonables, preguntas que deben hacerse y decisiones que merecen explicaciones. Faltaría más. Pero una cosa es exigir responsabilidades y otra convertir cada contratiempo en una oportunidad para disfrutar del sufrimiento ajeno. A veces parece que ya no buscamos que las cosas mejoren, sino encontrar a alguien a quien recordarle que teníamos razón cuando todo empezó a torcerse. Es una forma bastante peculiar de querer a un equipo: como quien se queda a vivir en el accidente porque, al menos, allí siempre tiene algo que reprochar.
Con ese ambiente llegó Unionistas a Almendralejo. El partido se había convertido en un ultimátum antes incluso de que rodara el balón. Todo lo que no fuera ganar parecía conducir a la misma conclusión: Javi Medina dejaría de ser entrenador. No era el mejor escenario para un equipo que ya venía con la cabeza bastante castigada, más aún a sabiendas que sobre el césped, iba a resultar complicado hallar motivos para pensar que la situación podía cambiar.
El Extremadura ganó 3-0 y Unionistas volvió a mostrarse como un equipo sin respuestas. Queríamos un plan B en verano, pero el plan B consistió en mantener todo igual salvo el recurso de lanzar balones largos hacia ninguna parte. Lo que sucede es que sabiendo que los balones iban a ir allí, en una muestra de audacia hubiésemos colocado a un jugador en ninguna parte.. Así habríamos demostrado, al menos, tener un plan. Uno puede probar a cambiar de camino cuando el habitual no funciona, pero conviene que haya alguien al otro lado de la carretera.
Con ese plan cogido con pinzas nos encontramos con que el primer gol llegó después de un rebote en Ramiro, en una acción que terminó por poner el partido cuesta arriba. Al descanso, el 1-0 era casi la mejor noticia posible. Seguíamos vivos, aunque fuera por una de esas casualidades a las que uno se agarra cuando no encuentra demasiadas razones futbolísticas. Quedaban cuarenta y cinco minutos para intentar cambiar algo.
Pero este Unionistas no está preparado tan siquiera para aprovechar una segunda oportunidad. Peor aún, parece no darse cuenta siquiera de que se la han dado. En una acción a balón parado a favor, después de un error de Willy, Unionistas terminó concediendo un penalti por una acción de Retu. Un córner propio convertido en una ocasión para el rival. Una jugada que dictaba sentencia para el técnico y que era el calco de la que provocó la primera derrota de la temporada ante el Lugo con los mismos protagonistas: Willy, que ayer nos asombró por su incapacidad manifiesta, y Retu que firmó probablemente su mejor partido hasta la fecha. Lo cual tampoco deja en buen lugar el nivel general que veníamos viendo, aunque al menos alguien encontró una manera de salir de Almendralejo sin una tarjeta roja que llevarse a casa. Del resto, poco que añadir. El 3-0 terminó de poner cifras a una tarde que no necesitaba demasiadas explicaciones.
Toca empezar de nuevo una vez que ya hemos sacado todos los demonios y la bilis que llevábamos dentro. Es momento de reiniciar, otra vez, como en la temporada pasada, pero ahora en la jornada 10. En Unionistas hemos desarrollado una capacidad extraordinaria para pronunciar esas palabras sin que nos tiemble demasiado la voz. El sábado volveremos al Reina Sofía, nos sentaremos en nuestro sitio y miraremos al césped con una pizca de esperanza, tres cucharadas de desconfianza y una chorro de prevención después de haber aprendido a comprobar donde tenemos los dedos antes de cerrar la puerta al salir.
Tenemos unos días por delante para coger aire. No para dejar de exigir, ni para fingir que todo está bien. Simplemente para recordar que esto es fútbol, que las cosas pueden hacerse mal y que no siempre hace falta convertir cada disgusto en una bola de demolición que eche por tierra los trece años de vida de Unionistas.
El lunes que viene volveremos a encontrarnos por aquí. Seguramente con nuevos protagonistas, algún motivo para discutir y otra historia que contar aunque sea repletos de moratones y una bolsa de hielo en la frente y otra en el pie. Aquí seguiremos. En las buenas. En las malas.
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A oscuras y con la puerta abierta
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