Unionistas 5-1 Talavera: Pijamas, coralina y el orden de Ramiro

Composición creativa que representa el frío en el Reina Sofía con elementos de ropa de invierno y el escudo de Unionistas.

Fui al fútbol con el pijama puesto porque últimamente Unionistas se parece demasiado a la vida adulta: nadie viene a divertirse, todos vienen a no cagarla. Abrigados hasta las cejas, con miedo al error y más pendientes de que no pase nada que de que ocurra algo bueno. La diferencia es que, esta vez, ocurrió. Y de qué manera.

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Reconozco que el sábado fui al fútbol con el pijama bajo el chándal. Gorro, guantes, bufanda, abrigo y tres pares de calcetines termosellando las pantorrillas. Cero glamour, algo de pérdida de movilidad y cien por cien de efectividad: Así fue la victoria de Unionistas de Salamanca. Pero hay momentos en la vida —y temporadas en Primera RFEF— en los que uno está más pendiente de evitar que pase algo que de provocarlo. Llámese resfriado, encuentro casual o gol en contra.

Así que fui al Reina Sofía en modo Marco Coronas. Con todas las alertas activadas y máxima precaución. Nada de florituras; la consigna de no moverse hasta tener claro que todo estuviese en su sitio. En mi caso, eso me valió una reprimenda doméstica de Marta: para ella, ir al fútbol con el frío anunciado era un delito mayor que quedarme de vinos hasta la madrugada, y que hacerlo, además, con pijama puesto, confirmaba sus sospechas: “por mucho CrossFit que hagas”, me dijo, “sigues siendo más gañán que José Luis López Vázquez”. Y con razón.

Marco Coronas, por su parte, recibió lo suyo desde la grada a modo de “¡espabila chaval!”.La razón: el respetable entendía que el cancerbero pausaba el juego. Por no arriesgar. Por no sacar el balón como si fuera un francotirador con prisa. En definitiva, por jugar como muchos vamos por la vida: tratando de no cagarla. Me sorprende tanto espíritu emprendedor en la grada de una ciudad donde hay pocas empresas y muchos funcionarios opinando en cada tasca a la hora del vermú.

Pero vayamos al partido. El Talavera salió con colmillo, sobre todo por arriba en donde encontró, con la ausencia de Gorjón la falta de controladores aéreos en la zaga blanquinegra, y durante media hora instaló ese runrún incómodo que hace que el público mire más al reloj que al campo. Marco Coronas, señalado, no se descompuso ni ante la clara ocasión de Sergio Moreno que, por suerte, mandó fuera. Jugó su partido. Cumplió su misión. Y no cometió errores. Que, en un duelo así, ya es bastante. De hecho, fue un partido tan extraño que los porteros podrían no haber ido a tomar un café para entrar en calor y el marcador habría sido el mismo. Porque parar, no pararon.

Hasta que Olmedo decidió que ya estaba bien de tonterías. Enganchó un balón en la frontal, tocó en un rival y se convirtió en vaselina perfecta. A partir de ahí, el caos organizado. Dos minutos después Pere Marco cazó un centro en el área pequeña de Álvaro Gómez para estrenarse como goleador en el Reina. Y Juanje, en un córner, la clavó al palo con precisión de cirujano. Tres goles en diez minutos. De partido áspero a tarde plácida. Como cuando pasas del “no salgo hoy” a “una más y nos vamos” sin darte cuenta.

La segunda parte arrancó con ganas de jarana. Álvaro Gómez se marcó un coast to coast acompañando una contra perfectamente armada entre Pere Marco y Juanje para cerrar cualquier debate. El nivel del once es una barbaridad. Rock and roll constante con gol y asistencia en el partido. Desde que lleva el brazalete, se ha echado el equipo a la espalda y se ha convertido en emblema, justo cuando De la Nava no está fino y Ramiro apenas había pisado el césped.

Ramiro Mayor celebra su gol frente a la grada del Reina Sofía

Hablando de Ramiro: Mario Simón nos regaló su vuelta. Llegó tras unos minutos de desconcierto absoluto, con Juanje de lateral derecho y el equipo jugando como un videojuego mal configurado. El Talavera, pese al correctivo, encontró premio en forma de gol. Y ahí entró el capitán. Puso orden. Se acabaron las milongas. Tres centrales, bandas para Mounir y Álvaro, y a correr menos y pensar más. Problema resuelto. Como colofón, penalti y gol para Ramiro. Condecoración a veterano de guerra y ovación merecida.

Si hay que poner un “pero”, es que Mario Simón no agotó los cambios y Adam Arvelo apenas tuvo minutos. También habría sido bonito ver a Hiobi como gesto después de lo de hace quince días. Pero el míster eligió no abrir otro frente. Códigos de vestuario que a un paisano como yo, con pijama bajo el chándal, se le escapan.

Así que el sábado dejó cinco goles, tres puntos, el descenso un poco más lejos y un ejemplar de El Calvario Exiliado bajo el brazo. No se puede pedir mucho más. Febrero asoma como mes clave, con rivales de la zona baja y un mercado aún abierto. Veremos si llegan refuerzos y si alguien hace las maletas.

Por mi parte, ya me he adelantado. He pedido refuerzos. Se llama coralina y no pienso cambiarlo, será mi nueva equipación. Algo clásico, sin estridencias pero que abrigue y, a partir de ahora, me identifique, como el uniforme de Unionistas ahora que quiere cambiarse, lo que ya funciona. Más pijamas y menos goretex. Ad astra per aspera.

Se fue Riera, llegó el VAR, y en medio… volvimos a creer

Unionistas despide a Oriol Riera con tres derrotas, cero goles y una puerta rota como legado. Entre cuchillos institucionales, grupos de WhatsApp y un empate con épica ante el Real Avilés, llega Mario Simón al banquillo. En Salamanca, la indiferencia pesa más que el rencor, y entre grietas, se cuela la luz.

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