Sergio Villardón: «En Salamanca la gente quiere que hables bien de su equipo y cuentes lo malo del rival»

Entrevista Sergio Villardón periodista deportivo de Salamanca

Hay quienes, aún hoy, defienden que el fútbol es un mero entretenimiento convertido en un bálsamo para que sus aficionados no atienda a otras cuestiones más importantes, como tapadera de lo que sucede y como un escondite de uno mismo. En Salamanca, desde hace algo más de una década, el fútbol se ha convertido en una forma de interpretar la realidad, de conocerla más en profundidad y de sacar a la luz cómo funciona, al igual que ha mostrado la diversidad existente, los distintos puntos de vista en una ciudad donde lo normal ha sido siempre no levantar la voz y, mucho, menos defender posturas fuera del cánon de piedra y sacristía.

La desaparición de la Unión Deportiva Salamanca en junio de 2013 no solo dejó un estadio vacío, en silencio y un escudo huérfano de domingos. Dejó una ciudad en una encrucijada en la que se vió obligada a responder una pregunta para la que nadie estaba preparado: qué hacer cuando desaparece el equipo que, durante generaciones, había servido como punto de encuentro de sensibilidades muy diferentes. No hubo una única respuesta sino dos.

Dos proyectos surgieron a raíz del adiós de la UDS como dos maneras de entender la herencia recibida. Dos relatos construidos sobre los mismos recuerdos y dos formas muy distintas de mirar hacia delante. Lo que para unos era continuidad, para otros era un punto y final.. Se hablaba de dignificar la memoria, se apelaba a traiciones a un escudo. Y, entre ambos discursos, la ciudad no era consciente de que no estaba discutiendo únicamente de fútbol sino sobre sí misma, sobre cuál era su identidad, su memoria y su pertenencia.

Durante la segunda década de este siglo XXI, Salamanca estuvo instalada en una especie de derbi permanente. El partido no terminaba cuando el árbitro señalaba el final. Continuaba en los bares, en las tertulias de radio, en las redes sociales y en cualquier conversación donde aparecieran dos aficionados con una historia diferente sobre lo que había ocurrido en 2013. En un escenario así no solo resultaba complicado dirigir un club o, en cada aficionado, defender un escudo. También lo era ejercer el periodismo.

Porque cuando una ciudad se divide en dos, informar deja de ser un ejercicio de contar lo que sucede para convertirse, sin quererlo, en un acto sometido a una permanente sospecha. El periodista empieza a ver cómo cada una de sus noticias pasa a ser escrutada al detalle. Ningún titular es completamente inocente. Ninguna fotografía es casual. Ninguna ausencia pasa desapercibida. Todo admite y tiene una segunda lectura, de igual forma que puede interpretarse como un gesto a favor de unos o una afrenta hacia los otros.

Quizá por eso resulta especialmente pertinente que esta conversación tenga lugar unas horas antes de que Sergio Villardón se marche a escuchar a Iván Ferreiro. Hay versos que parecen escritos para explicar el oficio de periodista en la Salamanca de la última década. El equilibrio es imposible no habla aquí de una historia de amor. Habla del ejercicio de un oficio en el que no es fácil mantenerse en pie mientras cada palabra es examinada como si escondiera una declaración de intenciones en favor de unos y en perjuicio de otros. Una forma de ejercer la actividad que se juzga como si quien informa, atendiera a su beneficio particular y no el de la comunidad a la que presenta lo que sucede..

En medio de ese paisaje aparece la figura de Sergio Villardón. No como un personaje neutral —él mismo reconoce sin rodeos y con orgullo su simpatía por Unionistas—, sino como el periodista que ha terminado convirtiéndose en la principal referencia informativa sobre la actualidad del club. Una posición incómoda, tan respetada por la fiabilidad de sus noticias como discutida por quienes llevan años viendo en cada exclusiva una batalla más dentro de una guerra que hace tiempo no se libra únicamente alrededor de lo que sucede en el césped sino en los despachos.

Durante más de una hora de conversación apenas hablamos de fichajes. Hablamos de ansiedad, de amenazas, de la responsabilidad de verificar una información cuando todos exigen inmediatez, del precio de no querer agradar a nadie y de esa extraña paradoja por la que, en ocasiones, el periodista acaba formando parte de la noticia que está contando. Porque hay ciudades donde el equilibrio es posible. Y luego está Salamanca.

El equilibrio imposible del periodismo deportivo en Salamanca

La hostilidad nunca avisa cuando deja de dirigirse a lo que haces para empezar a señalar quién eres. En una ciudad partida en dos por el fútbol, los periodistas también terminan, más pronto que tarde, ocupando un lugar en el tablero. Llega un punto en que no basta con contar una alineación, una lesión o un fichaje. El lector debe posicionar a quien escribe o al medio en el que lo hace vinculado a un escudo y otro. Así, antes incluso de que el lector llegue al segundo párrafo, ya tiene decidido con qué intención está escrito el texto.

Sergio Villardón aterrizó en Salamanca24horas en septiembre de 2014, cuando los dos proyectos nacidos tras la desaparición de la Unión Deportiva Salamanca apenas habían echado a andar. Recuerda perfectamente dónde recibió la llamada que cambiaría su vida profesional: en el descanso del Memorial UDS que enfrentaba a Unionistas y la Cultural Leonesa. Lo que no imaginaba era que el partido verdaderamente complicado empezaría unos días después.

"Mi incorporación al diario fue dura porque en mis primeros días mi jefe recibió llamadas y mensajes en los que le decían que me despidiera aduciendo: "Sergio Villardón es de Unionistas". Tuve la suerte de que mi jefe puso por delante el periodismo a cualquier otra insinuación."

No era una discusión sobre la calidad de su trabajo. Ni siquiera sobre una noticia concreta. Bastaba una etiqueta para intentar desacreditar a quien todavía ni siquiera había tenido tiempo de escribir demasiadas líneas. Quizá ahí empezó todo. O quizá empezó mucho antes, cuando Salamanca dejó de tener un único escudo y comenzó a mirar cualquier información con el filtro de la sospecha. Villardón no tarda en reconocer que aquellos primeros años con la rivalidad entre Unionistas y Salamanca CF, conviviendo en las mismas categorías del fútbol modesto hasta llegar a Segunda División B, supusieron un ejercicio permanente de equilibrio sobre un alambre.

"Era una locura. Daba igual el titular, la fotografía que elegías o el orden de las noticias. Se analizaba palabra por palabra. Las críticas eran feroces. No se les puede considerar críticas; eran insultos y descalificaciones continuas."

Hay una frase que repite varias veces durante la conversación y que explica mejor que cualquier tratado la dificultad del oficio. «La gente quiere que hables bien de su equipo y cuentes todas las cosas malas del rival.» Es una tentación antigua. Confundir periodismo con militancia. Convertir al periodista en un portavoz oficioso de la grada. Cuando eso no ocurre, la decepción suele transformarse en sospecha.

Porque en Salamanca no solo se discutía lo que ocurría sobre el césped. También se discutía quién tenía derecho a contarlo. Hubo mañanas en las que el teléfono se convertía en un recordatorio de ello.

"Era frecuente levantarme y encontrarme decenas de notificaciones en Twitter metiéndose conmigo porque no les gustaba cualquier cosa: el titular, la foto elegida o la noticia en sí."

Las redes sociales magnifican el ruido. Lo convierten en un murmullo permanente del que cuesta escapar. Pero, de vez en cuando, ese ruido abandona la pantalla y se instala en tu rutina diaria, en tu casa, mientras desayunas con tu famila. Entonces deja de ser ruido y pasa a convertirse en miedo. Villardón baja el tono cuando recuerda uno de aquellos episodios. No dramatiza en absoluto sino que lo cuenta con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con ello, aunque resulte imposible acostumbrarse.

"Mi redactor jefe me enseñó un comentario que decía: "Villardón, sé dónde vives; te voy a rajar de arriba abajo". Lo denuncié en la Policía. Nunca supe quién fue. Eso ya no es una crítica. Eso es un delito."

El silencio pesa unos segundos. Porque hay amenazas que terminan cuando se denuncian y otras que permanecen mucho más tiempo dentro de uno mismo manifestándose con otros nombres, otras formas. A Sergio Villarón, en los meses previos a la pandemia, le apareció una compañera invisible para el resto que le seguía a todas partes: la ansiedad. No fue consecuencia de una noticia concreta ni de una polémica puntual. Fue el desgaste de muchos años sintiendo que cualquier palabra podía convertirse en una nueva trinchera.

"Llegó un momento en el que dudaba absolutamente de todo lo que hacía. Me puse en manos de una psicóloga, Laura Moraleda, porque pensaba que todo lo que escribía estaba mal. Hoy leo aquellas crónicas y veo que estaban bien. El problema no eran las crónicas. Era yo..."

Quizá esa sea la confesión más inesperada de toda la conversación. No habla un periodista acostumbrado a moverse entre exclusivas alrededor de los próximos movimientos de los equipos salmantinos y un fijo en las ruedas de prensa. Habla alguien que reconoce haber perdido la confianza en sí mismo. Y, sin embargo, nunca pensó en marcharse. No porque fuera fácil quedarse sino porque en su vida hay algo mucho más importante que el ruido.

"Volví a Salamanca dejando Real Madrid TV porque iba a ser padre. Mis hijos son el motivo por el que seguí. Ellos son mi equilibrio cuando termina el trabajo.."

Resulta curioso. Durante toda la conversación aparece varias veces la palabra equilibrio. Pero nunca aparece para hablar del fútbol sino para hablar de la vida. Porque quizá Iván Ferreiro tenía razón. El equilibrio es imposible cuando se tiene que hablar de fútbol en Salamanca y lo único que puede hacer uno es aprender a caminar sobre el alambre. Y seguir escribiendo. Incluso cuando abajo, desde los dos lados, haya quien esté deseando verte caer.

LA afición de Unionistas mira con ilusión el desenlace de la temporada tras una victoria en Reina Sofía

Cuando informar molesta

Hay una máxima que se repite en las clases de periodismo que dice que la información solo resulta verdaderamente incómoda cuando incomoda a alguien. Las noticias amables rara vez generan conflictos. Son las otras, las que surgen de levantar una alfombra o a mirar donde nadie quiere hacerlo, las que convierten al periodista en protagonista involuntario de la historia. Entonces, es habitual, que el foco de la discusión deje de situarse en el contenido para empezar a cuestionar quién lo firma. 

Sergio Villardón conoce bien ese mecanismo. Lleva años siendo el periodista que más información ha lanzado y adelantado sobre Unionistas de Salamanca. Fichajes, salidas, conflictos internos, movimientos en los despachos, decisiones que todavía no habían visto la luz… Una posición privilegiada que, paradójicamente, también le ha convertido en una figura incómoda para parte del entorno del club. No tarda demasiado en explicar por qué.

"Creo que hay gente en Unionistas que piensa que todo lo que publico es para perjudicar al club o, como mínimo, para molestarle. Si una noticia no beneficia al club o pone el dedo en una decisión que no se ha hecho bien, enseguida aparecen los mismos mensajes: que estoy escocido, que quiero ser director deportivo, que voy contra Unionistas... Todo eso sirve para desviar la atención de lo verdaderamente importante, que es la noticia."

No hay resentimiento ni victimismo en sus palabras. Más bien la resignación de quien lleva demasiado tiempo observando una misma manera de proceder. Cuando las noticias que llegan sobre la realidad de aquello que nos interesa incomoda, resulta muy sencillo, por ser el argumento más rápido, desacreditar al mensajero que discutir alrededor del contenido del mensaje. Villardón reconoce con absoluta naturalidad algo que durante años muchos utilizaron precisamente para intentar restar credibilidad a sus informaciones.

Es aficionado de Unionistas. Nunca lo ha escondido ni ha pretendido hacerlo. Y, quizá precisamente por eso, le resulta todavía más llamativo que esa condición se utilice como argumento para invalidar cualquier información que no encaje con el relato del club de fútbol popular que una parte de la afición quiere escuchar.

"Hay quien ha utilizado el hecho de que declare públicamente que soy de Unionistas para intentar hacer daño a mi trabajo. Como si eso invalidara automáticamente cualquier información que publico."

La conversación deriva entonces hacia una cuestión inevitable. ¿Cómo es la relación entre un periodista que vive de contar lo que ocurre y un club que, como cualquier organización, preferiría decidir cuándo, cómo y de qué manera se cuentan determinadas cosas? La respuesta llega cargada de matices. No habla de enfrentamientos personales, sabiendo que las relaciones con los presidentes de Unionistas no han sido las mejores, especialmente con el último, Roberto Pescador, sino que habla de intereses diferentes.

"Es normal que los presidentes quieran proteger al club. Igual de normal que mi trabajo sea sacar todas las noticias posibles para que los lectores estén lo mejor informados posible. Ellos defienden al club. Yo defiendo el periodismo."

En ocasiones ambos caminos coinciden, pero en otras, inevitablemente, tienen que cruzarse. Y ahí aparecen las fricciones inevitables entre quien cuenta y quien no quiere que se sepa. Recuerda cómo determinadas informaciones sobre la salida de Diego Hernansanz terminaron acompañadas del habitual murmullo de fondo. «Es que Villardón…» O cómo, años antes, Unionistas aceleró la oficialidad de la salida de Xavi Carmona para neutralizar una información publicada por Salamanca24horas, hasta el punto de distribuir una imagen cuya propiedad pertenecía precisamente al medio que pretendía adelantarse.

Son anécdotas. Pero también pequeñas ventanas que permiten entender hasta qué punto la gestión de la información forma parte de la vida cotidiana de un club de fútbol. Quizá por eso no duda cuando se le pregunta qué necesita Unionistas para seguir creciendo. No habla de un delantero de área. Ni de un lateral de ida y vuelta. Ni siquiera de un aumento de presupuesto. Habla de comunicación.

"Unionistas ya no es un club de aficionados. Está entre los mejores ochenta y dos equipos del fútbol español y necesita una estructura acorde. Necesita un jefe de comunicación que sea periodista, que establezca normas iguales para todos y que entienda cómo funciona la relación con los medios."

No es una reivindicación corporativista. Es una cuestión de profesionalización. De entender que la comunicación ya forma parte de la estructura deportiva igual que el análisis de datos, la preparación física o la captación de talento. Y en torno a esto aparece, por un momento, la figura de David Alonso Mata que, ocupó el puesto de director general de Unionistas en el pasado ejercicio 2025-2026.

"David sí quería que fuese pero no tenía el mando suficiente para poder llevarlo a cabo. Y en caso de que me lo hubiesen ofrecido de manera formal no lo hubiese aceptado. Hacerlo me pondría frente a muchos compañeros de profesión y, por la naturaleza del puesto, sabes que vas a terminar teniendo fricciones en algún momento. No quiero estar de jefe de comunicación en Unionistas pudiendo dar lugar a problemas con mis compañeros por cosas como el número de jugadores que permites que se entrevisten, la hora a la que programas la rueda de prensa… mil situaciones diferentes que pueden pasar. Creo que si en algún momento entro en el club será para desempeñar otro puesto diferente. Ayudaré en lo que necesiten pero no como Director o Jefe de comunicación. La proposición me llegó de manera informal ya que David Alonso Mata y yo nos conocemos porque hicimos juntos el curso de dirección deportiva. Creo que es una persona muy válida para Unionistas de Salamanca y que podría haber ayudado mucho a escalar de nivel al club, pero creo que no ha contado con los apoyos necesarios dentro de la directiva para que él pudiese crecer y dotar a Unionistas de lo que necesitaba. Creo que en muchas ocasiones se ha visto solo y no ha podido sacar adelante las cosas que hubiese gustado hacer. Ojalá tenga una nueva oportunidad y que allí donde vaya le respalde todo el mundo."

Entonces aparece una palabra que repite varias veces durante la conversación. Desconfianza. No la utiliza como reproche sino que la utiliza como un diagnóstico.

 

"Hay informaciones que directamente no contrasto con el club porque no me fío de que alguien levante el teléfono y avise a otro periodista. Son cosas que aprendes con los años."

No hay enfado en la frase. Lo que hay es experiencia de situaciones que se han repetido más veces de lo que le gustaría. La suficiente para comprender que las relaciones entre periodistas y clubes nunca son tan simples como parecen desde fuera. Aun así, resulta imposible que no se le caiga, un ejemplo reciente, el episodio que probablemente mejor resume su posición pública en los últimos tiempos. El caso de los videomarcadores en El Reina Sofía y el misterio de por qué, algunos domingos, estos no estaban operativos. Una noticia recibida con una avalancha de críticas en redes sociales.

Hoy, sostiene, quienes mejor conocen cuál era la situación que se vivía en relación a este recurso, muy importante para la generación de ingresos por parte de Unionistas de Salamanca, saben que aquella publicación ayudó precisamente a desbloquear la situación.

"Hubo mucha gente insultándome sin tener ni idea de lo que estaba pasando. Puedes preguntar al presidente, al vicepresidente o a Tom si aquella noticia ayudó o no a Unionistas. Lo hizo. El problema es que durante muchos años se ha repetido el mensaje de que "Villardón es el malo", y mucha gente terminó creyéndoselo."

Hace una pausa. Sonríe. Y, quizá por primera vez en toda la conversación, deja escapar una frase que resume mejor que ninguna otra el lugar que siente ocupar.

"No soy el azote de Unionistas. Soy un periodista. Si cuento que algo está mal es porque está pasando.."

Fuera empieza a caer la tarde yi como un susurro, vuelve a sonar de fondo otra canción de Iván Ferreiro. «Turnedo». Una canción que habla de quedarse cuando marcharse parece la decisión más sencilla. El día a día de Sergio  también es un poco eso seguir haciendo preguntas aunque sepas que algunas respuestas no gustarán, tampoco a él pero que su obligación es hacerlas públicas. En aceptar que habrá quien lea una información buscando confirmar sus convicciones y no comprender lo que ha ocurrido. Y en asumir que, cuando una noticia consigue desmontar un relato demasiado cómodo, probablemente el primer objetivo deje de ser la noticia. Y la noticia pases a ser tú y los motivos por los que publicas una noticia.

El periodista acusado de querer ser Director Deportivo

Hay una teoría, muy instalada en los corrillos de la conspiración, que aparece con frecuencia cuando un periodista conoce demasiado bien aquello sobre lo que informa. Que, alcanzado un determinado umbral, su interés deja de ser lo que sucede y empieza a serlo el querer formar parte de ello. En Salamanca esa teoría tiene nombre propio desde hace unos meses atrás. «PerioDDista». La doble D nació como una ironía. Un juego de palabras entre periodista y director deportivo que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en una etiqueta. Lo curioso es que fue el propio Sergio quien utilizó primero el recurso para dar a entender las injerencias de Roberto Pescador, como presiDDente, en las funciones del director deportivo Antonio Paz.

Hay quien sostiene que Sergio Villardón utiliza su posición como principal informador de Unionistas para erosionar el trabajo de quienes ocupan la dirección deportiva y acercarse, algún día, a ese despacho. Él escucha la pregunta. Y sonríe. No es una cuestión qu ele coja por sorpresa. Es algo que se encuentra habitualmente.

"Primero me hace gracia."

No tarda en explicar el origen de esa formación que tantos utilizan como argumento para cuestionar sus informaciones.

Durante los últimos años ha invertido una parte importante de su tiempo en estudiar Dirección Deportiva. No como una ocurrencia pasajera, sino como una manera de entender mejor el fútbol. No se arrepiente. Más bien al contrario.

"Hasta hace muy poco era la persona con más formación en Dirección Deportiva de Salamanca. A mí me gusta hablar de fútbol sabiendo de lo que hablo. Nunca entenderé que alguien utilice la formación como un arma para desacreditar a otra persona."

Hay una idea que aparece repetidamente durante la conversación y que ayuda a entender por qué muchas de sus opiniones sobre Unionistas suelen escapar del comentario habitual de barra de bar. Mientras buena parte del debate público gira alrededor de si un extremo debe jugar por dentro o por fuera, Villardón habla de estructuras deportivas, de metodología, de recursos y de organización. De la necesidad de disponer de un lugar de entrenamiento que sea de césped natural. Del trabajo invisible de un director deportivo que va, mucho más allá, de firmar entrenadores y jugadores.. Quizá porque estudiar Dirección Deportiva le ha enseñado que un club se construye mucho antes de que empiece el mercado de fichajes.

"Hay gente que piensa que un director deportivo se dedica únicamente a fichar jugadores. Esa es una parte mínima del trabajo. Dirección deportiva también es encontrar un campo de entrenamiento adecuado, construir una estructura, mejorar los recursos del club o ayudar a que el entrenador pueda desarrollar mejor su trabajo."

El mayor error, curiosamente, tampoco tiene que ver con un delantero que no llegó o con un partido perdido. Tiene que ver con algo tan poco romántico como un terreno de entrenamiento.

"Unionistas debería haber cerrado ya un campo de hierba natural, aunque eso hubiese supuesto destinar menos dinero a la plantilla. Mucha gente no es consciente de la importancia que tiene para el modelo de juego y para prevenir lesiones."

Resulta difícil no pensar entonces en otra canción de Iván Ferreiro. «El pensamiento circular». Ese lugar en el que uno termina escuchando siempre las mismas voces diciendo las mismas cosas. Quizá ahí resida una de las mayores virtudes —o uno de los mayores defectos, según quién juzgue— de Sergio Villardón.

Mientras buena parte del entorno discute sobre si un fichaje ilusiona más o menos que el del verano anterior, él insiste una y otra vez en hablar de estructuras, planificación y profesionalización. Puede equivocarse como cualquier analista. Pero al menos intenta hacerlo mirando el club desde un lugar distinto. Uno que rara vez ocupa la conversación pública.

En el transcurso de la conversación mientras hablamos de si se siente capaz de ser, algún día, director deportivo del equipo blanquinegro, casi como un ejercicio de imaginación, quién daría antes la noticia si algún día acabara formando parte de la estructura deportiva de Unionistas. Se ríe.

"Supongo que tendría que anunciarlo el club... aunque seguro que algún periodista de Salamanca se adelantaría. A buen seguro, si algún día Sergio Villardón estuviese en Unionistas. Muchos de los que hoy denigran, aplaudirían la decisión. Pero si eso llega, si llega cuando llegue, será porque consideren que puedo ayudar al club a dar un nuevo paso hacia adelante."

No hay solemnidad en la respuesta. Solo la sensación de que, si ese día llega alguna vez, será el final de una historia. O quizá el comienzo de otra completamente distinta. Porque, hasta entonces, Sergio Villardón seguirá ocupando ese territorio incómodo donde las preguntas pesan más que las respuestas. Ese lugar desde el que resulta imposible contentar a todos. Y, probablemente por eso mismo, el único desde el que merece la pena ejercer el periodismo.

Unionistas y lo que viene

Hay entrevistas que terminan cuando se apaga la grabadora. Esta no porque, hace rato ya, perdió la etiqueta de entrevista para ser una conversación. Porque después de hablar del oficio, de las heridas que deja el periodismo y de la incomodidad de convivir con una ciudad que todavía sigue discutiendo consigo misma, la conversación acaba desembocando, inevitablemente, en el mismo lugar del que partió hace ya más de una hora. Unionistas, el presente, el futuro del club y lo que está por venir esta temporada con la llegada al banquillo de Javi Medina.

Es curioso comprobar cómo cambia el tono de Sergio Villardón cuando deja de hablar de sí mismo. Las respuestas se vuelven más pausadas. Más analíticas. Desaparece la figura del periodista que recuerda amenazas o debates en redes sociales y aparece alguien que lleva demasiados años observando cómo funciona un club desde dentro, aunque siempre haya permanecido al otro lado de la mesa. No hay titulares grandilocuentes sino que, vuelve a insistir, una y otra vez en la importancia de construir en Unionistas un estructura sólida que permita al club afrontar una posible caída a la mayor brevedad y con la capacidad para sobreponerse a ella sin que tiemble la continuidad del club.

Cuando se le pregunta por la planificación deportiva de la temporada 2026/27, la primera valoración es positiva. No tanto por los nombres como por el método.

 

"Creo que Antonio Paz está construyendo una plantilla con bastante sentido. Se percibe una idea clara de lo que quiere el entrenador y eso siempre facilita mucho el trabajo."

No habla únicamente de futbolistas sino de un valor muy importante como es la confianza. Porque, en su opinión, una de las grandes decisiones tomadas durante los últimos meses ha sido precisamente reforzar la figura del director deportivo.

"Lo mejor que ha hecho Unionistas ha sido darle autonomía a Antonio Paz. Si apuestas por un director deportivo, tienes que dejarle trabajar. No puedes pedirle responsabilidades si cada decisión importante termina pasando por cinco personas diferentes. Es más, hace un año estoy convencido que Antonio no es la persona que elija a Oriol Riera. SIn embargo, a día de hoy, la elección de Javi Medina la ha hecho con total libertad y respaldo en su decisión."

Hay algo que repite varias veces según conversamos. Los clubes crecen cuando dejan de depender de nombres propios. Empiezan a crecer cuando construyen procedimientos. cuando las personas pasan y la estructura permanece. Por eso interpreta las renovaciones como algo más profundo que la simple continuidad de determinados futbolistas.

"Creo que las renovaciones encajan perfectamente con la propuesta de Javi Medina. Se habla mucho de lo que plantea el nuevo entrenador para hacer en el terreno de juego, pero hemos de tener muy presente que un partido de fútbol no se juega solo el domingo. El partido se juega durante toda la semana y Ramiro me parece un jugador fundamental para el día a día y su capacidad de mando para tener todo controlado dentro del vestuario evitando que se escape nada. Ramiro es el hombre fuerte del vestuario y ahí va a tener que rendir mucho. Seguro que querrá jugar, por descontado, la mayor cantidad de minutos posibles. Pero creo que, más allá de que tenga más minutos o menos, va entender perfectamente su rol y que su día a día es imprescindible para el club. total libertad y respaldo en su decisión."

Esta conversación tuvo lugar apenas unas horas después de anunciarse, por sorpresa la renovación de  Álvaro Gómez, cuando se daba prácticamente hecha su salida rumbo al Lugo después de que se publicara el día anterior una noticia que daba como cerrado el acuerdo. Cambio de rumbo que representa también otra victoria silenciosa del club: la capacidad de convencer a un futbolista importante para seguir creyendo en el proyecto.

"Lo primero que hice en cuanto se anunció la renovación de Álvaro Gómez fue llamar a Álex Santana - periodista de La GAceta de Salamanca que lanzó la noticia- que es un compañero de profesión al que respeto y quiero mucho porque sé que en esos momentos tenía que estar pasando un momento muy difícil, muy jodido. Con respecto a ese hecho es importante matizar una cosa. La situación de Álvaro Gómez cambia completamente en la noche del viernes al sábado que es cuando se anuncia que toma la decisión de continuar en Unionistas. Podría ser ventajista ahora en relación a lo sucedido, pero es algo que nos puede suceder a cualquiera. Además, Álex ha dado el paso al frente de reconocer su error pero bien es cierto, que las informaciones que manejábamos todos es que Álvaro Gómez estaba más fuera que dentro. Ahora bien, me alegra mucho de que tanto el club como él hayan llegado a un acuerdo optado por continuar juntos."

Porque las renovaciones, recuerda Villardón, también son fichajes. A veces incluso más importantes y para él,de nuevo, el mejor fichaje es el de la renovación, por un año más, de Carlos de la Nava.

 

"Es mi jugador fetiche. Lo conozco desde hace muchísimo, creo recordar que la primera vez que lo vi fue cuando él estaba en el cadete de la Unión Deportiva Salamanca en un partido ante el Guijuelo que terminó en empate. Siempre me ha parecido un jugador superdotado. Toda mi familia, en especial mi hijo Dani, es muy de Carlos de la Nava. Si le preguntas a mi hijo quién es su futbolista favorito siempre responde Mbappe y Charly de la Nava."

La continuidad de los tres capitanes se antoja para Sergio como un punto capital conseguido por Antonio Paz que tenía marcado como prioritario desde hace meses. Un logro que reafirma el proyecto e idea del director deportivo que parece ir tomando el rumbo de construir una plantilla más corta y apostando por una base de jugadores que pongan el nivel de base del equipo un punto por encima de lo visto años pasados.

"Mantener a jugadores que conocen perfectamente el club y el vestuario tiene muchísimo valor. Muchas veces se habla únicamente de incorporaciones y se olvida que conservar talento también forma parte del éxito de una planificación."

Entre renovaciones, el encaje de los nombres que suenan para llegar al Reina Sofía, Sergio Villardón pone el foco en una baja muy notable para el club de cara a la próxima temporada. No es un jugador que rindiese a gran nivel el pasado año y que se haya escapado por no presentar una oferta a tiempo. Se trata de alguien que lleva años en el club haciendo un trabajo invisible, de un valor incalculable, en el día a día: Turi.

"Creo que una de las bajas más notorias que sufre Unionistas esta temporada no es la de ningún jugador. Es la de Raúl Turiño, Turi, el preparador de porteros que es un pedazo de profesional que, creo que le pasa un poco un pecado habitual, que es no valorar cómo se merece lo que tenemos en casa. Más aún ahora que este año la figura del portero va a ser más importante si cabe y de dominar una faceta que no le hemos vista hasta ahora a ninguno de los que ha pasado por aquí: el juego con los pies. Este año, el aficionado que se ponga nervioso cuando la pelota le llegue al portero, este año va a sufrir de lo lindo porque el técnico buscará generar superioridades desde zona defensiva, los centrales harán muchas conducciones en zonas de riesgo para romper líneas… Así que ahí tendremos que estar preparados para el sobresalto. Si saldrá bien la propuesta lo dirá el tiempo pero veremos un fútbol muy diferente a lo visto. Ojalá salga bien porque eso será síntoma de que nos habremos divertido mucho."

El nuevo entrenador representa otro de esos puntos donde pide paciencia con el nuevo entrenador Javi Medina. No le interesa tanto el resultado de las primeras jornadas como comprobar si el club es capaz de sostener una idea cuando aparezcan las primeras dificultades y que tendemos a sacar conclusiones demasiado deprisa. Y construir siempre exige más tiempo que destruir.

"A Javi Medina le vi bastantes partidos en su etapa en Antequera. Es un entrenador que plantea una forma de jugar muy diferente a lo que hemos visto en Unionistas. Por eso,en las ruedas de prensa de su presentación le lancé cuestiones alrededor de su forma de entender el juego. Por qué toma según qué decisiones en cuanto a la disposición de los jugadores o qué tienen en cuenta para la elección de un jugador para desempeñar un rol u otro. Me gusta que el entrenador se explique para que el aficionado pueda entender, cuando Unionistas encaje goles por errores en salida de balón intentando jugar desde atrás, que esa salida de balón es clave en la propuesta y modelo de juego que trata de poner en liza Javi Medina. Un juego de mucha asociación, de atraer el rival, de dar muchos pases hasta que aparezca el espacio y, en cuanto surja, sacar el colmillo para atacar y poder correr.”

La conversación se desplaza entonces hacia los despachos. Hacia el nuevo presidente: Miguel Ampuero. Hacia el siguiente paso que, en su opinión, debe dar Unionistas para consolidarse definitivamente como uno de los proyectos más serios de la categoría. La respuesta vuelve a alejarse del mercado de fichajes para hablar de profesionalización. De procesos internos que permitan seguir creciendo por dentro.

"Miguel Ampuero va a ser un presidente muy inteligente, que tiene muy claro qué es lo que tiene que exponer, que va a poner por encima el club que el equipo o de los jugadores. Creo que él tiene claro que su trabajo no va relacionado con fichar jugadores, sino con estructurar de forma eficiente y acertada el club. De momento, en estos meses que no dan para hacer mucha valoración de su trabajo pero sí ha conseguido instalar una atmósfera de trabajo más alegre que se nota. "

"El reto que tiene, a día de hoy, tiene más que ver con ser valiente. Algo que le situará en una posición muy incómoda antes muchas personas con las que ha estado trabajando en años pasados pero que debe asumir por el bien del club. No debe tener miedo para tomar las decisiones que él cree. Él tiene muy claro cómo debe crecer el club, para conseguirlo debe tomar decisiones que no serán fáciles. En cuanto lo haga, creo que personalmente se va a liberar y que al club le va a ir muy bien. A partir de esa toma de decisiones, el resto de gente del club tendrá que ver si lo que quiere es remar hacia delante o, si bien, lo que quiere es mantener su posición de privilegio. Cuanto antes lo haga antes crecerá el club."

No hay un ápice de crítica en sus palabras, sino más bien parece la lectura de una hoja de ruta. Unionistas ya ha demostrado que sabe competir. Ha demostrado que sabe sobrevivir y mantener a la masa social de su lado en situaciones límite. Ahora llega el momento de demostrar que también sabe consolidarse. Cuando le pregunto cómo imagina a Unionistas dentro de cinco años no menciona la palabra ascenso ni alude a ninguna categoría. Habla de identidad de no perder aquello que hizo diferente al club desde el primer día y que se grabó a fuego en la derrota en el estadio Helmántico ante el Salamanca CF UDS, cuando ambos equipos estaban en Tercera División, en el primer derbi.

"Recuerdo el primer derbi, más allá de la propia rivalidad,en el estadio Helmántico fue un momento muy emotivo para los aficionados de los dos equipos. Un partido que fue muy de tú a tú que acabó con victoria del Salamanca CF UDS con un golazo de Martín Galván. Fue un momento, el de ese partido que a mi entender, marcó mucho el devenir de Unionistas y encontrar lo que debería ser, aun más, el sostén del proyecto. Fue ese momento con su afición en el fondo Norte del estadio Helmántico tratando de levantar a su equipo. En ese momento, empezó a construirse el relato de un Unionistas de Salamanca como un equipo más sufridor, de tener que resistir y batallar junto a sus aficionados que le ha venido muy bien con el paso del tiempo."

Sergio  entiende que la verdadera victoria de Unionistas nunca ha consistido únicamente en ganar partidos. Ha consistido en demostrar que otra manera de hacer las cosas era posible.Quizá porque las victorias importantes nunca aparecen en la clasificación. Están en otro sitio. En la credibilidad, en mantener la coherencia. En la capacidad de mantener un rumbo cuando alrededor todo invita a cambiar de dirección.

Mirando el reloj, caemos en la cuenta de que llega la hora, son las 7:27, de poner fin a esta conversación- Si esto fuera un concierto, ya habrían terminado los aplausos, pero aún no nos iríamos sabedores de que todavía queda el bis. Y en los bises siempre aparece esa canción que nadie necesita pedir porque forma parte de la memoria de todos. «Años 80». Ponemos cierre a la conversación también la de un periodista que, mientras unos le aplauden y otros le discuten, seguirá haciendo exactamente lo mismo que hace desde hace más de una década. Contar lo que ve porque en su fuero interno mientras, al marcharse, suena el tarareo: “Seré como el tipo que algún día fui”.

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