Las puertas que no se abren
Lunes de Calamares | Jornada 7
Unionistas salió vivo del Príncipe Felipe gracias a Álex Daza, primer equipo en marcar esta temporada en casa del Cacereño. Mientras el portero obraba milagros, Gonzalo Pastor y Willy Chatiliez esperaban una oportunidad que nunca llegó
Empezamos la semana con un nuevo Lunes de Calamares. La columna semanal de Superviviente Blanquinegro sobre Unionistas, fútbol, grada y todo aquello que empieza en el Reina Sofía y acaba normalmente en una conversación de bar.
Primera Federación | Jornada 7
CP Cacereño 1-1 Unionistas de Salamanca
Estadio Príncipe Felipe | Salamanca
10 de octubre de 2026
Jornada 7 · Cacereño 1-1 Unionistas 2 · Las puertas que no se abren
Tengo la sospecha de que hay ciertos seres humanos que poseen una propiedad que la ciencia todavía no ha conseguido explicar: las puertas automáticas no los detectan. Se colocan delante, esperan, dan un pasito a la izquierda, otro a la derecha, se acercan, se alejan, hacen algún movimiento extraño con los brazos y nada. La puerta sigue cerrada. Uno empieza a pensar que, para entrar en algunos sitios, además de tener dos piernas y estar vivo, hay que cumplir algún requisito que se nos escapa.
A Jimena le pasa de vez en cuando. Se queda atrapada en el umbral de algún establecimiento, esperando a que la tecnología decida reconocer su existencia. La escena recuerda bastante a un futbolista haciendo ejercicios de calentamiento junto a la banda, con la diferencia de que Jimena todavía no sabe que puede pasarse toda la tarde esperando una oportunidad que no va a llegar.
El sábado, en el Príncipe Felipe, tuve la sensación de que a Gonzalo Pastor y Willy Chatiliez les estaba ocurriendo algo parecido. Allí estaban los dos, calentando durante muchos minutos, moviéndose de un lado a otro, esperando que Javi Medina les abriera la puerta. Pero el entrenador no debió de verlos. O quizá los vio perfectamente y decidió que, por alguna razón que se nos escapa, era mejor dejarlos donde estaban. La diferencia entre una puerta automática y un entrenador es que el segundo puede llegar a generarte falsas esperanzas durante demasiado tiempo.
Unionistas regresó de Cáceres con un empate a uno que antes del partido habríamos firmado sin demasiadas preguntas. Con las bajas de Dani González y Álex Gil, lesionados de larga duración, además de Juanma Lendínez, Pau Ferrer y Diego Caballo, el viaje al campo de un Cacereño que todavía no había cedido un solo punto en casa invitaba a la prudencia. La alineación fue la esperada. Carlos de la Nava y Luis Alcalde se jugaron a piedra, papel o tijera quién ocupaba la posición de nueve y Retu regresó al lateral izquierdo. Todo bastante razonable. El problema es que el fútbol tiene la mala costumbre de empezar a jugarse justo después de que uno haya terminado de hacer sus planes.
El equipo de Julio Cobos salió un punto por encima de Unionistas y, poco a poco, fue encontrando la manera de hacer daño. El gol llegó a la media hora de partido después de una pérdida en campo propio de Unionistas. Retu cedió el balón a Carlos de la Nava, que intentó recibir de espaldas y acabó perdiéndolo. Después, Ale Marcelo tampoco consiguió ni intentó imponerse en la disputa, por lo que el jugador del Cacereño recuperó la pelota, abrió a la derecha para poner un centro al primer palo que Osama remató para poner el uno a cero. Un gol de los que empiezan con una pérdida, siguen con una disputa que no se gana y terminan con el balón dentro de la portería. Un resumen y un recuerdo de las malas tardes de las primeras jornadas, no hacen falta demasiadas palabras.
El Cacereño volvía a marcar después de dos partidos sin hacerlo. A estas alturas, los goles del conjunto extremeño se los siguen repartiendo prácticamente los mismos de siempre. Cada cual administra sus recursos como puede. Con la ventaja, el equipo local dio un paso atrás y permitió que Unionistas tuviera más balón. Los de Javi Medina comenzaron a acumular pases, a mover la pelota de un lado a otro y a dar la impresión de que estaban construyendo algo. El problema es que no siempre que uno mueve cosas está construyendo algo. Unionistas tenía posesión, pero no encontraba una manera clara de acercarse a la portería. Hasta que Luis Alcalde decidió que, si el partido no iba a ninguna parte, por lo menos había que llevarlo a algún sitio.
Ya en el descuento de la primera parte, condujo la pelota hasta la esquina derecha del área rival y puso un centro medido. Arnau Casas apareció libre de marca, salvado por centímetros de la posición de fuera de juego, y conectó un excelente remate de cabeza para hacer el empate. Unionistas se convertía así en el primer equipo de la temporada capaz de marcar en el Príncipe Felipe. El Cacereño perdía, además, la posibilidad de sumar una nueva victoria como local. Con el empate,la sensación predominante entre los 600 aficionados Unionistas presentes era que el partido podía empezar a ser nuestro. Sin embargo, el fútbol suele ser cosa de efímeras alegrías.
Álex Daza, la puerta de emergencia
El paso por los vestuarios desconectó a Unionistas. El Cacereño dio un paso adelante y encontró un equipo blanquinegro incapaz de salir de su campo, como petrificado, como cuando te quedas mirando por la mirilla cuando alguien llama a la puerta y confías en que, si no haces ruido y permaneces inmóvil, la inesperada visita terminará por marcharse. Así iniciaron el segundo tiempo los hombres de Javi Medina.
Por suerte, apareció Álex Daza para salvar un remate a bocajarro en el minuto 50 . Después llegaron otros dos disparos que terminaron golpeando en el larguero. El Cacereño insistía y Unionistas iba acumulando motivos para agradecer que las porterías tengan un tamaño limitado. Todavía no habíamos terminado de recuperar las pulsaciones cuando llegó el penalti cometido por Retu. El lateral ya había estado cerca de marcarse un gol en propia puerta en la primera parte, cuando peinó un balón que Daza consiguió salvar de manera providencial. Esta vez, después de que la pelota le golpeara en la mano, el árbitro señaló el punto de penalti.
Era el momento perfecto para que el partido terminara de torcerse. Tellechea colocó el balón, tomó carrerilla y Álex Daza se estiró para detener el lanzamiento con una intervención de videojuego, de las que uno mira la repetición y se pregunta cómo es posible que el guardameta haya llegado hasta allí. Daza volvió a aparecer después para impedir que el Cacereño encontrara el gol que llevaba buscando toda la segunda parte. Si Unionistas salió de Cáceres con un punto en el zurrón, no fue porque hubiera conseguido dominar el partido, ni porque hallase la manera de discutirle al rival la segunda parte. Fue porque tuvo un portero que decidió que aquella tarde no se movía de donde estaba.
El empate tiene muchas lecturas, pero hay una que conviene dejar clara: Álex Daza fue el principal responsable de que Unionistas pudiera regresar a Salamanca, por primera vez con un saldo positivo de un encuentro como visitante.
Calentar también cansa
Mientras Daza se encargaba de mantener a Unionistas con vida, el banquillo seguía ofreciendo una imagen bastante particular. Saidi y Mutilva entraron para reforzar al equipo, que acabó acumulando defensores mientras el Cacereño seguía buscando la manera de llevarse el partido. Los cambios no parecían destinados a discutirle la iniciativa al rival, sino a ver si conseguíamos llegar al final sin que pasara nada más. Y, en esas circunstancias, cuesta entender que Javi Medina no agotara las sustituciones.
Con las bajas acumuladas, con varios futbolistas terminando el partido con la lengua fuera y con un equipo incapaz de lanzar una sola vez a portería durante toda la segunda parte, parecía razonable buscar alguna alternativa. No hacía falta revolucionar el fútbol moderno ni llamar a un asesor externo. A veces basta con mirar al banquillo y recordar que los jugadores que están allí también forman parte de la plantilla.
Gonzalo Pastor y Willy Chatiliez siguieron esperando. Calentando. Preparados para entrar en un partido que parecía pedir a gritos alguna solución distinta. Pero la puerta no se abrió. Quizá Javi Medina no los consideró la mejor opción. Quizá entendió que lo prioritario era conservar el empate. Quizá había alguna razón que desde fuera no podemos conocer. Lo que sí sabemos es que el entrenador dejó sin utilizar dos cambios en una tarde en la que Unionistas apenas consiguió cruzar el centro del campo con sentido durante los segundos cuarenta y cinco minutos.
La única ocasión blanquinegra llegó a cinco minutos del final del tiempo reglamanentario, cuando Hugo de Bustos consiguió poner el balón en el área y Arnau Casas no acertó a rematarlo. Una aparición aislada, casi una visita de cortesía, que no cambió demasiado la sensación general del partido.
Después llegó el final. Unionistas, que había hecho méritos sobrados para perder, regresaba con un punto, el enfado de los que no habían jugado y las críticas renovadas a Javi Medina después de una semana de tregua. El entrenador había vuelto a colocarse en el centro de la conversación, que es un lugar bastante incómodo cuando uno acaba de salvar un empate gracias a las intervenciones de su portero.
También apareció la teoría de que no agotar los cambios podía ser una manera de enviar un mensaje al club sobre la necesidad de reforzar la plantilla. La conspiración a escala de fútbol popular tiene estas cosas: no hace falta una reunión secreta en un sótano, basta con dejar a dos futbolistas calentando y no introducirlos en el campo. Alguien termina interpretando que detrás de la decisión hay un mensaje cifrado, una estrategia de presión o un movimiento de ajedrez tridimensional. Puede ser. En el fútbol, como en la vida, a veces pasan cosas por razones que desconocemos. Y otras veces un entrenador no hace un cambio porque no quiere hacerlo.
De momento, no tenemos pruebas para elegir una explicación. Tenemos un empate, un portero que nos ha salvado y dos futbolistas que hicieron ejercicio sin llegar a participar en el partido. Tampoco es el peor resumen de un sábado de fútbol.
Yo, por mi parte, sigo pensando en las puertas automáticas. En Jimena moviéndose de un lado a otro, esperando que alguien detecte su presencia y le permita entrar. Y en esos jugadores que, después de calentar durante un buen rato, deben de terminar preguntándose qué más tienen que hacer para que se abra la puerta. La ciencia sigue sin resolver el misterio. El fútbol tampoco. Nosotros volveremos el lunes que viene, por si acaso ya sabes En las buenas. En las malas. Unionistas.
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