Apagando las luces del Reina: Entre lágrimas de Juanje y el sueño de la Copa
Unionistas cerró la temporada como quien va a una fiesta pensando ya en la siguiente: con desgana al principio, con sustos en medio y con un final que, sin ser perfecto, deja buen sabor. Entre vecinos que querían aguar la noche, goles inesperados y lágrimas sinceras, el equipo aseguró la Copa y regaló al Reina Sofía una despedida de esas que no se olvidan, aunque no sepas muy bien por qué.
🦑 Lunes de Calamares | La fiesta que empezó después
Hay fiestas a las que uno va pensando en dónde va a acabar la noche. Miras el reloj, deseando que termine para salir disparado hacia el sarao en el que de verdad quieres estar. He pasado por bodas, cumpleaños y cenas de empresa deseando huir para irme a otro lugar. Y, con todo, al final guardas el día en la memoria por el nombre de lo primero, porque lo segundo fue tan grande que ni te acuerdas de lo que pasó antes.
El último partido era el día de decir adiós. A la temporada, al cuerpo técnico y a casi toda la plantilla. El objetivo era dejar al equipo en Copa, se consiguió. Pero se consiguió gracias a los que quisieron lograrlo, no a quienes se presentaron al partido pensando que, por estar a la hora señalada, el premio llegaría. Porque esa fue la sensación de la primera parte: que Unionistas lo tenía hecho. Los jugadores saltaron al campo como quien va a comer a casa ajena a plato puesto. Como si no hubiese que hacer nada, comiendo sin hablar y, a la primera oportunidad, acomodándose en el sofá a esperar que vengan el postre y el café, reduciendo todo el esfuerzo,a buscar el mando a distancia entre los cojines. Como si lo difícil del partido fuese haber ido, no jugarlo.
Ya avisó Mario Simón en la previa de la importancia de estar metidos en el partido. No debió terminar muy contento con lo visto en la primera parte con apenas un remate a portería, eso sí, que acabó en gol de Álvaro Gómez. El Racing de Ferrol, por su parte, tampoco se asomó por el área de Unionistas. El conjunto visitante se presentó al choque con la actitud de quien no había venido a Salamanca a ponerle problemas a nadie… mientras no les vea pasándoselo bien. Y así, entre que uno pensaba en lo que vendría luego y otros que no estaban, la primera parte se echaba a perder como un tubo de orujo con hielo encima de la tragaperras. Pero llegó Aarón Piñan que sí quiso querer y peleó un balón que nadie más habría ido a buscar. Se lo llevó y puso un centro al segundo palo donde apareció Álvaro Gómez para dar una alegría a una afición que contiene el aliento ante el futuro como blanquinegro de uno de sus capitanes.
El subidón de Álvaro Gómez se alargó a la segunda parte y, en la siguiente que tuvo, golpeó desde fuera del área para hacer el 2-0. Parecía que la fiesta ya estaba aquí. Que el tiempo restante sería solo para celebrar y aplaudir a los que se van. Pero el Racing de Ferrol despertó. “Ya que hemos venido” debieron pensar. Y, sin buscarlo con mucho afán, encontraron un gol en un córner que puso el uy uy uy en la grada. “Estos ya han venido a aguarnos la fiesta” comentó mi compañero de butaca, que se pasó el partido más pendiente del Antequera que de los mensajes de su mujer. El equipo gallego empezó a ser como esos vecinos que vienen a tocarte a la puerta para decirte que bajes la música justo cuando el guateque se anima. Así que, otra vez, de vuelta al sofá y al tedio.
Por darle otro aire, Mario Simón movió el banquillo. Entraron Serpeta y Vadiq. Y, en un que voy que vengo, llegó el gol de Juanje. El seis se echó a llorar, como ese amigo que ha bebido un poquito de más y se pone tierno sabiendo que tiene que irse sin quererlo. Puro corazón este chico al que se le cayeron las lágrimas mil veces vistas en Salamanca de quien, acabada la carrera, va a dejar a su novia aunque no quiera porque una buena nómina, casi siempre, vence al amor.
Ahora sí que ya parecía que tenía que llegar el momento cumbre. Pero nada. Apenas dos minutos después otra vez el Racing de Ferrol- ahora ya con el pijama puesto- volvió a tocar la puerta amenazando con fastidiarlo todo llamando a la policía. Mario Simón actuó rápido viendo que para insonorizar el partido había que levantar un muro de pladur con Masllorens y Juanma. Se fueron Jota y Juanje llevándose, con la grada en pie, el aplauso merecido por su papel en toda la temporada.
Desde ese momento la fiesta estuvo controlada, aunque siempre quedan rescoldos. Chibozo rondando con ganas de hacerse un nuevo baile aunque ya apenas quedase nadie en la pista, Mounir pidiendo rondas porque es de los que empieza pero no sabe parar, y Gorjón, que pudo hacer un gol brillante para cerrar su año, el partido y la temporada, se encontró con un portero de esos que, cuando aún no has puesto el pie en la calle, ya te ha quitado el vaso de la mano.
Sonó el pitido final y la alegría regresó. Ahora en otro lugar, ya sin vecinos molestos y solo con los tuyos, pidiendo bises y una barra libre con el verano como horizonte para brindar con una Copa que nos beberemos la temporada que viene. Ahora, mientras las luces del Reina se apagan, toca apurar este trago de una 2025-2026 que acaba entre abrazos a desconocidos, vasos vacíos y la promesa de volver a vernos cuando llegue septiembre.

Apagando las luces del Reina: Entre lágrimas de Juanje y el sueño de la Copa
Una temporada que acaba entre abrazos a desconocidos, vasos vacíos y la promesa de volver a vernos cuando llegue septiembre. Crónica de un final de fiesta.

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