Unionistas en Avilés: El coraje de De la Nava y la dictadura del dato
En Avilés no ganó nadie, pero Unionistas volvió a demostrar algo que no sale en los Excel ni en los mapas de calor: coraje. Del de verdad. Del que insiste cuando falla un penalti, del que vuelve a llamar a la puerta aunque la hayan cerrado dos veces y del que entiende que no todo depende de uno, pero sí lo suficiente como para no esconderse. Un empate que sabe a poco y, aun así, dice mucho más de este equipo que cualquier estadística.
🦑 Lunes de Calamares | Coraje y un punto que sabe a querer más
Está el fútbol últimamente lleno de estadísticos. De gente que en vez de mirar lo que pasa sobre el campo intenta explicarlo mediante números y sus significados, a través de figuras geométricas como videntes con su tarot. Tipos que te hablan de probabilidades, goles esperados y otras milongas que, a mi modo de ver, están para justificar el andar todo el día con el ordenador a cuestas pero sin nada importante de lo que hablar cuando se paran en la barra del bar.
Para muestra, lo del partido en Avilés. Uno puede mirar el resumen, ve ocasiones, dominio, un penalti fallado, un gol encajado en segunda jugada —otra vez— y, el pesado del ordenador con su Excel como mejor amigo, diciendo que eso ya lo decían los datos tratando de zanjar el debate, que nos callemos y que pueda seguir con la maquinita. Y sí, tendrá razón, pero no del todo.
Porque lo de Unionistas en Avilés no fue cosa de números ni de falta de fútbol ni de lo que te quieran contar de maldiciones, imposibles y otras distopías. Lo del sábado fue otra cosa. Fue, precisamente algo que venía muy presente en los días previos, una cuestión de coraje. O de cómo lo entendemos. Y claro, aquí es donde uno se viene arriba, se pide otra ronda y comienza a pontificar acerca del coraje.
Coraje es ser dueños de lo que pasa… o al menos intentarlo. Unionistas salió bien, mucho mejor que el Avilés de Lolo Escobar. El equipo blanquinegro dominó, llegó e insistió en llevar peligro al área rival. El equipo empezó como comenzamos todos la noche del viernes lanzando frases de persona persona centrada afirmando, rotundo y sin asomo de dudas, “hoy me voy pronto, que mañana madrugo”. Y, por lo que sea, te lo crees. Pero luego pasa lo de siempre: una acción aislada, una acción a balón parado que pudo haberse evitado, una segunda jugada mal defendida… y trocotró. Gol. Otra vez.
Y aquí viene la trampa del fútbol —y de la vida—: es muy fácil echarle la culpa al destino, a la mala suerte, al “esto nos pasa siempre” e incluso, para parecer más racional y moderno, decir, con la pantalla delante, eso ya lo predecían los datos. Pero no .Por suerte, Unionistas, ni el fútbol van de eso. El coraje tampoco va de eso. Va de aceptar que si te pasa tantas veces lo mismo, igual no es casualidad. A Unionistas no se le va la victoria ahí. Pero sí vuelve a demostrar que hay cosas, como el balón parado, que todavía no controla y no va a tener tiempo de hacerlo.
Coraje es recomenzar… aunque te acaben de dar un golpe. Lo bueno es que este equipo, para lo bueno y para lo desesperante, no se cae por mucho que encaje gol a la primera y que, para colmo, Olmedo falle un penalti —el tercero de la temporada en momento clave, que ya tiene su aquel— y el equipo opte por seguir como si no pasara nada. Olvidando los fantasmas ante el Cacereño o la Ponferradina, el equipo vuelve a llamar a la puerta como si no hubiera pasado nada.a. Eso también es coraje.
Y en medio de todo eso aparece Carlos de la Nava, que hace tiempo decidió que ya iba a dejar de jugar partidos y empezar a interpretarlos. Otro gol más, tercer partido consecutivo marcando, y además con dedicatoria a María: princesa futbolera y guerrera. Y ahí, sinceramente, se acaba cualquier análisis táctico que uno quiera hacer. Porque hay momentos en los que el fútbol deja de ser fútbol. Y este fue uno.
Coraje es aceptar que no todo sale bien. Mounir, por ejemplo, vaya tarde de sábado no desbordó ni una sola vez a su par, nos desesperó por intentarlo pero de ese se trata siempre que no seas ludópata. El equipo, con el empate y el desacierto en las acciones finales, no remató el partido. Las piernas pesaban, el corazón palpitaba y el cerebro decidía como si estuviese en un buffet: sin criterio. Y el Avilés, que no hizo gran cosa, hizo lo suficiente para sumar un puntito que le sabe a mucho mientras que a Unionistas le dejó la sensación de un “le tenía que apretado más”.. Aun así, esto también forma parte del coraje: asumir que puedes hacer muchas cosas bien… y no ganar. Que no todo depende de ti, pero sí lo suficiente como para no esconderte detrás de excusas.
Coraje es seguir creyendo (aunque sepamos cómo va esto) y parezca que el playoff se aleja… o no. Porque esto ya lo conocemos. Una semana arriba, otra abajo. El soufflé que sube y baja con la facilidad con la que en Salamanca cambiamos de opinión en una tertulia. La realidad, en el fondo, es bastante más simple de lo que nos gustaría: todo pasa por el Reina Sofía. Si ganas en casa, hay lío. Si no ganas, se acabó la historia. Así de sencillo y cruel.
Coraje es tener un motivo para seguir. Y aquí es donde entra lo importante. Unionistas ya ha hecho lo difícil. 48 puntos. Salvación en el bolsillo. Temporada salvada cuando hace meses parecía otra cosa muy distinta. Ahora lo que queda no es obligación. Es elección. Y el coraje, el de verdad, no está en sobrevivir —eso ya lo han hecho—. Está en decidir si quieren algo más. Porque pedirle a este equipo que gane en casa para pelear el playoff es un poco como pedirle a un funcionario que, después de fichar, se quede dos horas más por amor al arte. Puede hacerlo, pero tiene que querer.
Y mientras tanto… nosotros. Nosotros haremos lo de siempre: volver al campo, pedir otra ronda antes de entrar, analizarlo todo como si supiéramos algo y, en el fondo, seguir creyendo sin garantías en que los jugadores van a querer. Porque si algo sabemos aquí es que la esperanza no va de certezas ni de hojas de cálculo. Va de insistir como Unionistas en Avilés, como De la Nava en cada centro o como este equipo que, incluso cuando no gana, deja claro que sigue ahí. Y eso, aunque a veces no alcance… también es coraje.

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