Juampa Barros: El regreso del extremo que Unionistas no olvida

Juampa Barros controla un balón durante un partido con Unionistas ante Real Madrid Castilla.

Nueve meses de silencio pesan más que cualquier pretemporada. Para Juampa Barros, el fútbol no terminó con el teléfono mudo ni con el vacío de los domingos sin barro; simplemente estaba esperando a que la marea volviera a subir. El extremo que grabó su nombre en la memoria de Unionistas con aquel libre directo que todavía flota en el aire del Reina Sofía, regresa ahora a sus orígenes. El CD Boiro y el césped de Barraña son el refugio elegido para un futbolista hecho de otra madera, demostrando que, en este juego de escaparates, a veces hay que volver al mar para reencontrarse con el balón.

Nueve meses de silencio y redes listas.

Hay futbolistas que desaparecen del radar y otros que simplemente esperan. Esperan como esperan los puertos en invierno: con la marea baja, pero con las redes listas. Juampa Barros ha pasado nueve meses sin equipo. Nueve meses son casi una vida en el fútbol moderno. Tiempo suficiente para que el teléfono deje de sonar y para que el silencio pese más que las botas. Pero hay jugadores hechos de otra madera. De esa que no cruje cuando arrecia el viento.

El extremo argentino, aquel que dejó huella en Unionistas de Salamanca CF durante la temporada 2022/23, regresa ahora al lugar donde el fútbol aún huele a salitre: el CD Boiro. Juampa vuelve a casa, vuelve a mancharse de barro, vuelve a vivir alrededor de la pelota con el océano golpeando la costa de fondo, vuelve a Barraña.

El obrero de la banda.

Juampa nació en Buenos Aires, pero apenas tuvo tiempo de aprender el ruido de esa ciudad. Con cuatro años cruzó el Atlántico y recaló en Santiago. Allí empezó todo. Allí el balón dejó de ser un juguete y se convirtió en idioma. Jugó en el Cd Conxo club de la zona sur de Compostela. Marcaba goles como quien escribe cartas. Sin hacer ruido. Hasta que llamaron a la puerta dos gigantes. Uno vestía de blanco imperial. El otro, de azul y blanco atlántico. Eligió quedarse cerca. Eligió no padecer la morriña de su tierra ni de su familia, por eso eligió al RC Deportivo de La Coruña. Hay decisiones que a la más tierna edad, aún marcan una biografía.

Juampa no ha sido nunca un futbolista de focos. Ha sido un trabajador de la línea de cal. Un extremo clásico de la vieja Segunda B. Más de 150 partidos en aquella categoría que era frontera y trinchera. 63 en Primera RFEF. 43 en Segunda RFEF. Muchos campos pequeños. Mucho viaje en autobús. Mucho vestuario frío en enero.

Pasó por el Racing Club de Ferrol, el Atlético Astorga FC, el Coruxo FC, el CD Ebro, la SD Compostela, el San Fernando CD… Siempre sumando. Siempre dispuesto a arrimar el hombro. Puede jugar por fuera. Puede jugar por dentro. Puede bajar al lateral si hace falta. Hay futbolistas que preguntan “¿dónde juego?”. Juampa pregunta “¿dónde ayudo?”.

Juampa Barros en Unionistas: y un disparo que aún viaja.

En el Reina Sofía dejó algo más que números. Dejó memoria y entrega absoluta a la causa. 36 partidos. 4 goles. 3 asistencias. Y un libre directo ante el San Fernando que todavía flota en el aire como una gaviota detenida. Aquel fue el primer gol de falta directa de Unionistas en Primera Federación. Lo había estudiado por la mañana, viendo vídeos del portero rival. Lo había ensayado durante semanas. Cuando el balón pasó por encima de la barrera, el estadio supo antes que el portero lo que iba a ocurrir.

También marcó al Castilla. Pero lo que más repite no es el gol, sino la gente. Unionistas no se abandona. Se queda dentro. Él mismo lo dijo: el 95% de los que se van siguen siendo un hincha más.

Después vinieron curvas. Regresó a Compostela con la idea de ascender. No salió. Tres entrenadores. Una temporada torcida. Luego el San Fernando. Pocos minutos. Un descenso colectivo que deja cicatriz. Y después, el vacío. Nueve meses. El fútbol es cruel con los que no tienen representante poderoso ni apellido rimbombante. El fútbol del escaparate olvida pronto. Pero el fútbol de puerto no.

EL Cd Boiro salta al campo en un partido disputado en Barraña

El refugio de Barraña

El CD Boiro encadena cinco partidos sin ganar. El playoff se aleja. El Grupo I de Tercera Federación aprieta. La SD Compostela mira desde arriba. Y entonces aparece Juampa. No llega como salvador sino como un obrero más. Como alguien que sabe lo que pesa atravesar una mala racha. Como alguien que ha estado parado sin desearlo y no quiere volver a estarlo.

Vuelve al club en el que ya jugó hace casi una década. Vuelve al mar. Vuelve al ruido del viento en Barraña. Vuelve a empezar. Y eso, en el fútbol moderno, es un acto de resistencia. Porque hay futbolistas que buscan escaparates y luego está Juampa que solo necesitan un campo, una camiseta y una causa.

Juampa Barros vuelve. Y cuando un extremo vuelve al lugar donde fue feliz, el balón suele agradecerlo.

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