Entre el sistema y la herida: La filosofía de Jon Erice.
Hay entrenadores que hablan de sistemas y otros que hablan de heridas. Jon Erice no tiene un discurso acerca de esquemas, números, analítica, sino de las sensaciones que le traslada el juego su equipo, especialmente, los días que sale derrotado y pierde el sueño pensando qué ha sucedido y qué está en su mano para evitar que suceda de nuevo. Y eso, en un fútbol cada vez más lleno de ruido, ya es una declaración de principios.
El próximo rival de Unionistas en el Reina Sofía no llega envuelto en cifras que intimiden. El Arenas Club de Getxo es, hoy, el peor visitante de la categoría: dos victorias, un empate y nueve derrotas lejos de casa. Siete goles a favor, veinte en contra. Un balance áspero, como el salitre que golpea las barandillas del paseo de Ereaga cuando el Cantábrico se enfada. Pero reducir este partido a una estadística sería no entender nada.
El Arenas de Getxo: Un pionero que respira historia y barro.
El Arenas no es un recién llegado. Es un club que respira historia. Fundado en 1909, campeón de Copa en 1919, uno de los diez pioneros de la Primera División. En Getxo el fútbol no se mira: se hereda. Como las casas que miran al Abra. Como los relatos de puerto y hierro que Ramiro Pinilla supo convertir en literatura. En su trilogía Verdes valles, colinas rojas, Pinilla habla de una tierra que pelea por no desaparecer bajo el peso de su propio pasado. Algo parecido le ocurre al Arenas cada vez que regresa al fútbol de bronce. Volver no es el problema. El problema es quedarse.
Tras el ascenso logrado por Ibai Gómez —que después emprendió un camino hacia el FC Andorra—, el banquillo de Gobela quedó huérfano de épica reciente, sin el héroe al que aferrarse. Y ahí apareció Erice, dispuesto a asumir el reto y ponerse cara al viento.
Jon Erice: De la élite europea al barro de los banquillos.
Erice es de Iruñea. Cantera de CA Osasuna, con el que, pasando por todas las categorías, alcanzó el fútbol profesional. Se desempeñó como centrocampista y eso le llevó, de la mano del Cuco Ziganda, a jugar en Europa con los rojillos viviendo de primera mano una noche mágica de cuartos de final de la Europa League en Leverkusen en una victoria por 0-3 que es historia del conjunto navarro con jugadores como: Savo Milosevic, Roberto Soldado, Webó, Juanfran, Ricardo o Raúl García. Después fue peregrinando por doce vestuarios -Málaga, Huesca, Cádiz, Guadalajara, Oviedo, Albacete, Hércules y Multivera-, tres de ellos lejos de España que le llevaron a Chipre, Grecia y Canadá. Su carrera fue, como él mismo la define, pasional. Y algo salvaje como fue el episodio en 2017 que supuso su adiós del Real Oviedo, de donde era capitán, por encararse con un aficionado al que fue a increparle a su puesto de trabajo en relación a una pancarta que desplegó el grupo de animación “Symmachiarii” en la que se leía “Un buen capitán nunca hunde su barco”. Como una selva donde uno aprende a orientarse o acaba devorado.
Es el de gris, me pilló muy lejos, pero creo que le increparon a él mientras paseaba con la familia. pic.twitter.com/IMzsfx6pei
— Héctor Álvarez 💙🖖🏾➕ (@hectoralsa) June 7, 2017
Padre de cinco hijos. Sin redes sociales. Sin postureo. “Prefiero que se vea en el campo lo que quiero hacer”, repite. En una época en la que los entrenadores gestionan más su relato que su presión tras pérdida, Erice se parece más a un capataz de obra que a un conferenciante TED. Es obsesivo. Lo admite. No duerme cuando pierde. Se enfada durante días. Le preocupa, por encima del resultado, cómo juega su equipo. No promete permanencias ni vende futuros. Solo habla del siguiente domingo. En Getxo eso gusta. Porque allí el ruido siempre fue el del mar, no el del algoritmo.
Gobela, Fadura y la incomodidad como patria.
La temporada del Arenas no ha sido una línea recta. Ha sido un traslado. Gobela no cumple normativa por su césped artificial. El equipo, concluida la primera vuelta de la competición, ha tenido que mudarse a Fadura, aprender a cambiar de superficie, adaptar musculaturas y rutinas. Lo que para el espectador es un matiz, para el jugador es una contractura en potencia.
A eso se suma la llegada de una nueva directiva encabezada por Mikel Barandalla, la reorganización interna y un mercado de invierno convulso con las llegadas de última hora de Sergio Navarro, el israelí a préstamo de la UD Ibiza Tamir Glazer, Jon Merino que llega de Lugo y el joven internacional Bazaga que llega del Atlético de Madrid. El golpe más visible: la salida de Babá Diocou rumbo al Granada. El mejor impacto ofensivo del grupo convertido en ingreso necesario para reforzar otras zonas.
Erice no lloró la pérdida. Habló de colectivo. De que el equipo está por encima del individuo. De que la fuerza es común. Es un discurso antiguo, casi obrero, en un fútbol que tiende al escaparate.
El dogma de la valentía en un choque entre resistencias.
Si algo repite es una palabra: valentía. Presión alta. Ritmo alto. Defender lejos del área. Llegar por fuera. Ir a por el partido. No especular. “Es innegociable”, dice. Lo curioso es que ese ideario choca con los números a domicilio. Porque el Arenas sufre lejos de Getxo. Porque la valentía, cuando no tiene gol —y Erice ha reconocido que le faltaban delanteros y perfiles de banda—, puede convertirse en ingenuidad. Ahí está el dilema que llegará al Reina Sofía. Unionistas se juega aumentar el colchón con el descenso después de una racha en la que el equipo de Mario Simón ha ganado 4 de los últimos 5 partidos. El Arenas, por su parte, debe pelear por no quedarse atrapado en la pendiente. Ambos saben que este duelo no es definitivo, pero sí puede ser una grieta o un dique.
Erice no habla a largo plazo porque dice que le resta energía. Vive en el día a día con una intensidad casi física. Es joven —aún no ha cumplido los 40 años—, pero arrastra la experiencia de quien ha cambiado de ciudad demasiadas veces como para idealizar nada. Quizá por eso encaja en este Arenas que vuelve a la categoría de bronce con humildad estructural y presupuesto corto. Un club histórico que necesita ampliar masa social, abrirse a todo Getxo, convencer a patrocinadores, sobrevivir sin perder identidad.
En el fondo, el partido en Salamanca no enfrentará solo a dos equipos. Enfrentará dos maneras de resistir. La del que juega en casa y quiere dar un golpe casi definitivo. Y la del entrenador que no duerme cuando pierde y que ha decidido que, pase lo que pase, su equipo irá hacia adelante. Como el viento en la costa vizcaína. Aunque a veces sople en contra.

Rayco Rodríguez: un canario en Java regateando entre manglares
Rayco Rodríguez, ex de Unionistas, cambió los charcos del Reina Sofía por los manglares de Java. En Indonesia se ha convertido en ídolo del Persita Tangerang, donde su fútbol mezcla regate tropical y memoria blanquinegra. Una historia de viaje, goles y aromas que aún resuenan en Salamanca.

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