Jesús Bernal, el hombre que siempre encuentra su sitio

Volvió a Ferrol este verano después de dos temporadas torcidas en Gijón. Allí donde antes barría todo lo que pasaba por el centro del campo, ahora también aparece cerca del área. El Racing recupera a un futbolista, a un capitán y a alguien que sabe lo que significa pertenecer a un equipo.

Jesús Bernal, centrocampista del Racing de Ferrol, durante un partido de fútbol.
Jesús Bernal ha regresado al Racing de Ferrol después de su etapa en el Sporting de Gijón. Su polivalencia le ha abierto una nueva función en el equipo de Javi Vázquez.

Jesús Bernal regresó a Ferrol este verano sin la necesidad de que le digan dónde hace falta que despliegue su juego. Si toca barrer delante de los centrales, barre incesantemente hasta dejar al rival sin rastro de la pelota. Si hay que cerrar un pasillo por el que otros pueden transitar, allí aparece para decir que está reservado el derecho de admisión. Si el partido pide piernas para perseguir a un rival hasta el fin del mundo, allá va. Y si Javi Vázquez considera que el Racing de Ferrol necesita un hombre más cerca del área contraria, el mismo futbolista que se dedicaba a recoger los platos rotos en la medular se quita el mandil y se pone el traje de mediapunta. No parece que le preocupe demasiado. Ha jugado de seis, de ocho, de diez, de delantero e incluso de central izquierdo. Lo de ponerse los guantes, en cambio, todavía le genera alguna duda: «Hacia un lado no me sé tirar».

La broma, que el propio Bernal deslizó al hablar de su polivalencia, contiene algo de verdad. Habla de que en el fútbol hay jugadores que encuentran su sitio ocupando una posición y otros que lo encuentran estando disponibles. Su forma de entender el fútbol tiene algo de un trabajador de los de antes, de aquellos que no están pendientes de quién firma la faena sino de que la faena salga adelante. En Ferrol ya lo sabían. Por eso, cuando el Racing anunció su regreso el pasado mes de julio, no presentó únicamente a un centrocampista. Recuperaba a uno de los futbolistas que habían ayudado a devolver al club al fútbol profesional y a sostenerlo después en una Liga Hypermotion que no espera a nadie. Recuperaba, también, a alguien que conocía el camino de vuelta.

“Volver al Racing es diferente a valorar cualquier otra oferta”

En el verano de 2024, Jesús Bernal tenía motivos suficientes para marcharse del Racing de Ferrol. Después de una primera temporada en el conjunto ferrolano en la que participó de manera decisiva en el ascenso a Segunda División, el centrocampista había confirmado que su fútbol también servía en una categoría superior. Disputó 40 partidos en la campaña del ascenso y, ya en el fútbol profesional, acumuló otros 44. Dos temporadas en las que no se perdió un solo partido. Era un futbolista de esos que rara vez ocupan el primer plano de las fotografías, pero cuya presencia resultaba fundamental para evitar que el partido se desordenara.

El Sporting de Gijón llamó a su puerta con un contrato de tres temporadas y una propuesta económica que el Racing difícilmente podía igualar. Bernal se marchó a Asturias. No había nada extraño en la decisión: el fútbol profesional funciona también con oportunidades que conviene aprovechar cuando aparecen. Lo que vino después fue menos amable.

Una lesión de ligamento cruzado, sufrida en diciembre de 2024, condicionó su etapa en Gijón. Entre una temporada y otra, sus participaciones se quedaron en 711 y 602 minutos, respectivamente. El jugador que había sostenido buena parte del equilibrio de un recién ascendido pasó a ocupar un lugar secundario en un equipo que había apostado por él para algo mucho más importante. Basta con mirar los números para entender lo que supone pasar de jugar prácticamente todo a ver cómo pasan las semanas sin que se acuerden de uno. El fútbol tiene una memoria peculiar: recuerda enseguida al que marca un gol y tarda bastante menos de lo que debería en olvidar al que deja de jugar.

Bernal no había dejado de ser futbolista pero arrastraba la sensación de estar dejando de serlo al no poder saltar al campo. En Ferrol, mientras tanto, seguían recordándolo. La operación para traerlo de vuelta no fue inmediata. Hubo que negociar su salida del Sporting, resolver su situación contractual y esperar. El Racing presentó una oferta importante para la categoría y acabó consiguiendo que el centrocampista regresara a A Malata. Cuando se le preguntó por los motivos que le había llevado a regresar, Bernal dejó una respuesta en la que no había ninguna razón táctica: “Volver al Racing es diferente a valorar cualquier otra oferta”. Y añadió que su elección respondía a un convencimiento personal, no a la categoría o al dinero.

La frase no convierte, por arte de birlibirloque, al fútbol en un cuento desinteresado. Bernal es un profesional que ha elegido un proyecto que conoce y en el que ya fue feliz deportivamente. Pero hay lugares a los que uno no vuelve exactamente en las mismas condiciones en las que se marchó. Vuelve con más información, con otras cicatrices y con una idea más clara de lo que quiere encontrar. En su caso, además, Ferrol no era únicamente un buen recuerdo profesional. Durante sus dos temporadas anteriores había echado raíces en la ciudad, donde su pareja tiene vínculos. La distancia entre una ciudad en la que trabajas y otra en la que has construido parte de tu vida no siempre cabe en una cláusula contractual.

La escoba también sabe jugar cerca del área

La primera versión de Jesús Bernal que conoció A Malata era fácil de explicar, aunque no siempre de apreciar a simple vista. Jugaba por delante de la defensa, ocupaba espacios, cortaba líneas de pase y acudía a las ayudas. Era una escoba: recogía los balones que quedaban sueltos, corregía los desajustes de sus compañeros y permitía que otros se preocuparan de cosas más vistosas. En el fútbol, como en una casa, limpiar no suele ser la tarea que recibe los aplausos. Pero basta con dejar de hacerlo durante un rato para descubrir la cantidad de suciedad que se acumula.

Javi Vázquez ha encontrado en ese futbolista un recurso que va más allá de su trabajo habitual. En los primeros compases de la temporada, Bernal empezó a adelantar su posición durante determinados tramos de los partidos, especialmente cuando el Racing necesitaba proteger una ventaja y evitar que el rival se instalara en campo propio.

El entrenador explicó que la decisión respondía a dos cualidades muy concretas: su capacidad para repetir esfuerzos y su comprensión del juego defensivo. Bernal sabe cuándo saltar a presionar, cuándo replegarse y cómo regresar a su posición. Colocarlo más arriba no significa renunciar a su trabajo defensivo. Significa utilizarlo de otra manera. “Nos aporta la capacidad de ser agresivos”, explicó Vázquez al hablar de su nueva función. En determinadas situaciones, el Racing puede encontrar en él una primera línea de presión más intensa sin perder la posibilidad de replegarse con rapidez.

Lo interesante es que el propio jugador no considera que esté haciendo algo radicalmente distinto. “Es algo que vosotros veis como nuevo, pero que relativamente para mí no lo es”, explicó. Durante su carrera ha ocupado distintas posiciones, de modo que la novedad está tanto en la mirada exterior como en la propuesta del entrenador.

En las siete jornadas disputadas hasta la fecha Bernal ha acumulado 576 minutos, apenas treinta minutos menos que los que disputó toda la temporada anterior y prácticamente la mitad de los que jugó en sus dos temporadas como jugador del Sporting. La diferencia no se limita a la cantidad de tiempo sobre el césped. Ha vuelto a ser una pieza alrededor de la cual se organiza el equipo. El juego que hoy despliega no va en una única dirección. Puede proteger la espalda de los laterales cuando estos se lanzan al ataque, ayudar a cerrar el centro del campo y aparecer más cerca del área rival. Javi Vázquez no quiere que él sea un especialista que deba permanecer atado a una zona concreta, sino que quiere aprovechar su capacidad para ofrecer soluciones adecuadas según lo que pide el partido. Quizá por eso su posición actual encaja con algo que parece acompañarlo desde hace años: la voluntad de ser útil antes que reconocible.

El apodo de escoba explica una parte de Bernal. La navaja suiza, otra. Ninguno de los dos cuenta toda la historia. Lo que une ambas imágenes es la disposición a realizar trabajos diferentes sin reclamar que cada uno venga acompañado de una etiqueta nueva.

Volver para enseñar dónde están las cosas

La vuelta de Bernal coincide con una necesidad que en Ferrol va más allá de lo futbolístico.

El Racing de la pasada temporada, recién descendido de Segunda División, no consiguió alcanzar el playoff de ascenso y el último mes de competición fue un erial. El fracaso dejó preguntas sobre la confección de la plantilla, el liderazgo y la falta de compromiso que parte del entorno había percibido en el equipo. La respuesta del club para el nuevo proyecto no ha consistido únicamente en incorporar futbolistas con experiencia o en buscar nombres capaces de elevar el nivel de la plantilla sino también incorporar una cualidad muy codiciada por los clubes en sus futbolistas: arraigo.

Bernal no ha regresado solo. David Castro, otro futbolista con pasado importante en el Racing, también ha vuelto a vestir de verde. Durante la presentación de ambos, el presidente Manuel Ansede puso el acento en su capacidad para ayudar a construir el grupo y ejercer de referencia para los más jóvenes transmitiendo su ética del trabajo. Saber qué exige una categoría, cómo se atraviesa una mala racha o qué relación existe entre un club y su afición no garantiza ganar partidos. Puede ayudar, sin embargo, a que un vestuario entienda mejor dónde está, qué se espera de él y el modo de recorrer el camino.

Bernal lo expresó sin solemnidad: “Lo único que tenemos que hacer David y yo es trabajar, que es lo que hemos hecho toda la vida”. Su tarea también pasa por ayudar a los nuevos compañeros a conocer el club, la ciudad y a acercarse a la afición. No habla de una responsabilidad extraordinaria, sino de algo que considera natural. “Más que una responsabilidad es un motivo de alegría el hecho de poder transmitir ese sentimiento”, resumió.

Hay una diferencia entre fichar a un jugador que conoce el escudo y fichar a alguien que sabe qué significa. La primera operación se resuelve rápido, basta con una llamada. La segunda necesita tiempo, convivencia y cierta capacidad para escuchar. El Racing quiere recuperar el arraigo que echó en falta durante la campaña anterior. Pero la pertenencia no se compra junto con el contrato ni se hereda por haber ascendido una vez. Debe construirse de nuevo, y también demostrar su utilidad cuando los resultados no acompañan.

Bernal conoce las dos caras de esa historia. Formó parte del equipo que devolvió al Racing al fútbol profesional y del que compitió después en Segunda. También sabe lo que es abandonar Ferrol, pasar dos temporadas con poco protagonismo y regresar cuando las expectativas vuelven a ser altas. No vuelve a un club detenido en el tiempo. Vuelve a uno que necesita reconstruir parte de lo que fue.

Un capitán para los días que no salen

El centrocampista ha insistido en que la temporada será larga y que conviene evitar conclusiones precipitadas. Su experiencia le permite conocer el peso de los pequeños avances y la facilidad con la que una mala tarde puede alterar el estado de ánimo de una afición.

“Las clasificaciones hay que mirarlas a partir de enero”, ha dicho, antes de añadir que también merece la pena revisarlas cuando quedan seis jornadas. Es una manera de recordar que los proyectos no se resuelven en septiembre, aunque los equipos con aspiraciones de ascenso viven bajo la presión de tener que demostrar desde el primer día que están preparados. Eso no significa que Bernal pida paciencia para justificar cualquier resultado. Su discurso es más exigente. El Racing, sostiene, debe salir a ganar tanto en casa como fuera. No basta con competir bien o marcharse satisfecho por haber dado la cara. “Hay que vencer un fin de semana sí y otro también”, afirmó.

La ambición y la paciencia conviven en ese mensaje. Se puede exigir ganar sin pretender que un equipo recién construido funcione como una máquina desde agosto. Se puede recordar que la temporada es larga sin utilizar el calendario como coartada. El regreso de Bernal tras su etapa fallida en Gijón no borra lo que fue capaz de hacer en Ferrol, del mismo modo que su pasado en A Malata no le garantiza repetirlo todo al volver. Tiene que demostrar de nuevo que puede ser importante. La diferencia es que ahora conoce mejor el lugar y llega con la oportunidad de recuperar el tiempo perdido.

Este sábado, cuando el Racing reciba a Unionistas, quizá vuelva a aparecer en el doble pivote. Quizá Javi Vázquez decida adelantarlo en algún tramo del encuentro. Puede que le toque perseguir a un mediocentro rival, tapar un pasillo o convertirse en el primer hombre que salte a presionar. Es probable que haga varias de esas cosas, muchas veces, durante el mismo partido. Si uno espera reconocerlo por una posición fija, puede perderlo de vista ya que será más fácil encontrarlo siguiendo aquello que el partido necesita: un compañero que llega a la ayuda, un espacio que deja de estar libre, una segunda jugada que acaba en pies verdes. Y, si la ocasión lo requiere, también aparecerá cerca del área contraria.

El fútbol suele reservar sus relatos más visibles para quienes se marchan lejos y triunfan. La historia de Jesús Bernal no necesita ese desenlace. Se fue porque tenía una oportunidad mejor, sufrió una etapa que no salió como esperaba y decidió volver a un sitio donde había encontrado algo más que minutos y resultados. Ahora está volviendo a demostrar que sigue siendo el mismo futbolista, aunque juegue en lugares distintos siempre para ayudar a que el Racing vuelva a reconocerse en el espejo. A veces, para reconstruir un equipo, es suficiente firmar a un futbolista que sabe dónde tiene que estar.

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