Cuando el rival parece no jugar a nada
La afición de Unionistas conoce bien esta sensación: equipos que no dominan, que no mandan, que no brillan… pero que incomodan hasta desesperar. El Ourense CF de Dani Llácer vuelve al Reina Sofía instalado justo en ese territorio incómodo, un punto por debajo en la tabla y dos por encima del abismo, con un fútbol que se disfraza de indefinición para esconder una identidad tan clara como peligrosa. Porque hay partidos que no se pierden por lo que hace el rival con el balón, sino por lo que es capaz de hacer cuando no lo tiene.
Radiografía del Ourense CF de Dani Llácer.
El Ourense CF vuelve al Reina Sofía. No es un regreso cualquiera. Dani Llácer, entrevistado en su día en Superviviente Blanquinegro, regresa ahora como técnico rival, al frente de un equipo que vive en la frontera exacta entre identidad y duda, entre la supervivencia conseguida y el miedo a volver a mirar hacia abajo.
Un punto por debajo de Unionistas en la clasificación y dos por encima del descenso, el conjunto gallego llega tras varias semanas de resultados irregulares. En el mercado de invierno ha removido piezas clave para el frente de ataque, aun sin haber agotado todas las opciones al haber reservado un par de fichas senior para incorporar futbolistas en paro. Pero si con algo llega el equipo gallego es con una pregunta de fondo que define su fútbol: ¿se puede controlar un partido sin necesidad de tener el balón?
El Ourense CF de Dani Llácer cree que sí. Y lo hace desde una identidad tan reconocible como peligrosa que le instala en la irregularidad y en una sensación ya conocida en Salamanca: la sensación de que el equipo no tiene, en apariencia, una idea definida de juego.
Defender es atacar.
El Ourense CF no teme al asedio de los equipos rivales. No teme ser dominado ni verse en muchos momentos cerca de su propia área. Es más, podríamos decir que lo provoca. Su espacio de comodidad, su hábitat, es el campo propio. El lugar en desde el que sabe que, antes o después, debe aparecer la oportunidad para castigar a su rival.
La mitad de sus recuperaciones se producen en zona baja, una cifra que explica su forma de entender el juego. No es un equipo que presione arriba, ni tampoco un equipo que pretenda batirse en duelos cuerpo a cuerpo. Su idea defensiva no es una lucha en el barro con los delanteros y atacantes rivales. Dani Llácer prefiere que sus jugadores, a través de una buena lectura del juego e interpretación de las intenciones de sus contrarios, sean capaces de interceptar antes que buscar el choque, leer antes que morder, ratones de biblioteca antes que músculos de gimnasio
El plan es sencillo y sofisticado a la vez: atraer al rival, invitarle a entrar en sus dominios, mostrarle las diferentes estancias: recibidor, salón… Y cuando el espacio aparece, soltar el latigazo mediante un robo de balón y llevar la pelota rápidamente al espacio para que el Ourense haga daño llegando con varios jugadores lanzados en estampida.
La angustia en el laberinto estático.
El problema surge cuando el contexto se invierte y el conjunto gallego tiene que masticar las jugadas al ser el rival quien le cede la iniciativa, optando por ser un espejo de su propio planteamiento. Cuando el rival decide esperar, cuando el partido se vuelve espeso y posicional, el Ourense entra en un territorio incómodo. El hecho de no encontrar espacios provoca que el equipo se atasque. Desaparecen las ideas para hacer llegar el balón a zonas de remate y, lo más significativo, le cuesta un mundo finalizar las jugadas. En gran parte, los movimientos realizados en este último mercado de invierno van en esta dirección: incorporar jugadores capaces de armar el disparo a la menor oportunidad.
El balón circula entre los defensores y mediocampistas de equipo ourensano, pero sin colmillo, sin intención de descomponer la telaraña rival. Aparecen los pases laterales, las posesiones largas sin amenaza real. Si no hay metros para correr, el equipo se diluye en una sucesión de acciones que minan la autoestima de sus jugadores, viéndose incapaces y teniendo que saber manejar la presencia constante de la frustración en muchos tramos del partido que, justo en esos instantes, les hace muy vulnerables.
El tirachinas de Dani Llácer.
Pero cuando hay espacio… el Ourense es letal. Es su escenario ideal: una defensa adelantada del rival que se ha dejado llevar, creyendo, que tiene a los chicos de Dani Llácer contra las cuerdas por verles cerca del área propia. Error. Es ahí cuando el equipo azul se encuentra más cómodo y las miradas de los futbolistas más hambrientas viendo que el rival ha caído en su trampa.
La eficacia en el juego de transiciones rápidas es muy alta y es aquí cuando los Amin, Aranzabe, Punzano, Nacho Castillo o Jerín acaban jugadas con total naturalidad. A la menor opción de robar el balón y correr castigan sin piedad. Es un equipo que no necesitan mucho volumen de ocasiones, sino que se presente el escenario propicio y, muy concentrado tiene que estar el rival durante todo el encuentro, para que, no se abra una ventana de oportunidad. Con apenas 3 pases en una posesión se muestra como un ataque letal, un combo propio de videojuego de lucha, el balón parece quemarles en los pies y, en un suspiro, pasa del campo propio al área rival sin necesidad de recurrir al juego directo. Robar, correr, decidir. Todo rápido. Todo directo. Es un equipo que no quiere el balón: quiere el momento.
El arte de llegar y centrar.
El Ourense no destaca por su capacidad para el desborde individual, aun con jugadores como Álex Guerrero y Aranzabe. Sus extremos no han sido los reyes del regate ni esperamos al verlos, descubrir al nuevo Onésimo que, en acciones estáticas ofreciese un extra de encontrar nuevas opciones en espacios reducidos. Sin embargo, su perfil sí es el de jugadores de ataque rápido. ¿La solución? El centro temprano, llegar y colgar el balón al área. Así permite que el lateral izquierdo sea Hugo Sanz, junto a Álex Guerrero en la otra banda, quien sí aúna desborde y precisión en el pase, sean con 2 asistencias los exponentes claros de esta idea. El centro rápido se ha convertido en una de sus señas de identidad del equipo. Con un excelente nivel de precisión en estas acciones llevando al Ourense a ser un equipo top en estas lides, compensando la falta de uno contra uno con lectura, timing de llegada al área y ejecución.
La otra disciplina donde el conjunto de Dani Llácer buscará hacer daño será el balón parado, una situación que los jugadores buscan provocar para, a través de ella, cargar el área. El balón parado es la mina de oro que el equipo gallego intenta explotar al máximo, aunque no está alcanzando el nivel de efectividad deseado, especialmente en las últimas jornadas, lo cual refleja muy bien el momento del equipo: trabajo sin recompensa.
Nacho Castillo: la baja del obrero que sostiene al equipo.
Juega al fútbol con alma de artista, pero que juega con espíritu y mono de currante. Nacho Castillo es el pegamento del Ourense CF, con un papel clave en la lectura defensiva y ofensiva que sostiene todo el entramado. Sin balón también se construyen equipos, y él es prueba de ello. Tras haber pasado un año en blanco en Ponferrada por una lesión de rodilla, este curso estaba volviendo a ser el del jugador que deslumbró en Teruel. Un centrocampista con toque al que le había sumado capacidad goleadora, es el máximo realizador del equipo, habiendo marcado 5 goles. Sin embargo, una fractura en el dedo del pie en el último partido ante el Arenas de Getxo ha hecho un roto en el centro del campo en donde el triángulo que debía formar junto a Jerín y David Rabadán estaba llamado a dar muchas alegrías en la segunda vuelta al equipo. Su lesión, que le tendrá fuera muchas semanas, ha obligado a acelerar los plazos de entrada en el once de David Rabadán, quien tras llevar parado desde que dejó la disciplina de Unionistas, volvió al césped con el nuevo año pero que apenas lleva acumulados 100 minutos jugados y que, ahora, tendrá que estar disponible para sumar minutos desde el inicio en sus piernas.
Cambiar sensaciones en el mercado de invierno.
Para paliar la falta de gol, el club ha reforzado el frente de ataque con Sergio Benito, Luis Rivas y Martín Ochoa, buscando compensar las salidas de Juan Piera, Marco Camus (rumbo a Chipre), Kensley y de Omar Ouhdadi quien ha dejado mucho dinero en las arcas ourensanas pero un gran vacío en el césped. Sobre el papel, el dinero del traspaso y lo recaudado en Copa —tras eliminar a Oviedo y Girona y forzar la prórroga ante el Athletic— debía acercar al equipo al gol ya que el, hasta ahora punta de referencia, Amin no acaba de ver puerta con apenas 2 goles hasta la fecha, en gran parte consecuencia de la fatiga que acumula en cada partido debido al trabajo de desgaste que realiza pero que acaba lastrando sus cifras goleadores. En la práctica, las sensaciones han cambiado. En los últimos 8 partidos, el Ourense ha firmado 2 victorias, 1 empate y 5 derrotas. Cayó en su exilio de Monforte de Lemos ante el Cacereño y volvió a perder en Getxo frente al Arenas, en un partido donde solo reaccionó tras verse 2-0 abajo.
El Ourense llega con la permanencia, a día de hoy conseguida, pero con la sensación incómoda de que el pozo vuelve a asomar. Los números fuera de casa son claros: 8 goles en 11 partidos, la mitad de los que marca como local, encajando 14 goles tanto dentro como fuera. Dani Llácer ya rompió su maleficio ganando fuera en Espiñedo, pero su equipo sigue sufriendo lejos de casa. Por eso, lo del Reina Sofía no es un partido más. Es un duelo de seis puntos, entre dos equipos que viven en la frontera del descenso y que, probablemente, seguirán caminando sobre ella hasta el final de la temporada. Y ahí, en ese territorio incómodo, el Ourense CF se siente peligrosamente cómodo.

Soldados del Fango | Lunes de Calamares
Unionistas empató en Lezama bajo la lluvia, en un partido de ritmo alto y nostalgia encendida. Una columna que viaja del césped artificial al barro de los noventa, con recuerdos de entrenamientos épicos, campos de tierra y sueños bajo el diluvio.

Boletín de notas de Unionistas
Acaba el año y llegan las evaluaciones. También en Unionistas. Un repaso con humor de barra, notas que no valen para nada y fútbol contado como se vive.

Roombas, mentiras bonitas y un VAR de saldo
Unionistas sigue sabiendo a vino joven: raspa, ilusiona y aún no convence. La sexta semana de pretemporada deja fichajes como el de Roldán, errores de principiante y frases bonitas que maquillan una realidad áspera. Entre rojas, VAR de boda y partidos con aroma a menú de gasolinera, el equipo busca cuerpo y alma antes del estreno liguero. Mientras tanto, los aficionados seguimos destapando calamares cada lunes, para que al menos el sabor no se pierda.
