La responsabilidad de la alegría

Lunes de Calamares | Jornada 6

El sábado Unionistas ganó 2-0 a la Cultural Leonesa, pero los que estuvimos en el estadio no supimos muy bien qué es lo que había pasado.

Empezamos la semana con un nuevo Lunes de Calamares. La columna semanal de Superviviente Blanquinegro sobre Unionistas, fútbol, grada y todo aquello que empieza en el Reina Sofía y acaba normalmente en una conversación de bar.

Primera Federación | Jornada 6
Unionistas de Salamanca 2-0 Cultural y Deportiva Leonesa
Estadio Reina Sofía | Salamanca
3 de octubre de 2026

Unionistas celebra la victoria ante la Cultural Leonesa en el Reina Sofía

Jornada 6 · Unionistas 2-0 Cultural Leonesa · La alegría también es una forma de resistencia

El sábado Unionistas ganó pero los que estuvimos en el estadio no supimos muy bien qué es lo que había pasado. No porque el resultado fuese complicado de explicar, sino porque llevábamos tanto tiempo deseando vivir algo parecido que hasta costó reconocerlo. Unionistas ganó 2-0 a la Cultural Leonesa y, por fin, volvimos a salir del Reina Sofía con esa sensación un poco olvidada: la de haber estado allí para algo.

Javi Medina parece dispuesto a mantener el dibujo. Mantener un dibujo, sin embargo, no significa necesariamente jugar siempre de la misma manera. Durante las últimas jornadas habíamos visto pequeños movimientos, ajustes y una evolución de la idea. El sistema seguía siendo el mismo, pero empezaban a moverse algunas cosas dentro de él.

Esto tiene bastante que ver con algo que el filósofo Hartmut Rosa denomina energía social. Rosa habla de sociedades cada vez más dominadas por procedimientos, normas y reglas, en las que corremos el riesgo de convertirnos en ejecutores perfectos de sistemas que terminan apagando precisamente aquello que nos hace humanos: crear, cooperar, improvisar, relacionarnos y hacer cosas juntos.

Seguro que Hartmut Rosa no ha estado nunca en el Reina Sofía. Si lo hubiese hecho, encontraría allí un ejemplo perfecto para, de forma práctica, evidenciar sus teorías. Una idea hace falta, también un sistema, así como son necesarias unas cuantas reglas para evitar que los partidos de Unionistas parezcan un partido de periodistas contra toreros. El problema aparece cuando la idea acaba por imponerse a los futbolistas, cuando el procedimiento es más importante que el talento o cuando cumplir una norma acaba pesando más que la relación con el compañero. Y eso es, quizá, lo que Javi Medina está empezando a resolver.

No se trata de jugar con un dibujo o con otro. Se trata de que el dibujo no termine convertido en una cárcel. De que dentro de él puedan aparecer los futbolistas y, sobre todo, puedan aparecer los compañeros.

El sábado ocurrió algo que todavía no habíamos visto con el nuevo entrenador. Javi Medina sintió en su propia carne esa energía social que se acumula cada semana en el Reina Sofía. La misma que durante años hemos intentado explicar hablando de identidad, de fútbol popular, de grada o de lo que sea que se nos ocurra cuando nos preguntan por qué vamos al campo. En realidad la explicación es muy sencilla. Nos gusta hacer cosas juntos. Remar en la misma dirección.

Y para que eso pudiera ocurrir, primero hubo que sufrir un poco. Una parada de Álex Daza empezó a construir la segunda victoria de la temporada. No fue una parada más. Fue de esas intervenciones que cambian la percepción que tienes de alguien. Después del error de Anduva y de todos los goles anteriores en los que poco pudo hacer para evitarlos, Álex Daza necesitaba algo así. No solo para salvar a Unionistas, sino para que sus compañeros descubrieran que detrás de ellos había un portero capaz de sostenerles cuando las cosas se torcían. Hasta entonces solo veíamos que teníamos un portero que jugaba bien con los pies; el sábado empezó a ser, simplemente, el portero.

La primera parte del partido estuvo dominada por una Cultural Leonesa, un poco sosa también hay que decirlo, que había encontrado una vía para hacer daño. Unionistas jugaba con Carlos de la Nava como falso nueve y Álvaro Gómez en la izquierda, mientras Willy ocupaba la derecha. El chileno pone pundonor cuando ataca, aunque se trabe, pero, a día de hoy, defensivamente es un problema para sus compañeros. Ya lo había sido en las dos primeras jornadas cuando jugó en la banda izquierda y esta vez la Cultural encontró en ese costado derecho el lugar por el que entrar.

Hubo suerte de que el equipo leonés se topara primero con Álex Daza y, durante el resto del partido, con su propia incapacidad. Consciente del problema que se iba a plantear en esa zona con las incorporaciones de Dani Morer a espacios interiores y los malos retornos defensivos de Willy, Javi Medina puso de inicio a Álex Gil para salvaguardar esas fugas. La Cultural no terminó de oler la sangre en el costado ni acertó cuando tuvo que hacerlo.

En una de esas transiciones, a partir de un fallo del conjunto leonés, Álex Gil armó una contra para que Willy recibiese la pelota donde tiene que recibirla. Entonces llegó la peor noticia de la tarde. El centrocampista se rompió el peroné y Unionistas perdió durante los minutos siguientes las ganas. Por suerte llegó el descanso.

Javi Medina movió las piezas. Luis Alcalde pasó a jugar como nueve, Carlos de la Nava dio un paso atrás y entró Hugo de Bustos. Poco a poco, Unionistas empezó a encontrarse y, en ese reencuentro consigo mismo, la grada tardó poco en reconocer que delante estaba su Unionistas. En una acción a balón parado, Mikel Serrano cabeceó y Arnau Casas apareció para cruzarse en la jugada y marcar el primer gol. 

Entonces el Reina Sofía explotó. No fue solamente un gol. Fue como si durante unos segundos hubiese desaparecido el muro que separaba al equipo de la grada. Jugadores y aficionados volvieron a ocupar el mismo lugar. Quedaba media hora y todavía había que sufrir, pero todos entendimos que a partir de ese momento la grada también tenía que jugar. La primera línea de defensa no siempre lleva botas. A veces lleva bufanda.

Unos minutos después quien apareció fue San Román. El portero de la Cultural ya había dejado alguna señal de nerviosismo durante la tarde y, en una de esas cosas que solo ocurren cuando un partido empieza a ponerse raro, se enredó con la pelota al borde del área. Luis Alcalde presionó, le robó el balón y  se lo dejó a Álvaro Gómez, que tuvo la calma de un cirujano para hacer el 2-0 y su quinto gol en lo que va de temporada. Segundo estallido de alegría que fue la antesala de unos minutos finales, mal jugados por el equipo blanquinegro, que tuvieron de saldo una amarilla a Ale Marcelo y una nueva expulsión de Diego Caballo. Quedaba todo el descuento para jugar con uno menos y con dos goles de ventaja, que es una de esas situaciones que parecen tranquilizadoras hasta que recuerdas que eres aficionado de Unionistas.

En el minuto cien el Reina Sofía respiró. En las gradas había sonrisas. Muchas. Eso es lo más importante que nos dejó el sábado. La alegría también es una forma de resistencia. Porque cuando perdemos la alegría nos quedamos acurrucados en la desesperación. Empezamos a pensar que todo está mal desde el inicio, que nada tiene solución, que Javi Medina no sabe, que no sabemos quién marcará los goles, que el portero no para y que nuestros compañeros de grada gritan demasiado. La desesperación es muy cómoda porque no exige hacer nada. La alegría sí.

La alegría obliga a salir de casa, a encontrarse con otros, a cantar, a saltar, a abrazarse con un desconocido y a creer durante un rato que merece la pena seguir haciendo cosas juntos. Creo que, como aficionados, tenemos una responsabilidad: la responsabilidad de la alegría. No siempre podremos ganar. Habrá tardes en las que el balón no quiera entrar, decisiones que nos desesperen, jugadores que nos hagan acordarnos con nostalgia de otros que tampoco eran tan buenos y partidos arbitrados por alguien que nos tiene manía.

Pero mientras sigamos siendo capaces de juntarnos, cantar y remar en la misma dirección, todavía quedará algo que defender.

Es lunes y todavía arrastramos la alegría del sábado. Vamos con la semana. Tardaremos semanas en vernos en el campo, pero aquí dentro de siete días. En las buenas. En las malas. Unionistas.

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