Unionistas en Barreiro y otras "Stranger Things"

Una cuna de bebé antigua con una bufanda de Unionistas de Salamanca, representando la metáfora de las ventas de invierno.

En Unionistas se fue Abde, llegó el debate de las equipaciones, apareció un penalti no pitado a Vadiq y acabamos hablando de Wallapop, del VAR y de cunas que nadie quiere comprar. Una semana más en la que el fútbol fue excusa, el cabreo rutina y la derrota casi un trámite, pero también de esas en las que uno descubre que, por mucho que cambien los nombres, seguimos siendo los mismos: opinadores de barra, vendedores de trastos y creyentes de milagros de última hora.

🦑 Lunes de Calamares | Nunca pasa nada. Hasta que pasa.

“Se fue Abde” fue la frase con la que empezó la tertulia previa al partido. Ninguno de los presentes sabía exactamente por cuánto, aunque desde Zamora deslizan que la cifra ronda los 20.000 euros. Y bastó que saliera el tema para enredarnos en uno de nuestros debates favoritos: el de vender bien o vender mal. En cuestión de minutos pasamos del “qué bien, ha dejado dinero” al “esto es un regalo”. Hay mucho vendedor de Wallapop entre mi cuadrilla y en la grada de Unionistas, gente que no baja ni un euro el precio aunque lleve años intentando colocar el mismo trasto. 

Lo sé porque en casa estamos en eso. Una cuna. Cinco años ocupando espacio. Sergio no la ha querido ni mirar en todo su primer año de vida, pero ahí sigue, resistiendo como una estatua con polvo. Esta semana llegaron ofertas. Bajitas, según Marta. Yo soy más de soltar lastre: vender, ingresar algo y destinarlo a lo que ahora haga falta. Marta no. Ella cree que vale más. Así que la cuna seguirá ahí hasta que lleguen los nietos o hasta que aparezca algún incauto. Yo, en esto, soy muy Antonio Paz: llega una oferta, dinero al bolsillo y a seguir tapando agujeros.Porque agujeros, hay. En casa y en Unionistas. 

El otro gran debate de la semana que sacamos a la palestra fue la consulta sobre el diseño de las equipaciones. El club abrió la votación y, de repente, todos éramos diseñadores de moda. Opiniones firmes, criterios innegociables y sentencias definitivas emitidas por gente que mezcla pantalón de cuadros con jersey de rayas o se apoya en la barra del bar con chándal y cazadora de cuero. Fascinante. A mí me parece estupendo opinar, pero quizá antes habría que analizar el outfit del día de la votación. En cualquier caso, esperemos el resultado. Yo ya tengo listos los rotuladores Carioca y una chapa de cerveza: si hace falta, presento candidatura y dejo a todos boquiabiertos. Como cuando era niño. 

hibozo debuta con Unionistas de Salamanca frente al Celta Fortuna dos días después de su presentación.

Y luego estaba el fútbol. Que al final es de lo que va todo esto. Mario Simón apostó por el 5-4-1, una fórmula que en Unionistas es casi una superstición inversa: salga quien salga y mande quien mande, tres centrales de inicio suelen equivaler a derrota. Aun así, el partido ante el Celta Fortuna fue serio. Muy serio. En el primer minuto casi se estropea todo con una ocasión clara de los vigueses que Marco Coronas desbarató en modo Ter Stegen. A partir de ahí, Unionistas no pasó demasiados apuros y tuvo en las botas de Álvaro Gómez la opción de ponerse por delante. Luego llegó la lesión de Víctor Olmedo y el debut de Chibozo, que salió con hambre y lo que se llevó fue una tarjeta amarilla en la primera jugada, y ya con balón se marcó un intento de jugada de videojuegos, de esas en las que sigues apretando botones convencido de que, esta vez sí, te va a salir. No salió pero se ganó a un fiel de su causa. 

Pero si algo marcó la primera parte fue el penalti no pitado sobre Vadiq. El defensor rival le exprimió la camiseta como si quisiera comprobar la calidad del algodón y el árbitro decidió no ver nada. Yo, como toda la parroquia, pensé que se pedía roja porque lo del penalti era de libro. Al final no hubo ni roja, ni penalti, ni nada. Solo cara de tontos. 

En la segunda parte los vigueses salieron con más colmillo. Más decisión. Y acabaron encontrando el gol en una jugada que abrió la caja de Pandora: posible fuera de juego, posible toque, posible todo. El árbitro entendió que el jugador del Celta no tocó el balón y dio el gol por válido. Ramiro, envenenado, saltó del banquillo, como saltamos muchos del taburete, a despacharse a gusto y a poner los puntos sobre las íes. Normal. Y cuando parecía que aún podía pasar algo, llegó la jugada final. De la Nava enganchó una volea preciosa desde fuera del área que acabó dentro. Alegría. Breve. Fuera de juego de Gorjón, señalado en directo y ratificado tras visitar el VAR. Y aquí entramos en territorio La isla de las tentaciones. El árbitro vio las imágenes, como un novio apasionado viendo a su pareja entregada a otros hombres en la hoguera, y decidió mantener su versión: no pasó nada, no había pasado nada. Nunca pasa nada. 

Stranger Things empezó a sobrevolar Barreiro. La parroquia empezó, en modo Cuarto Milenio, a hablar conspiraciones y de arbitraje condicionado, de la carta enviada al CTA meses atrás, de mensajes que quizá no convenía mandar. Y es que, como bien saben Mazón, Koldo y compañía, hay mensajes que es mejor no enviar. O al menos no dejar rastro. Sin embargó, se mandó, se presumió de hacerlo y se mostró el mensaje a todo quisqui. Luego, como si no supiéramos de donde viene la vaina, nos hacemos los distraídos y, peor aún, los dolidos. Tal vez no haya nada. Tal vez lo haya todo. Y quizá, solo quizá, la respuesta esté donde nunca nos dejan mirar.

Acabó el partido con derrota, con la lesión de Olmedo y la ilusión de ver a Chibozo, a Masllorens y a Serpeta. Tres nombres que deberán ayudar a olvidar a los que se fueron. No habrá problema. Tenemos memoria frágil y una facilidad pasmosa para el adulterio futbolístico. Mientras tanto, aquí sigo. Con la cuna sin vender, haciendo cuentas para llegar cuanto antes a los 45 puntos… y a final de mes. Como siempre. Como todos. Esperando a ver si vendemos algo. Aunque sea humo.

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