Unionistas 1-0 Guadalajara: De la Nava, Masllorens y el fútbol retro

Homenaje al fútbol retro: Unionistas de Salamanca y la gestión de club.

La jornada retro en el fútbol profesional coincidió, por pura justicia poética, con un domingo en el Reina Sofía que no necesitó disfraces para parecer de otra época. Yo llegaba con la resaca emocional del Football Manager y Unionistas, con su fútbol de barro y convicción, me recordó que lo vintage no está en las camisetas, sino en esos partidos que se ganan a cabezazos, a golpes de oficio y sin una sola concesión al algoritmo. Un domingo de los de antes, aunque aquí nunca se hayan ido del todo.

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La jornada era retro en el fútbol profesional. Lo habían anunciado ya hace tiempo, con vídeos, muchas notas de prensa, eventos presentando revisiones actualizadas de las viejas camisetas y, sobre todo, con muchas fanfarrias, con ese empeño de los tiempos modernos de tener que dar explicaciones de todo lo que antes, sencillamente, no era otro cosa sino lo que ocurría. Yo, por mi parte, hice mi homenaje particular. Trasnochando.

Pasé la noche del sábado despierto hasta altas horas de la madrugadas jugando al Football Manager como en su día hice con el PC Fútbol. Embutido en mi pijama recuperé la sensación de estar tomando decisiones muy importantes. Las tomé, a veces llevado por la ansiedad y, otras apelando a la calma, comiendo Triskys y bebiendo Coca Cola Zero Zero. Una de cal y otra de arena. ME creí, durante unas horas, el presente, entrenador y director deportivo de Unionistas de Salamanca, un Roberto Pescador durante unas horas.

Y como sucedía en los noventa, a la mañana siguiente llegó la bronca. Con la mete todavía embotada de haber pasado la noche en blanco tomando decisiones importantes, vinieron los inmediatos reproches a mi gestión. Si en los noventa era mi madre la que me acusaba de irresponsable, ahora es Marta que, en ocasiones, es más dura e implacable que un central uruguayo de los setenta. No entendía – y con razón- cómo un tipo como yo que se duerme a diario nada más que termina el telediario puede desvelarse hasta las tantas gestionando una plantilla virtual y deja de lado un plan mucho más razonable de sofá, manta, Tu cara me suena y un Cola Cao. No supe qué responder. Supongo que porque, en el fondo, lo entendía perfectamente y sabía que llevaba razón.

Y luego, por la tarde, llegó el partido. Retro también, claro. Aunque en el Reina Sofía no es ninguna novedad, sino la constante. Aquí no es necesario que se organicen jornadas temáticas para recordar cómo era esto antes. Para eso está lo del fútbol popular con cada socio como dueño del equipo a lo que se suman unos accesos al estadio en los que hay que recurrir a la paciencia, unos marcadores que aparecen y desaparecen según el día y unas tablillas del cuarto árbitro que funcionan como un semáforo de madrugada. Fútbol de antes vaya, solo que para los aficionados unionistas no tenga un regusto a nostalgia sino al pan nuestro de cada día.

El Guadalajara también ayudó, sin quererlo, vistiendo de dorado y con sus jugadores luciendo una figura de futbolistas de otra época. Un equipo hecho de jugadores anchos, pesados, de los que parecen estar más hechos para chocar que para correr. Un plantel que daba la sensación de haber salido de una liga en la que los partidos empezaban con un apretón de manos… y continuaban, a las primeras de cambio, con un intercambio de golpes. Y el árbitro, sin quererlo o queriendo, se sumó a la causa. Dejó jugar o, mejor dicho, permitió que allá cada cual se buscase la vida como pudiese. Artola peleando cada balón como si fuese el último, Farru y Gorjón midiendo fuerzas con Salifo en duelos que no eran fútbol ni otra cosa, sino un punto intermedio, más bien encontronazos en un bar de madrugada entre adversarios que se retan con miradas cruzadas mientras se crujen los dedos. Solo se pitaban las faltas claras en las que el golpe sonase. El resto… sigan. Un pequeño Vietnam en el centro del campo.

Y en medio de todo eso: Carlos de la Nava. Otra vez. El diez volvió a aparecer como lo hacen los jugadores que entienden el fútbol sin necesidad de correr más que nadie ni de gritar más alto. Se colocó en el área a la espera de un saque de esquina, vio volar la pelota, midió el tiempo como si esta se moviese más lento para él y cabeceó para hacer lo que hace siempre: decidir. Hay jugadores que viven en la urgencia mientras él siempre está en la sala espera jugando a otra velocidad, presentándose en los sitios cuando toca, no cuando apetece. Y con eso bastó.

Aunque si alguien sostuvo a Unionistas ayer fue Masllorens. El jugador colombiano había sido apenas una nota al pie de página de la temporada blanquinegra hasta ayer. Apareció en el partido como aparecen los especialistas en las películas: sin ruido, sin presentación y resolviendo problemas. Fue algo así como Harvey Keitel en Pulp Fiction, entrando en mitad del caos para poner orden sin que nadie le hubiera llamada. Se pasó todo el encuentro bien colocado, llegando siempre a tiempo a cada balón y un solo error. Hizo lo más difícil: hacer fácil lo que parecía muy complicado: cubrir la ausencia de Juanje. Que ya es decir.

El partido, eso sí, pudo ser otro. Porque hubo polémica de la de siempre, de la de ayer hoy, mañana y siempre. De la que deja a unos con la sonrisa torcida y a otros mirando al techo como si la cosa no fuera con ellos. Un gol anulado al inicio y una mano al final. El Guadalajara se marchó de regreso a casa con la sensación de que algo no encajaba mientras que, Unionistas, se fue con la sensación de que todo había salido como debía y con 47 puntos en la clasificación.

La permanencia que, hasta hace nada, parecía una montaña en la que no se iba a hacer cumbre, ahora aparece como un confortable lugar en el que sentarse a contemplar el plácido paisaje de los seis partidos que quedan por delante. Y es que Unionistas es eso, un equipo que vive mejor cuando no s ele exige más de la cuenta y crece cuando deja de mirarse el ombligo. Ahora aparece, otra vez, la ilusión viendo el playoff a dos puntos. En la barra del bar ya están apareciendo frases y planes para las próximas semanas que terminan mal… o muy bien. Yo, por si acaso no diré nada. Bastante tuve ya con el Football Manager.

Superviviente Blanquinegro. Crónicas del fútbol que resiste.

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