Juampa Barros: el día que el Reina Sofía le hizo sentirse del Manchester United
El argentino llegó a Unionistas en el verano de 2022, después de quedarse a las puertas de una renovación con el Numancia. En Salamanca descubrió una grada capaz de convertir a un grupo de currantes en un equipo capaz de rozar el playoff de ascenso.
Puedes pasarte media vida golpeando un balón, recorriendo cientos de kilómetros en autobús, jugar en campos donde el viento parece un defensa más y acumular partido tras partido cada fin de semana. Puedes conocer la profesión de futbolista, sus alegrías pequeñas y sus derrotas de domingo por la tarde con más de ocho temporadas. Y, sin embargo, no saber, con casi 200 partidos jugados en Segunda División B, qué significa jugar con una afición detrás.
A Juampa Barros le ocurrió en Salamanca.
“Tú estabas en el campo, en el Reina Sofía, y te sentías jugador del Manchester United”.
Lo cuenta entre risas, en una conversación que repasa su carrera en la entrevista en el podcast Non Vale Fourar, pero la frase parece algo más que una exageración futbolística. Tiene la sorpresa de quien descubre tarde una cosa que llevaba mucho tiempo buscando sin saberlo. Porque Juampa, argentino de nacimiento y gallego de adopción, había jugado ya en unos cuantos sitios antes de ponerse la camiseta blanquinegra. Había conocido muchos vestuarios, entrenadores y gradas, pero no aquello. En Unionistas encontró una manera distinta de vivir el fútbol.
Un teléfono, una decisión y un tren hacia Salamanca
El verano de 2022 encontró a Juampa en una de esas encrucijadas que el fútbol modesto conoce de sobra. Había disputado la anterior temporada con el Numancia, con una renovación que dependía de alcanzar determinados partidos disputados. Se quedó a las puertas de alcanzarlos por lo que su continuidad no terminó de concretarse y el jugador quedó pendiente de elegir su siguiente destino. Entonces apareció Unionistas.
El club salmantino acababa de completar una temporada notable en el estreno de la Primera Federación y buscaba seguir construyendo un equipo capaz de competir contra proyectos con más recursos y nombres de mayor relumbrón. A Juampa le seducía la posibilidad y el momento. La oportunidad llegó pronto, Toni García, el director deportivo de entonces, se encargó de que no se quedara demasiado tiempo dándole vueltas.
“Toni García fue muy insistente: decídelo ya, decídelo ya”, recuerda.
Decidió tras no pensarlo mucho irse a Salamanca sin saber que esa temporada acabaría siendo una de las experiencias que más huella le dejarían. Tanto que, tres años después de su salida, aún recuerda la grada de Unionistas con la emoción de quien ha encontrado algo difícil de explicar a los que no estuvieron allí.
El extremo llegó con el oficio de futbolista aprendido desde abajo, ese territorio en el que la carrera de un jugador se construye a base de insistir. Antes de Salamanca habían quedado el SD Compostela, Racing de Ferrol, el Atlético Astorga, el Coruxo y el CD Ebro. En el mapa de Juampa había muchos kilómetros y la conclusión de que el fútbol profesional exige bastante más que saber jugarlo.
"Éramos unos currantes"
La temporada 2022/23 de Unionistas tuvo algo de desafío a la lógica. La plantilla no era ninguna colección de estrellas y en la categoría había equipos con más presupuesto, jugadores de mayor cartel y proyectos diseñados para mirar hacia arriba desde la primera jornada. Juampa lo recuerda sin rodeos:
“No teníamos el mejor equipo en cuanto a jugadores. Había equipos del top del top y nosotros éramos unos currantes”.
La palabra importa. Currantes. Futbolistas que debían sacar adelante los partidos con sus herramientas, competir contra plantillas más poderosas y encontrar la manera de llegar vivos a los últimos minutos. Pero había algo más.
“Nuestra afición nos llevó a casi hacer un playoff a Segunda División”.
El casi también importa porque en el fútbol modesto, los equipo pequeños no recuerdan las temporadas tanto por lo conseguido sino por lo que estuvo a punto de ocurrir. Una temporada a la que le faltó un partido más, un punto que se quedó atrás en el momento más inoportuno, una tarde que pudo cambiarlo todo. La memoria futbolística suele exigir un desenlace para concederle un lugar en el museo de los recuerdos pero hay cosas que duran más que un puesto en la clasificación, como es el valor de una comunidad.
Juampa había visto imágenes de grandes estadios, gradas entregadas y aficiones capaces de empujar a sus equipos hasta el límite. Lo había visto en la televisión, como cualquiera. Lo extraordinario fue descubrir que aquello también podía sucederle a él, en primera persona, en un campo de Salamanca.
“Nunca lo había sentido hasta que llegué a Unionistas”.
No habla de una afición que anima cuando el equipo gana sino de cómo su presencia transforma la experiencia de jugar. De sentir que la grada no está allí para contemplar el partido, sino que forma parte de él. y que está a su lado cuando recibe el balón, cuando pierde un duelo o cuando necesita volver a intentarlo. Entonces, en su conversación, aparece el Manchester United movido por una sensación que se vive en un estadio. No porla competición que se disputa en él, su tamaño sino por lo que sucede dentro. En el Reina Sofía, Juampa se sintió un futbolista enorme.
Dani Ponz y el arte de convencer a once currantes
Las gradas pueden empujar, estremecer y convertir una tarde corriente en una pequeña ceremonia colectiva, pero alguien tiene que poner el balón en movimiento. En aquella temporada, Juampa encontró en Dani Ponz una figura decisiva. El técnico llegó a mitad de curso, en un momento en el que el equipo acumulaba varias jornadas sin ganar. El problema no parecía resolverse únicamente con una cuestión táctica. Había que tocar algo más profundo: la confianza de una plantilla que necesitaba recordar de qué era capaz.
Juampa explica que el entrenador reunió al grupo y fue repasando las virtudes de cada jugador. Uno por uno. El portero, los compañeros, cada futbolista con sus cualidades. Una conversación de vestuario que cambió la mentalidad del equipo.
“Cambió la psicología, la mentalidad de la plantilla”, cuenta.
El efecto se dejó notar en los resultados. Unionistas empezó a ganar partidos y se midió de tú a tú con rivales de entidad. Entre esas victorias estuvieron las conseguidas frente al Deportivo de La Coruña y el Real Madrid Castilla. El equipo encontró una continuidad competitiva que lo llevó a meterse en la pelea por alcanzar el playoff.
Juampa, además, fue ganando protagonismo. Terminó el curso con 36 partidos, cuatro goles y tres asistencias. Números que explican su aportación, aunque no terminan de contar lo que dejó en Salamanca. Hay una relación entre lo que ocurrió en aquel vestuario y lo que el jugador recuerda de la grada. En ambos casos, alguien le hizo sentir que formaba parte de algo que iba más allá de su rendimiento individual. El entrenador le recordó al grupo lo que tenía. La afición convirtió aquellas virtudes en una fuerza colectiva, en una confianza que en Unionistas consiste en no creerse mejor que el rival, sino en no sentirse inferior. La única forma de competir posible del fútbol popular.
Un balón parado y una memoria que sigue en vuelo
El paso de Juampa por Salamanca dejó también la imagen de su golpeo a balón parado, una barrera y un disparo que terminó dentro de la portería. Su libre directo ante el San Fernando quedó como el primer gol de falta directa de Unionistas en Primera Federación. No fue una aparición milagrosa ni un capricho del azar sino el resultado de un trabajo diario, de la observación y una confianza que el jugador había alimentado durante los entrenamientos.
Juampa recordó que aquella misma mañana habían estudiado vídeos del portero rival. Dani Ponz le había transmitido que, si aparecía una falta en una posición favorable, confiaba en su golpe, ya que habían detectado que el guardameta tendía a desplazarse hacia el lado contrario de la barrera, una pista que podía abrir un hueco. Por la tarde, el balón encontró el camino.
En una categoría donde cada detalle puede decidir una temporada, el gol fue una pequeña demostración del oficio. Mirar, estudiar, repetir. Hacer que una jugada que parece improvisada sea, en realidad, el resultado de muchas horas de trabajo. También marcó ante el Real Madrid Castilla. Pero cuando se habla de su paso por Unionistas, el argentino no se queda en los goles sino que siempre vuelve a la afición, a los cánticos, ese minuto 23 en el que se canta el himno de la antigua Unión Deportiva Salamanca. La sensación única de estar jugando en un escenario que parecía mucho más grande de lo que indicaban sus dimensiones. Juampa recuerda su año en Unionistas por el calor de una grada.
Es probable que Juampa Barros haya trasladado una de las formas más sinceras de explicar lo que Unionistas representa para quienes pasan por allí: el equipo puede cambiar, los jugadores se marchan y las temporadas se suceden, pero algo de aquella experiencia permanece en quienes la han vivido desde dentro.
Regresar por amor al fútbol modesto
Al terminar la temporada, Dani Ponz quiso que Juampa continuara. El entrenador, según cuenta el propio jugador, llamó a varios de los futbolistas con los que quería seguir trabajando. El argentino estaba entre ellos pero en aquel momento en su decisión tenía más importancia otra cosa. Tenía alrededor de treinta años y quería volver a casa. La SD Compostela le ofreció un proyecto de dos temporadas, con la intención de contribuir al crecimiento de un club que aspiraba a ascender a Primera Federación.
Juampa decidió dar ese paso como una elección personal y profesional.Puedes estar en un lugar donde te sientes querido y, al mismo tiempo,sentir que la vida te indica que elijas otra dirección. Después llegaron nuevas etapas, otras dificultades y una realidad que el fútbol modesto conoce demasiado bien: no siempre basta con tener una carrera a las espaldas para encontrar un equipo en el que continuar.
Tras su paso por el San Fernando, Juampa pasó nueve meses sin club. Hasta que el CD Boiro volvió a abrirle una puerta. El argentino regresó al equipo gallego en el que ya había militado años atrás, dispuesto a aportar experiencia y fútbol a un proyecto que busca pelear por el ascenso. La noticia de su vuelta tuvo algo de declaración de principios. El fútbol no siempre concede una segunda oportunidad cuando uno la necesita. Tampoco garantiza que el próximo destino sea el definitivo. Pero hay jugadores que siguen presentándose, siguen entrenando, siguen esperando una llamada y, cuando llega, vuelven a ponerse las botas.
Juampa ha conocido esa incertidumbre. También ha conocido el otro lado: el de una grada que consigue que un futbolista se sienta más importante de lo que jamás había imaginado. Por eso su recuerdo de Unionistas tiene algo especial que todavía conserva.
El fútbol popular siempre es un modelo de resistencia a partir de reunir a un grupo de currantes y convencerlos de que pueden competir contra cualquiera, y, al mismo tiempo, haciéndoles sentir que no están solos. En Salamanca, Juampa Barros lo vivió en su piel. Durante una temporada, en el Reina Sofía, un extremo argentino que se había ganado la vida recorriendo campos modestos se sintió jugador del Manchester United gracias a toda una grada cantando a su lado en las buenas y en las malas.
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