Unionistas 2026/27: nadie sabe nada, pero vamos a intentarlo

Hay demasiadas certezas para estar aún en pleno mes de agosto. Unionistas afronta una nueva temporada con un entrenador que quiere que el equipo juegue de una determinada manera, una plantilla todavía, como siempre, en construcción y el mismo desafío al que hacer frente cada temporada: competir sin dejar de ser quien es.

l Reina Sofía en agosto con una pizarra táctica, simbolizando el inicio de la temporada 2026/27 de Unionistas.

Las cinco preguntas que deja Unionistas 2026/27

  • ¿Será capaz Javi Medina de mantener su idea cuando lleguen los errores?
  • ¿Conseguirá Unionistas convertir la posesión en ocasiones?
  • ¿Quién ocupará definitivamente la portería?
  • ¿Puede competir arriba sin renunciar a su modelo?
  • ¿Será capaz de encajar 45 goles o menos?

El fútbol de agosto tiene algo, o mucho, de absurdo. A falta de competición pasamos las intentando averiguar cómo terminará una temporada que todavía no ha empezado. Hacemos quinielas acerca del puesto que ocupará el equipo, ordenamos la plantilla como si esto fuese la liga Fantasy, intentamos adivinar qué delantero será el pichichi del equipo sin haberle visto disparar a puerta y, sobre todo, tratamos de lanzar argumentos para poder llegar a mayo sacando pecho diciendo aquello de “ya lo decía yo”. 

Luego llegan septiembre, octubre, noviembre… para demostrarnos que no teníamos ni idea. Así que conviene empezar por ahí. No sabemos qué va a hacer Unionistas en 2026/27. Podemos tener una opinión, claro. Esta es la mía. Incompleta, parcial y desinformada, naturalmente.  Por muchos partidos de pretemporada que hayamos visto y tengamos un Excel para sacar conclusiones a partir de los seis partidos amistosos. Podemos mirar la plantilla, los movimientos del mercado, el entrenador, los rivales. Podemos hacer como que los partidos de pretemporada contienen tanta verdad como para saber lo que ocurrirá en primavera. Pero saber, lo que se dice saber, no sabemos. Y quizá tampoco haga falta.

Hace unos días tuve la oportunidad de hablar durante casi una hora con Miguel, de El Pelotero del Antifaz, sobre cómo afronta Unionistas esta nueva temporada. La conversación empezó por el equipo y acabó pasando por casi todo aquello que rodea a este club: el modelo, los límites económicos, la desaparición de la Unión Deportiva Salamanca, Zamora, el sueño de Segunda, los entrenadores y hasta alguna palabra que probablemente deberíamos patentar antes de que alguien nos la robe.

Después de darle unas cuantas vueltas, me quedo con una idea: Unionistas no necesita que sepamos qué va a pasar. Necesita que sepamos qué queremos que no deje de ser.

Javi Medina y el peligro de enamorarse de una idea

Javi Medina llega con una propuesta lo que, en sí mismo, ya es una buena noticia. En un fútbol en el que muchas veces se habla del un partido de fútbol como quien está hablando de un motor de combustión —»presión alta», «salida de tres», «bloque medio», «transiciones» y a correr— resulta estimulante que un entrenador tenga una idea reconocible de cómo quiere que juegue su equipo. El problema empieza cuando la idea se convierte en una religión y que la interpretación de la idea sea una única interpretación posible. Ahí es donde se pierde la labor de un entrenador. 

Cuando un entrenador habla de que sus jugadores deben “interpretar” la idea, hay una pequeña trampa escondida en la palabra. Interpretar debería significar tomar decisiones. Leer una situación y saber escoger una solución distinta porque el partido la exige. Un futbolista debe ser capaz de no caer en la ceguera por expectativa. Un sesgo que ocurre entre los músicos, cuando el cerebro, de estos les lleva a leer lo que espera ver o escuchar según la melodía en lugar de lo pone en la partitura. Algo similar puede ocurrirle a Javi Medina y sus chicos:querer interpretar cada partido con la misma melodía sin saber identificar las señales que el partido le muestra para cambiar de registro. Ese cambio de registro que puede poner en práctica un jugador interpretando la idea de forma distinta a la esperada por el entrenador, puede dejar de verse como interpretación para pasar a hacerlo como desobediencia. En ese momento, se acabó la libertad que había en el discurso. Si solo existe una forma de ejecutar una idea, quizá no estemos hablando de interpretación. Estaremos hablando de obediencia.

Unionistas no tiene a Cubarsí. Ni a Laporte. Ni probablemente a nadie que vaya a recibir el balón en el área propia y encuentre tres líneas de pase mientras nosotros respiramos tranquilos. Los dos primeros encuentros nos servirán para medir el estado de ansiedad de la grada cuando un central reciba la pelota con un delantero rival encima. A buen seguro media grada pedirá que la reviente, mientras que la otra mitad pedirá que la juegue porque “hay que tener personalidad”. Estoy hablando del minuto siete ante el CD Lugo.

Así que habrá que jugar bien, sí pero habrá que jugar bien con los jugadores que tiene Unionistas. Parece una obviedad, pero en el fútbol las obviedades suelen convertirse en problemas bastante serios una vez que llegan, con las primeras nieblas, el frío y la humedad de noviembre a colarse entre las piedras de la ciudad.

La propuesta de Medina puede hacer mejor al equipo si consigue que los jugadores se sientan cómodos dentro de ella, que sepan qué hacer con el balón y, sobre todo, que crean que pueden hacerlo. Pero también tendrá que demostrar algo que me parece incluso más importante: que sabe cuándo dejar de insistir. Porque una cosa es tener una identidad y otra muy distinta es convertirse en esclavo de ella. Ahí estará una de las grandes cuestiones que sobrevolarán el Reina Sofía a lo largo de la temporada.

Javi Medina, entrenador de Unionistas, durante la pretemporada.

Que nadie se Oriolice

Esta palabra no llegará nunca al diccionario, ni siquiera sé si debería usarse. Pero quienes llevamos un tiempo siguiendo a Unionistas sabemos perfectamente lo que significa y eso es peligroso. Oriolizarse es llegar con una idea, perder dos partidos, empezar a dudar de ella, perder otro y empezar a decir que el problema es de los jugadores que ni entienden de fútbol ni saben jugarlo. Es pasar del “vamos a ganar” al “vamos a ver si no perdemos”.

Por eso la temporada de Javi Medina no se medirá solamente en puntos sino, sobre todo, en el momento en que los resultados no sean los deseados, en su capacidad para mantener viva la credibilidad de su propuesta cuando las cosas se tuerzan. Porque, eso sí lo sabemos, llegará un momento en que se van a torcer. Esto es Unionistas y la lógica nos dice que tendremos que atravesar esos momentos a lo largo de la temporada. No hace falta avisarlo, no ha habido entrenador que haya pasado por aquí que haya salido sin cicatrices.

El modelo tiene límites y eso es parte del modelo

Unionistas quiere competir y los aficionados queremos que compita. Queremos que gane. Queremos que esté arriba. Queremos que llegue a mayo con algo importante entre manos. Todo eso al mismo tiempo que queremos que continue siendo Unionistas. El problema, o la gran dificultad, es que esas dos cosas no siempre caminan de la mano.

El mercado de Primera Federación no espera a que nadie termine de explicar su modelo de club. Si aparece un jugador que marca diez goles, otro club aparecerá para llevárselo dejando claro que era demasiado bueno para nosotros. Si aparece un entrenador que funciona, otro proyecto hará todo a buen seguro para llevárselo. Si un jugador se convierte en imprescindible, habrá alguien dispuesto a ofrecerle unas condiciones que aquí vamos a estar muy lejos igualar. Y entonces toca decidir.

No hay una respuesta perfecta. Hay una respuesta coherente con lo que los socios han decidido que sea este club. Por eso a veces me interesa más preguntarme qué no estamos dispuestos a hacer para ganar que cuánto queremos ganar. Cuando no llegan los jugadores a Unionistas que aparecen en el FIFA y se está pendiente de ver qué están firmando los demás, rápidamente aparecen en las redes sociales perfiles anónimos proponiendo cambios de modelo y clamando al cielo porque venga un inversor. Así, todo quedará solucionado. O no. Porque cambiar el modelo para superar las limitaciones del actual no es precisamente una solución. Es, sencillamente, cambiar de problema.

¿Y si este año sí?

Aquí llega la pregunta inevitable del comienzo de la temporada. ¿Puede Unionistas pelear por algo grande? Claro que puede. También puede terminar décimo cuarto. Puede hacer una primera vuelta extraordinaria y llegar a marzo con los plomos fundidos. Puede empezar mal y acabar arriba. Puede encontrar un delantero que marque quince goles o descubrir que ese delantero no era el que todos pensábamos. Puede pasar cualquier cosa. Por eso no me atrevo a vender una predicción cerrada. Y tampoco quiero hacerlo, cuando la haga, no la compartiré con vosotros sino con una máquina en una casa de apuestas que nunca he visitado y que sabe más de fútbol que todos nosotros juntos haciendo dinero con cada una de nuestras equivocaciones.

Hay algo que he aprendido siguiendo este club durante estos años: prefiero quedarme con la realidad que estoy viviendo que con la volatilidad de un sueño. La Segunda División es un sueño estupendo pero los sueños, por lo que sea, tienen la mala costumbre de no pagarme las facturas. Los aficionados de Unionistas ya sabemos lo que ocurre cuando una estructura desaparece de un día para otro. Por eso mi deseo para esta temporada no pasa tanto por señalar en agosto hasta dónde tiene que llegar el equipo. Pasa por algo mucho más sencillo: que en mayo sigamos reconociéndolo.

Los números también juegan

Eso no significa que no podamos poner algún objetivo sobre la mesa. Uno, por ejemplo, sí me atrevería a plantearlo. Unionistas tendrá que mejorar sus registros defensivos. Si lo hace, a buen seguro, estaré en mayo con este artículo de la mano y decir que ya lo ví venir.

Si queremos hablar de estar arriba, me cuesta imaginar un equipo competitivo encajando una cantidad desorbitada de goles en una propuesta atrevida como la que plantea el actual míster. Mi frontera mental estaría alrededor de los 45 goles encajados. Lo ideal sería que fuese inferior pero bajar de ese número ya sería una cifra que mejoraría los datos de las dos últimas campañas. A partir de ahí, cada gol recibido empezará a parecerse un poco más a una discusión sobre filosofía. Y ya sabemos que las discusiones sobre filosofía en el fútbol suelen terminar en un grupo de WhatsApp y no queremos volver a esa forma de tomar decisiones en un club. Sabéis de lo que hablo.

Entonces, ¿qué espero de Unionistas?

Que sea reconocible a partir de ser un equipo capaz de competir ante cualquier equipo. Unionistas no parte, a mi juicio, enter los favoritos para ocupar los cinco primeros puestos pero tampoco debería estar en el vagón de cola asomado continuamente al precipicio del descenso. Esta en un lugar intermedio, algo que también resulta incómodo. Porque te obliga a dar la cara con equipos con mucho más presupuesto sin la tranquilidad de que dispones de un colchón económico para enmendar la situación. Aquí no hay colchón, lo que hay es de centrales a Mikel Serrano y Ramiro Mayor para achicar agua.

Luego está Álvaro Gómez. Su renovación fue la mejor noticia al inicio del verano. No solo por lo futbolístico sino por lo que representa. En un fútbol en el que muchas veces la carrera consiste en llegar al siguiente contrato antes de que alguien se dé cuenta de que ya no eres tan joven, decidir quedarse cuando probablemente existían otras opciones económicas es una declaración de intenciones. Es bonito ver que se puede decidir en contra de lo que haría la mayoría: coger el dinero y salir corriendo. Álvaro decidió quedarse y ahora le toca, junto a Ramiro y De la Nava, enseñarle a los recién llegados dónde están.

Espero de esta nueva temporada, mientras cuento las horas para que inicie, que el Reina Sofía vuelva a ser un lugar incómodo para quien venga. Y que nosotros, los de fuera del césped, intentemos no volvernos completamente idiotas en la jornada cuatro porque hayamos perdido dos partidos seguidos. No parece un objetivo demasiado ambicioso. Para Unionistas, quizá sea exactamente el correcto. En definitiva, al final esto no va de acertar en agosto. sino de que al llegar a mayo, sigamos ahí. Dando guerra hasta el final.

Mis cinco certezas de agosto

1. Javi Medina no podrá jugar siempre como quiere.
2. Unionistas tendrá que encajar menos.
3. Nos vamos a desesperar con alguna salida de balón.
4. En octubre alguien pedirá cambiar medio equipo.
5. En mayo nadie recordará lo que dijimos el 22 de agosto.

Por eso conviene escribirlo ahora.

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