Unionistas en Cáceres: Hábitos atómicos y el milagro del minuto 105

Composición que representa la rutina y la paciencia del aficionado de Unionistas.

Unionistas empató en el 105, fuera de casa, levantando dos veces el marcador y con mil gargantas desplazadas, y aun así volvimos de Cáceres con cara de haber perdido el autobús. Hace cuatro meses este punto nos parecía un milagro; ahora lo tratamos como si fuera una factura del dentista. Algo ha cambiado en este equipo y, sobre todo, en nosotros: hemos pasado de vivir en el drama a exigir épica diaria, cuando lo que de verdad sostiene una temporada no son los violines, sino los hábitos pequeños. Y este Unionistas, por fin, empieza a tenerlos.

🦑 Lunes de Calamares | Unionistas: la épica está sobrevalorada

Hay algo raro que nos está pasando. Unionistas empató 3-3 en Cáceres, en el minuto 105, con gol cargado de suspense de Pere Marco, después de ir por detrás dos veces en el marcador, y salimos del Príncipe Felipe como si hubiéramos perdido la final del Mundial.

Hace cuatro meses firmábamos este punto con sangre. Ahora lo analizamos como si tuviéramos que ir a una colonoscopia. Hemos pasado de vivir instalados en el drama al descontento del éxito postergado en una línea recta, sin escalas ni cordura. A todos nos gusta la épica, nos encantan las grandes historias y estamos. con este Unionistas, tratando de hilvanar el guión de la una futura serie que lo pete en plataformas. El relato del colista que despierta, se vuelve invencible y se mete en playoff mientras suenan violines y los aficionados lloran abrazados.

Es preciosa esa película. Pero todavía quedan doce partidos: tres meses. Y las películas largas no se sostienen con escenas heroicas, sino con microhábitos. El Cacereño, pese a estar delimitando las posiciones de descenso, es de los equipos más fuertes de 2026 y parece que se nos olvida. La ilusión de mil unionistas en la grada más el gol de Chibozo en el minuto cuatro desató una celebración como si fuera la anunciación del ascenso. Tres minutos después, error de Salvi y empate.

Ahí empieza la vida real. Salvi Carrasco no tuvo el día. Falló al sacar el balón y costó el empate y, a partir de ese momento, paso cien minutos dudando. Salvi, un guardameta con la figura de un coloso y la confianza de quien se sabe capaz, se tambaleó. Se mostró humano. Y al día siguiente, dio un paso adelante, reconoció el error y prometió trabajar para que no vuelva a pasar.

Eso además de ser una gesto digno de aplauso, es un microhábito. Reconocer. Ajustar. Seguir. No hay épica en eso, no hay un acto grandioso. Hay algo más, que quizá se nos escapa y que es el indicador más fiable de cómo está haciendo las cosas el equipo de Mario Simón: hay crecimiento y compromiso con el trabajo diario.

El problema es que hemos convertido la cultura del esfuerzo en cultura del extremo. Ayer Salamanca estaba tomada por la Media Maratón. Todo el mundo corre, todo el mundo se mide, todo el mundo se exige más kilómetros, más disciplina, más abdominales, más proteína, más estoicismo. Si no haces un mínimo de diez mil pasos diarios eres un fracasado y un agujero sin fondo para la sanidad pública. Si no meditas veinte minutos no te gestionas y acabarás esquilmando las arcas públicas a base de recetas en la farmacia. Si no comes a la plancha no te cuidas y desgastas el sistema sanitario a base de analíticas, estas sí, con resultados de record.

Es agotador. Yo he decidido otra cosa, seguir otro camino. Antes de comer, cinco segundos para oler lo que voy a ingerir, con su aceite, sus grasas, su pimentón y su alegría de vivir. Bajar las escaleras en vez de coger el ascensor, lo de subir para los que hagan expediciones. Salir al balcón dos minutos en calzoncillos para que me dé el sol del mediodía mientras saboreo el tercer café. Mojarme la nuca y las muñecas en el lavabo en vez de saunas. Y a vivir. Una vida sin heroicidades y sin agujetas.

Jugadores de Unionistas celebran el empate 3-3 ante el Cacereño con la afición desplazada.

Este Unionistas de Mario Simón está en eso. En vez de gestas, hábitos. Chibozo sigue atacando espacios y defendiendo como si le fuera la vida en cada carrera. Serpeta sigue generando peligro aunque no siempre acierte. Vadik volvió a marcar de cabeza en un córner, porque repetir bien algo pequeño también suma. Pere Marco apareció en el 105 porque insistir hasta el final es un hábito, no un milagro.

Y cuando el partido parecía perdido, no nos descompusimos. Hace unos meses ese 3-2 nos hunde y el sábado terminó en empate. Eso no es una hazaña. Es una señal. Mario Simón lo dijo sin aspavientos, como siempre, con esa sonrisa tranquila de quien acompaña a sus hijas a un concierto con tapones en los oídos: “Un punto importante en un campo muy difícil”. Nada de proclama ni de apluasos fáciles hablando de playoff. Nada de discursos de fuegos artificiales. Control. El descenso sigue nueve puntos del descenso con una jornada menos. Seguimos en la pelea alta. Seguimos sumando.

Pero no somos invencibles como nos demostró el Cacereño. Y no pasa nada Nos dejamos arrastrar con un soplido de euforia. Quizá, este sea el mes, en el que toca exigirnos menos y entendernos más. Saber que las temporadas no se ganan en una tarde loca y que, superado febrero, marzo debe tener como objetivo cerrar la permanencia.

Porque los objetivos se consiguen con pequeñas decisiones repetidas. Con entrenamientos discretos. Con errores asumidos. Con porterías que un día fallan y al siguiente vuelven a intentarlo. Doce partidos por delante, ni uno menos. Si queremos contar la historia grande, primero hay que respetar la pequeña. Porque las gestas son el resultado visible de cientos de hábitos invisibles.

Y ahora mismo, Unionistas está haciendo lo más difícil en esta categoría: no volverse loco. No sé si esto acabará en playoff. Pero sí sé que el equipo ya no vive de escenas épicas sino de rutinas. Y en Salamanca, donde la piedra no se mueve a base de discursos sino de paciencia, eso suele ser una buena noticia.

Acabamos la temporada pensando menos en ser la serie de Netflix. Continuemos repitiendo lo que funciona. Empatar en el 105 no es el final memorable de una película, es un entrenamiento mental para lo que está por venir. La banda sonora de la película ya la tenemos, así que todos juntos cantemos: “yo quién soy y quién es mi familia…”.

Superviviente Blanquinegro. Crónicas del fútbol que resiste.

Antes del Pitido

Súmate a nuestra newsletter donde damos contexto, debates y lectura blanquinegra
solo cuando Unionistas juega en casa.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja un comentario