La metamorfosis de Ranko Despotovic: del gol al banquillo
Cuando el fútbol se acelera, Ranko Despotovic reduce la marcha y camina despacio. Una calma que es el métodoc con el que el CD Cieza manda en su grupo, con siete puntos de ventaja —aunque con un partido más— y la sensación de que esta vez el ascenso directo a Segunda RFEF no es una quimera sino un plan trazado junto a Antonio Díaz, conocido como «Mago Pop» y propietario del 80% del club. La temporada pasada se quedó a un paso, eliminado en el último paso del playoff. Esta, además, el equipo, además de caminar con paso firme al frente del Grupo XIII, se permitió el lujo de hacerse visible en la Copa del Rey, primero dejando fuera al Córdoba para después medirse a todo un primera división como el Levante. No es casualidad. En el fútbol de Ranko, pocas cosas lo son.
Trayectoria de Despotovic: un viaje de Loznica a España y Japón
Despotovic (Loznica, 1983) se define como una persona ordenada y exigente., primero consigo mismo. El fútbol entró en su vida a los siete años, cuando soñaba con parecerse a Predrag Mijatović, pero no fue hasta los dieciséis cuando se convirtió en delantero. Un camino que él mismo describe como largo y, a la vez, concentrado en apenas dos años decisivos: los que le llevaron del primer equipo del FK Loznica —entonces en la Segunda División serbia— al Vojvodina. De su ciudad al escaparate. Del anonimato a la llamada de la selección.
Porque todo ocurrió deprisa. Demasiado deprisa. En poco tiempo, Ranko estaba debutando con Serbia en un partido de clasificación para la Eurocopa 2008 ante Kazajistán, convocado por Javier Clemente. El mismo Clemente que poco después sería su aval en uno de los momentos más complejos de su carrera: el fichaje por el Real Murcia en el verano de 2008, procedente del Rapid de Bucarest, en una operación cercana al millón de euros. Un salto grande. Demasiado grande para un contexto que se desmoronaba que le enseñó la fragilidad del fútbol profesional.
El impacto en el Real Murcia y el Girona: lecciones de un delantero
Murcia le enamoró a primera vista, pisando La Condomina. Pero aquel Murcia entró en Ley Concursal, llegaron los impagos y la incomodidad permanente de un vestuario que ya no soñaba con ascender, sino con sobrevivir. El equipo terminó en mitad de la tabla, muy lejos del objetivo inicial. Para un jugador extranjero, joven y con la presión del precio, fue una lección temprana sobre la fragilidad del fútbol profesional. Después llegó Salamanca. Una cesión a la Unión Deportiva Salamanca que muchos aficionados de Unionistas aún recuerdan. Aquella temporada tuvo un final extraño: Ranko no pudo disputar los últimos partidos porque Murcia y Salamanca se jugaban evitar el descenso y el conflicto de intereses le obligó a verlos desde el banquillo a fin de evitar un conflicto entre clubes. El Murcia acabaría bajando. El contrato se rescindió. Otra etapa cerrada sin abrazos.
El fútbol, sin embargo, siempre guarda un giro más. En Girona, su siguiente estación de paso, llegó su mejor versión goleadora: 18 goles en una temporada que le devolvieron a la selección y lo pusieron de nuevo en el radar. Allí aprendió una de las lecciones que hoy más pesan en su manera de entrenar. Raúl Agné, su técnico aquella temporada, le invitó a volver a verse al inicio de la pretemporada. Ranko ya sabía que no regresaría. Entonces no entendió el dolor del entrenador al perder a un jugador importante. Hoy sí. Hoy sabe que estaba tan centrado en su felicidad individual que no supo ver el todo. Aún echa de menos no haberle dado a Raúl Agné un sentido abrazo de agradecimiento.
Japón fue el siguiente destino. Urawa Reds. Una decisión inmediata, casi sin tiempo para pensar, impulsada por una oferta imposible de rechazar en lo económico pero con dudas en lo futbolístico. Allí descubrió otra forma de vivir el fútbol: la pasión, la organización, el respeto por el trabajo bien hecho. Dos años que marcaron su vida y que, aún hoy, en Murcia le tientan con volver a repetir la experiencia. Le costó irse. Más aún volver a adaptarse después, primero en Australia y luego de regreso a España: Alavés, Cádiz, Marbella.
Fue en Cádiz cuando el fútbol empezó a despedirse de él sin avisar. En una comida previa a un partido, en un restaurante junto a un campo de golf, se sorprendió deseando estar en el green, pateando, en lugar de preparar el encuentro. Pensó que era pasajero. No lo era. En Marbella confirmó la sensación: marcar goles ya no le provocaba nada. El delantero había dejado de disfrutar. Y cuando eso ocurre, el fútbol no perdona. Los dos años posteriores fueron caóticos. Sin rumbo. Sin fútbol. Hasta que apareció la voz que necesitaba escuchar: la de su mujer.
—¿Qué es lo mejor que sabes hacer, si no es el fútbol?
Tenía razón. Sacarse el carnet de entrenador fue duro. Mucho más de lo que imaginaba. Tiempo, dedicación, estudio. Pero también un descubrimiento: entrenar encajaba con su forma de ser. La idea inicial era volver a Japón, a una cultura que sentía muy cercana. Antes, sin embargo, llegó La Minera. Un equipo hundido tras nueve derrotas consecutivas. Miedo en las miradas. Al final de la temporada, abrazos. Emoción compartida al conseguir la permanencia gracias levantar el ánimo y el orgullo de sus jugadores. Ahí empezó todo. Después vino Caravaca, con un equipo humilde que se coló en el playoff de ascenso a Segunda RFEF. Ironías del fútbol: el equipo que les eliminó fue el CD Cieza. Hoy, su CD Cieza.
Método y filosofía de juego de Ranko Despotovic
Ranko no ha olvidado que fue delantero. Por eso quiere que sus equipos entretengan. Que, como su instinto de delantero le pide, busquen un gol más. Que compitan con valentía. Fútbol abierto. Sin miedo. Sabe que la diferencia entre categorías no está solo en la calidad, sino en las herramientas: campos, horarios, dedicación, conocimiento del juego. Pero, sobre todo, en la toma de decisiones. Eso es lo que marca hasta dónde puede llegar un futbolista.
En el día a día, Ranko entrena desde la experiencia, sin dogmas: enseña opciones. Explica. Acompaña. Su trabajo, dice, es ayudar a cada jugador a jugar mejor en cada momento. Y repite una idea casi como un mantra: nunca se deja de aprender. Ni siquiera cuando crees que lo sabes todo. Él mismo, con 29 años y jugando con la selección de Serbia, seguía aprendiendo. Quizá por eso hoy lidera. Porque entiende el fútbol como un proceso. Porque ordena antes de acelerar. Primero construiyendo un entorno en el que el jugador entienda sus responsabilidades; después, permitir que la velocidad y la improvisación afloren dentro de ese marco. Un entrenador ofrece alternativas, no verdades únicas y ahí, es donde el jugador debe aprender a elegir. Porque sabe que el camino de un jugador y de un entrenador, puede parecer largo… pero a veces se decide en un instante: un cambio acertado, una charla en el vestuario, un sesión que corrige un hábito. La visión de Ranko como técnico es a largo plazo pero sin renunciar a la urgencia del día a día.
El éxito actual en el CD Cieza y su método de gestión
El CD Cieza camina con paso firme porque su entrenador mide los tiempos. No es un equipo que corre por inercia; es un equipo que corre por decisión. Ranko Despotovic ha convertido su experiencia de delantero en un proyecto de entrenador: fútbol abierto, valentía para buscar el gol y disciplina para sostener el plan. Ordena antes de acelerar. Esa máxima es su herencia y su promesa: un entrenador que entiende que el éxito no es un estallido, sino la suma de decisiones bien tomadas.

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