CD Lugo 1-3 Unionistas: Mounir, trileros y una ronda pagada
Hay semanas en las que el fútbol se parece demasiado a la vida: demasiadas llamadas, demasiadas promesas y muy pocas certezas. En Unionistas, el mercado de invierno ha vuelto a convertir el teléfono en un objeto sospechoso y cada solución en un posible problema nuevo. Por eso, ganar en Lugo —y hacerlo con un lateral recién llegado marcando el gol que cierra el partido— no fue solo una victoria. Fue una tregua. Y en este club, últimamente, eso ya es mucho.
🦑 Lunes de Calamares | Unionistas, el mercado y la victoria que afloja el nudo
Antonio Paz vive estos días con el teléfono pegado a la oreja y la sospecha instalada en la nuca. No por paranoia, sino porque se las ve venir. Sabe que en los mercados de invierno no llaman representantes: llaman trileros. Uno tras otro. Jugadores de relumbrón, currículos inflados, promesas que suenan igual que cuando te dicen que has ganado un fin de semana en un hotel de cinco estrellas sin haber comprado nunca un boleto. Antonio escucha, deja hablar, asiente en silencio y cuelga. Porque no es tonto. Porque sabe que, cuando hay necesidad, es cuando más fácil es que te intenten engañar.
Entre tanto ruido, entre tanto “tengo lo que buscas” y “este es el bueno”, apareció salido de la chistera Mounir. Lateral izquierdo. Justo lo que faltaba. Llegó, se puso la camiseta y 48 horas después estaba jugando en Lugo, sin presentación mediante, como si llevara media vida ahí. Y marcando un gol que vale tres puntos y, quizá más importante, una semana sin incendios a la vista. Que en Unionistas, últimamente, la calma es un bien de lujo.
Porque no hay tregua. Nunca la hay. Cuando se tapa un agujero, alguien se encarga de abrir otro. Gastón Valles avisó a última hora de que se marchaba. El plan estaba hecho, la semana trabajada y él figuraba como protagonista de la fiesta. Pero salió con las de Villadiego. Sacó la cartera, dejó pagada la primera ronda y se fue silbando, como quien abandona una cuadrilla regalando abrazos, muchos “os quiero”, para marcharse con otra con más glamour. Le llamaron desde Tenerife y se rompió el amor. Y Unionistas otra vez, despertando el sábado con la cama revuelta, mirando al techo pensando “¿y ahora qué?”.
Ahí Mario Simón no se movió un centímetro. Seguir con el plan. El plan, esta vez, salió. Álvaro Gómez volvió a demostrar que cuando está inspirado, lleva así toda la temporada, no necesita a nadie: se la guisó y se la comió. Provocó el penalti nada más empezar y lo transformó con la serenidad de quien sabe que el partido se iba a jugar a eso, a pequeños detalles. Las sensaciones del equipo en el arranque eran muy buenas, más aún con el marcador a favor. Y hubo un momento clave: la ocasión de Txus Alba para el Lugo. Falló. Y con ese fallo evitó que las dudas se sentaran en la mesa de Unionistas.
Después llegó el larguero de Aarón Piñán, en su mejor partido desde hace tiempo, y en el córner siguiente el gol de Pere Marco. 0-2. Y la sensación, peligrosa pero inevitable, de que aquello podía acabar en goleada. No llegó el tercero antes del descanso, llegó el intermedio en el que poder hablar largo y tendido acerca de un penalti de libro sobre Jota que el árbitro decidió no ver, como si mirar demasiado estropeara la sorpresa.
La segunda parte fue otra historia. Entró Álex Gallar y el Lugo dio un paso adelante. Unionistas dio uno atrás. Vadiq dejó claro que le gusta más defender que desfilar, Gorjón se convirtió en un escudo antiaéreo y Farru… bueno, Farru volvió a aparecer en una jugada desgraciada con el balón, no toda culpa suya, pero sí otra vez en la foto. Tocó sufrir. Mucho. Hasta que Mounir, el recién llegado, el que venía a tapar un agujero, se recorrió el Anxo Carro de lado a lado y sentenció el partido. 1-3. Tres goles en un estadio donde nadie había ganado este año y ante un equipo al que casi nadie le hace ni uno.
Victoria seria con la que Mario Simón también se reivindicó en Lugo. Y el equipo, por una tarde, recordó que esto va de competir, de creer y de aprovechar cuando la conserva se abre fácil. Victoria de esas que cambian el tono de la conversación en la barra y de las que te permiten pedir otra ronda sin mirar el reloj.
El sábado llega el Talavera. Otra final, porque aquí ya todas lo son. Ojalá con algo más de fondo de armario y con Antonio Paz todavía pegado al teléfono, filtrando llamadas, esquivando timos y, de momento, acertando. La semana, en apariencia, será más llevadera. El mercado, no tanto. Pero al menos hoy, el lunes sabe un poco mejor.

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