Álvaro Gómez: El rugido silencioso que sostiene a Unionistas.

Álvaro Gómez, jugador de Unionistas, disputando un partido en el Reina Sofía

Hay futbolistas que no levantan la voz, pero llenan el espacio. Que no hacen ruido, pero son capaces de sostener el edificio. Álvaro Gómez es uno de esos jugadores que no necesitan subrayado, porque el partido ya se encarga de marcarlos en negrita.

La madurez del Álvaro Gómez

Álvaro Gómez (Salamanca, 1997) a sus 28 años disputa su tercera temporada en Unionistas y, por fin, traslada la sensación de que el traje le queda hecho a medida. Son 28 años, esa edad en la que tantos de los ídolos del rock que tanto le gusta ya habían dicho adiós en su mejor momento: Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin o Kurt Cobain. Álvaro también ha alcanzado, a esa edad, su máximo rendimiento como un acto de reafirmación, después de una temporada pasada, con la paternidad recién estrenada y que a todos transforma, su rendimiento no cumpliese con lo esperado. La subida de rendimiento de esta temporada, siendo nombrado MVP de la pasada jornada y varias veces presente en el mejor once de la jornada en lo que va de temporada, no se debe a una explosión puntual, ni una racha maquillada por los números. Es otra cosa: continuidad, presencia, fiabilidad. Álvaro encadena nueve partidos completos, ha jugado todos menos uno —sanción mediante— y solo en dos no salió de inicio. En una categoría que castiga el cuerpo y desgasta la cabeza, ese dato ya dice mucho antes de mirar el resto.

Luego están los números, que ayudan a convencer a los incrédulos: cuatro goles y cuatro asistencias. Pero reducir su temporada a una hoja de Excel sería injusto. Álvaro es el que llega tarde para los focos y pronto para las ayudas. El que aparece por detrás cuando el extremo duda, el que baja a cerrar cuando la jugada pide auxilio y el que se ofrece siempre, incluso cuando el balón quema.

Durante años fue ese comodín que todos agradecen y nadie termina de definir. Interior por derecha o por izquierda, lateral de emergencia, carrilero con pulmones de fondo norte, incluso organizador ocasional cuando el guion se torcía. Desde Dani Ponz hasta Dani Llácer, pasando por todas las urgencias posibles. Hasta ahora. Porque Mario Simón lo vio claro nada más llegar. Álvaro tenía que echar raíces. Y esas raíces estaban en el interior derecho. No para quedarse quieto, sino para saber desde dónde moverse.

Gómez & Olmedo: un dúo que hace rugir los amplificadores

La banda derecha de Unionistas tiene dueño compartido: Víctor Olmedo y Álvaro Gómez. Una sociedad que no se explica sin entender el reparto de territorios. Olmedo, lateral ofensivo, con disparo y llegada, gana metros por dentro. Álvaro fija por fuera en ataque estático, ensancha el campo, mide cuándo acelerar y cuándo esperar. El resultado es una autopista productiva: entre ambos han participado directamente en 16 de los 29 goles del equipo. Una barbaridad. La banda más rentable de la categoría, sin necesidad de fuegos artificiales.

Álvaro corre como si le persiguiera algo. O alguien. Quizá una canción. No cuesta imaginarlo saliendo de El Otro Lado una noche de lluvia, con Jimmy Hendrix retumbándole en la cabeza, la guitarra llorando mientras Salamanca duerme. Hay futbolistas que parecen hechos de gimnasio; Álvaro parece hecho de carretera, de conciertos largos y noches cortas. Un portento físico, sí, pero también una cabeza que ha aprendido a leer el juego.

The Hits de Álvaro Gómez: su imapacto en el marcador

Goles Asistencias Participación en los goles del equipo Premios MVP Veces en el 11 ideal
4
4
22,5% (8/29)
1
2

Una gira sin descanso

Minutos Jugados Titularidades Partidos completos consecutivos Disponibilidad
1503
18
9
95% de los partidos disputados

Los acordes de Víctor Olmedo y Álvaro Gómez

Goles producidos Peaso de la banda derecha en el ataque
16
55% de los goles de Unionistas llegan por banda derecha

Álvaro Gómez: un riff de autoridad

Esa madurez también se nota en lo simbólico. Tercer capitán. Brazalete al brazo por pura jerarquía funcional. Porque Carlos de la Nava ha pasado a ser más solución de banquillo que faro constante, y porque Ramiro Mayor apenas entra en la rotación. Álvaro manda sin mandar. Lidera trabajando.

En los pasillos del Reina Sofía ya se habla de renovación. No en voz alta, pero se habla, del mismo modo que lo hace la grada que teme, como a diario ocurre en Salamanca con sus jóvenes de más talento, ver partir al final de temporada a uno de los suyos. El director deportivo fue claro, sin prisa pero sin esquivar el fondo del asunto: no es el momento, pero es algo que tiene que ocurrir. Por rendimiento, por peso específico y por lo que representa. Álvaro sabe lo que es Unionistas. Y Unionistas sabe perfectamente lo que tiene.

Quizá por eso este texto no va de promesas ni de futuros grandilocuentes. Va de presente. De un jugador que ha encontrado su sitio. De un futbolista que ha dejado de ser comodín para convertirse en referencia. De alguien que, sin hacer ruido, sostiene la banda derecha como quien apoya el codo en la barra de un bar canalla y pide otra canción.

Que suene Hendrix. Que Álvaro siga jugando.

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