El aprobado general que no llega
Lunes de Calamares | Jornada 5
Unionistas perdió 1-0 ante el Mirandés en Anduva y encajó su cuarta derrota en las cinco primeras jornadas. Esta vez, sin embargo, cuesta más enfadarse que en las anteriores. Empezamos la semana con un nuevo Lunes de Calamares
Primera Federación | Jornada 5
CD Mirandés 1-0 Unionistas de Salamanca
Estadio Anduva | Miranda de Ebro
27 de septiembre de 2026
Nueva derrota. Ya van cuatro en cinco partidos. Pero esta vez cuesta más enfadarse que en las anteriores. Unionistas dio la cara en Anduva, compitió bien y seguramente mereció algo más que el viaje de vuelta a Salamanca, pero no pudo ser.
Primero porque le anularon un gol a Gorka Rivera tras un saque de esquina. Después porque las ocasiones claras que aparecieron delante de la portería del Mirandés no entraron. Las de Mikel Serrano y Gorka en la primera parte, las de Ale Marcelo y Pau Ferrer en la segunda. Especialmente la del nueve de Unionistas, cuando se quedó solo delante del portero en una de esas oportunidades que ya estás celebrando antes de tiempo, levantando los brazos para abrazarte con el de al lado… y acabas con las manos en la cabeza como si te hubieran atracado la ilusión al ver como la pelota se estrella en el poste.
El Mirandés sí marcó, poco antes del descanso, con un gol olímpico de Riki en el que Álex Daza no estuvo especialmente afortunado. A buen seguro preferiría que nadie le preguntase demasiado por lo sucedido. Unionistas había salido repitiendo el once que había ganado a la UD Ourense dejando dudas y, durante buena parte de la primera mitad, estuvo por encima del Mirandés. El problema es que jugar mejor durante muchos minutos sirve de poco si el otro consigue marcar.
En la segunda parte, los jugadores de Antón Muneta estuvieron más asentados. No generaron demasiadas ocasiones, pero hicieron que Unionistas pareciese incapaz de encontrar el camino de vuelta al partido. Desconectaron a De la Nava y obligaron a Arnau Casas a encontrar la pelota únicamente en carrera. Javi Medina, decidió intervenir moviendo el banquillo. Los cambios espabilaron el ataque, especialmente con la entrada de Willy y el aplomo de Álex Gil. Luis Alcalde, por su parte, volvió a demostrar el porqué de su suplencia. Así que empezamos la semana cargando con una derrota. Otra.
Y mientras escribo esto, hoy lunes, como cada día en otoño, lo primero que hago es comerme una mandarina gajo a gajo. Mi rutina. Mi mantra particular para no perder la cordura y evitar convertirme en un salvaje. Lo hago mientras espero a despertar a Jimena para empezar su rutina escolar. Últimamente envidio a los niños. Todo por dos palabras que, durante mi infancia, fueron la primera gran promesa electoral no cumplida: aprobado general.
Aquello era maravilloso. Aparecía un profesor nuevo, normalmente alguien recién llegado, todavía con la esperanza intacta de cambiar el mundo, y lanzaba esa promesa. Aprobado general. Uno escuchaba aquello y pensaba que, por fin, alguien había entendido cómo debía funcionar la vida. Nada de deberes, fútbol en el patio cuando hiciera sol, cine en clase cuando lloviera. Y si quedaba tiempo, sería para hacer volar la imaginación. Un plan perfecto. Naturalmente, nunca sucedía. La vida terminaba por imponer sus condiciones. Sin saber cómo aparecían los deberes, entraba algo en tu vida que llamaban controles o exámenes y descubrías que, si querías aprobar, había que estudiar. De rebote aprendías otra cosa de la que te ibas a valer algunas veces: las promesas son estupendas mientras no llega el momento de cumplirlas. En esas anda Javi Medina, buscando cómo conseguir que su promesa del “nos vamos a divertir”, su propio aprobado general, termine por cumplirse.
De aquellas promesas incumplidas aprendí algo que quizá no debería haber aprendido tan pronto: todo puede empeorar. A veces, empeorar es incluso la mejor opción disponible. Nadie te explica estas cosas cuando eres pequeño. En el colegio no suelen darte instrucciones para entender la vida. Te dan un libro, un sinfín de ejercicios, te plantan algún examen y, si tienes suerte, tienes cerca a alguien que te dice que estudies. El resto lo haces tú. Con ese bagaje vas sacando conclusiones. Conectas lo que ves con lo que escuchas, intentas entender lo poco que sabes y el resto lo dejas en manos de tu imaginación. Y así llegamos a adultos. Convencidos de que sabemos cómo funcionan las cosas aunque, muchas veces, no tengamos ni puta idea. Como cuando pasas el año opinando de esto y de lo otro, vas a una asamblea de Unionistas y descubres que no es tan fácil hacer lo que se hace en este club, un año sí y otro también.
Nos pasa lo mismo con lo que ocurre en el terreno de juego. Ante resultados mejorables, nos acordamos de entrenadores que no ganaban demasiado y cuyos cambios no entendíamos. Añoramos delanteros que fallaban más de lo que marcaban y recordamos con ternura a porteros que nos regalaban un par de sustos por partido. Todo para preguntarnos dónde están ahora y por qué les dejamos marchar. El tiempo convierte nuestros problemas actuales en recuerdos. Y los recuerdos, desde lejos, siempre parecen más bonitos de lo que fueron.
Ahora me acuerdo de Renaldo. Un futbolista brasileño que llegó al Deportivo de la Coruña y en su presentación, con la tranquilidad de quien lleva los deberes hechos a clase, dijo que era una mezcla de Ronaldo y Rivaldo. Una presentación así te obliga a confiar y también te obliga a esperar. El tiempo ya se encargaría de demostrar la realidad, pero, de entrada, todos le compramos la promesa. Creo que Javi Medina es, para Unionistas, nuestro particular Renaldo. Una realidad por ver.
Por ahora le hemos comprado la promesa del «nos vamos a divertir» porque es lo que hacemos constantemente: creer, hacernos una idea y esperar. Después llega la realidad para mostrarnos que las cosas suelen ser más complicadas. El aprobado general nunca llegó, pero durante un tiempo nos hicieron creer que podía llegar. Y eso también tiene mérito: a veces necesitamos que alguien nos diga que las cosas pueden ser diferentes sin tener pruebas.
Unionistas lleva cinco jornadas, ha perdido cuatro partidos y ganado uno. Pero ayer, en Anduva, hizo muchas cosas bien, aunque no obtuviese premio. Nos dejó una enseñanza diferente a las tres derrotas anteriores: las cosas pueden cambiar, uno siempre puede equivocarse y, aun sin esperarla, acaba apareciendo una nueva oportunidad. Para aprovecharla, como aprendimos en el colegio, hace falta tiempo y un poco de confianza, aunque sea la justa. Como para comerse una mandarina gajo a gajo y llegar al siguiente lunes sin haber mandado todavía a todo el mundo a tomar por culo.
Nos vemos el sábado en el Reina y nos leemos el próximo lunes.
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