Unionistas vs Zamora: Del miedo al alivio del 0-0
El fútbol, como Hacienda, no entiende de explicaciones bonitas. Puedes competir, justificarte y salir con la sensación de haber hecho lo correcto. Pero al final miras el resultado y te das cuenta de que sigues en el mismo sitio… esperando que venga la inspección a desenmascararte.
🦑 Lunes de Calamares | Inspección abierta en el Reina Sofía
Del empate contra el Zamora no hace falta decir mucho. Se vio lo que había. El cuadro zamorano llegó poniendo sobre el césped el fajo de billetes que tiene en la cartera y nosotros con las monedas contadas, contando la calderilla, como quien pide una caña y mira si le llega para el pincho. Seis partidos sin perder lleva el cuadro franjirrojo que tiene buena cara y buen traje. Desde que Óscar Cano cogió aquello, el Zamora camina recto.
Unionistas, en cambio, salió al campo como quien abre cada día el buzón esperando encontrar dentro una carta de Hacienda. Ese miedo tonto que tiene el pobre a que te pillen algo, aunque no sepas ni qué. El once trajo la sorpresa del día: Marco Coronas a la portería, Unai Marino al banquillo. Cuando encajas quince goles en cinco partidos, siempre es más fácil cambiar al portero que mirar a ver qué defensas quitas cuando no tienes con quien reemplazarlos. El otro agujero, el del lateral izquierdo, ya ni sorprende. Hiobi salió a taparlo con la mejor voluntad del mundo. Un chaval en prácticas apagando un incendio con un vaso de agua. El roto en esa zona del campo no era suyo. El roto es de arriba y el mensaje quedó claro para un director deportivo, Antonio Paz, al que ayer le sacaron los colores.
La primera media hora fue un despropósito. El Zamora entrando por donde quería de la mano de Sancho en la banda derecha llegando a la línea de fondo una y otra vez, Unionistas corriendo sin saber muy bien detrás de qué, y la grada con esa cara de “otra tarde larga”. Mientras tanto, la afición visitante —numerosa y ruidosa— ponía color al Reina. La local había cumplido: fondo lleno, cartulinas, ambiente. El equipo, no tanto. El 5-0 de Barakaldo seguía oliendo a chamusquina en la grada. Y cuando algo huele, se nota.
La primera media hora fue un sketch de Benny Hill, pero sin gracia. Con un Unionistas corriendo detrás de sombras con música de saxofón de fondo. Luego llegó la lesión “estratégica” de Coronas. Parón, bronca, pizarra improvisada. Mano de entrenador. Entró Vadiq para ocupar el centro de la zaga y aquello se ordenó un poco, como cuando entra el adulto responsable en una habitación llena de niños pasados de rosca. Se acabaron las pamplinas. Olmedo pasó al lateral izquierdo tras media hora persiguiendo a Loren Burón como si fuera su sombra, Gorjón se fue al otro lateral y Unionistas empezó a hacer defensa de trinchera diez metros más adelante. De repente, aquello dejó de parecer una derrota cantada. No era bonito, pero al menos no hacía daño a la vista.
El Zamora tuvo el balón, el campo y la iniciativa. Pero no remató. Parecía esperar a que Unionistas se cayera solo. Y oye, nos vino de lujo. Peligro real hubo poco más allá de un remate al larguero de Josh Farrell cuando el partido agonizaba. El que sí dio la tarde fue Loren Burón, que salió del Reina Sofía con más enemigos que tarjetas. Y ya es decir.
Unionistas tuvo sus opciones. No jugó bien, pero ocasiones hubo. Gastón, Abde, Juanje, Aarón Piñán… alguna tenía que haber entrado. Pero Fermín, uno de los mejores cancerberos de la categoría, decidió, con dos acciones soberbias, que ayer no marcaba nadie. Y cuando un portero se pone en plan portero, se acabó la discusión.
Al final, 0-0 y Mario Simón diciendo que “hay plantilla de sobra para salvarse”. Sonó a charla de padre cuando el hijo trae otro suspenso. “Tú puedes, solo tienes que centrarte”. Puede ser verdad. Pero no tranquiliza.
Porque con 21 puntos en la primera vuelta no llega y es milagro que el equipo no haya caído en descenso tras dos meses sin ganar. Ya no podemos rezarle al mismo santo. O el Reina Sofía vuelve a ser un fortín en la segunda ronda o esto se pone feo. Muy feo. Quedan por venir Guadalajara, Arenteiro, Arenas, Talavera… y esos partidos no se juegan: se ganan. Toca sumar de tres en tres. Dejar de hablar de sensaciones, de brotes verdes y de competir bien. Porque al final, como con Hacienda, solo importan los números. Y los números no perdonan ni entienden de discursos.

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