Mario Losada y el arte de volver a Zamora: "Los fantasmas no desaparecen, se atraviesan"
Hubo un momento en el que Mario Losada se sentó a pensar qué le estaba pasando. De aquella conversación nació El viaje interior de Mario Losada, un relato sobre la caída, la duda y el aprendizaje. Meses después, el fútbol le ha colocado de nuevo en el mismo lugar donde pasó sus momentos más complicados. Zamora. Este texto no es una continuación. Es el epílogo de aquella historia: el momento en el que el jugador regresa para mirar de frente, sin bajar la mirada, su pasado.
Volver para entender: Mario Losada y el lugar donde todo empezó
“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” dice la letra de Joaquín Sabina en su canción Peces de Ciudad, pero ¿qué hacer con los lugares donde lo fuiste? Sitios que no se olvidan porque en ellos ocurrió algo que todavía no está del todo resuelto. Zamora era ese lugar para Mario Losada.
Cuatro años después, contra todo pronóstico, el delantero madrileño ha regresado al Ruta de la Plata, el lugar donde no fue feliz para poder serlo de verdad. No como quien busca el refugio de un lugar conocido, sino desde una perspectiva más valiente y resuelta. Mario ha decidido volver a Zamora con la convicción de mirar de frente aquello que una vez le hizo bajar la mirada. El fútbol, que suele empujar hacia adelante sin permitir detenerse, esta vez, le ha presentado una rara oportunidad: volver atrás para entender.
“Cuando las cosas no han ido bien en un sitio, lo normal sería no regresar”, reconoce Mario. “Pero en mi caso, cuando surge la opción de volver a Zamora, lo que me resonaba en la cabeza es que tenía ante mí la posibilidad de darle la vuelta a ese recuerdo. Transformarlo en algo más luminoso”.
No hay una búsqueda revancha en sus palabras ni reproche hacía alguno hacia sí mismo. Hay algo más difícil de encontrar y reconocer: responsabilidad. La de volver sin excusas ni paños calientes, sin esconderse de miradas ni de unos hechos que están, sin necesidad de culpar a nada ni a nadie de lo sucedido tiempo atrás. Lo que sí existe en Mario a la hora es la voluntad de ponerse delante de aquel año en el que “la cabeza iba en contra” y decirse, ahora sí, que está preparado.
Porque si algo ha cambiado en este tiempo en el que Mario Losada ha pasado por Unionistas de Salamanca, Alcoyano y Stal Mielec no son solo los escenarios y contextos en los que ha tenido que desempeñarse, sino la forma en las que lo ha habitado. “Ahora soy muy diferente en todo”, explica con la serenidad de quien ya no necesita demostrarse nada y de quien, a sus 28 años, vive en esa etapa vital en la que hay cambios constantes. “La experiencia te da mucho conocimiento y herramientas para saber afrontar lo que te sucede tanto en el plano personal y como futbolista. Antes vivía todo con más dramatismo, sin entender que hay grises. Hoy entiendo mucho mejor lo que pasa, lo bueno y lo malo, y sé cómo gestionarlo para evitar verme arrastrado mental y emocionalmente a zonas en las que no quiero estar”.
Ese aprendizaje no es visible en una estadística, pero se percibe en todo lo demás. En cómo pisa el área, en cómo se levanta después de un error, en cómo sostiene al equipo desde su trabajo en los momentos en los que el partido parece que se escapa. En cómo vive, en definitiva, el oficio.
Su regreso a Zamora no es solo una corrección del pasado. Es también una reconstrucción desde otro lugar, más próximo, más estable y más propio. “Es una mezcla de reencontrarme y construir algo nuevo”, dice. “Volver a España, estar cerca de mi Sandra, de la familia… son cosas que se notan. Poder hablar con normalidad, sentirte arropado es algo esencial después de los meses en Polonia en los que, la barrera del idioma y cultural, provoca que no puedas expresar con los matices suficientes lo que vives y cómo los vives a tus compañeros de equipo o a las personas con quienes te relacionas fuera del fútbol allí, que se ve reducido a un entorno muy limitado. Todas esas dificultades que te encuentras fuera del césped, acaban teniendo luego su reflejo refleja en el campo”.
Desde su regreso al Zamora CF lleva disputados doce partidos en los que ya ha conseguido anotar cuatro goles. Una aportación clave para un equipo que transita cada semana entre la euforia de estar en posiciones de playoff y la ansiedad de verse fuera cuando el resultado final no es una victoria, circunstancia que otorga a la clasificación del Grupo I de Primera Federación en la que una decena de equipos implicados en la pelea por esas posiciones separados por apenas tres puntos de distancia. Pero más allá de los números, hay algo que ya ha cambiado en Mario: la relación con el propio camino.
En medio de ese proceso del retorno, hace dos semanas el destino le colocó una escena inevitable: Unionistas de Salamanca. El club en el que consiguió, pese a unos inicios también complicados, todo volviera a encajarse. El escenario perfecto que permitió que la rabia que había sentido contra sí mismo encontrase una salida. El entorno en el que la grada que le enseñó que el esfuerzo también se celebra, no sólo los goles. “Fue un partido especial para mí”, admite. “Por ver a tanta gente desplazada para ver a Unionistas, por reencontrarme con muchas de las personas del club con las que compartí muchas cosas durante mis dos años allí. Fue una sensación extraña pero, pasados esos primeros instantes en la llegada al campo y el calentamiento, tenía el foco puesto en lo que tenía que hacer para que lográsemos una victoria que era muy importante para nosotros. En el campo hicimos todo lo posible por ganar, pero fue un partido loco y muy vibrante que terminó con victoria unionista. A Unionistas siempre le deseo lo mejor, cuando no juega contra mí. Es un club que marca una parte muy importante de mi vida”.
No hay conflicto a la hora de narrar el episodia, ni tampoco sensación de deuda. Solo memoria de una etapa que le permitió evolucionar. Porque si Zamora fue la caída, Salamanca fue el impulso. Y ahora, en este retorno, ambas conviven dentro de él sin anularse. Como dos caras de una misma historia no necesita resolverse, solo comprenderse.
Al mirar atrás, el recorrido de Mario Losada en los últimos años no debe enumerarse como una sucesión de equipos, sino que debe verse como algo más profundo. “El fútbol te enseña muchas cosas: superación, resiliencia…”, reflexiona. “Pero sobre todo te enseña a vivir en esas zonas grises. A no hundirte cuando las cosas van mal ni dejarte llevar cuando van bien”.
Y ahí, en ese punto intermedio, es donde parece haberse instalado ahora. Lejos del ruido, lejos de la urgencia, cerca de algo que se parece bastante a la calma en un momento de la temporada, con seis jornadas por disputarse, en la que todo es vértigo, urgencia, exceso. “Se trata de dar lo mejor de uno mismo, en lo profesional y en lo personal, para poder acostarte sin reprocharte nada”. No hay mejor definición para este tramo del camino. Mario Losada ha vuelto a Zamora pero no ha vuelto siendo el mismo, como tampoco es el mismo el club del que se fue y al que ha retornado. Mario ha vuelto, lo ha hecho sabiendo que los fantasmas no desaparecen: se atraviesan.

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