Carlos de la Nava pelea un balón en la derrota de Unionistas en Barakaldo

🦑 Lunes de Calamares | Así no se sale de casa

Unionistas perdió 5-0 en Barakaldo como pierde quien se pasa de chulo mirando al cielo. Sin paraguas, sin chubasquero y con esa convicción absurda de que, aunque anuncien tormenta, a uno no le va a tocar. Y claro, le tocó. No cuatro gotas: un aguacero de esos que te empapan hasta los pensamientos. El pecado fue llegar a Lasesarre como quien no sabe muy bien qué día es hoy. Más pendiente de lo que ya hizo y de lo que vendrá que de lo que tenía delante. Y así, en el minuto uno, gol en contra. De esos que te obligan a preguntarte lo único que importa: ¿para esto hemos venido?. Un partido de un minuto.

La jugada fue un poema doméstico. Aarón Piñán estaba como quien ya se ha metido en la cama y, justo cuando acabas de apagar la luz y encontrar el acomodo perfecto bajo la manta, recuerda que no ha pasado por el baño. El dilema es levantarse o confiar en que no pase nada. Aarón eligió lo segundo. No siguió a su hombre, pensó que qué malo podía pasar… y pasó lo peor. Gol, pijama mojado y noche larga sin conciliar el sueño. El resto de la primera parte fue una pesadilla sin metáforas.

Mario Simón, empezó el año como acabó el anterior, repitiendo once. El técnico cambia solo cuando no le queda más remedio, como quien cocina el mismo menú cada Navidad y los invitados ya saben exactamente qué les espera. Eso tiene una ventaja: nadie se sorprende. Y un problema: tampoco el rival. Atacar a Unionistas es sencillo cuando sabes que las debilidades van a ser siempre las mismas. Y defenderle, más aún, si no hay giros de guión. La sorpresa, en este equipo, hace tiempo que está sobrevalorada.

Para hacer más dura la digestión de la derrota, la semana fue un concurso de distracciones: los que se van, los que quieren irse, los que podrían venir, los viajes largos para ver a la familia, los despachos encendidos. Todo menos preparar un partido contra un Barakaldo intenso, de los que no levantan el pie ni para saludar. De otra manera no se explica irse al descanso con cuatro goles en contra, cero disparos a puerta y una incapacidad alarmante para encadenar cinco pases seguidos. Demasiado de lo mío, poco de lo nuestro a lo largo de los últimos siete días tuvo sus consecuencias.

La segunda parte, con el partido ya vendido, dejó una reválida incómoda para los que aspiran a tener minutos: Lendínez, Prada, Roldán, Marco… Menuda papeleta. Jugar cuando todo está perdido exige ganas de trabajar, porque ahí no hay gloria ni excusas. Solo oficio y amor propio.

Y con una manita encima, no es el mejor contexto para hablar de cláusulas, trenes que pasan una vez o planes de futuro. Pere Marco, que reclama más minutos y quizá los tenga si se confirma la salida de Gastón, tuvo la más clara del partido. Con 5-0. Y ni siquiera tiró a puerta. Un resumen cruel pero honesto del momento. Unionistas anda de capa caída y algunos jugadores, sin rendir en el césped, caminan con sus séquitos a pedir audiencia en el despacho de Antonio Paz que vuelve a ser un punto caliente.

No contaba con que este momento truculento llegase, pero ha llegado. Igual que la mediana edad. La derrota —de esas que te hacen bajar la mirada— y cumplir años comparten una cosa: la esperanza se reduce a llegar al día siguiente sin demasiados daños. Eso sí, este Unionistas necesita aprender lo mismo que he aprendido yo con los años: no volver a salir de casa sin paraguas. Porque los chaparrones, cuando llegan, siempre empapan más de lo que uno cree. Y Unionistas parece que ha perdido el paraguas.

Imagen Oskar González Diario Deia

Oriol Riera durante el partido contra Osasuna Promesas en el Reina Sofía, primera jornada de Primera RFEF. Unionistas cayó en casa dejando buenas intenciones pero sin pegada ni liderazgo, en un estreno que evidenció las carencias del equipo.

El quicio de la puerta

Unionistas arrancó la temporada con derrota, puerta rota y muchas dudas en ataque y liderazgo. El debut dejó intensidad, pero también la sensación de que a este equipo le faltan ingredientes para cocinar algo serio en Primera RFEF.

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