Irse también es el camino: La filosofía de Unionistas en el mercado de fichajes
Unionistas de Salamanca no es una jaula. Es una estación de paso, una parada, como lo han sido para muchas personas, durante más de ocho siglos, las aulas de una Universidad de la capital del Tormes.
La Universidad del fútbol: Ni jaulas ni eternidades.
Conviene repetirlo cuando el ruido aprieta, cuando la salida de un jugador del equipo blanquinegro duele más de lo que dicen los números -por quien es. por lo que aporta, por lo que calla y por lo que dice callando- y cuando el aficionado busca culpables donde quizá solo hay decisiones que buscan lo mejor: para quien ha dado lo que tenía y para un club que seguirá estando, por muchos jugadores que se vayan y otros tantos lleguen. El fútbol, incluso el que se vive con el corazón en la mano, también va de trayectorias. De llegar, de estar y, a veces, de marcharse.
La salida de Abde Damar rumbo al Zamora CF encaja en ese mapa. No como una derrota, ni como una renuncia, sino como un movimiento más dentro de la naturaleza de un club que nunca ha prometido eternidades. Unionistas no retiene por retener. Nunca lo ha hecho, ya sea por no tener el dinero necesario en la cartera o por saber, como tantos padres y madres en Salamanca, que lo mejor para ellos es dejarlos volar. Unionistas de Salamanca no se ha aferrado nunca a sus jugadores, ni debe hacerlo, ni cuando pudo ni cuando dolió.
Desde su nacimiento, el club blanquinegro ha sido lugar de paso, formación y relanzamiento. Un sitio al que se llega para crecer, como José Salinas o Carlos Giménez; para mostrarse y dejarse ver como le ocurrió a Jesús de Miguel, Slavy o Iván Chapela; para reconstruirse después de una mala etapa como le sucedió a Mario Losada; o para volver a empezar como pasó con David Rabadán la temporada pasada. Y otras, cuando el contexto lo pide, para seguir el camino en otro punto del trayecto vital de un futbolista, se llame Rastrojo, Jonny Arriba, Jordi Tur o Raúl Beneit.
Que Unionistas de Salamanca no retenga a sus jugadores, que sea una palanca para nuevos y ambiciones mayores no es una debilidad. Es una parte esencial de la identidad del club y algo que debe tener, siempre, muy presente su afición. En la historia reciente hay ejemplos de sobra. Jugadores que encontraron aquí un escaparate, un refugio o un trampolín. Futbolistas que dejaron huella, que son recordados con cariño por la hinchada blanquinegra, sin necesidad de quedarse para siempre. Porque quedarse no siempre es sinónimo de pertenecer, y marcharse no implica traicionar nada ni a nadie.
Un caso reciente Abde llegó con un perfil claro en los últimos días del mercado de verano: desborde, verticalidad, talento en banda. Un futbolista de impacto, pero también de proceso. Su paso por Unionistas ha tenido luces y sombras, como casi todos en esta categoría. Minutos, competencia, contextos y rendimiento cambiante. Su decisión de cambiar de aires es un acto mira más al futuro inmediato que al pasado. Lo mismo que hizo Gastón Valles hace una semana y harán otros en el futuro como muchos ya hicieron en el pasado.
Sostener la idea por encima de los nombres
Unionistas, por su parte, tiene la misión de continuar siendo fiel a sí mismo. No prometer minutos a nadie, pero sí prometer un marco en el que muchos fueron capaces de sacar lo mejor de sí. La dirección deportiva no debe afanarse en asegurar continuidad a quien venga a fin de contentar y recibir el aplauso fácil de quienes ven, en cada incorporación, el fichaje del siglo. El mensaje debe ahondar en ofrecer un lugar donde competir. Y eso, en el fútbol actual, ya es mucho.
Hay clubes que funcionan como jaulas: cierran puertas, aprietan barrotes, confundiendo control con proyecto. Unionistas no es eso ni debe serlo. Unionistas es una estación, un lugar de paso en la vía de la plata que es la carrera de un futbolista. Un punto del viaje donde uno se sube, se baja o hace transbordo. Donde algunos esperan y otros parten. Donde lo importante no es retener nombres, sino sostener una idea.
Por eso, cuando alguien se va, no se resquebraja el escudo. El camino continua mientras, como en cada curso, rostros nuevos llegan y otros toman la decisión de quedarse, porque Salamanca también puede ser un lugar donde echar raíces como Álvaro Gómez, Ramiro Mayor, Carlos de la Nava o Héctor Nespral. Y, así, el club continúa, apoyado en algo más sólido que un nombre propio: una forma de entender el fútbol.
Irse también forma parte del camino. Y Unionistas lo sabe desde el primer día.

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