Unionistas 1-0 Ourense: Ganar sin amor en el crudo invierno

Bodegón de invierno con bufanda de Unionistas de Salamanca representando la victoria sufrida ante el Ourense.

El sábado en el Reina Sofía no hubo poesía ni fuegos artificiales, pero sí ese fútbol de invierno que en Salamanca se juega con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido. Entre viejas rencillas, fichajes recién planchados y una grada con más ganas de protestar que de aplaudir, Unionistas sacó tres puntos de los que no hacen ruido pero sostienen temporadas. Una tarde de supervivencia, de esas que no enamoran a nadie pero que te acercan, sin que te des cuenta, a la primavera.

🦑 Lunes de Calamares | La vieja receta de ganar sin gustar.

La tarde del sábado empezó torcida antes de que rodara el balón: olvidé repetir lo de ponerme el pijama bajo la ropa para ir al partido y lo acabé pagando con intereses. Llegué a mi asiento justo cuando se le hacía entrega de un detalle conmemorativo a Dani Llácer, de vuelta al Reina Sofía casi un año después de su salida, y la grada volvió a demostrar que tiene buena memoria… aunque a veces selectiva. Parte del respetable le guarda inquina al antiguo técnico unionista. Preguntando por los pitos “Que si se fue sin despedirse”, se justificaron algunos. Como si cuando a uno le deja la novia tuviera que ir casa por casa, discurso en mano, despidiéndose de la familia política. Conviene recordar que Llácer fue cesado. No se marchó dando portazos, ni lanzando una mala palabra ni llevándose los cubiertos.

Con quien, curiosamente, no hubo ni un gesto fue con Rabadán. Ahí sí que se intuye rencor. El mismo Rabadán que jugó los partidos finales del curso pasado con la rodilla hecha trizas. El mismo que marcó en Lezama el gol que valió una salvación. El mismo al que el Marbella dio puerta en verano por la rodilla. Y el mismo que, casi seguro, llamó en verano a la puerta de Unionistas para encontrarse con un elegante “si te he visto no me acuerdo”. Detalles. De esos que no salen en el acta pero que dicen mucho. El club pide a gritos alguien que sepa moverse en terrenos pantanosos y manejar estas situaciones sin dejar barro en las botas.

Pancarta de protesta en la grada de animación de Unionistas durante el partido contra el Ourense.

En la grada había ganas de crisparse. De estar en desacuerdo, como buen salmantino, hasta con quien está callado. De tener humor de perros, acorde a la tarde. Primero con Llácer, luego con el equipo arbitral. La grada de animación mostró su desacuerdo con pancarta que rezaba “No hay más ciego que el que no quiere ver. Basta Ya” y dos minutos de silencio que, lejos de enfriarse, mutaron en una actitud rezongona, contagiosa, cuestionando cada decisión arbitral. Al menos, esta vez nos libramos del FVS. Nadie lo echó de menos. Buena señal. Y, ante lo visto me viene el final del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago: “creo que estamos ciegos, ciegos que ven,ciegos que, viendo, no ven”.

En el campo, la semana había venido cargada: cinco fichajes presentados de una sentada. Una presentación que parecía hecha, más que en la sala de prensa en la churrería del Toscano a las seis de la mañana de un domingo. Rápida, desordenada y con los protagonistas con caras que parecían cualquier cosa menos futbolistas profesionales. Con esas trazas las señoras de visón –made in Frades- se aferrarían con más fuerza a sus bolsos.  Por su lado,conociendo a Mario Simón, poco amigo de sobresaltos, ninguno salió de inicio. Lo reseñable fue lo obligado: Gorjón al lateral derecho, Chibozo como interior izquierdo. Nada nuevo bajo el sol. Lo bueno y lo malo de este entrenador es que no altera el pulso. El día que aparezca con la camisa por fuera y pidiendo otro chupito más, muy desesperada tendrá que estar la cosa. De momento, vamos tirando.

Del partido, poco. Unionistas disparó lo justo y necesario. Un penalti transformado por Álvaro Gómez y una acción individual de Chibozo en la segunda parte. No se gastaron más balas. El Ourense, tras una primera mitad pareja y sin nada que me haya quedado para el recuerdo, pasó los siguientes cuarenta y cinco minutos rondando el área local como un adolescente esperando a la chica que le gusta en el portal: vueltas, idas y venidas, miradas al móvil, esperanza absurda para, al final, acabar tirando la flor al contenedor. Penitencia de quien teme el no y peca de ser el pardillo que no se atreve a probar otras estrategias de aproximación más eficaces.

La segunda parte de Unionistas fue un “no va a pasar nada”. Consciente de que al Ourense le cuesta atacar a equipos replegados, Mario Simón apostó por defender cerca del área y cazar alguna contra que cerrara el partido. El problema fue que las decisiones no acompañaron la idea. La entrada de Juanma Lendínez al descanso no ayudó: el chico no tuvo su día y, con el campo pesado, fue como una ensaladilla rusa en invierno. Molesta. El orden llegó —que no la finura— con Masllorens, pero con Carlos De la Nava como nueve para correr al espacio difícil, el capitán es más de pararse a hablar -incluso en el día más pegón que le recuerdo- que de escabullir el bulto con un tengo prisa.

Así que, como resumen final, sí: tres puntos. Y no es poco. En esta categoría, ganar sin brillo es casi un lujo. Como encontrar sitio para aparcar un sábado o que el camarero se acuerde de tu cara sin preguntarte qué tomas. Unionistas ganó sin épica, sin alegría y sin levantar del asiento a nadie. Y eso, visto lo visto, es casi una virtud. Porque el sábado nadie fue a enamorarse al Reina Sofía. Fuimos a sobrevivir. A tachar partidos de la lista, a cerrar la portería con llave y a mirar el calendario como quien mira la cuenta del banco a día 28: con resignación y algo de fe. El fútbol bonito queda para otros. Para los que pueden permitirse fallar. Nosotros no.

El Ourense se fue con la sensación de haber rondado algo que nunca fue suyo. Unionistas se quedó con los puntos, que es lo único que cuenta cuando se apagan los focos y la grada deja de discutir sobre árbitros, entrenadores y viejas rencillas. Hoy, con el vermú, ya hablaremos de los nuevos fichajes, de quién sobra y de quién no vale. Pasado, de lo mal que se hizo todo meses atrás. Y el miércoles, de lo mucho que nos queda por sufrir.

Mientras tanto, tres puntos que dejan a Unionistas más cerca del objetivo.Tres puntos sumados sin alboroto y sin abrazos largos. Como se hacen las cosas importantes cuando uno ya ha aprendido que celebrar demasiado pronto suele traer consecuencias. Esto, como bien saben Antonio Paz y Mario Simón, ahora mismo no va de gustar a nadie. Eso lo dejaremos para el verano, el sol y el moreno. Ahora, en el crudo invierno, se trata de llegar vivos a la primavera.

Superviviente Blanquinegro. Crónicas del fútbol que resiste.

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