Mario Simón: "En Unionistas me sentía en casa"
El entrenador manchego recuerda su temporada en Salamanca con motivo de su participación en el libro «En las buenas. En las malas. Unionistas». Hablamos largo y tendido con tiempo para explicar por qué decidió no continuar pese a sentirse querido y describe la vida de un técnico que espera una llamada sin dejar de preparar el siguiente trabajo. En su memoria permanece una derrota ante el Celta Fortuna que terminó siendo tan importante como algunas de las victorias posteriores.
Mario Simón llegó a Unionistas de Salamanca con la temporada empezada, tres derrotas a la espalda y una tarea que no admitía demasiadas contemplaciones: devolverle la confianza a un equipo que todavía no había encontrado su sitio. Meses después, el equipo acabó clasificándose para la Copa del Rey y se quedó a las puertas del playoff. Entre medias hubo victorias, derrotas difíciles de explicar, una grada que decidió no dejar solo al equipo cuando peor pintaban las cosas y una idea de juego que terminó convirtiéndose en una identidad reconocible.
Ahora, con la distancia que da el tiempo, Simón repasa aquella temporada, habla de la importancia de los vínculos en un vestuario y explica por qué decidió cerrar su etapa en Salamanca. También cuenta cómo se prepara un entrenador sin equipo: kilómetros de carretera, partidos en directo, reuniones de trabajo y una profesión en la que, por mucho que uno se organice, nunca sabe cuándo va a sonar el teléfono.
"Creces mucho en las situaciones de dificultad"
Han pasado unos meses desde que terminó tu etapa en Unionistas. ¿Cómo recuerdas ahora aquella temporada?
Mi experiencia en Unionistas fue fantástica. Es una de esas experiencias que sabes que vas a recordar toda la vida, porque te marcan. Como entrenador he vivido otras situaciones difíciles que guardan cierta semejanza con la de Salamanca. Recuerdo, por ejemplo, la temporada 2017-2018, cuando llegué al Lorca en unas circunstancias parecidas. Allí conseguimos construir un grupo de trabajo muy bueno, con jugadores como Mawi o Carlos Cristeto, aunque no logramos el objetivo de la permanencia. Aun así, salí con la sensación de haber hecho un buen trabajo y recuerdo aquella experiencia de forma muy gratificante.
Creo que los entrenadores crecemos mucho más en las situaciones de dificultad. Te obligan a dar un paso adelante, a buscar soluciones y a ofrecérselas a los jugadores. Pero también te exigen en cuestiones que tienen que ver con el carácter, la comunicación y la capacidad de convencer. Todo eso se pone más a prueba cuando los resultados no acompañan que cuando las cosas van rodadas. Una temporada como la que vivimos en Unionistas supone un desafío profesional y personal.
Llegaste con la competición ya empezada. ¿Hasta qué punto condiciona el trabajo de un entrenador incorporarse a un equipo sin haber participado en la pretemporada?
Muchísimo. Creo que no se valora lo suficiente la importancia que tiene la pretemporada. Es el momento en el que más puedes trabajar los conceptos, transmitir tus ideas y definir qué quieres que sea tu equipo y cómo quieres que juegue. También te permite conocer a los futbolistas en situaciones reales de partido y darles oportunidades a todos. Cuando empieza la competición, resulta mucho más difícil ser justo y encontrar esos minutos para observar a cada jugador.
La pretemporada te proporciona una base desde la que crecer. En Unionistas no tuvimos esa posibilidad, así que desde el primer momento nos centramos en encontrar soluciones para mejorar el nivel competitivo del equipo. Tuvimos la suerte de encontrarnos con una plantilla con unas ganas enormes de trabajar, abierta a las propuestas y con una gran predisposición para demostrar de lo que eran capaces.
Cuando llegamos y pudimos conocer al grupo en el día a día descubrimos su verdadero potencial. No solo vimos su nivel futbolístico, sino también el humano y el físico. Esos aspectos te ayudan a entender qué teníamos entre manos y hacia dónde podíamos llevar al equipo. Después de las primeras sesiones pudimos orientar la idea de juego a las características de la plantilla y, a partir de ahí, trabajar para que el equipo se acercara progresivamente a ella.
Pero no fue llegar y empezar a ganar. ¿Cómo se consigue que un vestuario que viene de encadenar malos resultados crea en una propuesta nueva?
No. No fue llegar y que todo saliera bien desde el primer entrenamiento. Nosotros llegamos con una idea, pero es normal que los jugadores reciban las propuestas con ciertas dudas cuando la competición ya ha empezado y el equipo viene de tres derrotas. Los malos resultados van minando la confianza y terminan afectando a la manera en que se afrontan los partidos.
En nuestro caso, las dudas se fueron disipando gracias al trabajo diario de los jugadores, del cuerpo técnico y de todas las personas que hacen que Unionistas salga adelante. El comienzo no fue sencillo: ganamos al Avilés, perdimos contra el Arenas en Getxo y después contra el Celta Fortuna en casa. Sin embargo, pensábamos que lo que estábamos construyendo podía funcionar.
Luego llegaron las victorias contra el Mérida y el Tenerife. La segunda fue importante por el resultado, pero también por la forma de conseguirlo. A veces no es solo ganar, sino cómo ganas lo que te permite cambiar una dinámica y convencer al grupo de que el camino es el adecuado.
Has señalado en más de una ocasión que la derrota contra el Celta Fortuna fue especialmente importante. ¿Qué ocurrió en aquel partido?
Fue un partido que nos permitió ver cosas que quizá el resultado no reflejaba. El equipo fue protagonista con el balón, presionó arriba y consiguió recuperar muchas pelotas cerca del área rival. Tuvimos seis o siete robos en zonas muy peligrosas. Cuando analizamos el encuentro el lunes, intentamos que los jugadores vieran todo eso. Les explicamos que, aunque habíamos perdido, habían sido capaces de competir haciendo muchas de las cosas que queríamos.
Y hubo otro elemento fundamental: la reacción de la grada al terminar el partido. Una parte importante de los aficionados se quedó para animar a los jugadores pese a la derrota. Aquello reforzó el mensaje que estábamos intentando transmitirles durante la semana. El equipo podía jugar de esa manera, había motivos para creer y la gente seguía estando de nuestro lado. Después volvimos a hacer muchas de esas cosas contra el Mérida y ganamos. Y repetimos el planteamiento en Tenerife. Esa sucesión de partidos nos permitió construir una identidad que los jugadores terminaron asumiendo como propia.
¿Fue entonces más importante aquella derrota que la victoria en el Heliodoro Rodríguez López?
Desde mi perspectiva, sí. La victoria en Tenerife fue muy importante, por supuesto, pero el partido contra el Celta nos dio la posibilidad de mostrarles a los jugadores que el camino era válido incluso cuando el resultado no acompañaba. En Tenerife, con los goles de Pere Marco y Jan Encuentra y el trabajo de todo el equipo, esa idea encontró una recompensa.
Nuestro principal logro fue crear una identidad reconocible, algo que los jugadores sintieran como suyo. No fue fácil, porque tuvimos que hacer ajustes durante la temporada y también fuimos perdiendo piezas, como Abde, Gastón Valles, Iván Moreno o Álvaro Santiago, mientras llegaban otros futbolistas. Pero creo que conseguimos mantener una línea de trabajo.
Eso fue posible por la calidad de los jugadores, pero también por su nivel humano. En Unionistas encontré una plantilla excepcional en ese sentido. Había muy buena materia prima y nuestro trabajo estuvo muy centrado en que los jugadores recuperaran la confianza en ellos mismos y en el colectivo.
"La derrota ante el Celta Fortuna nos hizo ganar"
Cuando llegaste, el equipo no solo arrastraba las derrotas de las primeras jornadas. También venía de una permanencia agónica la temporada anterior. ¿Percibiste que esa situación había dejado huella en el ambiente?
Sí. Creo que quizá no se habló lo suficiente de ello. Además de las dudas que generaba el mal comienzo, había una atmósfera que venía de la temporada anterior, de aquella salvación sobre la bocina en la última jornada en Barcelona. Eso había dejado una especie de nube gris sobre la afición.
Unionistas necesita que la grada sea capaz de reconocer el trabajo aunque el resultado no llegue inmediatamente. No hablo de que no se pueda ser exigente o crítico, sino de entender que el equipo necesita tiempo para crecer. La afición y el ambiente que se genera alrededor son una parte fundamental para que un club como este pueda sostenerse. Nosotros no solo teníamos que recuperar la confianza de los jugadores. También debíamos reconectar con la masa social y conseguir que todos volviéramos a empujar en la misma dirección.
¿Qué importancia tuvo aquel aplauso después de perder contra el Celta?
Para mí fue un momento muy importante. El equipo estaba en una situación complicada y, cuando pierdes, lo normal es que los jugadores se marchen a casa cabizbajos, con la sensación de que no han hecho las cosas bien y con una presión añadida. A veces, incluso, sienten que les va a costar salir a la calle.
Aquel día, en cambio, mucha gente se quedó en su sitio para animarlos. Les trasladó ilusión y energía. Les hizo ver que, aunque los resultados no estaban llegando, la afición seguía creyendo en ellos. Eso tiene un impacto enorme en cualquier futbolista. Y, apenas dos semanas después, vivimos el recibimiento en el aeropuerto de Tenerife. Llegar y encontrarte con doscientas o trescientas personas esperando al equipo, cantando y animando, es algo que te marca. No es habitual vivirlo en el fútbol de esta categoría. Para quienes estuvimos allí fue un privilegio y una de las cosas que hacen de Unionistas un club tan particular.
El fútbol está muy condicionado por los resultados, y cuando las cosas van mal todo tiende a volverse negativo. Pero la afición fue capaz de darle la vuelta a esa situación y demostrar que estaba dispuesta a acompañarnos en el intento de cambiarla. El equipo y la grada volvieron a caminar juntos. Eso nos ayudó a desarrollar el potencial que sabíamos que teníamos.
¿Qué te había convencido de la plantilla antes de firmar?
Conocía a varios jugadores y sabía lo que habían sido capaces de hacer en otros equipos. Antes de firmar había visto al equipo en directo contra Osasuna Promesas, en el Reina Sofía, y también contra el Guadalajara. Mi impresión era que teníamos una plantilla joven, con futbolistas de buen nivel, aunque algunos todavía no habían tenido continuidad en la categoría o no habían disfrutado de un papel protagonista. Creía que podían dar ese paso si apostábamos por ellos. Eso no significa que no fueran a cometer errores. Formaban parte del proceso de crecimiento y había que asumirlo. Si quieres que un jugador joven se convierta en importante, tienes que darle confianza y aceptar que habrá momentos en los que todavía esté aprendiendo.
¿Qué te llevó a aceptar la propuesta? ¿Fue una decisión meditada o necesitabas volver a entrenar cuanto antes?
Venía de mi única experiencia negativa en el fútbol, la del Intercity. Estuve allí apenas dos meses. Llegué a finales de noviembre y salí poco después de Navidad. Fue una situación especial, porque sentí que no había tenido tiempo ni siquiera para equivocarme. Entre el parón navideño y los partidos que disputamos, apenas pudimos trabajar de verdad en el proyecto. Me fui con cierta frustración, con la sensación de no haber tenido tiempo para desarrollar lo que quería hacer.
Antes había pasado dos años en el Real Murcia. Conseguimos el ascenso a Primera Federación y después mantuvimos bien la categoría, aunque nos quedamos fuera del playoff. En verano buscaba un proyecto de mayor ambición, pero no apareció. Después de lo que había sucedido en el Intercity, mi intención era incorporarme cuanto antes a un equipo y disponer del máximo tiempo posible para trabajar.
Cuando me llamó Antonio Paz, pensé que la plantilla de Unionistas tenía argumentos suficientes para mantener la categoría. Si hubiera entendido que el objetivo era entrar en playoff, no habría firmado, porque no era lo que veía en aquel momento. Creía que podíamos competir y evitar apuros. Pero hubo también algo más difícil de explicar. Había estado en el Reina Sofía la temporada anterior, en un partido contra el Andorra, y no me había llevado aquella sensación. Sin embargo, cuando fui a ver al equipo contra Osasuna Promesas, a finales de agosto, salí del campo pensando que me gustaría entrenar allí. Me gustó el ambiente, la forma en que la gente animaba y lo que percibí alrededor del club. Fue un flechazo.
Tres semanas después me llamó Antonio Paz. Además, todas las personas que habían pasado por Unionistas con las que pude hablar me hablaron muy bien del proyecto. Varios antiguos jugadores me escribieron cuando supieron que había firmado y me dijeron que iba a ser una experiencia que me marcaría. Creo que incluso se quedaron cortos.
¿Qué es lo que hace que Unionistas deje esa huella en quienes pasan por el club?
La afición, el sentimiento de pertenencia y la forma en que la gente está pendiente de que te encuentres bien. Quieren a su club y tienen una identidad muy fuerte. Eso se nota en el día a día, en la cercanía y en la disposición a ayudarte. Hay detalles que desde fuera pueden parecer pequeños. Por ejemplo, que el vestuario del cuerpo técnico esté junto al de los jugadores. Al principio me resultó extraño. Sentía que podíamos estar invadiendo un espacio de intimidad de los futbolistas. Pero, después de una semana, entiendes que es una manera de reforzar la cercanía y de que todos se sientan parte de lo mismo. No hay una separación tan marcada entre el cuerpo técnico y los jugadores. Todos formamos parte del equipo y queremos conseguir los mismos objetivos. Esa sensación de unidad, de apoyo continuo entre jugadores, técnicos, dirección deportiva y club, acaba dando un valor añadido al proyecto.
"Antes que el jugador está el equipo"
Has hablado mucho de la importancia del componente humano. ¿Hasta qué punto puede condicionar la temporada la forma en que se relacionan los jugadores dentro del vestuario?
Muchísimo. En un club como Unionistas, el componente humano de la plantilla es muy importante. Cuando llegas a mitad de temporada, tu capacidad para influir en ese aspecto es limitada, porque las plantillas se construyen en verano y no has podido trabajar con los jugadores durante la pretemporada. Tienes que adaptarte a lo que encuentras.
Las relaciones personales influyen en la dinámica del grupo. Hay jugadores que tienen familia, otros que son solteros, algunos son de Salamanca y otros vienen de fuera. Esas circunstancias hacen que se formen grupos y que las personas conecten de maneras distintas. El reto es conseguir que, más allá de esas relaciones, todos compartan un objetivo común. En Unionistas tuve la suerte de encontrar un grupo con un nivel humano extraordinario. Eso no quiere decir que todos tuvieran que ser amigos de todos, sino que había una disposición muy buena para trabajar juntos. Y eso termina teniendo consecuencias en el campo.
El entrenador toma decisiones que afectan a los jugadores, pero también a las relaciones entre ellos. ¿Cómo se gestiona esa responsabilidad?
Los entrenadores debemos intentar que los jugadores entiendan que las decisiones se toman buscando lo mejor para el equipo y, después, para cada uno. Nuestro primer objetivo es cumplir lo que nos pide el club. Si el objetivo es la permanencia, ese debe ser el objetivo principal. Pero también tenemos una responsabilidad con el desarrollo individual de los futbolistas. Si un jugador tiene facilidad para generar juego de espaldas, pero necesita mejorar en el remate, trabajar ese aspecto puede ayudarle a marcar más goles. Y esos goles benefician al jugador, al equipo y al cuerpo técnico. El crecimiento individual y el colectivo están relacionados.
Ahora bien, el objetivo colectivo tiene que estar por encima del individual. Si Unionistas hubiera descendido, probablemente algunos jugadores no habrían tenido las mismas oportunidades que han encontrado después. Pienso, por ejemplo, en Juanje o Víctor Olmedo, que venían de descender con el Yeclano. Si hubieran acumulado otro descenso, quizá hoy no estarían en los equipos en los que están.
Por eso intentamos que los jugadores entiendan que lo que le sucede al equipo también repercute en su carrera. A partir de ahí, el cuerpo técnico debe explicar las decisiones con claridad. Puede haber un futbolista que esté rindiendo muy bien y que, por las características del siguiente rival o por el plan de partido, no encaje en el once. Eso no significa que esté entrenando mal o que haya dejado de ser importante. Significa que, para ese encuentro concreto, creemos que otro compañero puede ayudarnos más. Nos equivocaremos, claro. Basta recordar algunos partidos de la temporada pasada. Pero los jugadores deben saber que las decisiones no se toman para favorecer a uno u otro, sino buscando el mejor rendimiento colectivo.
¿Cómo se consigue que un jugador que pierde la titularidad acepte esa explicación?
Con cercanía y trabajo diario. Intento reunirme cada semana con tres o cuatro jugadores para hablar de su situación personal, familiar y deportiva. Es importante estar cerca tanto del que juega como del que no juega. De hecho, creo que hay que prestar especial atención a quienes tienen menos minutos. Un jugador puede dejar de jugar porque un compañero está en un gran momento, porque acaba de salir de una lesión o porque el futbolista que ha entrado en su posición está ofreciendo un buen rendimiento. Hay muchos factores. Lo importante es que el que se queda fuera no baje los brazos ni se resigne.
Para mí, un buen grupo es aquel en el que cada jugador acepta el papel que le toca en cada momento sin renunciar a competir. Debe respetar a su compañero, reconocer cuándo está haciendo las cosas bien y trabajar para ponérselo difícil al entrenador. Su oportunidad llegará y tiene que estar preparado para aprovecharla.
La competencia interna puede fortalecer al grupo si se entiende bien. El jugador debe respetar al compañero, pero también exigirle el máximo. Las dos cosas son compatibles.
¿Ese trabajo individual también explica decisiones futbolísticas importantes de la temporada, como el papel de Jota López en el centro del campo?
Sí. Una de las cosas que fuimos viendo fue que Jota podía ayudarnos mucho por dentro. Tenía personalidad, quería el balón y era capaz de conducir, romper líneas y conectar con los compañeros. Era un futbolista que podía darnos soluciones en la generación del juego.
Cuando lo colocamos en una posición más centrada, junto a Juanje, buscamos que recibiera más balones y pudiera participar en el juego desde una zona en la que sus características fueran más útiles. Trabajamos para que el equipo entendiera que debía encontrarlo. Lo probamos contra el Mérida y el resultado fue bueno. Al principio podía haber dudas por su trabajo defensivo, pero fue creciendo en esa función. A medida que se sintió más cómodo, también fue mejorando en los aspectos que le exigía la posición. Es un ejemplo de cómo el trabajo colectivo y el individual deben ir de la mano: encontrar un lugar en el que el futbolista pueda aportar sus virtudes y, al mismo tiempo, ayudarle a mejorar aquello que necesita el equipo.
"Sabes que eres injusto con los jugadores, pero la competición aprieta"
A partir de las victorias ante Mérida y Tenerife, en los siguientes partidos, el equipo enlazó muchos encuentros dejando la portería a cero. En ese tránsito hasta el mes de enero, es verdad que el equipo deja buenas sensaciones pero los resultados no permiten lanzar las campanas vuelo porque el equipo no conseguía salir de las posiciones de peligro. ¿Cómo manejas ese tránsito sabedor de que estáis haciendo las cosas bien pero que la realidad no termina de sacaros de los puestos de descenso? Entiendo que como entrenador te ves ubicado en una posición difícil de cara a reforzar el mensaje.
La sensación que teníamos era de que íbamos, antes o después, a estar fuera de esas posiciones de peligro aunque el equipo no terminaba de despegarse de esa zona que tanto preocupa, con razón, a todos y que te puede llevar a cierta precipitación. Teníamos claro que habiamos empezado la temporada con un debe de nueve puntos que, a poco que se hubiese sumado, figúrate lo que nos hubiera dado a final de temporada.
Era importante que nos quedáramos atrapados en echar de menos esos puntos. Por eso, aunque pasaban las jornadas y no terminábamos de salir nosotros tratábamos de reforzar que si contábamos lo conseguido desde la jornada cuatro ante el Real Avilés, teníamos la evidencia de que estábamos en el camino de alcanzar el objetivo. Que no debíamos caer en el nerviosismo y confiar en lo que estábamos haciendo aunque los resultados en esos meses de noviembre y diciembre no terminasen de ser los mejores. Que nos iba a costar un poco más conseguir la permanencia porque veníamos con tres jornadas de retraso , sí, pero eso no debía ser impedimiento para conseguir el objetivo.
Así intentamos siempre hacer olvidar esas tres primeras jornadas y centrarnos en el proceso de lo que estábamos viviendo y siendo capaces de conseguir. Hacerles ver que estábamos en línea ascendente, sumando puntos y, ante todo, descubrir que cada jornada que pasaba íbamos estando cada vez mejor. Además, en ese tránsito el calendario no fue el más amable porque tocó jugar con equipo duros y que, al final, todos los equipos van sumando puntos pero que debíamos estar tranquilos porque íbamos por el camino correcto. Y esa tranquilidad era posible porque veíamos el trabajo diario, cómo lo reflejábamos el día de partido y porque íbamos conociendo más a fondo a los jugadores.
Cuando llegamos, como te digo al no haber tenido pretemporada, sabes que eres injusto con los jugadores porque la competición de aprieta y no puedes ofrecer oportunidades a los jugadores para conocer su nivel. Por ejemplo, estaba el caso de Jan Encuentra. Con el anterior entrenador no había llegado a debutar y con nosotros lo hizo ante el Arenas de Getxo saliendo los últimos cinco minutos. Al partido siguiente, sale de titular pero con mucha incertidumbre acerca de cuál podía ser su rendimiento. Sin una pretemporada en la que hubiésmos podido ver su nivel toda la información que disponíamos eran esos cinco minutos ante el Arenas y otras muchas incertidumbres que fuimos resolviendo por el camino.
A mayores estuvieron el caso de Palmero o de Prada que nos fueron apareciendo en el camino y que fuimos capaces de resolver siendo un muy buen equipo, un muy buen grupo. Dentro de la competición siempre te vas a ver enfrentado a dificultades, luego estarán los problemas personales ya sea en forma de lesiones o de otro tipo, a lo que sumamos también el caso de Palmero que nos estalló según íbamos de viaje a disputar el partido ante el Arenas de Getxo. En ese trayecto nos llaman para decirnos que no puede, que lo van a sancionar y que se desconoce durante cuánto tiempo. Entonces, cuando llegamos de Tenerife el único lateral izquierdo que nos queda es Raúl Prada pero, después haber jugado el partido completo sin problema le surge un problema de espalda que hace que estemos tres meses sin poder contar con él.
Por eso, dentro de todo el trayecto que fue la campaña pasada hemos de decir que no fue un camino fácil pero que lo fuimos recorriendo de forma acertada con mucho trabajo y, sobre todo, por una buena plantilla y por la mucha calidad humana que había en el vestuario.
"La gestión de la portería siempre es complicada"
Dentro de todos esos problemas, uno que le viene a la mente enseguida a todos los aficionados es el de la portería. Primero la apuesta es por Unai Marino que llegado un momento reconoce haber atravesado problemas de autoestima y al final del mercado de invierno se da su salida. En ese mercado aparece Salvi Carrasco que tampoco termina de dar el rendimiento esperado. ¿Hasta qué punto afectan esas dudas en relación al rendimiento del que es el sostén de la confianza del equipo como es el portero?
Al final, nosotros, como te he dicho antes, con nuestras características lo que queríamos era un equipo alto, que presionara lo más arriba posible al rival, que no le dejara jugar y que eso provocara que estuviésemos muy lejos de nuestra portería. Lo hacíamos porque no nos importaba tener que correr a nuestras espaldas cuando fuera necesario. Pero esa propuesta que era en la que creíamos no la aplicábamos porque tuviésemos desconfianza hacia nuestros porteros.
Cuando llegamos le deimos mucha confianza a Unai, que venía de un proceso de dudas, sobre todo a raíz del error que provocó el gol de Dani González para Osasuna Promesas. Una acción en la que sí, probablemente él entendía que podía haber hecho algo más. Como decía a nuestra llegada entendimos que era nuestro portera y debíamos darle mucha confianza. Tuvimos muchas semanas de confianza en él, que se ganó por su buen trabajo, haciendo muy buenos partidos y dando mucha seguridad al equipo encadenando una secuencia de varias porterías a cero consecutivas. Gracias a ello el equipo pudo crecer y ser más agresivo, un equipo más alto.
Bien es verdad que, cuando llegó el mes de enero empezamos a tener ciertas dudas. Decidimos apostar por Marco para el partido ante el Lugo, también porque Unai no se encontraba bien ya que estaba afectado por un virus, lo hizo muy bien y decidimos darle continuidad. Ahí aparecieron las dudas a nivel de cuerpo técnico y también del club acerca de cómo gestionaría Unai la situación. Porque podría darse que Marco continuase siendo el titular hasta el final de temporada. No sabíamos cómo afrontaría Unai el dia que tuviese que volver a jugar.
Con Marco no teníamos ninguna duda, porque le veíamos en el día a día y nos daba mucha seguridad, pero sí las teníamos con Unai en relación a lo que había pasado ya a inicio de temporada con ese episodio un poco de estrés o ansiedad, y ahí como club teníamos dudas, aunque Unai es un profesional de diez y un chico excepcional. Un muy buen portero pero que en Unionistas no vivió sus mejores meses. Y, al final del mercado, el club valora un poco la posibilidad de hacer cambios en la portería y así es como llega Salvi Carrasco.
Salvi venía de no jugar. Marco estaba dándonos un buen nivel y no fue hasta que jugamos ante Osasuna cuando decidimos que entrara Salvi. Fue desde ese día nuestro portero titular hasta el día del Bilbao Athletic. Era un portero con una planta excepcional y con buenos recursos en portería, un buen juego aéreo. Creo que cuando le tocó jugar estuvo bien, tuvo un rendimiento bueno pero igual no al nivel top que esperábamos nos hubiera podido ofrecer. Creo que estuvo bien, no llegó a estar notable. El día del Bilbao Athletic cometió ese error en la cesión que al final, nos volvió a instalar las dudas en la portería, por lo que decidimos que volviese Marco a ser el portero titular.
La gestión de la portería es siempre complicada. Requiere mucho tacto. Es una posición que siempre demanda una estabilidad. Uno no puede estar cambiando constantemente esa posición, porque cambiando constantemente a quien ocupa esa posición traslados lo contrario a lo que pretendes. No es habitual que una portería, como el pasado año cuando empezamos con Unai, luego dimos entrada a Marco que lo hizo muy bien y Salvi, que entró en la tercera o cuarta semana una vez que llegó, fuesen tres porteros quienes se repartieran, casi por igual, los partidos. Al final son cambios, pero lo más importante es tener siempre esa posición bien cubierta. Tener a todos los jugadores preparados para lo que toque, para ser profesionales y ofrecer un rendimiento que es lo que al final como equipo necesitamos.
"Enero es el mes más complicado para todos los equipos"
Dentro de las dificultades de la pasada temporada una tuvo nombre propio: Barakaldo. Los dos partidos ante el conjunto de Imanol de la Sota fueron en los que se vió a un Unionistas inferior al rival pero, sobre todo, incapaz. En el primer partido, un día 3 de enero, recibiendo un 5-0 y en marzo en casa de nuevo derrota sin paliativos con un 0-3. ¿Cómo vives como técnico esa frustración de ver que la idea de partido y lo trabajado en la semana no ha salido ni se ha visto reflejado en el campo?
La verdad es que en los dos partidos ante el Barakaldo no estuvimos ni cerca de ganar, ni tan siquiera de sacar un empate. En el cómputo general de la temporada creo que en todos los partidos tuvimos opciones. El primer partido en Lasesarre, no sé si por una cuestión de las vacaciones de navidad, ese pequeño parón que quieras o no afecta y te hace llegar con dudas al primer partido tras ese descanso tuvo su papel. Nuestra plantilla, a diferencia de la del Barakaldo, casi todos los chicos son de fuera, de muy lejos de Salamanca, lo que provoca cierta distracción en la vuelta. Por su parte, la plantilla del BArakaldo la gran mayoría son jugadores de la zona y eso ayuda. Además, estuvo la nochevieja de por medio… Sin excusas, la verdad es que el día en Lasesarre no estuvimos nunca en el partido. Fuimos muy inferiores. Vi un equipo completamente desdibujado, anticompetitivo y lo opuesto a lo que veníamos siendo en los meses anteriores desde el primer minuto. Es más, al descanso ya llegamos con un 4-0. Fue un día en que estuvimos no solo por debajo de nuestro nivel, sino del nivel que debe tener un equipo de Primera Federación.
El motivo de que ese día saliese así lo desconozco. Se juntó esa vuelta de vacaciones que siempre obliga a hacer un esfuerzo extra para readaptarte y también que el mes de enero siempre es un mes complicado y difícil para todos los equipos. Se vuelve a abrir el mercado y eso influye mucho. Soy de la opinión de que sería adecuado hacer una revisión para que el plazo de los mercados de fichajes se redujesen porque al final estás todo un mes ya en plena competición, jugándote muchas cosas, moviéndote en la inestabilidad de su una jugador va, un jugador viene… Todo eso provoca que el equipo de desestabilice y, al mismo tiempo, percibes al jugador mucho más despistado porque al final está más pendiente de si la semana que sigue va a marcharse.
Nosotros en ese mercado no queríamos hacer muchos cambios pero que al final sí terminaron por producirse. Hubo jugadores que pidieron salir porque no estaban participando lo que les gustaría y otros que salieron porque vinieron otros clubes a por ellos. Eso provoca que durante unas semanas una parte importante de la plantilla no esté totalmente centrada en el trabajo.
Volviendo a los duelos ante el Barakaldo, en el partido ya en el mes de marzo en el Reina Sofía volvimos a ser menos Unionistas de lo que habíamos sido en la temporada.
El Barakaldo era un equipo con muy buenos y variados registros ya que era capaz de jugarte, de combinar, de presionar arriba y muy atrevido. Además, si ibas a buscarle arriba te generaba situaciones de uno contra uno en defensa. Junto a eso tenían el añadido de ser muy buenos en las disputas de balón, en las segundas jugadas.
Ante esa propuesta de juego del Barakaldo no supimos respetar nuestras señas de identidad. Dudábamos entre ir a por ellos o esperar un poco atrás. No fuimos los que veníamos siendo y fuimos el resto de partidos. En el partido del Reina sí que traté de ajustar algo de partida para reducir el impacto de la velocidad de sus jugadores de arriba y las situaciones de juego de espaldas, de esas segundas jugadas, a través de una propuesta en la que estuviésemos un poco más arropados y lo que provocaron esas decisiones es que dejásemos de ser nosotros. Algo que sí habíamos respetado durante todo el año, independientemente del contexto, del campo y del rival ya fuese en Tenerife, Ferrol o en Vigo.
Si los duelos ante el Barakaldo representan el borrón, dos días en los que realmente el equipo hizo todo lo que podía, no mostró todo su potencial, sí que hubo otros en los que el equipo mostró un nivel muy alto. ¿Cuáles serían esos encuentros en los que el equipo fue desde el minuto uno hasta el noventa, al ciento por ciento, el equipo querías ser?
Hubo muchos partidos en los que estuvimos a un nivel muy alto. Muchos en los que sin haber estado al cien por ciente durante todo el partido fuimos capaces de tener un gran rendimiento y poner en práctica nuestra propuesta de juego. Por ejemplo, el partido que jugamos en Avilés, aunque termina en empate, es un encuentro en el que estuvimos a un nivel altísimo. El partido en A Malata ante el Racing de Ferrol que se acabó perdiendo en la última jugada por un mal pase atrás. El partido en Tenerife, no tanto por el resultado, sino por el mérito de lo que hicimos allí estando en la situación en la que estábamos.
Los dos partidos ante el Real Madrid Castilla también dimos un rendimiento muy alto. El partido en el Reina Sofía, un viernes noche, con el frío que hacía hicimos un encuentro excepcional. Ser capaces de ganar y terminar goleando a un equipo como el Castilla con un potencial enorme con jugadores como Palacios que ahora juegan Premier League, o Pitarch que alcanza el primer equipo y otros que ya están en el fútbol profesional dice mucho de lo que fuimos capaces de hacer esa noche.
El partido en Valdebebas fue también un partido en el que rendimos a un nivel excelente. Fue un partido que, con un poco de acierto que hubiésemos tenido, lo habríamos ganado. Ese día ante el Castilla el director de cantera del Real Madrid vino a felicitarnos incluso tanto al cuerpo técnico como a los jugadores por el gran partido que habíamos realizado. Algo que también pasó al acabar el duelo en Avilés, en el que jugadores que han tenido recorrido en el fútbol profesional como Natalio o Campabadal vinieran a felicitarnos igualmente por el partido que habíamos realizado.
Esas felicitaciones tanto al cuerpo técnico como a los jugadores, aunque el resultado no hubiese sido el deseado, nos reafirmaban en lo que somos y en cómo estábamos trabajando cada semana. Creo que, además de los resultados, es muy importante para un equipo recibir ese tipo de señales.
"Nos faltó capacidad para convencer a la plantilla de que podíamos alcanzar el playoff"
La temporada acaba con el equipo clasificado para la Copa, algo impensable cuando llegasteis, pero durante el último mes y medio estuvo el runrun de la posibilidad de llegar al playoff. Finalmente el equipo se quedó a un paso de conseguirlo. Se fueron puntos en algunos partidos como en Avilés con un penalti fallado por Olmedo, otro de Álvaro Gómez ante la Ponferradina… ¿Dónde crees que se quedaron esos puntos que podían haber aupado al equipo hasta el playoff de ascenso?
Sí, como dices, hubo muchos partidos que terminamos con la sensación de que no hemos habíamos merecido más. El caso que mencionas del partido en Ponferrada que terminamos perdiendo no se correspondía con las sensaciones. El partido acabó 3-1. Pero la sensación con la que salimos, a parte del penalti fallado justo antes del descanso cuando íbamos 1-0. es que , si expulsan a Mounir en el minuto 85 es que podíamos haber levantado el partido. Un partido en el que íbamos 3-0 pero en el que tuvimos ocasiones, muchos control y con el equipo jugando en campo contrario en muchos tramos del partido.
Hay otro partido en el que también se nos fueron puntos. Frente al Bilbao Athletic era un partido que teníamos que haber sido capaces de sacar adelante. Un partido en el que no estuvimos al nivel de otros partidos. Pese a hacer un mal partido. Fue el partido en el que se produce esa acción de la cesión de Salvi que les pone por delante pero, apenas un minuto después, Pere Marco consigue empatar. Y llega la incomprensible expulsión de Mounir en un momento clave. Habíamos conseguido empatar y, llegados a ese punto, en un mal partido pero con el gol del empate habíamos conseguido que la afición se metiese en el partido y creo que lo podríamos haber sacado adelante de no ser por esa roja que nos dejó casi media hora en inferioridad. En ese momento pasamos de estar en situación de poder ganar el partido a sobrevivir, tanto que nos salvamos por los pelos ya que ellos tuvieron una ocasión que acabó en el palo en los minutos finales.
Otro encuentro que me deja un poco con la sensación de haber sacado puntos fue el encuentro que comentábamos antes ante el Real Madrid Castilla en Valdebebas. Un partido en el que creo que por méritos podíamos haber sumado un punto más.
Y, por último estaría el partido de Mérida. Bien es verdad que podíamos venir con el equipo un poco en situación de bajada que nos había dejado el partido ante el Bilbao Athletic. Después de ese partido ante el Bilbao y la derrota ante el Castilla tuvimos unas charlas serias con los jugadores,a los que veíamos un poco dejándose ir, de que teníamos que seguir peleando porque si ganábamos al Mérida íbamos a seguir teniendo opciones de entrar en playoff. Si por un lado te digo que no hubo problema para convencerles de que no íbamos a tener problema para salvarnos tanto por nivel individual, como colectivo como por calidad humana y vestuario. Por otro, sí que no fuimos capaces de trasladar el convencimiento suficiente de que podíamos pelear hasta el final por el playoff si sacábamos adelante con victoria el partido en Mérida. Pero si hay un punto que nos habría dado la oportunidad de jugar el playoff diría que fue el que se escapó ante el Real Madrid Castilla por todo lo que hubiera significado.
"No quería estropear el recuerdo"
Al terminar la temporada, Unionistas te ofreció continuar. ¿Por qué decidiste marcharte después de una experiencia que recuerdas con tanto cariño?
El club nos ofreció la posibilidad de continuar, pero el hecho de tener que construir una plantilla prácticamente desde cero me generaba muchas dudas. Si hubiéramos podido mantener una buena base de jugadores de la temporada anterior, quizá mi decisión habría sido distinta, porque una parte del trabajo ya estaba hecha. El final de temporada fue un periodo de mucha reflexión. Hablé varias veces con Antonio Paz y con Miguel Ampuero. No fue una decisión fácil. En Salamanca me han tratado de diez y no soy capaz de expresar lo agradecido que estoy. Me he sentido muy querido y muy arropado. Lo pensé muchas noches, pero finalmente entendí que era el momento de salir. También quería conservar el recuerdo tan bonito de la temporada. No quería estropearlo. Habíamos conseguido crear un grupo muy unido, dentro y fuera del campo, y había terminado muy identificado con el club y con la grada.
¿Pesó más la incertidumbre de tener que reconstruir la plantilla o la posibilidad de dar un paso adelante en tu carrera?
Las dos cosas están relacionadas. Cuando decidí salir, lo hice pensando que podía dar un paso distinto. Si las opciones que aparecían eran únicamente de clubes de un nivel parecido al de Unionistas, habría continuado. Allí me sentía en casa.
Hablé con otros clubes y con directores deportivos. Algunos proyectos tenían objetivos ambiciosos, pero finalmente no se concretaron. Otros eran más insistentes, aunque me generaban dudas. Tenía claro que no quería incorporarme a un equipo sin estar convencido del proyecto. El año anterior, cuando me llamó Antonio Paz, tenía muy claro que quería ir a Unionistas a pesar de la clasificación y del mal comienzo. Esta vez necesitaba que el proyecto me convenciera por completo. Si no aparecía, prefería esperar.
Desde fuera, parecía que después de una temporada así no tardarías en encontrar otro equipo. Sin embargo, han pasado los meses. ¿Cómo se vive esa espera?
Es una situación que forma parte de nuestra profesión. Después de salir de Unionistas mantuve conversaciones con distintos clubes, pero ninguna terminó de concretarse en un proyecto que me convenciera. Así que decidí esperar. En el fútbol nunca sabes cuándo va a aparecer una oportunidad. Puedes tener conversaciones, recibir llamadas y analizar proyectos, pero hasta que algo se concreta no hay nada seguro. Por eso intento seguir trabajando y estar preparado. No puedes quedarte parado a la espera de que llegue una llamada.
¿Cómo es un fin de semana para un entrenador que no tiene equipo?
Intento ver todos los partidos que puedo en directo. La temporada pasada, por ejemplo, fui un viernes a ver un Real Madrid Castilla-Lugo; al día siguiente vi a Unionistas contra Osasuna Promesas y, de vuelta, paré para ver un Guadalajara-Tenerife.
Todas las semanas intento ver tres o cuatro partidos en el campo. Eso implica hacer muchos kilómetros, pero prefiero ver un partido en directo aunque tenga que recorrer trescientos kilómetros antes que ver dos por televisión. En el campo obtienes mucha más información: puedes observar comportamientos, detalles y situaciones que a través de la televisión se te escapan. Como no puedo ver todos los encuentros en directo, también recurro a la televisión. Pero siempre que puedo priorizo el campo.
¿Es una forma de mantenerte conectado con el fútbol o también de preparar posibles oportunidades laborales?
Las dos cosas. Tenemos un grupo de trabajo con el cuerpo técnico y nos reunimos todos los martes. Comentamos lo que hemos visto en directo y por televisión, planificamos la semana y nos repartimos los partidos que vamos a seguir. Intentamos que cada uno pueda ver en directo los equipos que tiene más cerca y organizar el trabajo para abarcar lo máximo posible.
Durante la semana también hay llamadas de agentes, directores deportivos o personas que te trasladan que algún club ha preguntado por ti. En las últimas semanas he tenido conversaciones relacionadas con proyectos en el extranjero y con algún director deportivo de España. Cuando aparece una noticia sobre un equipo, intentas profundizar en su situación y revisar lo que conoces de él.
Además, seguimos preparando ejercicios y sesiones de entrenamiento adaptados a los distintos momentos de la temporada. La idea es que, cuando llegue la oportunidad de volver a trabajar sobre el césped, tengamos una parte del trabajo preparada y podamos acelerar los procesos. Eso nos permite ganar tiempo cuando te incorporas con la competición ya empezada. Al final, estamos trabajando continuamente para volver a hacer lo que nos gusta: entrenar.
¿Tienes una especie de quiniela con los entrenadores que pueden ser destituidos en las próximas jornadas?
Es algo que está dentro de nuestra profesión, pero no es lo que más me gusta. Intento mantener una ética profesional con los compañeros. Si hay rumores alrededor de un entrenador y se dice que puede salir si pierde el siguiente partido, procuro evitar ir a ese encuentro. Otra cosa es que el propio club o su dirección deportiva me pidan que vaya a verlo.
En la jornada siete u ocho ya empiezan a aparecer dudas y nervios en algunos proyectos. Tienes que estar preparado para que, de un día para otro, pueda surgir una oportunidad. Los agentes deben mantener el contacto con los clubes y los directores deportivos tienen que conocer el mercado de jugadores y entrenadores. El fútbol es una industria que nunca se detiene. Puede que no salga una oportunidad en España y aparezca en otro mercado. Nunca sabes cuándo va a llegar la llamada. Por eso tienes que estar preparado para poder desarrollar tu trabajo de la mejor manera posible cuando llegue.
"El reto para Unionistas es no tener que empezar de cero cada verano"
Desde la distancia, ¿cómo estás viendo el inicio de temporada de Unionistas con Javi Medina?
En cuanto a resultados y sensaciones, se parece un poco al inicio que vivimos nosotros la temporada pasada. No tengo dudas de que el equipo se va a mostrar más estable y terminará consiguiendo el objetivo. Me da rabia ver parte de la incertidumbre y el nerviosismo que se genera alrededor, por la gente que conozco allí y por lo que viví durante mi etapa en el club. Pero estoy convencido de que la situación irá a mejor. Son procesos.
El año pasado comprobamos la importancia de que todos vayamos en la misma dirección. La afición puede ser crítica y cada persona tiene derecho a expresar su opinión, pero el equipo necesita sentir que hay una grada detrás. Si la energía se centra en buscar problemas, las dudas aumentan. Si se centra en apoyar, animar y acompañar al equipo durante los noventa minutos, Unionistas puede marcar diferencias.
Lo he vivido en primera persona. Cuando estás último y la gente te demuestra que sigue creyendo en el proyecto, que está al lado de los jugadores y que quiere ayudar, eso tiene un valor enorme. No es bueno que un equipo llegue al minuto quince con empate y ya perciba dudas en la grada. Eso puede aumentar la inseguridad. En cambio, jugar en un campo en el que la gente anima durante todo el partido, incluso cuando las cosas se complican, te da una ventaja.
¿Crees que a veces se olvida lo difícil que es construir un equipo prácticamente nuevo cada temporada?
Sí. El proyecto de Unionistas cambia mucho de un año para otro. Llega gente joven que necesita adaptarse al club, a la categoría y a un rol que puede ser más exigente que el que tenía en su equipo anterior. Todo eso necesita tiempo.
Por eso creo que el reto de Unionistas a medio plazo es conseguir mantener una base de jugadores de una temporada a la siguiente. No se trata de que todo tenga que cambiar cada verano ni de que cada año deban llegar quince o veinte futbolistas nuevos. Cuanto más estable sea el bloque, más trabajo podrás dar por hecho y menos tendrás que reconstruir.
La renovación de los tres capitanes es una buena noticia. Son jugadores que representan al club, ayudan dentro y fuera del campo y pueden transmitir a los que llegan qué es Unionistas. Pero para retener a más futbolistas, el club también tiene que estudiar cómo puede crecer y qué áreas puede mejorar. No es sencillo, porque existen limitaciones, pero es importante preguntarse qué pasos se pueden dar para reducir la necesidad de empezar de cero cada junio.
¿Qué tiene Unionistas que debería aprovechar mejor?
Tiene algo que muy pocos clubes tienen: una masa social con un sentimiento de pertenencia y una identidad muy fuertes. Es una afición que, cuando llegan las dificultades, decide seguir apoyando y ayudando. Eso es un valor que el club debe cuidar.
También creo que Unionistas es un equipo atractivo en Primera Federación. Todas las personas que hemos pasado por allí hablamos bien del club. Y eso no es tan habitual en el mundo del fútbol, menos aún en estas categorías, donde a veces se viven situaciones incómodas. Que quienes salen de un club lo recuerden con cariño y hablen bien de él es algo que se debe aprovechar para seguir creciendo.
Hay que conocer las limitaciones, aceptarlas y trabajar a partir de ellas. Pero aceptar que existen no significa conformarse. El club tiene que seguir preguntándose dónde puede mejorar y cómo puede avanzar, sin perder aquello que lo hace diferente.
¿Qué te llevas tú de Unionistas, más allá de los resultados?
Me llevo una temporada de mucho crecimiento, tanto personal como profesional. Creo que ayudamos a desarrollar a los jugadores y también crecimos como cuerpo técnico. Terminé muy identificado con el club y con la grada. Conseguimos crear un ambiente muy bueno entre la plantilla, la afición, el club y el cuerpo técnico. Sentíamos que todos íbamos a una.
Fue una experiencia que me marcó. No solo por lo que conseguimos en el campo, sino por la manera en que lo conseguimos y por todo lo que ocurrió alrededor. Por eso, cuando miro atrás, recuerdo Unionistas con muchísimo cariño.
Y hay algo que tengo muy presente: en el fútbol puedes trabajar mucho y no conseguir el resultado que buscas. Pero, cuando encuentras un grupo dispuesto a crecer, una afición que te acompaña incluso en los momentos malos y un club con una identidad tan fuerte, te llevas algo que va más allá de una clasificación.
Al final, el fútbol también consiste en eso.
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