Juanje Rodríguez: el mediocentro invisible de Unionistas
Hay jugadores que habitan el campo de juego como quien pasea por un jardín repleto de trampas: futbolistas que se mueven con una delicadeza que obligan al espectador a contener el aliento. Son los Andrés Iniesta, los Luka Modric, tipos que dibujan con su fútbol una partitura en el césped. Y luego están los otros. Los que, como Juanje Rodríguez, jugador de Unionistas de Salamanca, entienden que para que alguien pueda permitirse el lujo de la belleza, la admiración y el aplauso, otro debe ocuparse de funciones de menos lustre y más de mancharse las manos, de permitir que no se caiga cuando el viento arrecia en la cara. Un oficio, el de mediocentro, que rara vez se explica y pocas veces se mira de frente. Un territorio que se habita de forma discreta, silencioso, desde donde el partido se ordena sin necesidad de hacerse notar.
Juanje Rodríguez (Huétor Tájar, Granada) lleva toda la vida ahí. En el centro. No como una elección consciente, sino como una forma natural de estar en el campo ante siquiera de que los entrenadores tomasen la decisión por él. Desde los alevines en su Huétor natal hasta los campos de Loja y la cantera del Granada, siempre ha estado allí, en el círculo central, corriendo para todos lados, con el ocho a la espalda y el mapa del partido en las pupilas.
“No recuerdo que nadie me dijera nunca: vas a jugar de mediocentro”, cuenta. “Desde pequeño ya estaba ahí. En el fútbol siete, en alevines… más adelantado o más atrás, pero siempre en el centro, corriendo para todos lados”.
Hay futbolistas que se hacen. Otros, simplemente, se encuentran.
El oscuro trabajo de Juanje como mediocentro
Mucho antes de que el fútbol se poblara de etiquetas -interior, pivote, mediapunta- y de que Juanje descubriera esos matices, él ya merodeaba en ese espacio en el que todo sucede pero nada termina por concretarse. Desde el fútbol base, primero en Huétor, después en Loja y luego en la cantera del Granada, entre generaciones de la ciudad nazarí que apuntaban alto, donde compartió vestuario con Neskes -jugador que vistió la camiseta de Unionistas de Salamanca- en un contexto donde el talento se impone al detalle.
En las canteras de los equipos grandes de cada ciudad existe una trampa silenciosa para los jóvenes que crecen en ellas. Más aún para quienes ocupan un puesto como el de mediocentro. En equipos tan dominadores no todo se aprende cuando siempre tienes la pelota en tu poder.
“En cantera, en un equipo como el Granada, eres superior y juegas mucho en campo rival. Hay cosas que no llegas a experimentar porque no suceden en el terreno de juego al ser tan superior”, nos explica. “Pero luego el fútbol cuando sales de ese entorno te lleva a otros contextos muy diferentes donde tienes que aprenderlas para poder jugar”.
“Mi papel es jugar para el equipo, con acciones que no llaman tanto la atención.”
Y es ahí donde empieza el verdadero trabajo de quien quiere ganarse la vida como mediocentro. Porque no es únicamente una posición. Es una suma de decisiones constantes. Un puesto de vigilancia permanente, sin descanso, durante los noventa minutos. En definitiva, ser mediocentro es más un esfuerzo continuo de interpretación del juego que de ejecución.
“La gente piensa que el mediocentro debe ser siempre vistoso”, reflexiona con la calma de quien ha aceptado su rol. “Pero mi papel es jugar para el equipo, con acciones que no llaman la atención. Si vas al Reina Sofía y nos ves a Jota y a mí, podrías pensar que jugamos en puestos distintos. No. Es la misma posición, pero perfiles opuestos. Jota es capaz de tirar un caño con descaro y yo me quedo mirando y digo: ‘Madre mía’. Pero mi tarea es estar ahí por si falla, para que la pérdida provoque el menor daño posible”.
Juanje sabe que es probable que su figura no aparezca con frecuencia en los resúmenes de los partidos, ni en los rótulos de la televisión. El granadino sabe que no saldrá porque el estará haciendo su labor unos metros más allá de donde está la pelota y el foco. “Puedes hacer muchas ayudas, colocarte bien para que el equipo recupere… pero como no eres tú el que roba, puedes trasladar la sensación de no hacer nada”. El aficionado, es normal, mira donde pasa algo que, normalmente, es donde está el balón. Y es lógico, Juanje se muestra comprensivo “Si yo veo un partido de baloncesto, igual me quedo con el que mete seis triples y no valoro el trabajo del resto”, dice.
“Mi papel es jugar para el equipo. Hacer acciones que no llaman tanto la atención”. Acciones que son las que sostienen a un equipo. Mientras otros arriesgan, Juanje debe estar. Mientras otros rompen, Juanje debe cerrar. Mientras el juego se lanza hacia adelante, Juanje debe pensar en lo que viene después. Es el llamado “trabajo oscuro”. Un sacrificio constante que el aficionado de Unionistas, sabio conocedor de las fatigas del fútbol de barro, ha terminado por adoptar como propio. “Es un trabajo oscuro, de mucho esfuerzo. Pero al final la gente lo valora y se construye una conexión bonita. Creo que se ven reflejados”. Entre la afición blanquinegra y Juanje hay una conexión mística con el jugador que se vacía sin buscar el aplauso fácil. No es el talento, es el esfuerzo.
Adaptarse o desaparecer
Juanje, como mediocentro, está condenado a adaptarse. En su posición no hay dos partidos iguales, como tampoco contextos idénticos a lo largo de una carrera. Más aún en el fútbol modesto de la Primera Federación en la que los jugadores saltan de un equipo a otro cada verano. Y en ese recorrido, lo que define al jugador no es tanto lo que sabe hacer, sino de lo que es capaz de incorporar a su juego en cada etapa. “Puedes jugar más atrás o más adelante, con uno o dos compañeros, con un perfil o con otro. Todo cambia”, explica. “y cada entrenador te pide cosas distintas”.
Esta temporada en Unionistas de Salamanca, Juanje ha tenido que repensarse. En el equipo blanquinegro ha dejado de ser un centrocampista con libertad para poisar el área rival, para activar la primera presión en una línea adelantada, para moverse en base a su intuición ofensiva para comenzar a desenvolverse en un lugar más delicado: el de pivote. Una ubicación que le lleva a estar más cerca de los centrales propios que de la portería contraria. Pasando de estar mucho más cerca del fallo que del acierto. Más cerca del silbido que del aplauso.
“Puedes pensar rápido y ejecutar rápido, pero si estás mal colocado, estás generando un problema al equipo.”
“Me costó mucho al principio de temporada”, reconoce. “Venía de jugar más libre, con alguien detrás que me guardaba la espalda. Y, de repente, me encuentro en que tengo que ser yo el encargado de guardar la posición”. Ahí comienza una nueva parte del oficio, una que no tiene que ver con las piernas, con ser capaz de ser un corredor de fondo, sino con entender el juego. Porque jugar de mediocentro no es estar en el centro, sino saber cuándo estar en otro sitio. Un ejercicio de contención psicológica.
“No es necesario llegar tanto al área. Es más importante estar bien colocado, tener claro dónde están los compañeros y los rivales en cada momento”. El fútbol, visto desde ahí, deja de ser una sucesión de acciones, de gestos, para ser el intérprete de un mapa en cambio constante. Y Juanje debe ser el encargado de leerlo lo antes posible gracias a un ejercicio de perspectiva que le brinda esta zona del campo.
“Desde el mediocentro lo ves prácticamente todo”, dice Juanje. “Y eso es una ventaja pero también conlleva una gran responsabilidad”. Porque no se trata solo de ver, sino de anticipar, decidir y ejecutar. Todo en una fracción de segundo. “Puedes pensar rápido y ejecutar rápido, pero si estás mal colocado, estás provocando a un problema al equipo” en una posición en la que no hay red de seguridad para el error. Y es que el mediocentro vive en la estrecha frontera entre el acierto y el daño.
El error, un compañero que siempre vuelve
Un error como mediocentro lo condiciona todo. “Puedes recuperar diez balones, pero si pierdes uno en una zona comprometida, se va a señalar más eso”. Es una lógica que puede no ser justa, pero sí inevitable. “Hay que normalizar el error”, explica. “Saber que va a aparecer y hay que estar preparado para seguir”. No se trata de olvidar el error, poque acompaña cuando apagan las luces del estadio y el jugador regresa a su casa. “Durante el partido no me puedo quedar en el error, debo continuar. Luego ya en casa, sí analizo el error para intentar comprender de dónde ha surgido”.
“Si te equivocas en un pase en la salida de balón, después de haber estado setenta minutos haciéndolo perfecto hay que entender que es algo normal. Lo importante es seguir y volver al presente. Luego ya hay tiempo para analizar por qué ha pasado”. Por ejemplo, este año tuvo que enfrentarse a algo nuevo: cometió dos penaltis en los primeros partidos de la temporada. Nunca antes le habían señalado ninguno y Juanje los analizó con la frialdad de un forense: ¿mala colocación? ¿braceo de más?. “Es algo que tienes que entender. Ver si es por colocación, por cómo braceas… pero sin machacarte”.
El mediocentro aprende así, a base de repetición, de corrección, sin dejar grietas para que se cuele la lamentación. De asumir que la perfección no existe, pero que la fiabilidad sí se puede construir. Es el aprendizaje de un oficio, una lección dictada por los entrenadores que ha tenido, como Adrián Hernández el año pasado en Yecla como ahora Mario Simón en Unionistas de Salamanca, que le han enseñado que en el fútbol, como en la vida, hay que estar preparado para afrontar el fallo es clave.
“Puedes recuperar diez balones, pero si pierdes uno, se va a señalar más ese error.”
La relación del mediocentro con el juego no depende tanto del balón sino su relación con él cuando no lo tiene. La primera reacción cuando perdemos un balón, siempre es la misma. “Lo primero es intentar recuperarla lo antes posible”. Pero no siempre existe esa posibilidad. “Si no se puede, toca correr hacia atrás y colocarte para evitar que el rival nos haga daño”. Esta transición, instantánea, es una de las habilidades más importantes y de mayor nivel de exigencia para un jugador que se desenvuelve en la misma posición que Juanje y que, además, permanece invisible al ojo del aficionado.
Igual de importante es la capacidad de comunicación. Juanje ostenta un papel clave en la estructura e intercambio de información entre sus compañeros en el terreno de juego, en palabras de Malcolm Gladwell, es un conector. Es el nodo que conecta las líneas del equipo, los mensajes e indicaciones de unos y otros, tanto entre compañeros como los que procedentes del banquillo. “Muchas veces durante el partido hago de canal de comunicación. Los centrales me dan alguna indicación para que se las traslade a los delanteros o la inversa, o mensajes que el míster, Mario Simón, quiere hacer llegar desde la banda”. Es una cuestión que Juanje asume con total naturalidad. “Soy muy comunicativo. Ya desde el calentamiento estoy hablando con los compañeros”. Y es que el mediocentro no suelo juega sino que ordena, ajusta y también traduce.
En los partidos es muy habitual ver a Juanje en diálogo constante con el equipo arbitral. “Me gusta hablar con ellos, entender las acciones. Todos intentamos hacer bien nuestro trabajo y no equivocarnos”. Es una perspectiva que habla de cómo entiende el juego: sin heroicidades, y sí desde lo humano, desde lo colectivo. En momentos de pulsaciones altas el jugador granadino sigue intentando comprender y encontrar una explicación a lo que sucede a su alrededor para conseguir el objetivo: ganar. “Me da igual pasarme el partido en bloque bajo, corriendo de un lado a otro sin tocar el balón. Si ganamos, soy feliz. De lo otro ni me acuerdo”.
Un resumen de la filosofía de un centrocampista que no aparece como destacado en el BigData pero que no cesa en su empeño de competir. “Tengo un gen competidor, es el valor que no aparece en ninguna estadística y es algo que intento impregnar al equipo para ayudarle. Luego en el campo cosas que quizá no se vean y que intento que sumen es la capacidad para recuperar balones o provocar tarjetas al rival que, la verdad, se me da bien. Veo al rival venir, me coloco, la forma de caerme, etc, y acabo provocando porque también, en lo que dura el partido, entiendo que puedo ser un jugador que no le resulte simpático a los rivales”. Un rol de enemigo que asume a fin de que sus compañeros puedan estar más tranquilos sobre el terreno de juego.
El fútbol también duele: descenso en Yecla
El fútbol también tiene sus zonas de sombra, tardes de domingo que aparecen vestidas de luto y que no se olvidan. Antes de este presente que Juanje construye en Unionistas de Salamanca hubo un final que todavía pesa. Yecla. “Es difícil de explicar”, dice. En esa frase asoma la pista de una herida. El recuerdo del descenso con el Yeclano que aún lastima. Fue una tragedia a cámara lenta: el equipo había hecho una primera vuelta magnífica, instalado en la séptima posición, pero un temporada en la que clasificación estaba muy comprimida y todo terminaría por decidirse en pequeños detalles. “Se nos fueron muchos puntos en los minutos finales”, rememora dolido y resignado.
Sin apenas percibirlo llegó el desplome y un encuentro final decisivo. El rival, colista y ya descendido desde semanas atrás, era el Intercity. El partido se jugaba en casa, ante una afición que llenó el estadio. “El escenario era perfecto y no pudimos empezar mejor porque nos pusimos por delante a la media hora”. Pero apareció el miedo. Primero en la grada y de ahí bajó al césped. “Empezó a aparecer el temor a que nos fuese el partido como nos había pasado varias veces. Quizá si no lo hubiésemos vivido en otras ocasiones habríamos estado más tranquilos pero, uno no sabe cúando ni cómo ves que ese temor ha aparecido y que está ahí. Has tenido un par de ocasiones para haber hecho otro gol y matado el partido. Las has perdido, pasan los minutos y te ves unos metros más atrás de donde estabas. Ves que dejas de tomar decisiones que haces con normalidad y empiezas a evitarlas porque estás más pendiente del riesgo que implica que de la ventaja que te ofrece. Es algo que haces sin querer, sin ser consciente de ello, hasta que, de repente, tomas conciencia de que estás haciendo lo que no querías hacer”.
“El descenso te marca, aunque sientas que has hecho un buen año.”
El tiempo que en el fútbol no es igual para todos empezó a pesar aquella tarde en Yecla. El minuto 80 se convirtió en una losa. En ese minuto Diego Caballo empató para el Intercity. “Y ahí te vienes abajo”. No hay relato ni palabras que suavicen lo vivido. Solo un silencio que cuesta llenar. “Fue muy doloroso. Mucho. Habíamos conectado muy bien como equipo, con el cuerpo técnico, con la grada, con la ciudad… Fue jodido. Después de haber vivido el ascenso al año anterior, descender en el último partido en casa cuando lo tuvimos en la mano. Muy jodido”.
Unionistas el lugar perfecto para volver a empezar
El descenso con el Yeclano marcó a Juanje y le mostró la crueldad del fútbol. “Puedes haber hecho un año muy bueno en el plano individual, pero si el equipo desciende ves que te quedas sin opciones. Llevas el estigma del derrotado”. Llegaba el momento de decidir y las opciones que aparecían no le despertaban inquietud, no le removían por dentro. Pero entonces apareció Unionistas como un refugio y un desafío. “Era un equipo que conocía: por la afición, por lo que había hecho en Copa un par de años atrás, por el ambiente que hay alrededor del club”. La propuesta le atrajo de inmediato: el magnetismo de una afición que empuja y que es referente en la categoría. “A mi me gusta jugar en campos en los que haya ambiente. Y en esta categoría hay muy pocos que igualen lo que se vive en el Reina Sofía”. A veces elegir, consiste en encontrar un lugar en el que sentir.
Sin embargo, la temporada no comenzó bien. No fue un inicio fácil. Nada lo fue. “Fue un poco caótico” recuerda de el inicio de la temporada. Un comienzo en el que el entrenador: Oriol Riera, dejó el equipo tras la tercera jornada de liga para firmar por un club croata con un saldo de tres derrotas, algo que podía suceder en un equipo joven, prácticamente con todos los jugadores nuevos. “Con Oriol es verdad que cambiábamos mucho de esquema y quizá eso nos podía desconcertar en algunos momentos y no terminar de conectar con una idea clara”. Pero también señala algo que sobrevolaba “Es normal que se pueda perder como sucedió en el primer partido, aunque fuese en el último minuto. Entiendo que el ambiente no fuese favorable porque parte de la afición viniese quemada del año anterior y a las primeras de cambio ya estuviesen con los fantasmas del año anterior”.
“Lo que más me gusta es ganar, me da igual cómo haya sido el partido.”
El cambió de entrenador con la llegada de Mario Simón, supuso un giro en la dinámica. “Desde que llega Mario la gran diferencia está en que él viene con la idea de lo que quiere hacer. Sabe que va a llevar un tiempo para que pudiéramos plasmarla y ejecutarla de la mejor manera, pero con una propuesta bien definida: ser protagonistas con la pelota, ser presionantes cuando no tuviéramos la pelota… Él llegó nos dijo con claridad lo que quería y nos trasladó mucha tranquilidad. Nos dijo que confiaba mucho en los jugadores, que teníamos un equipazo”.
El proceso, como ya señaló el míster no fue inmediato pero sí firme. “En la temporada creo que hubo varios puntos de inflexión. El primero fue la victoria ante el Avilés, que nos dio mucho oxígeno y por cómo se dio”. Luego llegaron victorias ante Mérida y Tenerife que permitieron que cierta calma comenzase a instalarse en el equipo. Saber que, tarde o temprano, si mantenían la línea terminarían saliendo del pozo. “No he dudado nunca de la capacidad del equipo porque he visto cada día en el entrenamiento la calidad de mis compañeros y el trabajo que hacen en cada sesión”. Una de las claves según Juanje que ha llevado a Unionistas a sumar 44 puntos y estar a un paso de certificar la permanencia “fue no perder la cabeza ni cuando agarramos una racha mala como cuando llegó otra buena”.
Ahora, con la temporada en su recta final, el seis de Unionistas no se desvía del objetivo: la permanencia. Y saber poner en valor lo conseguido. “Ahora en la segunda vuelta el objetivo debe ser conseguir los puntos para conseguir la permanencia, hay que poner en valor la posición en la que estamos teniendo en cuenta cómo estábamos al comienzo”. Lo dice alguien, vestido de prudencia, que viene de vivir un descenso en el último instante la temporada pasada.
En un fútbol que cambia constantemente, hay figuras que, cuando miremos hacia atrás en la temporada. permanecerán. Quizá no por sus números ni el recuerdo de una acción imborrable, sino por toda una temporda. porque encontraron. Juanje ha encontrado en Unionistas una forma de estar y de ser en la que ha comprobado que no es necesario destacar para ser imprescindible, para ser parte de todo lo que funciona. Juanje pertenece a ese lugar donde el fútbol no siempre se ve…
pero, como diría Fito Cabrales. es el lugar donde todo empieza.

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