Osasuna Promesas 0-2 Unionistas: El triunfo del equipo "viejoven"
Los domingos por la mañana no están hechos para debutar ni para jugar bien, y mucho menos para recordar nada que no sea el frío. Por eso, mientras yo repasaba mis viejas miserias futbolísticas desde el sofá y Jimena coloreaba sin prestarme atención, Unionistas se presentó en Tajonar con ese aire viejoven que empieza a tener: menos ganas de gustar, más ganas de llegar. Un equipo que ya no corre por correr, que ya no se enamora de su propio vértigo y que empieza a entender que, en invierno y en Salamanca, ganar sin épica es casi una forma de sabiduría.
🦑 Lunes de Calamares | Un Febrero de equipo adulto
No hay nada peor que debutar como titular un domingo por la mañana. Deberían advertirte y firmar un consentimiento informado en tu contrato de que uno acepta semejante riesgo.
En mi último año como futbolista me incorporé a mitad de temporada, sobre la bocina del mercado de invierno, al que sería mi último equipo. Me rescataron de mi retiro dorado como aprendiz de electricista los días de diario y de recogevasos en una disco de postín los fines de semana. Diez minutos en el estreno. Un debut aséptico, a años luz del de Robinho en Cádiz. Nada hacía pensar que fuese a jugar pronto. Ni mi talento, ni mi interés y, mucho menos, mi actitud en los entrenamientos. Pero en los equipos de cafetería las oportunidades no llegan por méritos, sino por falta de personal.
Aquella mañana de febrero nos presentamos doce. El entrenador apostó por mi palidez dominical antes que por los kilos de más del otro candidato. Supe que era un error en el calentamiento. A los diez minutos estaba vacío. Tres carreras, dos repliegues y un córner forzado. Nada más. Tras perseguir a mi par en una última arrancada suicida, me apoyé en el poste, clavé la rodilla en el suelo y vomité a chorro mis excesos de trabajador precario y futbolista mediocre. Caminé hacia el banquillo sintiéndome, aún engominado de la noche anterior, Luis Figo en su regreso al Camp Nou. Un traidor a unos colores, en mi caso, que apenas conocía y que ni mucho menos sentía. Ahí entendí que el fútbol, a esas horas, no era lo mío y decidí, en mi diálogo interior, poner fin a mi carrera. Por suerte para todos.
Y así, entre lo que olvido y lo que me interesa recordar, llegó la hora del partido de Unionistas ante el Osasuna Promesas.

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