La plantilla imposible del Salamanca Athletic 2013: El milagro de los despachos
*Esta es la segunda entrega de la serie histórica sobre el caótico verano de 2013 en Salamanca
El Salamanca Athletic nació como nacen los castillos en el aire: de una mezcla improbable de urgencia, fe y desconcierto. En aquel verano de 2013, cuando la ciudad aún lloraba a la Unión Deportiva Salamanca, un grupo de hombres decidió creer en un club que no tenía escudo, ni estadio, ni afición, ni relato. Solo una idea. Una intuición. Un espejismo al que se aferraron exfutbolistas, ojeadores, técnicos y jugadores que, durante unas semanas, actuaron como si aquel proyecto imposible pudiera sostenerse. Esta es la historia de quienes se atrevieron a creer en algo que nunca llegó a existir.
Los hombres que creyeron en un castillo en el aire
Llegado el mes de agosto, el Salamanca Athletic seguía siendo una idea, un proyecto sin consolidación alguna, tan siquiera para comenzar. La ciudad, un mes después del adiós de la Unión Deportiva Salamanca, continuaba mirando con desconfianza los planes de Juan José Hidalgo. Mientras tanto, la Federación estudiaba la documentación aportaba mientras en los terrazas, los corrillos de aficionados, discutían acerca de lo de Hidalgo entre el punto de vista de quienes lo veían, aún con recelo, como una solución mientras otros lo entendían como una provocación.
En los campos de entrenamiento Neme, ubicados junto a la estación de autobuses de Salamanca en donde habitualmente se entrena el CD Hergar Helmántica, un reducido grupo de jugadores intentaba formar parte de un club desde cero. No era solo construir una plantilla, ni un equipo, había que construir un club entero a falta de apenas unas semanas de iniciar la competición. Visto, desde la perspectiva actual que da el paso del tiempo, lo que sorprende no es que el proyecto Salamanca Athletic fracasara, sino que, durante unos días, pareciera remotamente posible que el proyecto tuviese visos de salir adelante.
El Salamanca Athletic comenzó a armar su estructura concentrando una serie de perfiles muy diferentes entre sí. Juan José Hidalgo reunió un grupo de profesionales a su alrededor formado por exfutbolistas para construir la plantilla, ojeadores vinculados a la ciudad de Salamanca, un entrenador con el que hay una relación personal previa, jugadores en busca de una segunda oportunidad y jóvenes con el deseo de hacerse un nombre en el fútbol profesional. Todos, tan diferentes entre sí, tenían una cosa en común: creer en el proyecto, aunque apenas fuese por unos días.
Gustavo Siviero y el reto de entrenar a un club inexistente
Si Juan José Hidalgo era el arquitecto del proyecto, Gustavo Siviero iba a ser su rostro visible. Su elección como técnico no obedeció a una casualidad ya que entre presidente y entrenador había una relación de amistad construida años atrás en Mallorca. Hidalgo confiaba plenamente en él y Siviero buscaba una oportunidad tras haber sido asistente de Héctor Cúper, quien fuese su míster en sus años de futbolista en las filas del RCD Mallorca, y venir de una mala experiencia al frente de un banquillo explosivo como tradicionalmente es el del Real Murcia, al que había llegado tras su buen papel en el Atlético Baleares.
El verano de 2013 comenzó sin ofertas para Gustavo Siviero. Su nombre como técnico, como es dinámica habitual en el mercado laboral de entrenadores, parecía haberse enfriado esperando, en la nevera, a que alguien lo rescatase. Entonces sonó el teléfono. Al otro lado de la línea estaba Juan José Hidalgo que le trasladaba una propuesta difícil de explicar y, más aún, de aceptar. Ser el entrenador de un equipo inexistente. Un club sin estadio, sin oficinas, sin estructura alguna, sin jugadores y con la idea de presentarse a una competición que asomaba a la vuelta de la esquina. El motivo por el que aceptó el reto sigue siendo un misterio. Probablemente lo hizo porque confiaba en la palabra de su amigo Hidalgo, quizá porque las ganas de sentirse entrenador borraban cualquier duda razonable o, lo más probable, que, como hombre de fútbol, creyese que podía arreglar cualquier situación por muy imposible que parezca. Gustavo Siviero, lo que no vio con claridad, es que el problema que intentó resolver no estaba sobre el césped, no era un problema táctico ni de dejar la portería cero. El problema, esta vez, estaba muy lejos de cualquier portería.
"Dela", Líbero Parri y Merino: La sala de operaciones de Hidalgo
Gustavo Siviero debía ser el encargado de entrenar al equipo. Se necesitaba a alguien que lo construyese y pusiese un grupo de jugadores a su disposición. La responsabilidad recayó sobre Javier de la Cruz, más conocido como “Dela”. Un nombre que era un gran desconocido para el gran público pero, para quienes frecuentaban las oficinas del fútbol modesto, no tanto. Dela había trabajado durante muchos años realizando labores de scouting para diferentes clubes españoles por lo que llegaba al puesto conociendo el funcionamiento de los mercados futbolísticos, representantes y agentes, así como tenía contacto fluido con muchos jugadores.
El hecho de conocer la realidad de muchos jugadores le permitió tener marcado en rojo el nombre de los jugadores que, llegado agosto, estaban sin equipo. Era sabedor de qué jugadores estaban buscando una oportunidad y el paso del verano les apremiaba a encontrar una salida liberal. Los jugadores, cuando se acerca el final del mercado y el inicio de la competición, tienden a estar dispuestos a escuchar todas las propuestas que les llegan, por poco convencionales que parezcan.
Dela, sabía de esa realidad, la de los futbolistas que se quedan fuera de la rueda del fútbol por no contar con la oportunidad deseada o no haberse agarrado a un clavo ardiendo para permanecer en ella. Él había sido canterano de la Unión Deportiva Salamanca, incluso llegó a ser convocado por Juan Manuel Lillo con el primer equipo aunque se quedó sin vivir la gloria del debut. De esa experiencia aprendió acerca de la volatilidad del sueño de ser futbolista. Dos décadas después de aquel tren perdido le llegó una nueva oportunidad. Ahora, no se trataba de saltar al campo, sino de construir un nuevo equipo y hacerlo a una velocidad nunca vista. Mientras los directores deportivos cuentan con meses para planificar una temporada, él apenas tenía unos días para conseguirlo.
Líbero Parri: del césped al despacho
Entre los integrantes de la dirección deportiva encabezada por Dela asomaba un nombre muy conocido en el fútbol español: Líbero Parri. Muchos aficionados lo tenían presente como un mediocampista que había sido una de las grandes promesas surgidas en la cantera del Valencia. Su irrupción en el primer equipo del Valencia CF generó enormes expectativas. Valencia, Villarreal, Levante, Elche, Racing de Santander, Numancia de Soria, Albacete, Cádiz y Nàstic de Tarragona fueron las estaciones de paso en su extensa carrera que fue algo menos brillante de lo que apuntaba cuando aún era adolescente, pero más que respetable y un sueño inalcanzable para muchos el de vivir 11 temporadas en el fútbol profesional retirándose con apenas 28 años. Retirado del fútbol Libero Parri comenzaba una nueva etapa el fútbol desde otro lugar.
Libero Parri dejó el terreno de juego donde era el encargado de llevar la manija de su equipo para tomar el control, junto a Dela, en las labores de confección de la plantilla. Su periplo en el Salamanca Athletic fue breve, apenas unas semanas, pero su figura es un buen ejemplo acerca del tipo de personas que acercaron al proyecto fantasma de Hidalgo. Era gente de fútbol, con experiencia en otras lides pero sin apenas recorrido en sus nuevas funciones, que se esforzaba por imponer una lógica donde, quienes contemplaban todo desde fuera, solo veían prisas y mucha improvisación.
Miguel Ángel Merino, un vínculo con la UDS en el despacho
El tercer miembro de la dirección deportiva del Salamanca Athletic era Miguel Ángel Merino, salmantino y exjugador de la Unión Deportiva Salamanca. Se trataba de un perfil de profesional conocedor de la categoría, de la ciudad y del famoso entorno en el que debería aprender a desenvolverse el nuevo proyecto. Su función en la estructura esta definida como analista, sería el encargado de analizar a los rivales. Una tarea en apariencia secundaria pero que, a su vez, era un mensaje claro de que el proyecto de Juan José Hidalgo se tenía a sí mismo como un club normal.
La estructura de dirección deportiva estaba construida mientras en la capital del Tormes la mayoría de sus habitantes dudaban de que el equipo obtuviese el sí de la Federación para inscribirse a la competición. En lo que llegaba la respuesta Miguel Ángel Merino estaba manos a la obra preparando informes acerca de los posibles rivales a los habría que enfrentarse en la temporada. Como si el futuro estuviese asegurado y todo aquello que estaba en la cabeza de unos pocos fuese realmente a suceder.
Los nombres propios de una plantilla sorprendente
Existe la idea, al recordar al Salamanca Athletic, de que se trató de un proyecto totalmente improvisado armado con jugadores de circunstancias. Sin embargo, la realidad nos muestra que fue algo muy distinto ya que, conforme avanzaron las semanas, comenzaron a aparecer nombres muy sorprendentes vinculados al proyecto. Llegaron nombres de jugadores con experiencia en Primera División, otros con mucha experiencia a sus espaldas en Segunda División B. Algunas jóvenes promesas que estaban llamadas a encontrar un sitio el fútbol profesional aparecían unidas al proyecto y, junto a todos ellos, el nombre de jugadores que buscaban una última oportunidad para reconciliarse con el fútbol.
Más de una década después de aquello, muchos de los jugadores vinculados al Salamanca Athletic de Juan José Hidalgo terminaron por desarrollar una meritoria carrera profesional. Entre todos aquellos nombres destaca, por encima de todos, el de un jugador que terminaría por convertirse en una de las figuras más queridas del fútbol salmantino contemporáneo.
Carlos de la Nava: El cordón umbilical con la UDS
Cuando la Unión Deportiva Salamanca desapareció, Carlos de la Nava representaba algo más que una promesa. Durante mucho tiempo encarnó la esperanza, mejor dicho, la última esperanza de la UDS. Durante los últimos años de vida del conjunto blanquinegro su nombre, junto el de Piojo, Coque o José Ángel, como el del jugador llamado a ser el líder de una nueva generación de jugadores salidos de la cantera que debían ser la base del resurgir del club.
Carlos de la Nava había debutado con apenas dieciocho años, había conseguido marcar goles y dejar detalles visibles de su talento. Además, tenia un valor añadido, era de Salamanca. Eso siempre pesa más. Cuando la Unión Deportiva Salamanca desapareció él regresaba de una experiencia poco satisfactoria en el Valencia Mestalla, su futuro estaba abierto para marcharse y buscar acomodo lejos de casa. Sin embargo, optó por quedarse en la ciudad o, al menos, intentarlo. Su presencia en el Salamanca Athletic no era sola la del primer delantero de la plantilla, su figura estaba cargada de un alto valor simbólico. Era el nexo entre la Unión Deportiva Salamanca que acababa de morir y el fútbol salmantino que estaba intentando reinventarse. Años después, cuando se convirtiera en capitán y emblema de Unionistas, aquella decisión tendría aún un mayor significado. Pero en aquel verano de 2013, nadie lo sabía. Ni mucho menos él.
Pablo Redondo y Pape Diamanka: Calidad de Primera División para el equipo fantasma
Si el hecho de contar en la plantilla con Carlos de la Nava representaba una proyección hacia el futuro del Salamanca Athletic, la incorporación de Pablo Redondo era el prestigio, una incorporación premium. La llegada del mediocampista sorprendió a todos ya que no era habitual encontrar en Segunda División B un jugador con más de un centenar de partidos en Primera División defendiendo las camisetas de Valencia, Albacete, Getafe y Hércules.
El currículum de Pablo Redondo estaba muy por encima de la categoría tras haber estado a las órdenes de técnicos del caché y el renombre de Rafa Benítez, César Ferrando o Bernd Schuster. Sin embargo, las lesiones siempre habían sido un freno en su carrera, restándole continuidad a una carrera muy prometedora. Pero en el mundo del fútbol seguía siendo un nombre muy reconocible y, en un proyecto como el del Salamanca Athletic, su presencia podía servir para legitimar el proyecto contribuyendo a ir convenciendo a los escépticos. El mensaje con su incorporación era claro, el nuevo equipo no surgía con la idea de sobrevivir a toda costa. No era la idea, se quería competir al máximo nivel y demostrarlo desde la primera jornada.
Según se iban anunciando con el paso de los días las
incorporaciones, terminó por llegar, como en todo mercado estival, el fichaje
que más llamó la atención. Se anunciaba el fichaje de un jugador internacional
absoluto con Senegal: Pape Maly Diamanka. Un mediocampista procedente del Rayo
Vallecano que, con apenas 23 años, llegaba con experiencia en Primera División
en un momento perfecto para dar un salto adelante en su carrera exhibiendo todo
el talento que poseía pero que, hasta ese momento, no había terminado de
aparecer con la regularidad necesaria para asentarse en la élite.
Diamanka no era el estereotipo de jugador vinculado a un
proyecto improvisado. Era el tipo de jugador que todo equipo en la categoría
tenía puesto los ojos sobre él para incorporarlo. Su llegada despertó sorpresa
y la percepción de que, vaya usted a saber, finalmente el proyecto Salamanca
Athletic iba en serio y que Juan José Hidalgo estaba dispuesto a rascarse el
bolsillo para armar un equipo competitivo. Quizá lo que parecía un castillo en
el aire tenía cimientos más sólidos de lo que aparentaba.
Mientras los fichajes llegaban, nadie sabía que la verdadera
amenaza, la más peligrosa, no estaba en el campo de entrenamiento, tampoco en
un despacho improvisado de Salamanca. Por mucho que se temiese no estaba en la
cabeza de Hidalgo y un nuevo, que no sorprendente, cambio de humor del
empresario. La amenaza real estaba en Madrid, en los despachos de la Real
Federación Española de Fútbol y avanzaba, como un depredador silencioso, mucho
más rápido y con más determinación de lo que cualquiera imaginaba.
Próximamente la tercera entrega: “La residencia de ancianos y el equipo que nunca llegó a existir” donde aparecerán los testimonios de los protagonistas, la convivencia en un geriátrico, los entrenamientos errantes y la sensación creciente de que algo no cuadraba. La transformación del Salamanca Athletic de proyecto ambicioso a auténtico relato de realismo mágico en el fútbol salmantino.

La plantilla imposible del Salamanca Athletic 2013: El milagro de los despachos
Lejos de ser un proyecto improvisado con jugadores de circunstancias, el Salamanca Athletic Club de Juan José Hidalgo logró armar en tiempo récord una plantilla premium para la Segunda B de 2013. Conoce la intrahistoria de los despachos, el regreso de Carlos de la Nava y los fichajes de Primera que creyeron en un castillo en el aire.

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