Unionistas 0-3 Barakaldo: El correctivo de la "Prima Bartolita"

Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que duelen porque te recuerdan exactamente dónde estás. El 0-3 del Barakaldo en el Reina Sofía fue de las segundas. Unionistas llegaba con la ilusión reciente de mirar hacia arriba, pero se encontró con un rival que este año parece tenerle tomada la medida. Un partido incómodo, áspero y lleno de pequeñas trampas en el que los de Mario Simón nunca lograron sentirse cómodos y que terminó funcionando como un recordatorio bastante claro: antes de hablar de playoff, conviene cerrar la salvación.

🦑 Lunes de Calamares | El Barakaldo y mi prima Bartolita

Salvar a alguien del partido de anoche en el Reina Sofía es fácil: los que no jugaron. Los que se quedaron en el banquillo. Los que calentaron durante media hora para luego volver a ponerse el chándal como quien vuelve a guardar la bicicleta porque, cuando ya lo tiene todo preparado, descubre que está empezando a llover. Adam Arvelo, por ejemplo, que ni con un 0-3 en contra tuvo un rato para estirar las piernas y corretear por el verde con la camiseta puesta.

El resto, los que sí jugaron y quienes nos acercamos a verlos, pasamos una noche larga. El duelo ante el Barakaldo fue uno de esos partidos que recordaron demasiado a la temporada pasada: aquellos en los que ganar significaba dar un paso hacia arriba, mirar de reojo la parte bonita de la clasificación, y que terminaban exactamente como ayer. En nada.

El partido fue una calamidad. Vadik sufriendo como central izquierdo, especialmente en la salida de balón, que volvió a ser durante muchos minutos un mar de dudas. Gorjón confirmando que quizá es mejor lateral que central. Prada muy serio atrás, pero sin cruzar la línea del centro del campo ni una sola vez. Juanje levantando más balones al cielo que raseando al compañero. Aarón Piñán pidiendo un nuevo indulto por sus malos minutos y, además, sabiéndose señalado con esa pequeña «marsellesa» al borde del área que terminó con el golazo a la media vuelta de Álvaro Peña a favor del Barakaldo. El balón entró limpio y el silencio se instaló en el estadio como cuando se apaga la música de repente en un bar.

Pere Marco desaparecido durante muchos tramos, aunque tuvo dos momentos para cambiar la historia: el mano a mano del primer tiempo en el que le roban la cartera justo antes de rematar. Falló y cuando eso pasa, el fútbol suele vengarse, al minuto siguiente gol en contra. Pudo enmendarse con un cabezazo a un gran pase de Álvaro Gómez pero el portero rival sacó con una de esas paradas que parecen fáciles hasta que ves la repetición.

Pero la sensación general era otra. Unionistas nunca encontró el ritmo del partido. Cada vez que intentaba encadenar dos pases seguidos aparecía el Barakaldo para romperlo todo. Balones largos, segundas jugadas, disputas, pequeños parones, un dolor repentino aquí, un balón que tarda demasiado en ponerse en juego allá. Ese fútbol de perro viejo que desespera al rival y que suele funcionar mejor cuando sabes exactamente qué partido te interesa jugar. Y el Barakaldo lo sabía.

El conjunto de Imanol de la Sota demostró tenerle tomada la medida a Unionistas desde el minuto uno y, ante el amago de reacción que podría llegar tras el descanso, llegó el segundo. Hay personas así en la vida. A mí me pasa con mi prima Bartolita, veinte años mayor que yo. Da igual cuándo la vea, dónde nos crucemos o qué esté haciendo en ese momento. Siempre encuentra algo que corregirme nada más saludarme. Si llevo chaqueta porque llevo chaqueta. Si no la llevo porque no la llevo. Si estoy delgado porque estoy delgado. Si he engordado porque he engordado. Nunca gano esa conversación. Pues con el Barakaldo pasa lo mismo. Unionistas haga lo que haga, ellos parecen tener preparada la respuesta.

La derrota corta de golpe la racha de cinco partidos sin perder que había permitido a los de Mario Simón mirar la clasificación con cierta curiosidad y quien, al terminar el encuentro, tiró de calma. Dijo que la categoría es muy igualada, que el Barakaldo es un buen equipo y que el partido no había sido desastroso.  También insistió en lo que lleva repitiendo toda la temporada: el objetivo sigue siendo la salvación. Y quizá anoche sirvió precisamente para eso. Para recordar de dónde viene Unionistas.

Durante unas semanas la palabra playoff se ha paseado por Salamanca con cierta naturalidad, como un invitado simpático que entra en la conversación sin que nadie lo haya llamado del todo. El 0-3 de anoche fue un pequeño golpe en la mesa. Una manera bastante clara de decir: tranquilos. La permanencia sigue siendo la meta. Y no pasa absolutamente nada por recordarlo.

Porque en esta categoría hay días en los que todo sale bien y días en los que aparece un equipo que te conoce demasiado y te deja con cara de tonto. Como mi prima Bartolita. La diferencia es que a ella me la seguiré encontrando. Al Barakaldo, por suerte, ya no.

Superviviente Blanquinegro. Crónicas del fútbol que resiste.

Antes del Pitido

Súmate a nuestra newsletter donde damos contexto, debates y lectura blanquinegra
solo cuando Unionistas juega en casa.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja un comentario