Unionistas 2025-2026 Jornada 14: Unionistas volvió a ser Unionistas
Crónica de una noche de Reina Sofía con la calefacción en el alma, tres goles, 0 grados y un equipo que ya sabe quién es otra vez.
🦑 Lunes de Calamares | Unionistas volvió a ser Unionistas
Llevo desde el Unionistas–Real Madrid Castilla borrando aplicaciones del móvil. Sobre todo las que registran actividad física. Las odio. Me señalan. Me acusan más que motivan. Me recuerdan todo lo que no soy: rápido, fibroso, constante. Ver lo que otros corren, lo que yo no corro, lo que corrí y ya no correré… es como recibir cada vez que las abro un empujón hacia el abismo del “acepta que envejeces, tronco”.
Y claro, ver jugar a los chavales de La Fábrica, no ayuda. Más que futbolistas parecen prototipos de laboratorio: todos con zancada de gacela, aceleración de Fórmula 1 y cara de no saber lo que es un dolor lumbar. Yo nunca tuve opciones de llegar a Valdebebas incapaz de dar treinta toques al balón sin que cayese al suelo, ejercicio que siempre pensé que era lo mínimo que te pedían para jugar, aunque fuese en los Leones de Castilla. En origen no tuve opción de tocar la cantera merengue, por paquete; ahora tampoco, además, por lento. El tiempo no perdona y la genética menos.
Pero llegó el partido. Que si frío, que si vaya horas —reconozco el partido comenzó a la hora que me acuesto y que no había llegado tan tarde a casa desde la última Nochevieja—, que si el Madrid, que si patatín… y, de golpe, con el aroma a bocatas de ibérico aquello empezaba a tomar atmósfera de noche de Copa. Esa clase de noches en las que Unionistas es más Unionistas que nunca, cuando el club saca el pico, la pala y el alma de obrero y te recuerda que en la vida nadie regala nada. Ni césped, ni puntos, ni dignidad.
El tifo ya marcó el tono: “Apoya a tu equipo local”. Un recordatorio para los que se distraen mirando escudos ajenos. Y a los quince minutos, Gastón Valles volvió a abrir el marcador. Segundo gol, segundo partido seguido marcando, segunda vez que rompe el hielo. Gastón es ese tipo de jugador que cuesta encontrar porque da mucho sin dar la sensación de aportar nada, un punta que costará retener y que más nos costará olvidar cuando se marche. A ver si entre alma charrúa y espíritu de barrio conseguimos que se quede hasta junio. En verano ya le lloraremos.
En lo táctico, Mario Simón le pasó por encima a Arbeloa desde antes del pitido inicial. La batalla no se ganó esta semana: se ganó en esas sesiones silenciosas en las que el técnico se dedicó a asignar roles especiales. Uno de los grandes talentos de un entrenador de verdad es conseguir que cada jugador tenga una tarea única, casi un superpoder. Y ahora mismo hay unos dieciséis jugadores en Unionistas que saltan al campo con esa sensación de “este partido también depende de mí”. El peligro llegará cuando falte uno de esos elegidos y toque recurrir a los que aún no saben exactamente qué papel les toca en la obra.
Más allá del 3–0, el cambio de este equipo merece un Trabajo de Fin de Grado en Psicología Deportiva. ¿Dónde nació esta metamorfosis? La clave quizá estuvo en aquella rueda de prensa de Oriol Riera tras el primer partido. Su diagnóstico dolió. Pero dolió lo justo para despertar. Porque motivar no es dar palmaditas, es dar motivos. Y cuando alguien te baja al barro, la respuesta más humana es querer salir de él con los dientes apretados. Que hablen ahora. Nosotros también descendimos al equipo en ferias, no se nos olvide.
Y el mío —como con Strava— es entender que la cuestión no es ser quien uno quisiera ser, sino ser bien lo que uno es. Aunque lo que uno sea corra poco, llegue tarde, escuche a Ornella Varoni, necesite un caldo caliente después de cada partido y dormir abrazado a una bolsa de semillas recalentada sea mi final triste, pero hermoso, para una noche de viernes cargada de épica.
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