El arte del disimulo
Lunes de Calamares | Jornada 9
Unionistas venció 2-1 al Bilbao Athletic, con Álex Daza deteniendo otro penalti y Pau Ferrer decidiendo un partido que volvió a dejar a la vista las costuras del equipo. La victoria no ha terminado con las dudas, pero quizá la cuestión no sea solo lo que Unionistas hace mal, sino nuestra necesidad de disimular las propias debilidades. En una nueva entrega de Lunes de Calamares, toca hablar del ruido, del fútbol y de lo difícil que resulta mirarse al espejo.
Primera Federación | Jornada 9
Unionistas de Salamanca 2-1 Bilbao Athletic
Estadio Reina Sofía | Salamanca
26 de octubre de 2026
Jornada 9 · Unionistas 2-1 Bilbao Athletic · El arte del disimulo
Estamos mal cuando nos dejamos dominar por el ruido. En Unionistas y en la vida, que a estas alturas vienen a ser dos maneras distintas de complicarse el fin de semana.
Tengo el insano hábito de empezar y vivir cada semana pendiente de lo que dicen los demás. De lo que se comenta en el trabajo, de lo que opina el vecino, de lo que cuentan los amigos y de lo que estará pensando esa gente que creo que tiene los ojos puestos en cada cosa que hago. Como si no tuviera ya bastante el personal con sus propios problemas. Como si mi vecino no estuviera ya demasiado ocupado intentando averiguar por qué bajo el capó de su coche suenan trinos de pájaros ni cómo es posible que una cigüeña crotore cada vez que gira a la izquierda. Pero ahí estoy, tratando de adivinar qué se dice de mí, quién lo dice y con qué intención, sin pararme demasiado a pensar si lo que dicen tiene algún sentido o si, sencillamente, le caigo mal a toda la comunidad por aparcar delante del garaje.
En Unionistas llevamos unas cuantas semanas haciendo algo parecido. Hacemos de cada partido una especie de examen de personalidad colectiva. Si ganamos, parece que hemos encontrado el camino; si perdemos, volvemos al diván a revisar hasta el detalle más insignificante de nuestras vidas. Y entre medias, claro, están las opiniones, las certezas, los diagnósticos y la charra costumbre de demostrar lo listos que somos mañana.
El ruido de Unionistas y la costumbre de tener razón
El sábado, contra el Bilbao Athletic, Javi Medina volvió a mover algunas piezas. Álvaro Gómez apareció como delantero centro, Mutilva regresó al central izquierdo y Ale Marcelo se sentó en el banquillo por primera vez. Uno siempre agradece las novedades, aunque sea porque así tiene algo nuevo que comentar antes de que empiece el partido. El problema es que, cuando echó a rodar el balón, Unionistas se pareció bastante al de las últimas semanas.
Los primeros veinte minutos fueron de esos que no sabes si el partido ha empezado o si estás viendo el calentamiento del rival, porque de Unionistas no había muchas señales de su presencia. El Bilbao Athletic encontró espacios, movió la pelota con criterio y superó a un Unionistas desajustado, al que le tocó mirar cómo jugaban los chavales de Lezama. Para entonces, Álex Daza ya había tenido que intervenir un par de veces para evitar que los visitantes se adelantaran. Daza, que lleva todo el mes de octubre empeñado en ejercer de portero y de salvavidas.
Cuando parecía que la tarde iba a ponerse cuesta arriba, el Bilbao Athletic perdió el turno y Unionistas encontró el suyo. Primero fue Gonzalo Pastor quien condujo una contra y cedió a Hugo de Bustos, que falló una ocasión en la que dábamos el gol por cantado. Después volvió a aparecer Pastor, esta vez con una buena acción dentro del área, en un espacio tan reducido que invitó al rival a hacerse con la pelota y, como no la había reservado, le cobró la entrada con un penalti que transformó Álvaro Gómez.
Y todavía hubo tiempo para otra ocasión, con los mismos protagonistas. Pero Hugo de Bustos volvió a mandar el balón fuera justo antes del descanso. Fue como comprobar la combinación de la Primitiva el día en que han salido todos los números que llevas jugando desde hace quince años, menos el que has cambiado precisamente esta semana. No te arruinas, pero te pasas el resto del día pensando en lo cerca que estuviste de arreglarte la vida. Unionistas se marchó al vestuario con la sensación de que podía haber dejado el partido encarrilado. Lo razonable, en ese instante, hubiera sido aprovechar la ventaja, corregir los desajustes y regresar al campo con cierta tranquilidad. Pero la tranquilidad, en este equipo, parece un servicio de lujo que, con nuestro precario presupuesto, no nos podemos permitir.
El Bilbao Athletic empató nada más empezar la segunda parte, cuando todavía habría gente buscando su asiento y alguno estaría terminando de comentar la última ocasión de Hugo. Y, casi sin tiempo para asimilarlo, llegó un penalti en contra. La tarde se preparaba para una sesión de cuchillos largos en la que tocaba repasar mentalmente todo lo que ha salido mal desde agosto.
Álex Daza, las debilidades y el arte de disimular
Entonces reapareció Daza. Otro penalti detenido. Otra vez el portero convertido en el hombre que evita que el edificio se venga abajo mientras el resto discutimos sobre la calidad de los materiales. El Bilbao Athletic siguió apretando, pero la entrada de Pau Ferrer le dio a Unionistas una referencia arriba que hasta entonces no había tenido. Y ahí llegó una de esas conexiones que justifican el fútbol incluso cuando uno lleva noventa minutos preguntándose por qué se ha metido en esto: Álvaro Gómez puso un centro medido y Pau Ferrer lo aprovechó para marcar el 2-1 en la primera ocasión blanquinegra del segundo tiempo.
Después tocó resistir. Y resistir, en Unionistas, no suele consistir en sentarse cómodamente a esperar que pase el temporal. El descuento se convirtió en una pequeña colección de sobresaltos y terminó con la activación del protocolo antirracista. Hubo tiempo para casi todo, menos para aburrirse.
Así que Unionistas ganó dos veces el partido: primero, cuando Daza sostuvo al equipo desde la portería; después, cuando Pau Ferrer aprovechó la ocasión que encontró. También hizo unas cuantas cosas para perderlo, que sería injusto olvidarlas ahora que tenemos los tres puntos en el bolsillo. La victoria no arregla los desajustes, del mismo modo que encontrar la tarjeta de crédito después de veinte minutos buscándola no convierte en buena idea haberla dejado dentro de la nevera porque nos lo aconsejó algún coach financiero que paga el pan con monedas de céntimo.
Y, sin embargo, hay algo en este Unionistas de Javi Medina que merece una reflexión. Es un equipo que parece vivir sin demasiados miedos. No finge tenerlo todo bajo control, no consigue esconder sus debilidades y, cuando se le ven las costuras, no parece muy preocupado por que nos demos cuenta. Puede que esa falta de disimulo sea una virtud. Puede que también sea un problema. Lo que está claro es que, hasta ahora, forma parte de su manera de competir. Le pedimos a Unionistas garra, lucha, brega, esfuerzo y todas esas cosas que caben en una pancarta, le dan empaque a un cántico y quedan estupendamente en una conversación de bar. Pero quizá también le pedimos algo más difícil: que salte al campo sin miedo, que se atreva a jugar y que no esconda sus puntos débiles. Que se muestre como es, incluso cuando no nos guste demasiado lo que vemos.
El problema llega cuando nos toca hacer lo mismo a nosotros. Pasamos buena parte de la semana intentando parecer infranqueables, disimulando nuestras dudas y ocultando el miedo a equivocarnos tras una coraza de certezas improvisadas. Exigimos al equipo una valentía que luego nos cuesta aplicar cuando, al salir del estadio, regresamos a nuestros espacios cotidianos. Unionistas, al menos, expone todas sus contradicciones a la vista de sus aficionados. Y en estos tiempos de postureo y una impecabilidad fraudulenta, ver a alguien competir mostrando sus grietas sin disculparse por ello tiene algo terriblemente reconfortante.
Esta semana, a buen seguro, volveremos a discutir, a sufrir y a hacer cuentas con una calculadora que nunca termina de darnos la razón. Y aquí estaremos, en las buenas y en las malas, procurando que el ruido no nos impida disfrutar de lo que todavía merece la pena. El próximo lunes, más. Si nos dejan los nervios.
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