Víctor San Bartolomé: aprender a mirarse mientras miran
Víctor San Bartolomé (Barakaldo,1999) aprendió pronto que el tiempo no avanza igual para todos. A los diez años apareció, procedente del Pauldarrak, en Lezama, donde creció dentro de un ecosistema que promete mucho y perdona poco. Allí fue señalado, observado, medido. Con la mayoría de edad recién estrenada fue citado, junto a Dani Vivian, por el Cuco Ziganda para irse fogueando en el primer equipo. En sus cuatros años y medio en el Bilbao Athletic cargó con la etiqueta de promesa y con el peso invisible de unas expectativas, para un medio con una gran zancada y llegada al área rival, que a veces se construyen más desde fuera que desde dentro. No siempre es sencillo sostener tantas miradas cuando se está aprendiendo a mirarse a uno mismo.
El segundo primer día de Víctor San Bartolomé
La presión no ayudó a consolidar a Víctor San Bartolomé que no volvió a ser llamado por el primer equipo mientras trataba de coger vuelo en un filial rojiblanco de altos vuelos con Villalibre, Vivian y otros jóvenes con prisa por llegar al fútbol profesional. Tampoco lo hicieron las lesiones, que comenzaron a aparecer como una constante incómoda, como un ruido de fondo que interrumpe cualquier melodía y que le impedía volver a los olores y sonidos conocidos de un vestuario en día de partido. Su salida del Athletic fue tan dura como inevitable. La etapa final, marcada por el ostracismo tras la llegada de Patxi Salinas al filial, le obligó a tomar una decisión que siempre da vértigo: marcharse del lugar donde uno ha crecido, donde se ha vaciado soñando con alcanzar la cima del primer equipo. Tenía 23 años, edad de veterano en Lezama, pero todavía con mucho fútbol por enseñar.
El destino fue otro filial, el Celta Fortuna, en el verano de 2022. A Madroa se convirtió en un nuevo comienzo. Allí fue un jugador muy importante para Claudio Giráldez en su primer año, recuperando sensaciones y continuidad que le reportó un año más de contrato, hasta que en el segundo, durante la pretemporada, una nueva lesión: rotura de tibia, volvió a detenerlo todo durante nueve meses. El fútbol, que avanza a una velocidad implacable, volvió a enunciar que no está dispuesto a esperar a quienes se quedan atrás por causas ajenas a su voluntad.
Las lesiones forman parte de la carrera de cualquier futbolista, pero no todos aprenden a convivir con ellas. Exigen algo más que fortaleza física: piden paciencia, honestidad y una conversación permanente con uno mismo. Son una batalla contra un enemigo invisible, donde el jugador ejerce, a la vez, detective, fiscal y juez, buscando causas, señales y culpables, un proceso en el que uno termina mirándose al espejo con demasiada dureza para encontrar alivio en el castigo.
Sin embargo, si algo define el presente de Víctor San Bartolomé es la fe. La fe en sí mismo y en el trabajo diario, ese que no se ve y que rara vez se celebra. Lejos de la autocompasión y del “por qué a mí”, eligió la disciplina y la constancia. Se negó a abandonarse. Volvió a sentirse futbolista entrenando como si cada sesión fuese una oportunidad irrepetible, con la ilusión intacta, con las botas puestas y la mirada limpia. Jugar, competir, regresar al vestuario cubierto de barro, con los gemelos cargados y la satisfacción íntima de haber dado todo: ese orgullo sencillo que ninguna estadística puede medir.
El regreso al País Vasco fue también un regreso al calor. Tras un buen año individual en el Real Unión, marcado colectivamente por el descenso a Segunda RFEF, buscó un nuevo acomodo pese a tener contrato en vigor hasta 2027. Barakaldo apareció como un lugar donde recomponer el camino. En Lasesarre ha encontrado cercanía, rostros conocidos, una grada que devuelve aliento cuando se busca oxígeno. Volvió a casa para sumar minutos, continuidad y, sobre todo, paz.
A las órdenes de Imanol de la Sota, San Bartolomé se ha convertido en una pieza clave de un Barakaldo reconocible, intenso, que vive cada partido como si fuera el último. Un equipo que no especula, que entiende el fútbol como un ejercicio de entrega total. En ese contexto, Víctor ha brillado como uno de los jugadores más destacados de la Primera RFEF en la primera vuelta del campeonato, aportando goles, presencia y madurez a un conjunto que siempre presenta batalla.
El sueño del fútbol profesional sigue ahí. Nunca se fue. Quizá estuvo en silencio, esperando a que cuerpo y mente encontraran por fin un equilibrio duradero. En 2025, Víctor San Bartolomé ha conseguido mantener ambos a raya y su talento ha vuelto a aflorar, ha sido nombrado MVP de Primera RFEF en el mes octubre en el que anotó 4 goles y repartió una asistencia, con naturalidad a lo que ha incorporado una destacada faceta goleadora: 5 goles en lo que va de temporada. A veces, no hay mayor impulso que volver al lugar donde uno se siente comprendido. A veces, para avanzar, basta con regresar.

Unionistas en el Toralín: Una cita fallida y el regreso de la ‘señora permanencia’
Unionistas en el Toralín: Una cita fallida y el regreso de la ‘señora permanencia’ Hay partidos que no se pierden de golpe, sino a tirones.

El retorno de Farru: La pieza maestra de Unionistas
ay futbolistas que solo parecen importantes cuando faltan. El regreso de Farru para visitar El Toralín no es solo un cambio de cromos; es la vuelta de la lógica defensiva y la salida de balón zurda en un Unionistas que debe evitar la trampa de Mehdi Nafti.

Historia del fútbol colombiano: De la magia de Higuita al mito de El Dorado con Pedro Cadima
Historia del fútbol colombiano: De la magia de Higuita al mito de El Dorado con Pedro Cadima Hay fichajes que sirven para completar plantillas y
