Raúl Fuentes "Lo que no depende de ti te distrae de lo que sí depende de ti"

Con 26 años, Raúl Fuentes acaba de cerrar una etapa de casi una década en el fútbol formativo de Unionistas. La última temporada consiguió mantener al juvenil en División de Honor, después de haber comenzado su camino como entrenador con apenas 17 años y un equipo prebenjamín. Ahora busca dar el salto al fútbol sénior mientras dirige una academia internacional en Salamanca. Entre medias quedan muchas horas de entrenamiento, pizarras, conversaciones, derrotas, jugadores que no juegan y una idea que parece haber aprendido con el tiempo: preocuparse menos por aquello que no puede controlar.

Raúl Fuentes llega a la conversación con una camiseta de Eric Cantona. No es la del Manchester United que terminó convirtiendo al francés en uno de los personajes más reconocibles de la historia reciente del fútbol. Es la de Leeds United, de aquella temporada 1991/92 en la que Cantona todavía era un futbolista que estaba buscando su lugar antes de convertirse en Cantona para todo el mundo.

La camiseta tiene algo de casualidad y algo de oportunidad. Raúl también está en un momento de tránsito. Tiene 26 años, acaba de dejar el fútbol formativo de Unionistas después de casi una década y viene de conseguir con su juvenil una permanencia en División de Honor que, cuando empezó su camino en los banquillos, probablemente ni siquiera podía imaginar. Ahora quiere entrenar en categoría sénior. No sabe todavía dónde pero lo que sí sabe es el camino que ha recorrido hasta ahora.

Su historia como entrenador comenzó como consecuencia de un accidente. A los 16 años se rompió el cruzado y el menisco cuando jugaba en el Helmántico, un equipo de fútbol federado en Salamanca. Entendió pronto que su carrera como futbolista no iba a llevarle demasiado lejos y decidió aprovechar el parón para sacarse el primer nivel de entrenador. Tenía 17 años cuando, por primera vez, se puso delante de un grupo de niños.

Desde entonces ha ido pasando por distintas categorías, ha estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ha aprendido de otros entrenadores, ha trabajado durante años en Unionistas y ha terminado dirigiendo a un equipo en la máxima categoría juvenil a nivel nacional. La temporada pasada jugó contra el Real Madrid en Valdebebas, visitó el Cerro del Espino y, en la vuelta, recibió al Atlético de Madrid ante más de mil personas en el Reina Sofía. Lo hizo con un club cuyos recursos estaban muy lejos de los de muchas de las estructuras contra las que competía. Pero cuando habla de todo aquello, Raúl vuelve continuamente a lo mismo: aprender a entrenar.

No parece especialmente interesado en explicar qué entrenador quiere ser. Le preocupa más entender qué ha hecho bien, qué ha hecho mal y qué debería cambiar la próxima vez. Quizá por eso su conversación termina donde empezó todo: con aquel chico de 17 años que todavía no sabía demasiado de fútbol, pero tenía curiosidad.

"No tenía talento para llegar más lejos, pero sí mucha curiosidad"

¿Cuándo decides que quieres ser entrenador?

Yo he jugado siempre aquí, en Salamanca, en clubes de la provincia. Soy charro, salmantino, y con 16 años me rompí el cruzado y el menisco cuando jugaba a nivel regional. Mi carrera como futbolista era como la de cualquier otro chico que juega al fútbol. Estaba en el Helmántico y, como no tenía talento para llegar más lejos pero sí mucha curiosidad, aproveché ese parón para sacarme el primer nivel de entrenador y hacerme cargo de un equipo prebenjamín.

Ese año lo dediqué a recuperarme bien y, como veía que mi talento no daba para mucho más, opté por empezar con el tema de entrenar. Al principio era un hobby y también algo que me podía servir para los estudios de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, que después hice en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Mi aspiración cuando empecé era la de poder llegar a las puertas más altas que se me pudieran presentar aquí en Salamanca. Me gustaba la competición y veía que jugando no iba a poder seguir adelante. Ya con 17 años me gustaba mucho gestionar y motivar, aunque solo tuviese 17 años. Veía que podía canalizar ese deseo de competir de la línea para afuera. Empecé con el prebenjamín del Helmántico mientras iba formándome con las ganas propias de cuando empiezas algo. Veía muchos vídeos, ruedas de prensa de entrenadores… Ese es el punto de partida.

Y de repente te encuentras con niños de cinco o seis años. Imagino que la imagen que uno tiene de sí mismo como entrenador antes de empezar tiene poco que ver con la realidad.

Nada que ver. Empiezas con esas ganas de querer trabajar con los chicos las ideas de juego, de que el lateral se meta dentro, de que el extremo tire para arriba… y te encuentras con la realidad de lo que es el fútbol a esas edades. Al final, el objetivo es conseguir que aprendan a atarse los cordones, que los padres estén contentos y que los niños estén en un buen ambiente que les haga disfrutar del deporte, en este caso del fútbol, el mayor tiempo posible.

Estoy convencido de que esos años generan un poso positivo para decisiones que luego tienes que tomar en categorías más avanzadas, en las que la forma de acercarte al fútbol, tanto por mi parte como entrenador como por la de los jugadores, no tiene nada que ver.

De aquella experiencia me ha quedado muy clara la importancia de generar un buen ambiente en el aspecto humano. Además, creo que es un recorrido necesario para todo el que quiera ser entrenador. A mí no me supuso ninguna frustración porque me gusta tratar con niños e incidir con ellos en el aspecto más educativo.

Luego pasé a categorías alevines, con chicos de 11 o 12 años, donde el enfoque ya es diferente. Pero de aquel primer año no recuerdo ni victorias ni derrotas. Lo que recuerdo es que fue una gran experiencia personal y el poso que dejó en aquellos niños. Ahora, cuando los veo, que ya están casi rondando los 18 años, me da mucha alegría ver la ilusión con la que te recuerdan y el cariño que te tienen. Creo que hay pocas victorias mayores que esa.

¿Es también una manera de aterrizar? De entender que quizá tú llegas con una sesión preparada y la realidad te obliga a cambiarla por completo.

Sí, totalmente. Llegas con todas las ganas del mundo, con muchas ganas de poner en marcha términos y conceptos futbolísticos, pero te tienes que adaptar.

Hay una frase hecha que es muy bonita de decir, pero cuando coges a los chicos en edades más avanzadas se nota mucho quiénes han tenido buenos formadores en esas categorías de iniciación. Se nota quiénes han sido tratados con cariño, quiénes han tenido entrenadores que han sabido aprovechar las ventanas de desarrollo a nivel de coordinación, tecnificación, fuerza cuando va llegando…

Creo que algo diferencial en academias y clubes es acertar con esas personas que en esos primeros años educan a los padres, forman a los niños y son capaces de ir introduciendo los conceptos según corresponde. La diferencia es brutal. El trabajo que tiene que hacer un entrenador después cambia mucho si coge a un chico que ha tenido un buen formador entre los cinco y los nueve años frente a otro que ha tenido como técnico a alguien que iba por ir y que tampoco ha querido hacer un buen trabajo.

Ahí hay una cuestión que parece importante en tu manera de entender el fútbol: saber traducir. Un niño no puede recibir el mismo concepto que un jugador de 17 años.

Sobre todo porque creo que hay cosas que no están reñidas. Hay que adaptarse a la edad y generar acciones didácticas, muy visuales y fáciles de comprender, acercarles el fútbol con todo el cariño y el amor hacia los niños y niñas. Pero también hay que ser exigentes. Hay niños que tienen unas condiciones óptimas, como ocurre en cualquier otra actividad: tocar el saxofón, la guitarra, hacer gimnasia… Se les puede exigir dentro de unos estándares, entendiendo siempre la etapa en la que están.

Me parece bastante complejo encontrar ese equilibrio: este chico tiene que aprender tal cosa, tengo que hacerlo muy visual, pero al mismo tiempo tengo que exigirle. Hay que enseñarle a perder, enseñarle a ganar, educar el mensaje y el feedback que recibe desde casa. Me parece una educación muy integral.

El entrenador en etapas formativas que logra hacer todo esto bien es porque es muy bueno. En esas edades no se trata solamente de ganar o perder, ni de si eres bueno o malo como técnico. Tienes que hacer un trabajo que toca muchos palos y ser consciente de cuáles son los importantes en cada etapa.

Cuando los chicos crecen, si tienes un buen grupo de jugadores, los errores que puedes cometer como técnico pueden quedar más tapados. En las edades de iniciación tu trabajo, para bien y para mal, sale a la luz y se manifiesta tal cual lo haces. Es una etapa muy difícil y muy sacrificada para quienes forman a un grupo en esas edades tempranas. Creo que es muy difícil encontrar buenos formadores para esas edades.

"Un 4-3-3 no sirve de nada si un niño deja el fútbol, pero los patrones motores sí"

¿Los cursos de entrenador preparan para todo eso? Para gestionar esa frustración que supone querer enseñar algo que un niño todavía no puede comprender.

Creo que yo he tenido la suerte de tener dos vías de formación. Una universitaria, a nivel integral del deporte, sin entrar en concreto en ninguna disciplina y a la par en todas, y por otro lado el curso de entrenador en todos sus niveles.

Sí creo que las etapas formativas están mucho más dirigidas a personas que integralmente se han formado como educadores deportivos. Está claro que hay una parte técnica y táctica del deporte que es imposible omitir, pero creo que en los cursos de entrenador la formación va más dirigida a qué va a ocurrir a nivel táctico y está muy orientada al fútbol once.

A lo mejor los clubes deberían darle una vuelta, incluso a nivel legislativo, al hecho de que una persona que tenga que formar a un chico de cinco a nueve años no vaya tanto por tener el título de entrenador, sino quizá por ser Técnico Superior de Actividades Físicas y Deportivas o tener el grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Alguien con esa formación sabe cuáles son las ventanas de desarrollo del chico a nivel motor. Lo técnico y lo táctico tiene que aparecer, pero no en tanto porcentaje. En ese momento son fundamentales las capacidades a nivel motor que adquiere. Si un chico deja el fútbol a esas edades, el 4-3-3 no le ha servido para nada. Pero determinados patrones coordinativos y motores sí le van a servir después para practicar otros deportes o para hacer cualquier otra actividad.

En mi caso, como empecé con el título de entrenador sin haber pasado todavía por la universidad, no me valió para tanto. Si hubiese empezado a entrenar con los conocimientos que adquirí después en la universidad, habría muchas cosas que cuando entrenaba a aquellos prebenjamines y alevines habría puesto sobre el campo y que les habrían venido muy bien.

A partir de ahí empieza tu formación como entrenador. Sacas los niveles, estudias CAFYD… Pero ¿cómo aprendes realmente?

Hay algo muy importante y que, aunque pueda parecer una obviedad, para mí es esencial: si quieres mejorar como entrenador, lo que tienes que hacer es entrenar.

En los clubes tienes la suerte de generar una camaradería con entrenadores más experimentados con los que, a partir de reuniones metodológicas, puedes aprender y nutrirte. No sólo con entrenadores, también con gente del mundo del fútbol con quien intercambiar experiencias, ideas y métodos que van añadiendo cosas a tu mochila. Tener espacios de intercambio de experiencias es fundamental. Igual que tener formaciones más técnicas y enfocadas a un área u otra.

A mí las formaciones, en muchos momentos, me han parecido muy teóricas. Y aun así siempre sacas algo que después puedes poner en práctica. Pero para mí el hecho de entrenar cada día, del ensayo y error, de analizar en qué he fallado y darle una vuelta, es más instructivo. Poder juntarte, por ejemplo, con el entrenador del equipo juvenil, hablar con él mientras compartes un café para que te aporte otra visión, otro enfoque de cómo abordar tu trabajo; estar dos horas con una pizarra… Eso es lo que realmente te enseña y te permite avanzar.

Una formación en el fútbol es necesaria y no se debe menospreciar. Pero si me dices que con el título de entrenador vas a ser buen entrenador, habrá casos. Hay que añadir tus propias inquietudes, tener ese ansia por aprender de otras disciplinas y de otras personas que ya están o han estado entrenando. Aprender acerca de entrenamientos de fuerza, de táctica y de otras áreas te dota de herramientas. Pero sí creo que lo mejor es el aprendizaje vivencial, la experiencia. Si lo pusiese en una balanza, la parte vivencial, la experiencia de entrenar cada día, pesa más.

Al final del año habrás planificado alrededor de 200 sesiones. Si las analizas, verás cómo has ido mejorando, evolucionando y adaptándote en función de lo vivido, de los espacios de conversación que has encontrado y de lo que has compartido en ellos.

"Lo que tienes que hacer para mejorar como entrenador es entrenar"

Hablas mucho de esos espacios de conversación. ¿Los encontraste en Unionistas?

Ahí sí que es importante diferenciar el ambiente en el que te mueves y el perfil del club en el que estás.

En mi caso, hay un gran cambio cuando decido dejar el Helmántico y unirme a Unionistas. Se me abren los ojos a partir de una reunión que tengo con Adri Santos, que entonces era el director de cantera, y Álvaro Panedas, cuando me invitaron a una reunión de metodología para conocer cómo iba a ser el trabajo en Unionistas.

No se me olvida aquella reunión. Cada entrenador que trabajaba con un 4-4-2 tenía que exponer cómo lo hacía, poner un ejemplo de sesión, de plan de partido… Era un encuentro en un ambiente muy distendido en el que no se enseñaba nada concreto pero, a su vez, enseñaba mucho. Había muchas visiones diferentes, enfoques, ejercicios concretos. Tú, en ese momento, no lo sabes, pero ya estás recibiendo un aprendizaje. Quizá todavía hoy pongo en práctica algo de lo que aprendí aquel día.

Durante estos años en Unionistas me ha resultado bastante fácil disponer de esos núcleos de encuentro. Recuerdo que cuando entrenaba al Cadete B, Iván Briones estaba con el Cadete A y ahora es segundo entrenador en el Valladolid Promesas. Nos juntábamos muchas veces para tener esas conversaciones. “Esta semana juego contra el Numancia y tengo previsto hacer esto, lo otro…”. Cuando estás en un ambiente sano, eso sale de manera innata con el de abajo, con el de arriba, con el del juvenil. Poder ver un entrenamiento del primer equipo, que el entrenador te comente qué han hecho, cómo lo han hecho… Todo eso es muy importante. 

En el mundo del fútbol todos somos conscientes de que eso te nutre, que a cada uno le ha servido en su momento. Hay bastante predisposición a generar esos vínculos.

En algunos sitios compartir lo que haces puede interpretarse como enseñar tus cartas o incluso como abrirle la puerta a alguien para que ocupe tu lugar.

Yo he tenido mucha suerte de estar en un ambiente como el de Unionistas porque no he conocido otro así. Gente que sí ha estado en varios sitios y que luego recala aquí, jugadores también, nos lo dicen: no es habitual.

Yo no puedo hablar de ninguna experiencia negativa en otros lugares porque no la he tenido, pero gente que sí la ha vivido cuenta situaciones del tipo: “Soy el entrenador del Cadete A, voy a ver al Juvenil B, no le voy a mostrar lo que hago, pero si pierde, no está mal”. En mi caso debo decir que no lo he sentido nunca. Creo que es muy visible cuando alguien está allí, se coloca contigo y se ofrece para echarte una mano, para preguntarte cómo has hecho esto. En eso he tenido mucha suerte porque creo que Unionistas ha sido un círculo muy sano todos estos años, que ayuda a que se trabaje mejor y se aprenda mucho más.

"Destacar lo bueno cuando las cosas van mal y ser exigentes cuando las cosas van bien"

Con 21 años te haces cargo del juvenil. La diferencia de edad con los jugadores era mínima. ¿Qué te preocupaba entonces?

He estado cuatro años con el juvenil. Tenía 21 años cuando cogí el primero y apenas había diferencia de edad entre ellos y yo. Recuerdo muy bien el primer día. El compañero que estaba a cargo del juvenil salió en la jornada ocho y me promocionaron desde Infantil A. Mi miedo no era tanto la parte táctica como pensar si los jugadores me iban a respetar por la edad.

La primera decisión que tomé fue que ellos tenían que sentir que yo estaba de su lado. Que estaba para protegerles, para explicarles por qué una decisión era buena o mala y para reforzarles la idea de que estaban en Unionistas por algo. Creo que hay una frase que define bastante bien mi manera de gestionar un grupo: destacar lo bueno cuando las cosas van mal y ser exigentes cuando las cosas van bien.

Tenía mucho miedo de que esa cercanía pudiese hacer que me viesen como un amigo y que eso hiciera que se perdiese la línea que tiene que existir entre entrenador y jugador. Pero creo que nunca se llegó a cruzar. Sí que tuve jugadores que me contaban cosas personales que no tenían nada que ver con el fútbol. Y eso también forma parte del trabajo.

Porque esos chicos están en un momento especialmente complicado. A los 17 o 18 años se decide mucho más que una temporada de fútbol.

Sí. Están en una edad en la que tienen que tomar decisiones académicas, personales y futbolísticas. Y además cada uno tiene una realidad diferente.

Muchos vienen de fuera de Salamanca y viven aquí solos. Tienes que entender que no puedes separar el fútbol de los estudios. Por ejemplo, Hugo de Bustos está ahora en el primer equipo. Óscar Lorenzo está en la cantera del Atlético de Madrid y estudia Fisioterapia. Mario Bustos pasó por el Villarreal, ahora está en el Sporting de Gijón y también ha continuado con su formación universitaria.

Siempre intento trasladarles la importancia de estudiar porque creo que tener una rutina y una estructura mejora también el desarrollo personal y futbolístico. Un chico que va a clase, cocina, entrena y tiene una rutina normalmente está más implicado que uno que se dedica únicamente al fútbol y no tiene nada más que hacer.

"Hay que tener el don de la palabra y de la escucha"

A medida que subes de categoría, el entrenador parece tener cada vez menos que ver con aquello que ocurre en el césped y cada vez más con todo lo demás.

Ni yo mismo soy consciente de todas las funciones que terminamos asumiendo tanto yo como todo el cuerpo técnico. Cuando vas a una sesión de entrenamiento, llegas, preparas el vestuario, preparas la sesión, preparas los petos, llenas el agua. Hablas de un problema con uno, viene el técnico del filial y te pide una promoción. Viene un jugador y pregunta por qué no le has promocionado a él. Pero todo lo integras como parte de tu trabajo.

Creo que tienes que contar con que esa capacidad de adaptación a diferentes ámbitos es fundamental para que el proyecto funcione.

Y en esa gestión aparece también el conflicto. El jugador que está enfadado, el que no juega, el que cree que le has tratado injustamente.

Ahí creo que hay dos cosas fundamentales: el don de la palabra y el de la escucha. Muchas veces tienes que sentarte con un jugador, tomar un café y preguntarle qué piensa. No decirle directamente: “Esto es así porque lo digo yo”, sino hacerle preguntas para que él mismo vaya identificando dónde puede estar el error. Intento no utilizar el lenguaje del ogro. No creo que sea necesario amenazar para conseguir que un jugador entienda algo. También hay mucho trabajo que no se ve: el lenguaje corporal, el ego, las cosas que ocurren dentro del vestuario… Y hay momentos en los que sí tienes que decir: “Este no es el sitio”.

Hay un equilibrio entre gestionar y ser entrenador. Yo he roto dos o tres pizarras, he gritado en un vestuario… En competición soy bastante temperamental y estricto. Pero nunca he faltado al respeto.

También creo que admitir tus errores es una herramienta de autoridad. Si un partido contra el Getafe ha salido mal porque mi planteamiento no era correcto, tengo que ser capaz de decirlo. “Me he equivocado”. Y pedir perdón si hace falta.

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"El equipo es un espejo del entrenador"

Has hablado alguna vez de la importancia del descanso. Esos quince minutos en los que el entrenador puede cambiar completamente la percepción de un partido.

El descanso es uno de los momentos más importantes. Antes reaccionaba de una manera mucho más temperamental. Ahora intento profesionalizarlo. Recuerdo un consejo que me dio Garci, me recomendó que estuviese dentro del vestuario porque mi presencia cambia las dinámicas.

Además, cuando voy con Mario, mi segundo entrenador, tenemos esos dos minutos de camino de vuelta al vestuario en los que puedes pensar. Llegas con una idea de lo que quieres decir, pero también tienes que saber leer cómo está el equipo. El equipo refleja mucho al entrenador. Si tú haces del vestuario un funeral, el equipo va a estar en un funeral. No puedes entrar diciendo que todo es una mierda.

El descanso tiene también una parte de teatro. Tienes que conseguir que los jugadores interpreten el mensaje que quieres transmitir. Pero no siempre tienes razón. Puede haber un jugador que te diga: “Creo que te estás equivocando”. Y tienes que ser capaz de escucharle. Si me dice eso, puedo preguntarle: “¿Tú qué harías?”. Y también puedo preguntárselo al resto.

A mí el descanso me parece uno de los momentos más divertidos de ser entrenador porque tienes una capacidad de influencia directa y a muy corto plazo.

¿Y qué ocurre el lunes?

El lunes después de perder es diferente. De hecho, el lunes es mi día favorito porque es cuando afloran todos los problemas. Las victorias esconden muchas cosas. Cuando ganas parece que todo está bien.

Es raro el lunes después de haber perdido en el que no viene algún jugador con un “tengo que hablar contigo, míster”. Algo que sí me gusta decirles es que cuando perciban que algo se está empezando a enquistar dentro de ellos, algo que les afecta personalmente y que terminará afectando al grupo, hablen conmigo. Intento trasladarles que estoy disponible y dispuesto a conversar. Muchas veces aquello que perciben como un gran problema se puede solucionar con una conversación de quince minutos.

Las matemáticas dicen que somos 20 jugadores, van 18 convocados y de inicio juegan 11. Eso ya va a generar problemas. Yo tengo que estar disponible para darles todas las explicaciones que quieran. Luego, si no les gustan o no van a hacer nada por mejorar, la puerta la tienen abierta. Intento ser valiente y, cuando veo a alguien cabreado, aunque normalmente sea una tarea más propia del segundo entrenador, me acerco para saber qué pasa y cuáles son los motivos de su enfado conmigo. Cuando le das una explicación sobre algo que él ha considerado injusto, puede seguir pensando que su punto de vista es el correcto. Pero al menos has conseguido que cambie su lenguaje corporal y encare la semana con otra actitud. Hay que estar con la manguera apagando fuegos, pero te ahorras muchos problemas a posteriori.

"Casi todo lo que soy en el fútbol se lo debo a Unionistas"

La temporada pasada llega el gran salto: División de Honor. ¿Qué ha significado para ti haber competido ahí?

Lo veo con mucha nostalgia. Cuando empecé a entrenar no me imaginaba que estaría en Valdebebas entrenando a un equipo como Unionistas contra un Real Madrid que iba a ganar la Youth League.  Lo que me ha quedado como evidencia es que la competición te hace mejorar. Competir a ese nivel te exige utilizar bien tus herramientas y reciclarte cada semana para adaptarte a lo que te pide la competición.

Tienes que conseguir que el jugador tenga deseo de ser competitivo, que sea práctico y que centre el ego en el colectivo. Nosotros no éramos un equipo que pudiera vivir del ego de nadie: ni del mío ni del de ningún chico. O teníamos eso claro o moríamos en la categoría.

Es un año que ha supuesto un cambio en mi trayectoria. Ahora veo categorías cercanas al fútbol semiprofesional, como Tercera o Segunda Federación, y creo que hubo partidos en División de Honor en los que los jugadores y todo el colectivo estuvimos expuestos a entornos muy exigentes. Más aún siendo un club tan humilde como Unionistas.

Vas a Valdebebas o al Cerro del Espino y estás en instalaciones increíbles, que parecen de otro mundo. Luego vas a Badajoz y juegas en un campo municipal entre rejas. En casa podíamos jugar un día en el Anexo del Reina Sofía contra el Diocesano de Cáceres y otro en el Reina contra el Atlético de Madrid con más de mil personas en la grada. Creo honestamente que me ha supuesto un gran paso como entrenador y también para todo el cuerpo técnico. Cada semana tienes que enfrentarte a la sensación de que no eres mejor que nadie.

Todas las semanas afrontábamos los partidos creyendo que podíamos perder para obligarnos a dar nuestra mejor versión. Echamos muchas horas analizando los últimos cuatro o cinco partidos del rival, haciendo análisis individuales de sus jugadores, sacando lateralidades, viendo diferentes opciones y creando mapas de posibilidades.

A día de hoy me siento muy preparado para hacer cosas que hace un año no habría estado dispuesto a hacer. Afortunadamente, porque el fútbol es así, los resultados como entrenador me han avalado y como equipo nos han avalado. Si hubiésemos descendido haciendo lo mismo, te estaría hablando de otra cosa. Pero tuvimos la suerte de que la pelota entró varias veces y conseguimos el objetivo.

Tu etapa en el fútbol juvenil termina de la mejor manera posible. ¿Era el momento de salir?

Yo tenía muy claro que la etapa juvenil no podía acabar de mejor manera que con el resultado conseguido la campaña pasada.

Empecé como entrenador de juvenil luchando por no bajar de Liga Nacional y tres años y medio después estábamos consiguiendo la salvación en División de Honor. Era una etapa que había que cerrar. Además, tenía mucha motivación por dar el paso al fútbol sénior. 

Ahí se abren dos variables. Una es seguir como primer entrenador. Creo que mi paso debería ser entrar en ese rol en una categoría como Tercera Federación. La otra es empezar como entrenador asistente, incluso en una categoría superior, que también sería fantástico. Esa opción me resulta muy atractiva porque te permite formarte alrededor de lo que se vive en un vestuario sénior, conocer otros enfoques y aprender cosas que después pueden ser muy útiles como primer entrenador. Pero tengo que reconocer que me gusta mucho ser primer entrenador.

No tengo esa cosa de decir: “Quiero ser segundo”. Creo que los años de ensayo y error que me han acompañado me hacen pensar que estoy preparado, y así lo siento, para ser entrenador de un equipo de Tercera Federación.

¿Y cómo ha sido salir de Unionistas después de tantos años?

Gran parte de lo que soy a día de hoy en el mundo del fútbol, por no decirte todo, ha sido gracias a Unionistas y, sobre todo, a la gente con la que he podido vivir estos años. Siempre va a ser un placer estar allí. Dejé el juvenil porque consideraba que mi recorrido en esa etapa había acabado. Unionistas es un ambiente muy exigente para los recursos que hay.

He conseguido allí relaciones personales maravillosas y he tenido mucha confianza, pero el desgaste es inevitable. Antes de que ese desgaste pasase a una explosión, me pareció bastante inteligente dar un paso a un lado y quedarnos con las cosas positivas que habíamos conseguido juntos.

También se abrió la oportunidad de formar parte del primer equipo como segundo entrenador, pero finalmente Javi Medina llegó con todo su cuerpo técnico y esa posibilidad desapareció.

Sí se me ofreció la oportunidad de formar parte de su cuerpo técnico como asistente. Y ahí me encontré en una situación en la que tenía que decidir entre dedicarme profesionalmente al fútbol o estar en una posición que me demandaba casi dedicación exclusiva y que no me iba a dar de comer. No era tanto una situación de no querer como de no poder.

Entrar en el cuerpo técnico de un equipo como Unionistas en Primera Federación habría sido un grandísimo paso para mí. Pero las circunstancias me llevaron por otro camino.

"Lo que no depende de ti te distrae de lo que sí depende de ti"

Ese otro camino es Select Generation Academy. ¿Qué haces ahora?

Tengo la suerte de tener otra vía en el fútbol aquí en Salamanca como director de una academia internacional de jugadores que vienen de Estados Unidos, Select Generation Academy.

Me da la oportunidad de tener un desarrollo profesional en un rol que va más allá del entrenador. Soy también gestor de los chicos que pasan por la academia a nivel de docencia, cuidado de los jugadores, residencia, cuerpos técnicos y elaboración de actividades.

Select Generation Academy tiene tres localizaciones: Salamanca, Bournemouth y Dubái. Es un proyecto creado por Víctor Cascón, un salmantino, junto a Sam Henneberg, un joven inglés. La idea es ofrecer a chicos de Estados Unidos que terminan el high school la posibilidad de pasar un año en España. Allí existe mucha cultura del gap year, ese año de transición en el que buscas qué quieres hacer y dónde quieres estar. Aquí se les ofrece la posibilidad de pasar ese año en Salamanca jugando al fútbol y formándose.

Ellos ven que el fútbol, el soccer, está en continuo desarrollo y que venir a España es una oportunidad para desarrollarse deportivamente, subir el nivel y estar en condiciones de conseguir una beca deportiva para una universidad en Estados Unidos. Muchos vienen con unas condiciones físicas muy buenas y aquí intentamos aumentar su capacidad de desarrollo con todas las herramientas que tenemos.

Están en una residencia de estudiantes, entrenan por la mañana, tenemos un grupo técnico profesional y vídeoanálisis. Pueden hacer una carrera, estudiar español o realizar el curso de entrenador durante el tiempo que están aquí.

Todo el día está funcionando la maquinaria de la academia y yo tengo que compaginar mi carrera como entrenador con esto. Me gusta mucho dirigir este proyecto y el siguiente paso que dé tendrá que ser una opción que me permita compaginarlo o una opción que justifique asumir el riesgo.

Trabajar con jugadores estadounidenses también te permite ver otra cultura futbolística. ¿Qué diferencias encuentras?

Es interesante porque aquí en España, si eres un futbolista muy bueno, puedes ser de la clase social que seas y, como seas bueno, llamarán a tu puerta y jugarás en Primera División.

Los chicos que recibimos en la academia, cuando llegan, muchas veces no entienden eso. Ellos creen que el poder adquisitivo está relacionado con jugar determinadas categorías. Entienden el soccer con una lógica diferente: mi familia paga una cantidad, yo pago esa cantidad al club y, si mi club juega en una determinada categoría, yo juego ahí. Y si no te lo puedes permitir, aunque seas Maradona, vas a jugar en categorías de un nivel muy pobre.

Llegan con un ego curioso porque no se relaciona con el ego que asociamos a un jugador de aquí. Hay jugadores muy buenos que juegan en categorías muy malas y jugadores muy malos que juegan en categorías muy buenas. Ahí aparece un desajuste en la conciencia del nivel deportivo que aquí tenemos que ayudarles a estructurar.

El proyecto de Salamanca está comenzando. Hemos ascendido a Primera Provincial con el primer equipo y vienen chicos jóvenes que son buenos. Los entrenadores están muy preparados. Pero de repente vamos a jugar contra un equipo de barrio de Provincial y se encuentran con gente buena. Les estalla la cabeza.

Es increíble. A lo mejor viene un chico de 19 o 20 años que lleva jugando 15 años al fútbol, te dice que paga 10.000 euros al año por jugar y tú lo ves jugar y no te lo crees. No porque sea mejor o peor, sino por determinados conceptos que vienen muy poco trabajados. Lo que sí te das cuenta con el trabajo que hacemos es que la mejora es muy rápida.

Muchos terminan el año y se marchan a una buena universidad porque han desarrollado un buen nivel y han entendido de qué va esto. En Estados Unidos el coste de la universidad es muy alto, así que si hacen un buen año y demuestran que tienen cierto nivel pueden conseguir una beca deportiva que cubra una parte importante de los estudios. Se van de aquí muy agradecidos y sabiendo que van a estudiar algo gracias a su paso por España.

"No te preocupes tanto en acelerar el proceso"

Este año parece que va a ser distinto. Después de diez años entrenando, vas a pasar un curso sin equipo. ¿Cómo lo afrontas?

Aprovecharé mucho para mejorar el idioma porque trabajo continuamente con el inglés. Poco a poco me defiendo y me entienden todo lo que quiero decir, pero a veces no poder expresar todo lo que quieres en otro idioma genera una barrera importante. Me gusta mucho hablar con los chicos y quiero optimizar mi nivel de inglés. También quiero ver mucho fútbol. He tenido la suerte de vivirlo a pie de campo, pero ahora me apetece ver diferentes categorías y, si aparece una buena posibilidad de ver un club de cerca, poder verlo entrenar.

Ahora el fútbol no me interesa tanto desde la teoría. Quiero reflexionar sobre todo el método que he utilizado hasta hoy. Analizar los años anteriores, ver qué ha salido bien, qué ha salido mal, detectar las cosas que debería cambiar, cuáles implementaría y qué no volvería a hacer. Creo que esa es la forma de estar preparado cuando llegue una nueva oportunidad.

Si pudieras volver a aquel primer día con los prebenjamines, cuando tenías 17 años, ¿qué le dirías a aquel Raúl?

Que no se preocupe tanto en acelerar el proceso porque, al final, las cosas, cuando se están haciendo bien, llegan. Y que creo que durante mucho tiempo he estado demasiado pendiente de cosas que no dependían de mí. Al final, lo que no depende de ti te distrae de lo que sí depende de ti. Y lo que depende de ti, normalmente, bien hecho, es lo que hace que lo otro funcione y que las cosas lleguen. Eso es algo que entrenar me ha enseñado y que le diría a aquel chico.

Me preocupaba mucho lo que no dependía de mí. Las opiniones. Qué pensarían las madres. Si estarían pensando que lo estaba haciendo bien con el prebenjamín… Y, curiosamente, según he ido avanzando y los retos eran de mayor repercusión, más difíciles y con más responsabilidad, mi cabeza estaba más tranquila. Si yo sabía que había dado mi cien por cien, volvía a ser consciente de que solo importa lo que depende de mí.

Creo que es inevitable que los entrenadores tengamos esos arrebatos de «¡Ay, madre! ¿Qué estará pasando?». Pero si te fijas demasiado en eso, la situación puede terminar haciéndote daño. Criticar es muy fácil. Solo sabe lo que está pasando realmente el que está dentro. Cuando tú, desde dentro, y la gente que tienes alrededor sabéis que se está haciendo bien, después siempre habrá un último y siempre habrá un primero. Uno gana y otro pierde.

Me ha tocado ver la cara buena del fútbol, pero estoy seguro de que algún día me tocará contar en una conversación como esta que perdimos, que descendimos. Y mientras yo esté tranquilo, intentaré reforzar esa idea.

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Antes del Pitido

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